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Casa de Poesía y literaturas
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21 de Marzo, 2014 · General

William Osuna

La poesía nombra el brillo y su reverso

 

La poesía nombra el brillo y su reverso. Un poeta la vio como un cometa perdido en la noche universal, alumbraba mundos varios, llevaba su luz hacia las esquinas liberadas. Allí estaba entre las multitudes, decretaba el fin de toda guerra, años cuarenta, del siglo pasado. Antes estuvo en Madrid, montada en los trenes en busca del quinto regimiento, encendía el fuego ácrata de las minas y los sindicatos, la patata roja de Miguel Hernández. Dos peldaños más abajo agitó su antorcha entre los cables de la plaza roja, sonaba las campanas de las grandes catedrales: el humo de las fábricas expandía el desafío igualitario por toda Europa.

La poesía es pez soluble que nada a contra corriente, monta querellas en los campos magnéticos, juega y danza con aquellos muchachos de los años veinte. Abarca espacio lúdico, se entromete en los festines de los poetas áulicos y les revienta el laúd en la cabeza a los reyes. Si se le quiere enjaular, resultaría inútil para los celadores, ella sería capaz de invertirles las señales que dan hacia los pasos perdidos.

La poesía vive fuera de nosotros desprendida del claustro donde ardía en llama viva Teresa de Ávila: santa poesía que escondes el verbo balbuciente de Juan de Yepes en la trascendencia, te adoramos en los pulpos de seda que entrevió en los espejos de París aquel Isidoro Ducasse: malditos marineros que apagaron su pipa en el corazón de Baudelaire, ¡abajo el general Aupick! François Villon esta noche mereces tu copa de ajenjo. 

 

La poesía hizo que Vishnu en su cielo de oro y esmeralda nos devolviera al Ganges desde sus divinos pies; convirtiera el prana divino en cantares de gesta; poesía necesaria, verbo profético para los días venideros. En el catálogo cotidiano nos enumeró los manjares divinos y los colores de la naturaleza. El hombre y la mujer enlazados en las infinitas posiciones de la lujuria, atados de manos y pies hasta esparcir su simiente más allá de su casa.

 

Bienvenidos todos y bienvenida la infatigable poesía. La poesía también es fiesta innombrable, es el río que llena las habitaciones y cubre con su manto los últimos pasajeros de calles de sol y de nubes. Poesía es vestidura y protección de los días alados y desérticos, túnica posible, amor por los ausentes, poesía es el día que comenzó a nacer.


enviado por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, Venezuela

 
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publicado por islanegra a las 20:04 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
21 de Noviembre, 2013 · General

En las letras, desde Puerto Rico


(Serie Libros valiosos encontrados en la espesura

David Capiello reflexiona sobre Comunión antropoética

 

Carlos Esteban Cana Rivera

 

El David Capiello que conversó conmigo acerca de su primer libro es diferente al David Capiello actual, director de Ediciones Aventis. El David que conversó conmigo iniciaba su etapa como escritor publicado. El David actual hizo del 2011 un año de logros en su empresa editorial publicando cuatro libros de autores tan diversos como Federico Irizarry Natal (Minoría  Absoluta), Jan Martínez (Trasunto de Transilvania/ El sur y su siniestra), Carlos Vázquez Cruz (Asado a las doce) y Jorge Volpi (Breve guía de la narrativa hispánica). También ha levantado un catálogo que cuenta con libros emblemáticos en la narrativa como La belleza bruta de Francisco Font y La vida a ratos de Christian Ibarra. Tampoco ha descuidado su propia obra con títulos que han despertado la curiosidad de la crítica: Casquillos (2008) y Mi sal (2011). Pero puntualizo, amigo lector, el David Capiello que escuchará es otro, aunque, en esencia, sea el mismo.

Sostuve esta conversación con David la semana después de la presentación formal de Comunión antropoética. Para ese primer libro Capiello contó con un grupo selecto: Carlos Roberto Gómez como editor, Rubén Ramos como fotógrafo, Sonia Marcus Gaia realizó  la invitación,  Janette Becerra y Carlos Vázquez Cruz la corrección. La mirada crítica durante el ‘bautizo’ del libro fue encomendada a Yaritza Aguilar. Antes, sin embargo, el poeta había compartido poemas de ese libro con estudiantes de la escuela superior Petra Mercado, en el pueblo de Humacao. “Si algo paga el ser escritor ha sido esa experiencia.” Me confesó en aquel momento cuando destacaba la capacidad de esos niños para enriquecer la lectura.

 

Para entonces los aforismos irreverentes de los Casquillos no estaban en el panorama. Aquella conversación incluso trascendió el contenido de Comunión antropoética y fue inevitable hablar sobre El Sótano 00931 (colectivo que gracias a Julio Cesar Pol se volvió a reunir recientemente en el Recinto de Ponce de la Universidad de Puerto Rico con motivo de los diez años de su fundación) ya que Capiello era uno de los integrantes más activos. Tampoco dejamos de lado sus inicios en la poesía, los autores fundacionales, y la narrativa que le dio a conocer en diversos certámenes. Cuentos  y relatos que esperamos ver algún día en libros.

 

David Capiello reflexiona en esta edición de En las letras, desde Puerto Rico, sobre Comunión antropoética.

 

En primer lugar puedes comentarme algo acerca del proceso. Esa travesía que convirtió Comunión antropoética en el libro que hoy tengo en mis manos

 

David Capiello: Lo primero fue el que yo me fuera para Minessota, porque me apartaba de El Sótano y me apartaba de mis amigos. El Sótano realmente nunca fue un junte de escritores, El Sótano éramos un junte de amigos, El Sótano no buscó gente para publicar una revista, El Sótano es el producto de un grupo de amistades que dijo vamos a publicar una revista, y lo hicimos totalmente conscientes de nuestra propuesta y a la misma vez con cierta prudencia cuando comenzábamos. Con el paso del tiempo me vi envuelto en tanta cosa, tantos eventos literarios, y entonces, de pronto, irme a Minessotta no fue perder la oportunidad de publicar en la revista, fue perder el contacto con mis amigos, con mi familia. De Minessotta me quedó mucho frío, mucha soledad, muchohomesick, porque el espacio era completamente desconocido, era volver al anonimato en todo el amplio espectro de lo que pudiera ser anonimato. Mi salida fue como una renuncia a regañadientes, a todo eso por lo que yo había trabajado y que por fin lo estaba viendo. Tener que irme fue una decisión bien fuerte.

 

Veo que el poemario tiene tres partes: la que le da nombre, Comunión antropoética; De cal y de arena; y Amor (A) tajada. Qué me puedes decir de esta estructura, de las partes del libro.

 

David Capiello: Hay poemas de cuando tenía 17 años. Yo estoy escribiendo desde los catorce años, desde el 96. Por recomendación de Janet Becerra, en vez de ordenar los poemas cronológicamente fueron organizados por unas tendencias temáticas. Es un trabajo de edición completo por el acomodo de unos poemas que a lo mejor no fueron tan intensos pero que así, estratégicamente distribuidos, le dieron  consistencia al texto, y le dieron esa tensión ni ascendente ni descendente, sino consistencia más que nada.

 

Hablemos de algunos de tus poemas

 

David Capiello: Pacto de palabras es un ars poetica y la columna vertebral de la segunda parte titulada De cal y de arena. Si te digo niña,  es un poema que subvierte toda la concepción de género. Se cuestiona incluso la expectativa de un rol. Cruzar la línea lo escribí estando en Minessotta, es un poema de los que me he enamorado. Panes y peces es la columna vertebral del libro. Corbatas,recitado, declamado, tiene el atractivo de la voz, de como la voz prima en el espacio performativo por encima del texto, pero eso no es un defecto del texto, es un defecto de nuestra lectura. En ese poema estaba consciente de que quería jugar con el sonido, que quería jugar con la presencia de la voz. 

 

Qué hay detrás de las páginas de Comunión antropoética

 

David Capiello: El deseo de establecer un lazo con el otro a través de la poesía. De convertir al otro incluso en dios, de verlo como dios hecho carne, de poder comulgar con ese otro tanto en lo cotidiano del pan. Como pasar por el proceso de transubstanciación con ese otro y poder ver también la carne como parte de esa comunión. Yo siento la necesidad con el otro.

 

Hay quienes comentan que el libro no es uno, sino tres

 

David Capiello: Son registros, tonos que están en la vida. Y todo eso está en nosotros, el discurso romántico, el discurso social, el discurso de lo metapoético, de las percepciones estéticas que tengamos, sobre la misma poesía, sobre la misma literatura. O sea, la vida completa es un texto y todos esos matices conviven, y no veo por qué tendría que dividir el libro en tres libros.

 

Háblame de tus comienzos

 

David Capiello: Yo empecé como cuentista, no sé que tanto me influyen pero mis primeras  lecturas apasionadas fueron con autores como Poe, Quiroga, Lugones y Borges… Siempre tenía conflicto con la poesía porque todo el mundo leía poesía, todo el mundo hacía noches de poesía, las bohemias eran de poesía, pero nadie tenía noches de cuentos, lecturas de cuentos, Por eso entro en conflicto con la poesía desde un principio, le tomo mala sangre, y entre otras cosas la poesía me parecía cursi, siempre me había parecido cursi.

 

Y con qué o con quién te tropezaste que te hizo cambiar

 

David Capiello: Con Vallejo. Es con Vallejo con quien me tropiezo. Porque para ese tiempo me  decía: “Bueno, pero algo tiene que tener la poesía que engancha tanto a la gente; algo tiene que haber en la poesía que no sea cursi; tenía que haber algo más que el deseo de lo bello.” A mí eso me parecía muy poca cosa. Entonces cuando me encontré con Vallejo pues yo dije: “¡Wao! Esto es bello pero hay un deseo por comunicar, un deseo por establecer una empatía hacia el otro”. Había incluso esa apertura visceral del poeta que no se esconde detrás del artificio, para mostrarse centro, para mostrarse firme; estructura, ¿no? Eso yo lo encontré en Vallejo.

 

Y después de Vallejo

 

David Capiello: Encuentro los poetas de la posguerra, encuentro a José Hierro, encuentro a Celaya, encuentro todas esas lecturas que son obligadas. Cualquier persona que lea a Vallejo y entienda el por qué Vallejo se fue a España, el por qué Vallejo cayó preso, y la influencia de todo lo que Vallejo significó tanto para hispanoamerica como para Europa. Si hay dos figuras que a mí me parecen inmensas dentro de la tradición literaria hispanoamericana son Vallejo y Huidobro, porque fueron los que cruzaron al otro lado, a enseñar que ya nosotros escribíamos y que ahora ellos tenían que aprender de nosotros. Figuras que demuestran que hispanoamerica ya es madura.

 

Y como llegas a tu pasión por escritores nuestros, como José María Lima o Angelamaría Dávila

 

David Capiello: En esos momentos me dije: ‘Bueno, pues si ya yo estoy leyendo a estos escritores, tengo que leer a los míos”. Y busco gente con ese tono, y me doy con la situación de que Vallejo es retomado por unos escritores del 60, entre ellos está Angelamaría Dávila y José María Lima. Y ahí olvídate. Lo que yo veo tanto en Vallejo, como en María Lima y en Angelamaría Dávila es que son hispanoamericanos. Y te soy honesto, escribo desde ahí, consciente de mi Isla, pero para mí el mar, más que una muralla de agua se ha convertido en una invitación al otro lado.

 

Tú tienes una mirada crítica acerca de la academia

 

David Capiello: Según en el mundo la guerra no se detiene, el neoliberalismo no se detiene, la muerte no se detiene, el hambre no se detiene, es estúpido ver que la academia siga en la postura en que sigue pensando que más allá de las cuatro paredes de la academia el mundo no existe, y que el mundo cobra sentido sólo cuando ellos lo teorizan. Es estúpido.

 

Cuando lees

 

David Capiello: Cada lectura tiene su espacio. Para leer como alimento, retroalimentación, generalmente de noche, porque soy una persona muy distraída. Y eso sí, no soporto el silencio de las bibliotecas. Pero entonces leo de noche con el televisor prendido, porque de alguna manera, no tengo las distracciones que en mi caso son más visuales, y tengo el sonido del televisor que me aísla de cualquier otro tipo de sonido que escuche fuera del apartamento.

 

Escribir…

 

David Capiello: Escribir, es algo que no decido, eso me decide a mí. Si de pronto tengo una idea y la escribo, igual la puedo dejar para trabajarla luego como igual la puedo empezar a trabajar. Recuerdo que una vez Mayra me pescó fuera de clase y me dice: “¿Estas escribiendo, verdad, cabroncito?”. Sabes por qué me pregunto si yo estaba escribiendo, porque llevaba dos semanas sin ir a clase. Entonces no es algo que yo decida. Ah, voy a escribir a esta hora de noche, con la musiquita de fondo. Es que me dan. Y es bien diferente la inspiración, porque no es que bajó una luz del cielo, golpeó mi frente y me preguntó: “Saulo, ¿por qué me persigues?” No. No es eso. Es que me llega la idea, la voy trabajando, hasta que me siento cómodo con la idea y estoy claro de pa’ donde voy, porque nunca me siento a ver donde el texto llega. No son las teclas las que me dictan el ritmo del poema. Ni es el escribir el que me lleva a cerrar un cuento.

 

Trabajas mucho

 

David Capiello: A lo mejor no trabajo sobre el papel, pero yo necesito hablar con los personajes como si los personajes ya fueran independientes a mí. Yo necesito incluso, a la hora de sentarme a escribir, tener la trama clara, tener sólidos y con carne mis personajes. Yo necesito incluso tener el tono, el oído para escuchar como ellos hablan, el oído para escuchar como ellos son presentados, el oído para yo saber quién es el que me va a contar el cuento.

Yo he tenido años en los que he escrito varios cuentos. No me considero una persona que escriba como un demente. Por ejemplo, Ray me dice a mí: “Ah, Capiello, esta semana escribí seis cuentos.” Vamos, eso es un cuento por día. Claro, también hay que ver la extensión. Yo considero que mis cuentos no son cuentos cortos. Incluso Luis Felipe dice que mis cuentos son pretensiones de novela. Básicamente lo dice por CODEAFA, pero particularmente en el caso de CODEAFA fue un cuento en el que yo supe del caso de la mujer que se prendió fuego en el departamento de la familia. Eso fue en enero y todavía en septiembre yo estaba compilando recortes de periódicos sobre ese caso. Entonces desde que yo digo quiero escribir sobre esto, hasta cuando me siento a escribir, habían pasado prácticamente ocho meses, nueve meses. Y después cuando me siento a escribir me encuentro con que quiero ir al correo a ver como funciona el correo, quiero ir al departamento de la familia para ver como es el espacio.

 

Entonces tú como escritor haces una lectura de tu entorno, de lo que te rodea… que importancia tiene para el escritor esa lectura…

 

David Capiello: No hay escritores si primero no son lectores. Y los espacios se leen, las personas se leen, las situaciones se leen. Como parte de mi trabajo como lector yo tengo que ir a esos espacios y leer esos espacios. Tengo que leerlos. Porque hay gente que dice: “Ah, tú haces investigación”, y entonces sigue esta pretensión de hacer esto tan solemne, tan profundo, tan serio. No, es simplemente vivir, yo quise ir a ese espacio, leerlo, vivirlo, entenderlo, decodificarlo. Eso es para mí parte de mi proceso y de mi responsabilidad como escritor.

Para mis poemas ya yo he hecho la lectura de lo que es mi propia vida. Y he hecho Mis lecturas de mis vivencias aportan temas, aportan contenido.

 

Crees, como Hemingway, que el escritor puede hablar de lo que no conoce

 

David Capiello: Claro, nosotros como escritores no tenemos que ser mujer para escribir desde nuestra idea de lo que es un personaje femenino. No habría que llevarlo al punto de acostarnos con un animal o con otra persona de nuestro propio sexo para de alguna manera acercarte, intentando entender esa experiencia. Pero me parece que todo lo contrario sería tan irresponsable, como decir que yo soy escritor pero no leo a nadie.

 

Cuando te metes con esos libros que resisten el paso del tiempo y son leídos por nuevas generaciones, cuando haces lectura de esos textos clásicos a los que llamas obligados, que dejan, que dan al David Capiello escritor…

 

David Capiello: Aportan estilo, aportan acercamiento, estructura y aportan diálogo. Mira que curioso, leer a Vallejo te convierte en un receptor, de Vallejo como portavoz. Pero cuando tú le contestas a Vallejo conviertes sus textos en receptores y en dialogantes, los conviertes incluso en narratarios. Es como que yo estoy hablando y hay receptores. Pero cuando digo hay  narratarios, se trata de este auditorio a los que yo les voy a decir esto porque quiero que lo escuchen como yo quiero que lo escuchen. Y ese juego se da con las lecturas.

 

Es decir, que esa lectura de tu espacio vivencial tiene que convivir con la lectura de esos textos que te preceden…

 

David Capiello: Las dos cosas tienen que estar ahí. Leer esos textos que me preceden es como tener vivencias también. No se qué ocurre cuando alguien lee un texto y no lo vive. De veras, no sé que paso ahí. ¿Por qué tenemos que seguir distanciando tanto una cosa de otra? ¿Por qué los textos están tan muertos? ¿Por qué esa necesidad de distanciar la escritura de lo vivencial? Y me preocupa porque se puede dar el caso en que mengüe el interés por la literatura, por la escritura y por la lectura.

 

Alguna vez te escuché decir: “Comunion antropoética es bien yo”, pero luego añadías que también en sus páginas habían otros… a qué te referías…

 

David Capiello: Ese primer libro es bien yo pero no tiene por qué implicar que no haya otro y que pueda jugar. Es bien lúdico. No es que una voz entra en conflicto con la otra, es que todas conviven. Es Girondo. Es Altazor. Soy el poeta y antipoeta, y habla con Huidobro y habla con Altazor, es eso. Y aunque mucha gente no lo quiere reconocer y usa como pretexto la misma poesía, pues yo, descaradamente, voy a decir: “Mira, no porque sea poeta me voy a escudar detrás de la poesía para decir que todos esos yo habitan en mí. Es que realmente ese soy yo. Y la poesía no es el pretexto, es que realmente así soy, y ahí está.” No sé por qué esta urgencia por querer ser consistente. Por querer caminar en línea recta, por querer decir: “No, yo me conozco.” Todas esas voces conviven. La poesía lo permite y realmente somos así. Incluso puede llegar el momento en que las mande a todas a la mierda.

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publicado por islanegra a las 18:48 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
02 de Noviembre, 2011 · General

El Vuelo del Dragón y la obra de Manuel Martínez Maldonado

 

En las letras, desde Puerto Rico

por Carlos Esteban Cana

 

Ahora que recién publico la edición de En las letras, desde Puerto Rico dedicada a Olga Nolla recuerdo que la última vez que la escuché fue en el Ateneo Puertorriqueño. En esa ocasión la poeta compartía auditorio con Angela López Borrero (a quien conocí en el grupo Puertas) y con Manuel Martínez Maldonado. Si no me equivoco, Martínez Maldonado conversó esa noche acerca de su novela Isla Verde.

 

Después supe de Manuel cuando se le nombró Presidente de la Junta de Directores del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Y con el tiempo jamás imaginé que trabajaríamos juntos en la directiva del Pen Club de Puerto Rico, una integrada por Juan Antonio Rodríguez Pagán (QEPD), Mario Antonio Rosa, Ana María Fuster, Carlos Roberto Gómez, Martínez Maldonado y este servidor. Indudablemente, con uno u otro de los miembros de esa junta, antes y después, he tenido una relación estrecha. Pero en lo que se refiere a ese año y a ese grupo rector del Pen Club, fue Martínez Maldonado quien demostró más solidaridad y respeto hacia mi persona y mis iniciativas.

Fue Manuel Martínez Maldonado el principal arquitecto de la visita de dos personalidades de la cultura contemporánea española. Hablo de Luis Antonio de Villena, poeta de referencia generacional en la Península Ibérica, y que ha marcado toda una época dentro la poesía española de las últimas décadas del siglo XX, y Francisco Brines, poeta con una vasta obra de corte ontológico que gravita en torno al misterio de la muerte. Publicado por prestigiosas editoriales como Ediciones Cátedra, Brines recientemente fue galardonado con el Premio Reina de Sofía de Poesía Iberoamericana. Los eventos que se realizaron en torno a la visita de estos escritores, eventos que se efectuaron en diferentes partes de Puerto Rico -actividades en las que participaron algunos de los poetas nacionales más importantes- fueron los acontecimientos que mejor representan esa época del Pen Club de Puerto Rico (el otro podría ser el premio por toda una obra que se le otorgó en vida a la poeta Laura Gallego). Y como dije al inicio de este párrafo, fue Manuel Martínez Maldonado el responsable principal de la visita de Villena y de Brines a suelo boricua.

 

Después de esa época Manuel Martínez Maldonado viajó a los Estados Unidos para desempeñarse en labores ejecutivas en el campo de la investigación médica en la Universidad de Louisville. Reconocimiento que se le otorga a personalidades con una brillante trayectoria. Yo desconocía que Manuel Martínez Maldonado era un prestigioso nefrólogo con valiosos descubrimientos en su especialidad y colaborador consecuente en importantes publicaciones periódicas de la medicina. Tampoco sabía que fue crítico cinematográfico aunque alguna vez, cuando yo trabajaba en el Canal 6, pude verle en el estudio televisivo cuando se grababa un episodio del programa En cinta que conducía Rubén Ríos Ávila. 

 

He recibido siempre de Martínez Maldonado una cordial y genuina solidaridad. Recuerdo que entre los pocos comentarios que merecieron las primeras ediciones de este boletín cibernético (que ya hoy se reproduce en diferentes partes del planeta) siempre destacaron las palabras amables y entusiastas de Manuel. Hoy, por todo lo anterior, y con motivo de la publicación de su nueva novela, El Vuelo del Dragón, bajo el sello de Terranova Editores, En las letras, desde  Puerto Rico conversa con el amigo y escritor Manuel Martínez Maldonado. ¡Mucha salud para ti, Manuel! Mis respetos, siempre.


CEC: ¿Por qué un poeta como Tú se lanza nuevamente a la narrativa?

 

MMM: Mis poemas han sido en su mayoría experienciales, anécdotas de mi vida disfrazadas con la ficción que se elabora para hacer literatura. Aunque sobran los antecedentes en la poesía de todos los tiempos y de muchas lenguas, el poema épico se practica poco hoy día, y las historias que quería contar en El Vuelo del Dragón no son amenas a ninguna otra forma que no sea la novela. El amor se presta mejor para un poemario como lo es Novela de Mediodía (Cultural 2003, Verbum 2004), que cuenta una historia sin que se pierda la individualidad de cada poema. Por supuesto, escribí Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum 1998), otro libro que, como esta nueva novela, fue de larga gestación. Aquella experiencia, me preparó para escribir este libro. Mi educación como científico e investigador médico me brindó los métodos  investigativos para el estudio del trasfondo histórico y político de la época en que se desarrolla la trama de El Vuelo. También influyó, para que ahora cuente historias largas, el querer que mi poesía esté más cerca de la “poesía pura” de Juan Ramón y dejar la “protesta” (toda novela es “una protesta”) para lo novelístico.    

 

CEC: ¿Cómo contrastas el proceso de redacción de la novela con la creación de tus libros de poemas?

 

MMM: Yo escribió los esqueletos de mis poemas a mano en libretas; en las libretitas promocionales que me dan en reuniones científicas, si la discusión de las conferencias me aburre; en la página en blanco de un libro que me ha dado una idea; en servilletas; en el plano de un museo; en el programa de una obra de teatro o de un concierto o una ópera; en mi Moleskin; hoy día, a veces en mi iPhone; etc. Me aseguro de guardarlos, pero los abandono por un tiempo y regreso a ellos a ponerles sangre y músculo, y, mucho más tarde, y más importante, a ponerles piel. Me refiero a ese proceso no siempre exitoso de buscar la palabra precisa y tratar de eliminar las superfluas.

La escritura de mis novelas ha sido más premeditada. La generación de notas ha sido más formal y estructurada. He construido bosquejos de la trama, he escrito guías y descripciones de los personajes, he construido árboles genealógicos y trascendencias familiares, y eso lo he ido enmarcando en la época, en la historia, con la intención de que el lector llegue al punto que comience a cuestionarse qué es verídico y qué es ficción. Además, por el hecho de que hay un trasfondo político importante en El Vuelo del Dragón, que presenta tanto las pasiones ideológicas que permearon con su combustible la llamarada de la guerra civil española, como las que incendiaron al Puerto Rico de la época de Winship, la persecución de los nacionalistas, y la creación del Partido Popular, he tratado de permanecer lo menos abanderizado posible. He querido dejar que sean los personajes los que armonicen con sus acciones y sus pensamientos sus creencias ideológicas y que le den ellos cuerpo a la trama.

Como te imaginas, ha habido mil correcciones y revisiones; muchos amigos han hecho sugerencias, lectores profesionales (correctores de prueba) y lectores apiadados han probado el guiso y han sugerido condimentos o encontrado ratas husmeando en algunas esquinas. Es un texto extenso e intenso, y, difícil. No por el lenguaje en sí, que me parece muy asequible, sino por sus complejidades narrativas y la ambigüedad ideológica que afecta a algunos de los personajes. Ha sido un proceso arduo, pero apasionante.     

      

CEC: Para beneficio de los lectores de este boletín ¿de qué se trata El Vuelo del Dragón?

 

MMM: Tal vez sepas que el modelo de avión que llevó a Franco desde las Canarias a Marruecos para comenzar la guerra civil española se le conocía como Dragon Rapide. De ahí el título de la novela y que el avión sea un leitmotiv en ella. Dos hombres que son cuñados, uno de izquierdas otro de derecha, están involucrados en las intrigas que se han suscitado en Madrid. Uno participa en el asesinato de Calvo Sotelo, el otro –desde el clandestinaje y la quinta columna- es responsable del sabotaje del polvorín de Lista, en el que mueren numerosos inocentes. Dado por muerto en el asalto al Cuartel de la Montaña por su familia, el derechista, conocido por su alias “Banderilla”, es perseguido por la policía militar. La pesquisa la encabeza su cuñado sin saber la identidad del saboteador. Por razones imperiosas, los principales huyen a Puerto Rico donde se involucran en la política de la isla antes y durante la militarización que en ella ocurrió en los años precedentes a la segunda guerra mundial. Aquí se codean con los gobernadores Winship y Leahy; y las masacres de Río Piedras y Ponce. Las acciones de Hitler y Franco, influyen en sus acciones. Una vorágine de intrigas, espionaje y muertes los sigue por el Caribe y los lleva a Cuba y a la Francia de Vichy durante la ocupación alemana, mientras sus vidas van uniéndose cada vez más con consecuencias sorprendentes

 

CEC: ¿Cuáles son tus influencias como escritor? ¿Desde cuando comenzaste a escribir?

 

MMM: Siempre he sido un lector empedernido. Comencé a leer cuando tenía cuatro años y lo primero que recuerdo haber leído es una serie de libros de cuentos de hadas (creo que venían de España) y el Billiken (una extraordinaria revista Argentina para niños, que aún circula). Los cuentos de hadas (letra grande; oraciones simples) eran orientales, nórdicos y germanos, y estaban ilustrados. Por motivo de esas lecturas y porque en diciembre de 1941 comenzó la guerra mundial contra Alemania y los japoneses, a los cinco años escribí un cuento de cuatro o cinco oraciones (que desafortunadamente se me ha perdido en una de mis mudanzas) sobre un vecino de Yauco en su primera misión como piloto. Era muy escueto y decía (según recuerdo) exactamente lo que había sucedido. Algo así como: Fulano, que vive a tantas casas de la mía y es el hermano de mi amiguita fulana, se fue de piloto, y los alemanes (pueden haber sido los japoneses, ya no recuerdo) tumbaron su P-39 (me aprendí los modelos de los aviones de la guerra y los podía dibujar; hoy recuerdo sólo algunos) y murió. Recuerdo que a sister María Caridad, mi maestra de primer grado, le pareció muy lúgubre.

Pero pasaron muchos años antes de que volviera a escribir algo que no fuera para la escuela. Leía las asignaciones y aprendía poemas de memoria (Rubén Darío, Llorens, Espronceda, Núñez de Arce) y cuando llegué a sexto grado descubrí las Leyendas de Coll y Toste y otras cosas que me daban a leer mi madre y mi abuela. Pero mi primera influencia, algo que hizo decirme “voy a escribir algo así” fue la Llamarada. Ya estaba en octavo grado y leía una lista ecléctica de material variado: La Sombra, Doc Savage, Perry Mason, Ellery Queen, Agatha Christie, comics, novelas “pornográficas”, que eran traídas de contrabando al vecindario por los chicos mayores de diecisiete, tales como La Piel de Curzio Malaparte y La Coquito de Joaquín Belda. Éstas las leía de prisa para llegar rápido a los pasajes salaces. Pero no tardó mucho para que cayeran en mis manos Azorín, Pérez Galdós, Hemingway, Fitzgerald, John O’Hara, que considero uno de los grandes cuentistas del pasado siglo, y, especialmente, J.D. Salinger, que me condujo a comenzar a escribir Isla Verde  (El Chevy Azul), que al principio se llamaba Anoche en San Juan, en 1961, y cuya influencia asoma en el libro de cuando en cuando. Cada uno de estos autores influyó en mí de forma distinta: Azorín por la belleza de sus descripciones, Galdós porque fue mi primer encuentro con la mezcla de historia y ficción en la literatura (no leí hasta después a Walter Scott y a Dumas), Hemingway por su precisión y la ausencia de sentimentalismo en su escritura; Fitzgerald por su estilo y su prosa conmovedora; y Salinger por su comicidad tan triste y real, y su conocimiento de las perturbaciones emocionales de un adolescente. Después, Cervantes, quien me alegro haber leído después de haber cumplido los treinta, Borges, Graham Green, Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes, DeLillo, William Kennedy, y, recientemente, Aira, Piglia y Bolaño.             


CEC: ¿Por qué escribir? ¿Tienes alguna poética?
¿Un ars poético?

 

MMM: No creo en tendencias del momento ni en “movimientos”. Creo en el deber del artista con su entorno y la sociedad, pero también creo que, a menos que no tenga grandes talentos y sea muy valiente, se debe de concentrar en expresar sus ideas a través de su arte. Mi “ars poética”, si así se puede llamar, es que puedo ser tierno o devastador, y que digo lo que tengo que decir y no me amedrento ante la opinión de muchos o de pocos. He decidido que escribir es una catarsis emocionante y cautivante. Entiende, por favor, que hago estos comentarios desde la perspectiva de un novelista que comienza su carrera, que es cómo me veo. Pero escribir es lo que haré ahora hasta que me muera.

 

CEC: Manuel, tú eres un escritor que se ha codeado con diversos escritores, algunos de la talla de Francisco Brines y Luis Antonio de Villena, quienes visitaron el País gracias a ti… Puedes hablarnos de eso…

 

MMM: Mis viajes como conferencista médico y presentador de mis investigaciones me han traído en contacto con mucha gente en muchos sitios. Pero le debo parte de mis amistades literarias a mi buen amigo Carlos Prieto (hay varios Carlos Prieto, todos familia y famosos, que incluyen un chelista, y un director de orquesta, que estuvo aquí en el Festival Casals, de 2006, si recuerdo bien) un nefrólogo español dedicado a los trasplantes renales, que no sólo es un gran aficionado a la música clásica (como sus primos), sino que es primo carnal de Carlos Bousoño. Con Prieto y su mujer fuimos mi mujer y yo a conocer a Vicente Aleixandre, en Madrid. Allí estaba Bousoño que durante treinta o más años visitó al Nobel casi todos los días. Don Vicente, que hacía poco había recibido el Nobel, fue un anfitrión generoso y de una dulzura indescriptible. Ambos leyeron mis poemas y me alentaron a que publicara; muchos están en La Voz Sostenida 1984. Don Vincente me regaló unos libros autografiados que siempre me acompañan. Mi amistad con Juan Ramón Jiménez fue motivo de conversación porque éste me había sugerido que me fuera a estudiar literatura a Madrid y que me daría una carta de presentación para Aleixandre. ¿Qué hubiera sucedido de haber pasado eso? Nunca se sabrá y, en realidad, nunca lo consideré.

 

De todos modos, la próxima vez que fui a Madrid Carlos Prieto me dijo que estábamos invitados a comer (almorzar) a casa de Bousoño, en las afueras de Madrid, y allí conocí a Paco Brines y a Luis Antonio de Villena. Nos hicimos amigos rápidamente y he seguido viéndolos cuando vistamos Madrid. En otra tarde memorable en casa de Bousoño, también conocimos al gran Claudio Rodríguez, un hombre de una sencillez asombrosa y un poeta del parnaso de la poesía moderna en español. Bousoño, Brines y de Villena vinieron a Puerto Rico dos veces, incluyendo, en el caso de los dos últimos, la vez que mencionas. El estupendo poeta Ángel González había sido compañero de escuela (en el mismo grado, según recuerdo) de Bousoño, y con esa introducción me carteé con González, a quien invité a San Juan y pasamos una semana deliciosa leyendo poesía y tomando Don Q y Barrilito. De paso, Bousoño, González y Rodríguez, han sido galardonados con el Asturias de Letras.  

 

Gracias a mi especialidad, también conocí a Jorge Guillen, quien al final de su vida sufría del riñón, pues fui a verlo con su nefrólogo (amigo mío) en su casa en Málaga. También he conocido a Antonio Colinas en Salamanca y, poco, a Luis García Montero, en Madrid.

 

Lo más importante de esas relaciones ha sido que todos (excepto García Montero; no tenía ningún poema conmigo en lo que fue un encuentro fortuito) leyeron mis poemas con entusiasmo. Me hicieron algunas críticas, pero también hicieron elogios de mi poesía. Los poetas tienen pocos lectores. Saber que uno cuenta entre ellos a poetas como estos es un gran premio para un chico de Yauco, Puerto Rico, que envejece.


CEC: ¿Tienes algún ritual en particular a la hora de acercarte a la página en blanco?

 

MMM: Trato de escribir todos los días, aunque sea una oración. Si no me sale lo que de primera intención era mi meta, me mudo de la novela a un poema, o viceversa. O me voy a algo ya escrito, y lo corrijo.

 

CEC: ¿Qué libros son importantes en tu biblioteca?

 

MMM: Tengo los libros dedicados por excelentes escritores que he conocido personalmente sobre mi escritorio. Además, vuelvo a ellos constantemente, particularmente en el caso de la poesía. No pasan muchos días en que no lea por lo menos una línea de Juan Ramón. Claro, están mis diccionarios y las gramáticas, que me desesperan.  


CEC: ¿Te ocupa en estos momentos alguna nueva creación?

 

MMM: Tengo 73 años y soy paciente de cáncer: voy de prisa, pero con cautela. Me retiré hace año y medio y completé otra novela y he escrito otras dos, además de El Vuelo. Sólo te quiero dar noticias sobre una de ellas que me ha tomado más de 15 años escribir y que trata del caso infame del Dr. Cornelius Rhoads, médico que declaró haber asesinado 8 pacientes y de haberles inyectado células cancerosas a otros 8 pacientes, cuando practicó en el hospital Presbiterano del Condado en 1931. Estoy en proceso de revisarla y trataré de publicarla lo antes posible. Trataré de que no compita con El Vuelo. Por ahora lleva el título La Muerte se Viste de Blanco y es un “thriller” que también incursiona en el tema del mal uso de sujetos humanos para la experimentación médica. También necesitó una gran investigación histórica y la dedicación de muchas, muchas horas de lectura y estudio. Pienso que junto al Chevy Azul, El Vuelo y La Muerte, forman una especie de trilogía puertorriqueña que cubre desde los años 30 hasta los 60. Las otras dos novelas, que están básicamente terminadas, son de mi total invención. Ya hablaremos de ellas a su debido tiempo.

  

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14 de Septiembre, 2011 · General

En las letras, desde Puerto Rico:

 

 

                                                  invitación a la nueva temporada

 

por Carlos Esteban Cana

 

Hay personas y medios que no le dan verdadero valor al periodismo que se ocupa del panorama creativo de un país. Sin embargo, estoy seguro que ejercer el oficio de periodista cultural, por mi parte, ha sido la mejor inversión que he realizado en mi vida. De una u otra forma el creador, el narrador, el poeta, el lector que intento ser ha sido fortalecido con las múltiples conversaciones que he tenido a lo largo de los años con cuentistas y novelistas, con poetas o ensayistas, humanistas o académicos, editores o libreros. Ya fuera desde las sencillas ediciones de Senderos en 1988 (¡Gracias por la oportunidad, Ángelo!) en Cataño, en Taller Literario durante los 90’s, en la Oficina de Revistas del Instituto de Cultura Puertorriqueña después, como invitado a El Sótano 00931, en las páginas de Diálogo y otras publicaciones, impresas y cibernéticas, que esporádicamente reproducen mis colaboraciones, he sentido el placer de colaborar con la crónica cotidiana que ilustra el universo amplio y diverso de las letras dentro y fuera de Puerto Rico.

 

Asalariado o no, agradecido de la remuneración cuando la hubo o desde esta vocación que no se mueve por el lucro. Incluso cuando fui parte del proyecto San Juan en Comunidad, precedente de lo que hoy es ese valioso medio que conocemos como Prensa Comunitaria. Tampoco puedo pasar por alto los años que pasé detrás de los controles de canales televisivos especializados en oferta cultural. Por lo antes mencionado puedo asegurar que nada era ripio, nada era pérdida de tiempo o conformismo ante las circunstancias imperantes. En algún lugar leí, creo que de Roger Chartier, que la inversión que hace un sujeto cuando se acerca e interesa en la cultura es difícil de ver y de palpar, pero está ahí, más allá de lo que a simple vista se observa.

 

El radio de acción del periodista cultural es amplio y vasto, por eso las entrevistas, por eso las reseñas, por eso el análisis, por eso el deseo de darle voz a los que aún teniendo una propuesta de valía se les excluye con pretextos cargados de prejuicios o por otros accidentes ajenos a la obra. Afortunadamente, desde la periferia y la distancia, incluso desde el margen, uno ve mejor. Por otro lado (y esto le ocurre a muchos y muchas colegas de cuyos nombres no quiero acordarme) es difícil servir cuando uno se cree el centro permanente alrededor de cual giran todos los demás. Creo, eso sí, en la mesa redonda, amplia, en la polifonía de voces que devela el perfil macro con cada uno de sus matices. El periodismo cultural que intento hacer aspira a esos horizontes.

 

Puntualizado lo anterior, les doy la bienvenida a un nuevo ciclo de En las letras, desde Puerto Rico. En esta nueva etapa desarrollaremos diferentes series, unas que abarcan acontecimientos importantes en la cultura puertorriqueña, otras que se ocupan de escritores y escritoras internacionales, o en la trayectoria de algún autor particular. Algunos escritores conversarán sobre sus libros, otros sobre su vida, unos lo harán con discreción, otros con un susurro cercano al silencio. Pero todos, de una forma u otra, dialogarán, ya sea mediante entrevista, a través de un fragmento de conferencia o desde una reseña lírica de lo que se transcribió de las ondas mediáticas. Aquí los invitados, los que invito a formar parte de nuestra crónica cultural no integran un club homogéneo. La diversidad creativa es la energía que mueve la aguja de la brújula.

 

A continuación una muestra de lo que viene. No están todos los que son, ni son todos los que están, pero este inventario puede darle idea a usted de la infinidad de personalidades que conversarán con nosotros desde este boletín. Póngase cómodo en su butaca que viajaremos por el amplio universo de la creación literaria.

****

En el 2011 se cumple una década del fallecimiento de la escritora Olga Nolla, y nosotros hemos querido rendirle homenaje recordándola en su propia voz, con su sonrisa a flor de piel, escuchándole hablar de su obra, en sus propias palabras.

 

Olga Nolla: Ramón Luis Acevedo ha dicho que utilizo la narrativa como recurso poético. Digo, ésa es mi intención. Mi intención es utilizar en poesía la narrativa como un recurso adicional, de la misma manera en que utilizo la historia en la narrativa como un recurso literario. Porque cuando yo me acerco al mito de la fuente de la juventud en El Castillo de la Memoria y tomo a Juan Ponce de León, con su propio nombre (no cambio nombres ni nada, es el mismo personaje histórico), pero asumo que encuentra la fuente de la juventud, estoy violando la historia porque sabemos que nunca la encontró. Se murió como se murieron todos, pero yo asumo que la encuentra. Mi propósito es asumir el mito y violarlo como una excusa para hacer un recorrido por la historia de Puerto Rico por 400 años. El lector me sigue con ese personaje que no muere y regresa a Puerto Rico donde vivió por 400 años. Así puedo entonces unir un poco, a manera de atar cabos sueltos, la historia e intrahistoria y nuestro proceso como pueblo, nuestra formación nacional. Estoy usando la historia literariamente para construir literatura.

 

Che Melendes, por su parte, ha conversado con este servidor en varias oportunidades. Recuerdo muy bien la primera ocasión cuando los humanistas Eugenio García Cuevas y Rubén Soto organizaron un magno homenaje a su obra. Este fragmento, sin embargo, fue fruto de una entrevista que le cursé en la Librería Isla. En la misma hacía comentarios acerca de su libro Senotafio.

 

Che Melendes: Senotafio es un sepulcro para la ausencia de algo, es algo, un homenaje a una ausencia, y estos poemas que se han acumulado son un canto a los poetas hacedores de eso que es la poesía, que para nosotros es impactante.

 

Néstor Barreto, quien acaba de inaugurar una nueva editorial que lleva el nombre de Colección Maravilla con un flamante catálogo de nuevas y veteranas voces como lo son Carlos López Dzur, Neysa Jordán y Bruno Soreno, hizo lo propio cuando nos habló de su libro :

 

Néstor Barreto: La metáfora dominante en es la espesura, el matorral. Yo le llamo la asimetría atrópica o también le digo anatropía, y su animal emblemático, totémico, es el ruiseñor.

 

Magaly Quiñones es una de las principales poetas del País. Cuarenta y dos años han pasado desde la publicación de su primer poemario Entre mi voz y el tiempo. Con una producción activa y consistente, creyendo cabalmente en su oficio, Quiñones se ha colocado como un referente obligatorio cuando de la poesía contemporánea se trata. En este fragmento seleccionado nos habla de sus inicios.

 

Magaly Quiñones: Yo empecé a escribir desde bien pequeña. Ya a los ocho años  tenía mi libretita de poemas escondidita en las gavetas. Cuando estaba ya en escuela superior conocí a una poeta arecibeña que se llamó Carmen Alicia Cadilla. Carmen Alicia me dio la confianza de que lo que había escrito tenía valor.

 

A través de los años, infinidad de escritores internacionales han visitado las costas boricuas por diferentes motivos, unos para promocionar sus libros, otros para ofrecer seminarios y talleres. A continuación adelantamos algunos comentarios de varias de esas personalidades.

 

Nunca se me olvida una frase lapidaria de Laura Restrepo acerca de que no hace a la tarea del escritor acercarse al poder. Decía la autora colombiana: “Hay que mantenerse lo más alejado posible”. Cuando promocionaba su novela La isla de la pasión, reflexionaba sobre el arte de escribir y apuntó lo siguiente:

 

Laura Restrepo: Tú escribes para las tripas, con toda la pasión y le dedicas horas. Yo me tardo tres años de investigación, de cuántas horas de trabajo que da hasta pena confesar. Yo escribo y escribo. Yo no le quiero poner adjetivo a su propia cosa. La literatura es escribir.

 

La española Rosa Montero visitó la Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico (de donde soy egresado) y conversó sobre el arte de la novela.

 

Rosa Montero: Las novelas son como los sueños de la humanidad y la relación del escritor con la novela es como la del durmiente con el sueño. Tú cuando sueñas por la noche, de repente puedes soñar que te salen unas alas rojas en la espalda y que vuelas por encima de Pekín. ¿No? Bueno, eso no tiene nada que ver con tu vida. Ahora bien, durante ese sueño, tú sientes unas emociones poderosísimas. Puedes tener ese sueño y estar llorando a lágrima viva con una angustia enorme o puedes estar felicísimo, muerto de risa o puedes estar con miedo. ¿Por qué son esas emociones tan fuertes? Porque verdaderamente ese sueño significa algo muy profundo tuyo. Es una parte de tu psiquis más profunda que está saliendo a la luz bajo esa forma metafórica. Pues con las novelas pasa igual. O sea, que lo que yo cuento tú lo lees, y, desde luego, harás muy mal si adjudicas eso que cuento a mi vida, en la superficie, en el detalle, en la anécdota. Ahora en el significado profundo metafórico, simbólico, nos desnudamos todos, muchísimo. Escribir una novela para todo escritor es como sacarte un pedazo de hígado. Absolutamente. Es algo que viene de la parte más profunda tuya.

 

La mexicana Elena Poniatowska es una de esas escritoras que siempre son necesarias para todo un pueblo, para toda una nación. En varias ocasiones, en la última década, a visitado el país, y en todos esos eventos ha dejado una huella inolvidable entre quienes la escucharon. Aquí, cuando resumía parte del asunto de su novela La piel del cielo y reflexionaba acerca de la situación de la mujer.  

 

Elena Poniatowska: Las mujeres se completan a sí mismas ¿no? No necesitan a nadie más para ser, y eso yo creo que es una de las grandes victorias, no del feminismo, pero sí de la grandes victorias de la evolución de las mujeres, ¿no?, que la mujer vale por sí sola, se completa sola y le da un sentido a su vida que no es de dependencia, es de libertad. Y eso es importante, porque un ser libre, realmente, es un ser que merece el respeto de todos.

 

Pero volvamos a los escritores nacionales, aquellos que nutren las arterias de este boletín. Sin lugar a dudas Marta Aponte Alsina va construyendo una obra que sobrevivirá el paso del tiempo (aseguro que no necesita de agentes literarios). Sexto Sueño es una prueba de lo anterior. Una novela en la que los personajes se apoderan de los espacios y hablan por sí mismos. Sexto Sueño, su penúltima entrega editorial, es la historia de un criminal que trata de domesticar la violencia que le habita. Fue precisamente en una sesión del Taller de Apreciación Literaria que ofreció la poeta y narradora Marithelma Costa, donde Aponte Alsina conversó sobre esta novela. En este pequeño fragmento escuchamos a la autora referirse al proceso de documentación:     

 

Marta Aponte Alsina: En la documentación todo sirve, la experiencia de una compañera de trabajo, algo que se ve en la calle. Todo de alguna manera sirve, es como algo aleatorio. Tú encuentras objetos y lo vas integrando ahí, después que tengas como el río, como la trama, como algo que está encaminado en la narración. Y son etapas que pueden ser o sucesivas o simultáneas porque uno realmente nunca termina de investigar hasta que dice: ‘¡Ya! ¡Ya tengo esto y ya no me importa lo que haya pasado! No me importa que sea cierto o falso. Yo voy a escribir las cosas como las ve el narrador o la narradora que inventé.’

 

Durante ese mismo evento, auspiciado por el Proyecto para el Fomento del Quehacer Literario, los talleristas escucharon además a la escritora de literatura infantil Rocío Costa, quien habló de las particularidades del género.

 

Rocío Costa: Lo que pasa por lo regular es que a los niños se les ve como menores, toda esa cuestión de la palabra pueril. Mucha literatura trata a los niños como que no saben. Y, sin embargo, son maravillosas las cosas que nos dicen. A veces hay gente que plantea que a los niños se les debe tener como protegidos de los problemas, pero los niños se dan cuenta de todo, absolutamente de todo. Y una de las cosas que yo creo que debía hacer la literatura es hablar de los problemas que tienen los niños.

 

Lo refrescante y curioso de muchas de estas conversaciones es que no pierden vigencia. Las complejidades inherentes a nuestro ambiente editorial provocan que los escritores intenten trascender lo inmediato en sus propuestas porque, en ocasiones, se puede morir en el intento de publicar el libro de turno. Sucede entonces que algunos autores desarrollan una capacidad inmensa para esperar, esperar y esperar a que el editor le atienda. Hace varios años cuando Ángel Matos, poeta y gestor cultural, concertaba el junte de los amurallados en la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular en el Viejo San Juan, conversó conmigo acerca de lo que con el tiempo sería Barcos de papel, libro que actualmente circula en las librerías del patio. Con su forma característica de comunicarse, apuntó cuando le preguntamos qué le ocupaba en esos momentos:

 

Ángel Matos: Me ocupa el mar, me ocupan mis crisis existenciales que están a flor de piel. Todo para mí es una excusa para crear. Así que ahora yo estoy gozando con mis crisis existenciales.

 

Me une una estrecha amistad con la escritora Iris Mónica Vargas. Ella me dio el privilegio de formar parte de la publicación cibernética El viaje del poeta. Una complicidad creativa que, sin duda, me ha permitido crecer en el oficio. El fragmento de entrevista que comparto a continuación me trae su nombre a la memoria. Quien hablará no será ella, sino el escritor Juan Carlos Rodríguez, autor del excelente poemario Rehén de otro reino, de la Editorial Tiempo Nuevo. En esa ocasión él ofrecía un recital junto a Noel Luna y Javier Ávila en la librería Cronopios. En ese evento, con grabadora en mano, fue que conocí a la poeta. Aquí un extracto de lo que me comentó Juan Carlos en aquel recital.   

 

Juan Carlos Rodríguez: Hay poetas en el pasado de los que nos hemos estado nutriendo, algo evidente en las conversaciones con los compañeros Noel (Luna) y Javier (Ávila); estamos hablando quizás de Aurea María (Sotomayor) que había llegado a esa síntesis, a poetas como Hjalmar Flax, ciertamente.

 

Por su parte, Noel Luna, autor de poemarios como Teoría del olvido y Música de cámara se ha ganado el respeto de la crítica especializada por el cuidadoso cultivo de las formas clásicas. En esa misma velada, que fue auspiciada por los organizadores del Certamen de Poesía del periódico El Nuevo Día, Luna nos comentó:

 

Noel Luna: Por lo regular se piensa en las formas clásicas justamente como formas agotadas, en la medida en que han sido trabajadas largamente. Sin embargo, las formas, más allá de ser límites estrechos, aunque lo son, son más que nada máquinas de hacer literatura.

 

El catálogo editorial de Isla Negra Editores representa parte de lo más granado de las últimas dos décadas de cultura literaria en Puerto Rico. El editor y también poeta Carlos Roberto Gómez ha realizado en sus páginas una especie de confederación donde convergen escritores de las tres Antillas Mayores. Dentro de ese catalogo resalta Cada vez te despides mejor, de José Pepe Liboy, como uno de los libros más importantes de la pasada década, título que demandó lo mejor de la capacidad de Gómez como editor.

 

Carlos Roberto Gómez: Un comentario que voy a hacer sobre lo que es la edición de una obra dispersa. Recolectar a duras penas la obra dispersa de Pepe Liboy nos tomó dos años. Y todavía hay cosas por ahí que me imagino que él ni sabe donde las puso.

 

Al igual que Liboy, otro autor que goza de un prestigio destilado a través de los años es Antonio Aguado Charneco. Sin prisa pero sin pausa este escritor arecibeño es creador de la primera trilogía tainista del Caribe. La triada Bajarí Baracutey, Anacahuita, y Guarocuya ha sido premiada en diversos certámenes por su excelencia. A partir de este mes de agosto, y comenzando con LuzAzul, novela que tiene como telón de fondo una huelga universitaria, varios títulos de Aguado Charneco circularán en las librerías. En una de nuestras múltiples conversaciones, a las que por tácito acuerdo nunca ponemos punto final (una especia de conjura contra el destino), Tony, como se le conoce, nos habló de la confección de los personajes.

 

Antonio Aguado Charneco: Cuando uno construye un personaje, como escritor uno aspira y procura que de las páginas salga esa mano que agarre el corazón del lector.

 

Antes de Casquillos existió un libro más discreto titulado Comunión antropoética. Poesías como Panes y peces, Pequeños bodigos, Corbatas y Si te digo niña, entre otras, se han desprendido con facilidad de sus páginas y han quedado impregnadas en la memoria del lector. Este libro fue la excusa que nos permitió conversar con David Capiello Ortiz acerca del proceso que define a un escritor. Con una muestra basta.

 

David Capiello Ortiz: No hay escritores si primero no son lectores, y los espacios se leen, las personas se leen, las situaciones se leen. Como parte de mi trabajo como lector yo tengo que ir a esos espacios y leer esos espacios. Algo tan sencillo como vivirlo, leerlo, es parte de mi proceso y mi responsabilidad como escritor.

 

Si existe un poeta capaz de hacer belleza del ejercicio de la lectura lo es Mario Antonio Rosa. Hace tiempo que este autor nos debe una recopilación de las reseñas y prólogos que ha realizado a lo largo de los años. Ya sea en la prensa escrita, en el internet, o en las páginas de un libro, la reflexión sagaz de este escritor ha focalizado su mirada en la obra de los escritores que emergen durante los últimos 20 años. Dejemos que el propio Mario nos hable del placer que le provoca la lectura.

 

Mario Antonio Rosa: Es como cuando tú lees el poema que le escribe Federico a Ignacio Sánchez Mejía, La sangre derramada. Tú cierras los ojos y lo puedes sentir, y puedes ver toda esa situación cuando el toro, prácticamente, masacra a Ignacio, lo mata en la cornada. Entonces tú ves todas esas imágenes como en una película. Siempre se da una situación de que tocas el libro y sientes lo que te puede decir. Si no te dice nada no lo abandonas, lo pospones hasta que llega el momento que ese autor, ese libro, te puede decir algo.

 

Otro escritor que destiló con entusiasmo su pasión por la lectura lo fue Salvador Villanueva. Radicado en Nueva York este poeta boricua ha impactado la Gran Manzana desde 1985 con títulos de contundencia como lo son El imperio de la papa frita, Pato salvaje o Mala leche.

 

Salvador Villanueva: Siempre he dicho, nadie se acuerda de un poema completo pero se acuerda de un fragmento de un poema. Y ese fragmento del poema le estalla una y otra vez. Tú puedes estar 20 años después de haber leído lo que llamo un poema cursi Este domingo triste pienso en ti y de repente llega un domingo que estás triste, piensas dulcemente en alguien, y ese poema te vuelve a salir, y tú te quedas como ¡Auch! te duele. Porque la poesía que es buena duele, duele por que es como un cuchillazo que le dan a uno, porque la memoria hace que uno recupere. Yo vivo obsesionado por fragmentos de poemas. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. La noche está estrellada y ya no está conmigo. No tiene que ver con el idioma, es cualquier poema que tú hayas podido leer en el original. Tú te quedas con una de esas líneas y la llevas toda la vida contigo. Cuando menos tú lo esperas salta de nuevo y vuelve a ser vigente.

 

Si de críticos académicos hablamos, Luis Felipe Díaz tiene un lugar destacado en nuestro panorama cultural. Sus libros Modernidad literaria puertorriqueña y La na(rra)ción en la literatura puertorriqueña , entre otros, son referencia obligada para quienes quieren profundizar en el conocimiento de la literatura puertorriqueña. Podríamos hablar largo y tendido sobre su obra, pero hagamos pausa para escucharle.

 

Luis Felipe Díaz: El texto crítico también es un texto poético. No deja de ser poético. Ahora, ¿hay más poesía y menos poesía? ¿hay más conciencia de metáfora y menos conciencia de metáfora? Mientras menos conciencia de metáfora hay en cuanto a contenido e ideología, más poético se es. La poética, creo yo, es bien subliminal.

 

Es inevitable no ser consecuente, insistir con las mismas preguntas, debido a que las respuestas que dan los escritores son diversas y múltiples, incluso sobre un mismo tópico. La poeta Mayda Colón publicó en el 2008 un texto ambicioso en lo que a propuesta estructural se refiere. Dosis es el título del libro que provocó nuestra conversación. Y en esa oportunidad le pregunté sobre aquello que le definía.

 

Mayda Colón: Tú me das a escribir un poema de amor y a mí se me cuelan las calles en él. Yo no tengo opción. Yo no tengo alternativa. Yo creo que si algo me puede definir a mí misma sería la escritura social.

 

No importa lo que el sujeto, ese que siente pasión por la creación apalabrada ejecute como oficio para sobrevivir, siempre esa vocación de escritor se rebela y revela como algo central y no subordinado en su propia vida. Acerca de eso comenta el poeta y fundador del Sótano 00931, Julio César Pol.

 

Julio César Pol: La vocación mía de escritor es igual de importante como la mía de economista. Una vez, en una entrevista de radio, me lo preguntaron y contesté que me parecen dos partes indispensables de lo que yo soy, de lo que me constituye.

 

En esa misma dirección escuchamos al novelista Antonio Skármeta reflexionar acerca de su rol como intelectual. Apreciado en Puerto Rico, este narrador chileno es recordado por su participación en diversos programas de la serie En la punta de la lengua, que producen de manera encomiable Caridad Sorondo y Gil Raldiris. En una de sus visitas, Skármeta presentó en la Universidad de Puerto Rico el libro Vía crucis y redención del calvo del poeta Eric Landrón, en otra ocasión fue el invitado especial en el relanzamiento de un disco compacto de Silvia Rexach, en el que la compositora interpretaba sus propias creaciones. En esa ocasión nos dijo:

 

Antonio Skármeta: Soy un intelectual que le gusta la gente, que le gusta acercarse a los lectores. Y mi tarea como intelectual, como hombre latinoamericano, como una persona chilena política, es justamente ampliar los horizontes. Ampliar los horizontes de imágenes que se le ofrecen a la gente para mantener alerta su sensibilidad, despierta su imaginación, y eso la literatura lo puede lograr de maravillas.

 

Y para quien piensa que hacer periodismo cultural no conlleva riesgos, comparto con ustedes parte de una amena conversación que sostuve con la conocida narradora argentina Angélica Gorosdicher.

 

Angélica Gorosdicher: Todos mis libros son distintos. Lo que pasa es que la marca de la ciencia ficción es muy fuerte. Yo no escribo literatura realista. No puedo. No me sale. Siempre pasa algo. Siempre empieza todo muy suavemente y, de repente, le doy con el fierro al lector en la cabeza. Y bueno, lo jodo. ¿Qué quieres que le haga? Porque hay algo que interviene allí que no tiene nada que ver. Y Dios me libre y me guarde, no me vayas a hablar de realismo mágico porque te pego.

 

Son muchas las experiencias que atesoro de esas y otras conversaciones. Y repito, no son todos los que son ni son todos los que están. En las próximas semanas los lectores del boletín En las letras, desde Puerto Rico, si lo permite el Universo, podrán disfrutar de forma íntegra lo que hemos presentado a modo de muestra, y escucharán, sorpresivamente, otras voces que por razón de espacio no hemos incluido. Nos vemos pronto y salud para todos.

 

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28 de Julio, 2011 · General

V Semana de las letras y la Lectura

Presentado por el Ciclo de poesías del Teatro El Círculo, calles Laprida y Mendoza, Rosario, Argentina - 8 y 9 de agosto a las 19 hs.

Encuentro Internacional de poesía

Declarado de interés cultural por la Honorable Cámara de Diputados de la Nación y de Interés Municipal, que contará con la presencia entre otros de Alicia Pastore (Buenos Aires),Marina Kohon (Bahía Blanca), Diego Roel (La Plata), Piero De Vicari (San Nicolás),  Hugo Mujica (Buenos Aires), Pablo Anadón (Córdoba), Alejandra Mendez (Rosario) Silvia Montenegro (La Plata), Leandro Llull (Rosario) , Arantxa Oteo Ugarte (España), Alvaro Mata Guillé (Costa Rica), Marine Petrossian (Armenia), Mario Alonso López Navarro (México), Juan C. Miranda Ponce (Ecuador), Lepoldo Castilla (Salta), Sandra Lorenzano (México), Néstor Fenoglio (Santa Fe), Gabriela de Cicco (Rosario), Ana Arzoumanian (Buenos Aires), María Casiraghi (Buenos Aires), Andrés Pierucci (Arroyo Seco), Santiago Sylvester (Salta), Mariana Vacs (Rosario), Tona Taleti (Rosario),  Sonia Contardi (Rosario), Fabricio Simeoni (Rosario), M. Paula Alzugaray (Rosario), Gisela Galimi (Buenos Aires), Norman Petrich (Entre Ríos), Andrea Ocampo (Rosario), Gustavo Caso Rosendi (Esquel, Chubut), Alicia Salinas (Rosario), Ce Ulla (Rosario), Marine Petrossian (Armenia).

Coordina este encuentro: Héctor Berenguer. Coordina mesas de lectura: David Fucks.- La entrada es libre y gratuita. Organiza Asociación Cultural El Círculo.


http://semanadeletrasylectura.blogspot.com


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no se vende ni se compra ni se alquila,
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