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Revista Isla Negra
Casa de Poesía y literaturas
21 de Noviembre, 2013 · General

En las letras, desde Puerto Rico


(Serie Libros valiosos encontrados en la espesura

David Capiello reflexiona sobre Comunión antropoética

 

Carlos Esteban Cana Rivera

 

El David Capiello que conversó conmigo acerca de su primer libro es diferente al David Capiello actual, director de Ediciones Aventis. El David que conversó conmigo iniciaba su etapa como escritor publicado. El David actual hizo del 2011 un año de logros en su empresa editorial publicando cuatro libros de autores tan diversos como Federico Irizarry Natal (Minoría  Absoluta), Jan Martínez (Trasunto de Transilvania/ El sur y su siniestra), Carlos Vázquez Cruz (Asado a las doce) y Jorge Volpi (Breve guía de la narrativa hispánica). También ha levantado un catálogo que cuenta con libros emblemáticos en la narrativa como La belleza bruta de Francisco Font y La vida a ratos de Christian Ibarra. Tampoco ha descuidado su propia obra con títulos que han despertado la curiosidad de la crítica: Casquillos (2008) y Mi sal (2011). Pero puntualizo, amigo lector, el David Capiello que escuchará es otro, aunque, en esencia, sea el mismo.

Sostuve esta conversación con David la semana después de la presentación formal de Comunión antropoética. Para ese primer libro Capiello contó con un grupo selecto: Carlos Roberto Gómez como editor, Rubén Ramos como fotógrafo, Sonia Marcus Gaia realizó  la invitación,  Janette Becerra y Carlos Vázquez Cruz la corrección. La mirada crítica durante el ‘bautizo’ del libro fue encomendada a Yaritza Aguilar. Antes, sin embargo, el poeta había compartido poemas de ese libro con estudiantes de la escuela superior Petra Mercado, en el pueblo de Humacao. “Si algo paga el ser escritor ha sido esa experiencia.” Me confesó en aquel momento cuando destacaba la capacidad de esos niños para enriquecer la lectura.

 

Para entonces los aforismos irreverentes de los Casquillos no estaban en el panorama. Aquella conversación incluso trascendió el contenido de Comunión antropoética y fue inevitable hablar sobre El Sótano 00931 (colectivo que gracias a Julio Cesar Pol se volvió a reunir recientemente en el Recinto de Ponce de la Universidad de Puerto Rico con motivo de los diez años de su fundación) ya que Capiello era uno de los integrantes más activos. Tampoco dejamos de lado sus inicios en la poesía, los autores fundacionales, y la narrativa que le dio a conocer en diversos certámenes. Cuentos  y relatos que esperamos ver algún día en libros.

 

David Capiello reflexiona en esta edición de En las letras, desde Puerto Rico, sobre Comunión antropoética.

 

En primer lugar puedes comentarme algo acerca del proceso. Esa travesía que convirtió Comunión antropoética en el libro que hoy tengo en mis manos

 

David Capiello: Lo primero fue el que yo me fuera para Minessota, porque me apartaba de El Sótano y me apartaba de mis amigos. El Sótano realmente nunca fue un junte de escritores, El Sótano éramos un junte de amigos, El Sótano no buscó gente para publicar una revista, El Sótano es el producto de un grupo de amistades que dijo vamos a publicar una revista, y lo hicimos totalmente conscientes de nuestra propuesta y a la misma vez con cierta prudencia cuando comenzábamos. Con el paso del tiempo me vi envuelto en tanta cosa, tantos eventos literarios, y entonces, de pronto, irme a Minessotta no fue perder la oportunidad de publicar en la revista, fue perder el contacto con mis amigos, con mi familia. De Minessotta me quedó mucho frío, mucha soledad, muchohomesick, porque el espacio era completamente desconocido, era volver al anonimato en todo el amplio espectro de lo que pudiera ser anonimato. Mi salida fue como una renuncia a regañadientes, a todo eso por lo que yo había trabajado y que por fin lo estaba viendo. Tener que irme fue una decisión bien fuerte.

 

Veo que el poemario tiene tres partes: la que le da nombre, Comunión antropoética; De cal y de arena; y Amor (A) tajada. Qué me puedes decir de esta estructura, de las partes del libro.

 

David Capiello: Hay poemas de cuando tenía 17 años. Yo estoy escribiendo desde los catorce años, desde el 96. Por recomendación de Janet Becerra, en vez de ordenar los poemas cronológicamente fueron organizados por unas tendencias temáticas. Es un trabajo de edición completo por el acomodo de unos poemas que a lo mejor no fueron tan intensos pero que así, estratégicamente distribuidos, le dieron  consistencia al texto, y le dieron esa tensión ni ascendente ni descendente, sino consistencia más que nada.

 

Hablemos de algunos de tus poemas

 

David Capiello: Pacto de palabras es un ars poetica y la columna vertebral de la segunda parte titulada De cal y de arena. Si te digo niña,  es un poema que subvierte toda la concepción de género. Se cuestiona incluso la expectativa de un rol. Cruzar la línea lo escribí estando en Minessotta, es un poema de los que me he enamorado. Panes y peces es la columna vertebral del libro. Corbatas,recitado, declamado, tiene el atractivo de la voz, de como la voz prima en el espacio performativo por encima del texto, pero eso no es un defecto del texto, es un defecto de nuestra lectura. En ese poema estaba consciente de que quería jugar con el sonido, que quería jugar con la presencia de la voz. 

 

Qué hay detrás de las páginas de Comunión antropoética

 

David Capiello: El deseo de establecer un lazo con el otro a través de la poesía. De convertir al otro incluso en dios, de verlo como dios hecho carne, de poder comulgar con ese otro tanto en lo cotidiano del pan. Como pasar por el proceso de transubstanciación con ese otro y poder ver también la carne como parte de esa comunión. Yo siento la necesidad con el otro.

 

Hay quienes comentan que el libro no es uno, sino tres

 

David Capiello: Son registros, tonos que están en la vida. Y todo eso está en nosotros, el discurso romántico, el discurso social, el discurso de lo metapoético, de las percepciones estéticas que tengamos, sobre la misma poesía, sobre la misma literatura. O sea, la vida completa es un texto y todos esos matices conviven, y no veo por qué tendría que dividir el libro en tres libros.

 

Háblame de tus comienzos

 

David Capiello: Yo empecé como cuentista, no sé que tanto me influyen pero mis primeras  lecturas apasionadas fueron con autores como Poe, Quiroga, Lugones y Borges… Siempre tenía conflicto con la poesía porque todo el mundo leía poesía, todo el mundo hacía noches de poesía, las bohemias eran de poesía, pero nadie tenía noches de cuentos, lecturas de cuentos, Por eso entro en conflicto con la poesía desde un principio, le tomo mala sangre, y entre otras cosas la poesía me parecía cursi, siempre me había parecido cursi.

 

Y con qué o con quién te tropezaste que te hizo cambiar

 

David Capiello: Con Vallejo. Es con Vallejo con quien me tropiezo. Porque para ese tiempo me  decía: “Bueno, pero algo tiene que tener la poesía que engancha tanto a la gente; algo tiene que haber en la poesía que no sea cursi; tenía que haber algo más que el deseo de lo bello.” A mí eso me parecía muy poca cosa. Entonces cuando me encontré con Vallejo pues yo dije: “¡Wao! Esto es bello pero hay un deseo por comunicar, un deseo por establecer una empatía hacia el otro”. Había incluso esa apertura visceral del poeta que no se esconde detrás del artificio, para mostrarse centro, para mostrarse firme; estructura, ¿no? Eso yo lo encontré en Vallejo.

 

Y después de Vallejo

 

David Capiello: Encuentro los poetas de la posguerra, encuentro a José Hierro, encuentro a Celaya, encuentro todas esas lecturas que son obligadas. Cualquier persona que lea a Vallejo y entienda el por qué Vallejo se fue a España, el por qué Vallejo cayó preso, y la influencia de todo lo que Vallejo significó tanto para hispanoamerica como para Europa. Si hay dos figuras que a mí me parecen inmensas dentro de la tradición literaria hispanoamericana son Vallejo y Huidobro, porque fueron los que cruzaron al otro lado, a enseñar que ya nosotros escribíamos y que ahora ellos tenían que aprender de nosotros. Figuras que demuestran que hispanoamerica ya es madura.

 

Y como llegas a tu pasión por escritores nuestros, como José María Lima o Angelamaría Dávila

 

David Capiello: En esos momentos me dije: ‘Bueno, pues si ya yo estoy leyendo a estos escritores, tengo que leer a los míos”. Y busco gente con ese tono, y me doy con la situación de que Vallejo es retomado por unos escritores del 60, entre ellos está Angelamaría Dávila y José María Lima. Y ahí olvídate. Lo que yo veo tanto en Vallejo, como en María Lima y en Angelamaría Dávila es que son hispanoamericanos. Y te soy honesto, escribo desde ahí, consciente de mi Isla, pero para mí el mar, más que una muralla de agua se ha convertido en una invitación al otro lado.

 

Tú tienes una mirada crítica acerca de la academia

 

David Capiello: Según en el mundo la guerra no se detiene, el neoliberalismo no se detiene, la muerte no se detiene, el hambre no se detiene, es estúpido ver que la academia siga en la postura en que sigue pensando que más allá de las cuatro paredes de la academia el mundo no existe, y que el mundo cobra sentido sólo cuando ellos lo teorizan. Es estúpido.

 

Cuando lees

 

David Capiello: Cada lectura tiene su espacio. Para leer como alimento, retroalimentación, generalmente de noche, porque soy una persona muy distraída. Y eso sí, no soporto el silencio de las bibliotecas. Pero entonces leo de noche con el televisor prendido, porque de alguna manera, no tengo las distracciones que en mi caso son más visuales, y tengo el sonido del televisor que me aísla de cualquier otro tipo de sonido que escuche fuera del apartamento.

 

Escribir…

 

David Capiello: Escribir, es algo que no decido, eso me decide a mí. Si de pronto tengo una idea y la escribo, igual la puedo dejar para trabajarla luego como igual la puedo empezar a trabajar. Recuerdo que una vez Mayra me pescó fuera de clase y me dice: “¿Estas escribiendo, verdad, cabroncito?”. Sabes por qué me pregunto si yo estaba escribiendo, porque llevaba dos semanas sin ir a clase. Entonces no es algo que yo decida. Ah, voy a escribir a esta hora de noche, con la musiquita de fondo. Es que me dan. Y es bien diferente la inspiración, porque no es que bajó una luz del cielo, golpeó mi frente y me preguntó: “Saulo, ¿por qué me persigues?” No. No es eso. Es que me llega la idea, la voy trabajando, hasta que me siento cómodo con la idea y estoy claro de pa’ donde voy, porque nunca me siento a ver donde el texto llega. No son las teclas las que me dictan el ritmo del poema. Ni es el escribir el que me lleva a cerrar un cuento.

 

Trabajas mucho

 

David Capiello: A lo mejor no trabajo sobre el papel, pero yo necesito hablar con los personajes como si los personajes ya fueran independientes a mí. Yo necesito incluso, a la hora de sentarme a escribir, tener la trama clara, tener sólidos y con carne mis personajes. Yo necesito incluso tener el tono, el oído para escuchar como ellos hablan, el oído para escuchar como ellos son presentados, el oído para yo saber quién es el que me va a contar el cuento.

Yo he tenido años en los que he escrito varios cuentos. No me considero una persona que escriba como un demente. Por ejemplo, Ray me dice a mí: “Ah, Capiello, esta semana escribí seis cuentos.” Vamos, eso es un cuento por día. Claro, también hay que ver la extensión. Yo considero que mis cuentos no son cuentos cortos. Incluso Luis Felipe dice que mis cuentos son pretensiones de novela. Básicamente lo dice por CODEAFA, pero particularmente en el caso de CODEAFA fue un cuento en el que yo supe del caso de la mujer que se prendió fuego en el departamento de la familia. Eso fue en enero y todavía en septiembre yo estaba compilando recortes de periódicos sobre ese caso. Entonces desde que yo digo quiero escribir sobre esto, hasta cuando me siento a escribir, habían pasado prácticamente ocho meses, nueve meses. Y después cuando me siento a escribir me encuentro con que quiero ir al correo a ver como funciona el correo, quiero ir al departamento de la familia para ver como es el espacio.

 

Entonces tú como escritor haces una lectura de tu entorno, de lo que te rodea… que importancia tiene para el escritor esa lectura…

 

David Capiello: No hay escritores si primero no son lectores. Y los espacios se leen, las personas se leen, las situaciones se leen. Como parte de mi trabajo como lector yo tengo que ir a esos espacios y leer esos espacios. Tengo que leerlos. Porque hay gente que dice: “Ah, tú haces investigación”, y entonces sigue esta pretensión de hacer esto tan solemne, tan profundo, tan serio. No, es simplemente vivir, yo quise ir a ese espacio, leerlo, vivirlo, entenderlo, decodificarlo. Eso es para mí parte de mi proceso y de mi responsabilidad como escritor.

Para mis poemas ya yo he hecho la lectura de lo que es mi propia vida. Y he hecho Mis lecturas de mis vivencias aportan temas, aportan contenido.

 

Crees, como Hemingway, que el escritor puede hablar de lo que no conoce

 

David Capiello: Claro, nosotros como escritores no tenemos que ser mujer para escribir desde nuestra idea de lo que es un personaje femenino. No habría que llevarlo al punto de acostarnos con un animal o con otra persona de nuestro propio sexo para de alguna manera acercarte, intentando entender esa experiencia. Pero me parece que todo lo contrario sería tan irresponsable, como decir que yo soy escritor pero no leo a nadie.

 

Cuando te metes con esos libros que resisten el paso del tiempo y son leídos por nuevas generaciones, cuando haces lectura de esos textos clásicos a los que llamas obligados, que dejan, que dan al David Capiello escritor…

 

David Capiello: Aportan estilo, aportan acercamiento, estructura y aportan diálogo. Mira que curioso, leer a Vallejo te convierte en un receptor, de Vallejo como portavoz. Pero cuando tú le contestas a Vallejo conviertes sus textos en receptores y en dialogantes, los conviertes incluso en narratarios. Es como que yo estoy hablando y hay receptores. Pero cuando digo hay  narratarios, se trata de este auditorio a los que yo les voy a decir esto porque quiero que lo escuchen como yo quiero que lo escuchen. Y ese juego se da con las lecturas.

 

Es decir, que esa lectura de tu espacio vivencial tiene que convivir con la lectura de esos textos que te preceden…

 

David Capiello: Las dos cosas tienen que estar ahí. Leer esos textos que me preceden es como tener vivencias también. No se qué ocurre cuando alguien lee un texto y no lo vive. De veras, no sé que paso ahí. ¿Por qué tenemos que seguir distanciando tanto una cosa de otra? ¿Por qué los textos están tan muertos? ¿Por qué esa necesidad de distanciar la escritura de lo vivencial? Y me preocupa porque se puede dar el caso en que mengüe el interés por la literatura, por la escritura y por la lectura.

 

Alguna vez te escuché decir: “Comunion antropoética es bien yo”, pero luego añadías que también en sus páginas habían otros… a qué te referías…

 

David Capiello: Ese primer libro es bien yo pero no tiene por qué implicar que no haya otro y que pueda jugar. Es bien lúdico. No es que una voz entra en conflicto con la otra, es que todas conviven. Es Girondo. Es Altazor. Soy el poeta y antipoeta, y habla con Huidobro y habla con Altazor, es eso. Y aunque mucha gente no lo quiere reconocer y usa como pretexto la misma poesía, pues yo, descaradamente, voy a decir: “Mira, no porque sea poeta me voy a escudar detrás de la poesía para decir que todos esos yo habitan en mí. Es que realmente ese soy yo. Y la poesía no es el pretexto, es que realmente así soy, y ahí está.” No sé por qué esta urgencia por querer ser consistente. Por querer caminar en línea recta, por querer decir: “No, yo me conozco.” Todas esas voces conviven. La poesía lo permite y realmente somos así. Incluso puede llegar el momento en que las mande a todas a la mierda.

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publicado por islanegra a las 18:48 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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