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Revista Isla Negra
Casa de Poesía y literaturas
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28 de Octubre, 2014 · General

Casaus profundiza en los puentes culturales entre Cuba y Argentina

El escritor, poeta, documentalista y gestor cultural cubano Víctor Casaus, pasó por la Argentina para afianzar lazos culturales entre ambos países a partir del Centro CulturalPablo de la Torriente Brau, que impulsa desde hace casi 20 años.

 

 “Nuestro Centro, que es muy pequeño pero que abarca diversas disciplinas como la memoria, el testimonio, el arte digital y la Nueva Trova, tiene una vocación integradora que nos ha permitido concretar intervenciones culturales en la Argentina que se llaman Nuestra voz para vos y que el año próximo va a generar tres embajadas culturales”, adelantó Casaus a Télam.

Las actividades de diciembre de 2015 se rematarán con una jornada y acampada en Tucumán, como cierre del proyecto de investigación, memoria y producción cultural sobre la experiencia guerrillera en esa provincia, en la década del 70.

Con esa finalidad, el autor de libros de poesía como Todos los días del mundo, Amar sin papeles,El libro de María y Perfume y secuencia de mujer, contó que “se ha formalizado la presencia del Centro Pablo en la Argentina con Nirma Acosta y René Hernández, que fueron los fundadores de una importantísima revista cultural digital cubana, La Jiribilla”.

Como notable aperitivo que testimonia esos acuerdos y se plasman en estos días en la Isla socialista, la coplera Laura Peralta y el cantautor chaqueño Coqui Ortiz, acompañados por Julio Daniel Ramírez (acordeonista) y Pablo César Figueroa (guitarrista), están desarrollando la giraTodas las voces todas.

El pequeño tour que desde hace una semana pasó por Santa Clara y La Habana tiene una jornada clave en el Centro Pablo, donde además del concierto se inaugura la exposición de carteles Mercedes Sosa: baquiana del mundo, que viajó a Cuba gracias a la Fundación Mercedes Sosa.

En tanto, la despedida musical de Ortiz, Peralta y sus músicos será el domingo en El Jardín de la Gorda, el espacio creado por la legendaria trovadora cubana Sara González.

Además de corporizar acuerdos con el Ministerio de Cultura de la nación, el artista cubano aprovechó la visita para desplegar tareas artísticas, recibir distinciones y buscar apoyo para el Centro Cultural, jaqueado por recortes presupuestarios.

 Puesto a repasar las aristas de la actividad desplegada, el realizador de los filmes de ficciónComo la vida misma y Bajo presión y de 13 documentales, destacó: “me alegró mucho poder realizar varias presentaciones de uno de mis oficios que es el de la poesía junto a la canción con (el cantautor salteño) Eloy López. Esa es una línea de trabajo que me interesó mucho poder llevar a escuelas, centros penitenciarios y espacios culturales”.

 A la hora de los reconocimientos recogidos se destacó la distinción La Rosa de Cobre, otorgada por la Biblioteca Nacional por primera vez a un autor no argentino.

Y en relación a los apoyos para el sostenimiento del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, resultó central el recital solidario que en La Plata protagonizaron Liliana Herrero, Raly Barrionuevo,Fulanas Trío, Julia Zenko con Luis Gurevich, el cubano dúo Karma y el marplatense dúo La Trova.

 “Estamos en busca de apoyos capaces de ayudar a nuestra situación económica porque tenemos un Centro pequeño, con pocos recursos”, precisó Casaus acerca del espacio que debe su nombre y su impronta a un periodista y escritor cubano que murió combatiendo en la Guerra Civil Española.

 El hacedor de textos fundamentales de la literatura cubana como “Girón en la memoria”, “Vengo de América” y “Che desde la memoria”, precisó que entre las ayudas estatales al ámbito cultural en el que trabajan 15 personas se cuentan una del Ministerio de Cultura (fundamentalmente para la publicación de libros) y otra del Instituto Cubano de la Música (ICM).

“El aporte del ICM –detalló– se usa para varios proyectos pero fundamentalmente para el ciclo de Nueva Trova A guitarra limpia, pero ese programa padeció una rebaja del 80% a principios de este año”.

 Al margen de los problemas concretos de esa tribuna musical, Casaus consideró que la Nueva Trova “es una forma muy completa, ética y estética de acercarse a la realidad, pero en estos tiempos vive los embates de la presencia del mercado y, sobre todo, sufre los embates de una política de difusión insuficiente, desacertada, de los medios”.

 “La falta de capacidad de quienes programan en la radio y en la televisión, en manos del Estado, genera una vertiente superficial y banal que en general empobrece la cultura”, resumió al respecto quien escribió junto a Luis Rogelio Nogueras Que levante la mano la guitarra, un ensayo acerca de Silvio Rodríguez.

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28 de Octubre, 2014 · General

El poeta Teuco Castilla recibe el premio Valera Mora en Venezuela

Leopoldo Castilla, ganador del Premio de Poesía Víctor Valera Mora

La poesía es una trinchera que lleva

siglos luchando por las causas más justas”


(Prensa Celarg, 27/10/2014). “La poesía es una trinchera en todas las dimensiones. Busca las leyes más secretas y esenciales, los significados que aún la ciencia no logra ver. Lleva siglos luchando por las causas más justas; defendiendo la unidad y la armonía del hombre con la naturaleza, y del hombre con el hombre. Representa una trinchera de valores de lo que debe llegar a ser la organización social. He difundido y denunciado lo que sistemáticamente sigue destruyendo el espíritu de la vida”.


Así lo planteó Leopoldo Castilla “El Teuco”, autor de la obra Gong (Canto al Asia), durante la rueda de prensa sostenida el lunes 27 de octubre de 2014, en el Museo Rómulo Gallegos de la Fundación Celarg. Luego de agradecer a Venezuela, a la Fundación Celarg, al jurado y a los presentes afirmó: “Venezuela es un país muy mío. Debo decir que Venezuela es el país en los últimos setenta o cien años de América Latina, y cuidado si de gran parte del mundo, que ha generado tal caudal de publicaciones y difusión de la cultura, de una manera absolutamente ejemplar, y para mí poder contribuir con un granito de arena es un orgullo inmerecido”.


Se refiere a su tierra Salta, como un lugar paradisíaco. Ese amor por su tierra lo ha llevado a recorrer otros lugares: La Patagonia, la Amazonía, las Antillas, Alaska, Asia, África, y más recientemente, Oceanía, y de ahí han venido naciendo sus libros: “¿Viajar para escribir o escribir para viajar? No hay diferencia. Vamos a suponer que soy poeta, veo una planta. La poesía está en todos lados. Puedes esperarla o salir a buscarla”.


Comentó que del viaje al Asia surgió Gong, la obra premiada: “Llevaba títeres a las aldeas más humildes: Así me he permitido entrar con profundidad en las aldeas y acceder a ellas, y aprender con ello todo y tanto”.

-Fui a China sin saber Chino, a Malasia a Indonesia. Hablaba algo de inglés, pero los títeres no necesitan diálogo. La acción cuenta todo. Iba por Samarcanda, acompañado por traductores de ruso y uzbeko. Les pedí que me dejaran sólo. Y con la misma picardía del mercado de Bolivia, compartí la carcajada. La risa era el lenguaje.


Explica que “Gong (Canto al Asia)” es una obra conformada por tres libros: Baniano, Bambú y Dubián que refieren el nombre de árboles: “En la poesía van entrando los nombres de los árboles con naturalidad”.


También participó con otro título en el certamen Víctor Valera Mora, “Guarán”. Esta obra “lleva el nombre de un pájaro de color rojo intenso del Amazonas. Es un libro que quiero mucho. Lleno de experiencias muy tiernas. La selva me gusta más que la montaña y el mar. Me lleva a pensar en el mundo donde el hombre no se reconoce en el hombre. Ochenta y siete personas tienen el dinero que no tiene la mitad más poblada del planeta. Estados Unidos gasta ciento diez mil millones de dólares en armas. Así como hay un tratado para la no proliferación de armas nucleares, debería existir un tratado de no proliferación de armas. Invertir eso en amor. En los últimos cuarenta años ha desaparecido el cincuenta por ciento de los vertebrados. En la otra mitad estamos nosotros. A la poesía agradezco haber aprendido la experiencia de lo esencial. Estamos perdiendo el planeta por la estupidez. Estos libros modestamente quieren hacer mención de esto”.


-Sabemos que usted ha sido un luchador social de toda la vida, y vivió el exilio. Recordando al maestro Juan Gelman quien decidió no regresar, qué significa esta experiencia en su obra para usted que sí regresó?


-No suelo hablar del exilio porque la historia de mi país, de nuestros países, ha estado llena de crueldades espantosas, con desaparecidos, asesinados. Es una experiencia dolorosa, es la pérdida de la tierra. Es decir que sentimos la tierra común, amando y creciendo en ella. Cuando arrancan a un ser de la tierra se queda así como árbol en el aire. He regresado con tanta alegría que le decía a chicos jóvenes que aprovechen ahora que no sufren la violencia para crear, para darse cuenta que tenemos elevar el país y que eso nos va beneficiar, es un agua de la cual vamos a beber a todos. No se debe perder la paz del país de toda una generación, con víctimas. La guerra, nada ha dado nunca nada a la vida. El regreso a mi país creciendo en paz, con una juventud que entiende que esto es una mesa de todos, es una devolución a la vida. Eso me enseñó que si estamos viviendo en la lucha política, conviene no olvidar esas palabras de Leon Felipe: “El día que los hombres sean libres, la política será una canción”.


Leopoldo Castilla finalmente compartió la lectura de algunos poemas, aunque no de la obra premiada: “El llano venezolano es el título de un poema dedicado a Luis Alberto Crespo, y el poema Indios y turistas está dedicado a Gustavo Pereira. Esos grandes poetas que tiene Venezuela, junto a Ramón Palomares, el emperador de Escuque”.


El Teuco estuvo acompañado en el panel por Omar Vielma, viceministro de la Cultura, en representación del ministro Reinaldo Iturriza; Roberto Hernández Montoya, presidente de la Fundación Celarg, y Belén Ojeda, en representación del jurado de la V edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora. Omar Vielma destacó que la figura de Víctor Valera Mora que da nombre al certamen, vivió una etapa relevante de la historia del país, es una referencia para la creación artística y literaria de manera insurgente. Roberto Hernández Montoya, agradeció al jurado la labor realizada que condujo a la premiación de la obra.


Sobre el jurado

Belén Ojeda (Venezuela), integrante del jurado internacional del certamen, compartió la lectura de algunos poemas de la obra Gong, y le correspondió la lectura del veredicto del certamen. El jurado de la V edición del Premio estuvo conformado por Áurea María Sotomayor (Puerto Rico) es abogada y Magíster enLiteratura Comparada por la Universidad de Puerto Rico. Así también por Waldo Leyva (Cuba), ganador de la IV edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora (2012), con la obra titulada Cuando el cristal no reproduce el rostroBelén Ojeda, por su parte, es egresada summa cum laude delConservatorio Tchaikovsky de Moscú con el título de Máster en Dirección Coral.


Acto de premiación y recital

El acto de premiación de la obra Gong (Canto al Asia) se efectuará el miércoles 29 de octubre de 2014, a las 4:00 p.m. en la Sala de lectura de la Biblioteca Isaac J. Pardo de la Fundación Celarg, con entrada libre. El jueves 30 de octubreofrecerá un recital en el Museo Rómulo Gallegos de la Fundación Celarg, de 6:00 p.m. a 8:00 p.m. En esta ocasión, Leopoldo Castilla será el invitado de honor de la LIII tertulia del Frente de Creación Literaria Oficio Puro, espacio poético-musical, que sesiona quincenalmente en el Museo Rómulo Gallegos, y que nació en el marco del proceso de promoción del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora, en su edición anterior.


Acerca del ganador

Leopoldo Castilla nació en Salta, Argentina. Cuenta con una extensa obra entrelas cuales se encuentran El espejo de fuego (1968), La lámpara en la lluvia(1971), Generación terrestre (1974), Versión de la materia (1982), Campo deprueba (1985), Teorema natural (1991), Baniano (1995), Nunca (Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes, 2001); Libro de Egipto (2002); Línea de fuga (2004), Bambú (2004); y El amanecido (2005), Antología poética (2008),Le voleur de tombes (2009), Mamada (2009), Coirón (2011) y Guarán (2012).


En el año 2001 fue publicada una Antología del autor por el Fondo Nacional delas Artes. En 1999 publicó El árbol de la copla. Como narrador ha publicadoOdilón (1975) y La luz naranja (1984). Fue invitado por la Unión Soviética paraescribir un libro que publicó la Editorial Progreso de Moscú, Diario en laPerestroika (1990). También es autor de Nueva poesía argentina (1987); Poesíaargentina actual (1988), La canción del ausente (cuentos, 2006) y la novela Elarcángel (2007). Recibió premios nacionales e internacionales. En el año 1976fue perseguido por la dictadura militar y debió exiliarse en España. Poesía suyaha sido traducida al inglés, francés, italiano, sueco, portugués y ruso. Sobre sucuento La redada se filmó el largometraje homónimo dirigido por Rolando Pardo.Por su libro Nunca recibió el Primer Premio Municipal de Poesía de la Ciudad deBuenos Aires (1998-1999).


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04 de Septiembre, 2014 · General

Muere el poeta venezolano Luis Camilo Guevara



Nacido en Tucupita, en el año 1937, se le reconoce como un bardo romántico que no eludió los temas de la poesía social.

Produjo una vasta obra poética, entre la que puede citarse:Festejos y sacrificios, Las cartas del verano, La daga y el dragón,Vestigios rurales, Devociones y un memorioso relato tituladoAún no se hace firme.

Sus restos serán velados, mañana viernes 5 de septiembre, a partir de la 1 de la tarde, en la funeraria La Monumental del Cementerio del Este, en Caracas.  

El representante permanente de Venezuela ante la ONU-Ginebra, su amigo personal, el diplomático y poeta Jorge Valero, tributa un homenaje a esta descollante figura de la literatura patria.  

 

Lenín Pérez

Prensa Misión Venezuela ONU-Ginebra

 

 

 

 

TRIBUTO AL GRAN POETA LUIS CAMILO GUEVARA

Por Jorge Valero

 

En la noche del 13 de junio de este año se inauguró, en Caracas, el XI Festival Mundial de Poesía en honor de tres grandes poetas venezolanos: Luis Camilo Guevara, Edmundo Aray y Luis Alberto Crespo.

 

Voces provenientes de diferentes confines de la tierra, como ramillete de estrellas que ostentaba sus alas en el firmamento, cantaban –cual rituales del verbo- sobre las orugas del tiempo que desplegaba sus velas.

 

Allí está Luis Camilo, anchuroso de poemas en el Teatro Teresa Carreño. Pero su voz, casi apagada, después de un incesante recorrido por las colmenas de la palabra, rima en silencio. Una de las poéticas más elevadas que han brotado de las raíces de nuestra Tierra de Gracia, está entre nosotros, como ángel tutelar flotando en el viento.  

 

El bardo de Tucupita me dijo al oído, con susurro paternal:La poesía y la prosa son el devenir de lo esperado, descubrimiento, celebración. Se acercan y se alejan en la medida de lo posible. Nuestras pertenencias parecen sobrevivir.

 

El juglar marinero ha iniciado su andar por las aguas inconclusas de la eternidad. Y en momentos en que sebuscan poetas bisoños para que rimen en tiempos de terciopelo, Luis Camilo, con la profecía de su palabra esperanzada, es un oráculo del que puede beberse –como decía su hermano Víctor Valera Mora- en su benevolente corazón, ya que es… esquirla y alborada, abriendo todos los párpados caídos.

 

Paz perpetua a un alma buena y generosa que nos ofrenda, con su verbo encantado, todos los caños del Orinoco.

 

Ginebra, 4 de Septiembre de 2014

 

 

 

El poeta

 

Tucupita, Delta Amacuro, 1938. Colaboró en numerosas publicaciones periódicas nacionales. Comenzó a publicar ya pasados sus treinta años, algunas de sus obras son: Festejos y sacrificios (1971); Las cartas del verano (1973);Murales de la tarde (1973); Travesol (1986);Inocente de los bestiarios (2000). Como compilador: Poetas y prosadores carabobeños(1956, coautor); Nuevos narradores de Venezuela(1985, coautor). Ha sido distinguido con el Premio de Poesía Alarico Gómez de la Asamblea Legislativa del Estado Bolívar (1969); Premio de Poesía José Rafael Pocaterra (1972).

 

William Osuna, presidente del Festival Mundial de poesía, en ocasión de la presentación del Festival ante la prensa, este año, destacó sobre Luis Camilio que: “su poesía es un catálogo de colores y una búsqueda permanente de sus ancestros”.

 

 

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31 de Agosto, 2013 · General

falleciò el poeta irlandès Seamus Heaney

 

 (3 de abril de  1939- 30  agosto 2013) 

Considerado el alma lírica de Irlanda, el poeta y dramaturgo Seamus Heaney, ganador del premio Nobel de Literatura en 1995, murió este viernes a los 74 años tras una corta enfermedad.

 En un comunicado, su familia confirmó el fallecimiento del escritor sin concretar cuál fue la dolencia que acabó con su vida esta mañana en un hospital de Dublín, ciudad en la que residía desde 1976.

 La reacción del Gobierno irlandés no se hizo esperar: el ministro de las Artes, Jimmy Deenihan, le alabó no sólo por su trabajo como escritor sino también por promocionar su país.

 “Era un hombre muy modesto, muy humilde y accesible. Era una enorme figura internacional, un gran embajador para la literatura y para Irlanda. Allá donde viajes y hables de poesía y literatura, el nombre de Seamus Heaney aparece inmediatamente”, señaló Deenihan.

 Con Heaney se va la figura más destacada de la poesía irlandesa desde William Butler Yates (1865-1939); como Yates, Heaney obtuvo el premio más prestigioso de su profesión y, también como él, su reputación e influencia fue más allá de los círculos literarios.

 Un alumno brillante de familia humilde

 Autor de diez libros de poesía (“Death of a Naturalist” y “Field Work”, entre ellos) y una “Antología Poética”, Heaney también se dedicó a escribir ensayos (“The Government of the Tongue”) y una obra de teatro (“The cure at Troy”).

 Nacido el 3 de abril de 1939 en una granja cercana a la localidad de Derry, en Irlanda del Norte, fue el primero de los ocho hijos de una familia católica dedicada a la agricultura.

 Su abuelo y su padre heredaron de sus antepasados una pala para cavar la tierra, un instrumento que él cambió por la pluma desde sus años de universitario.

 “Pero no tengo pala para seguir a hombres como ellos/ Entre mi índice y mi pulgar/ la corpulenta pluma descansa/ Cavaré con ella”, manifestaba en uno de sus poemas más célebres, “Digging”, incluido en su “Death of a Naturalist” (1966).

 Tras destacar como un alumno brillante en el bachillerato desde 1951 a 1957, decidió sumergirse en las letras y estudió literatura inglesa en la Queen’s University de Belfast, universidad a la que volvería en 1966 como profesor.

 Sus trabajos iniciales, publicados en 1962 bajo el seudónimo “Incertus”, ya reflejaban su ideología nacionalista contraria al dominio británico de Irlanda del Norte, postura que siempre mantuvo dentro y fuera de su obra, si bien criticó en ocasiones el derrotismo de los católicos irlandeses.

 En sus versos se respiraba el ambiente rural de Irlanda del Norte y la vida campesina en la que Heaney se había criado, derivando posteriormente a una visión más completa del hombre, de la posesión y la desposesión.

 Compromiso nacionalista

 Su compromiso nacionalista le llevó a desplazarse con su familia a la República de Irlanda en 1972 y, una vez allí, abrió su poesía a temas más universales que denotaban su fascinación por el simbolismo, lo misterioso y lo ambiguo.

 En 1975 volvió a la enseñanza, que ejerció en universidades de todo el mundo, entre ellas las de Berkeley (San Francisco) y Harvard (Nueva York), hasta que en la década de los ochenta pasó a ocupar la cátedra de Poesía en la Universidad de Oxford (Inglaterra).

 Su obra cumbre, ‘North’ (1975), es una alusión a la guerra de resistencia católica por la ocupación británica de Irlanda del Norte. En ella, aunque no muestra afinidad con los activistas republicanos, confiesa comprender su “pasión por la venganza tribal”.

 El 5 de octubre de 1995 la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura por su “obra literaria de belleza lírica y profundidad ética, que exalta los milagros de cada día y el pasado vivido”.

 Anteriormente, Heaney recibió el Premio de la Academia irlandesa de las letras y el Premio Bennett. Fue también doctor “honoris causa” en la Queen’s University de Belfast, el centro donde cursó sus estudios universitarios.

 Estaba casado desde 1965 con Marie Devlin, con la que había tenido una hija y dos hijos.

 

Iowa

 

Una vez en Iowa, entre los menonitas,

en una ventisca lacerante, atravesando la tarde

pese al pertinaz aguanieve contra el cristal del coche

y los revoloteos absolutorios del limpiaparabrisas,

 

entreví, abandonada en el espacio abierto de un campo

en el que los tallos de maíz se marchitaban bajo la nieve,

una máquina segadora. La nieve rebosaba su asiento de hierro,

amontonada en cada radio de las ruedas como una gruesa cima blanca,

 

y borraba el brillo del aceite en los engranajes de dientes negros.

Poco a poco volví de aquel lugar salvaje

como alguien no bautizado que ha conocido la oscuridad

en la tercera hora y el velo hecho jirones.

 

Una vez en Iowa. Entre la nieve y la ventisca y el siseo

de aguas no separadas, sino nacientes.

 

 

El bosque de abedules

 

Al fondo del jardín, al alcance del agua del río,

en una esquina murada como una alberca o el horno

de una abadía sin techo o una villa romana de suelo roto

han plantado su bosque de abedules. Hace poco de eso

pero cada mañana ya se ofrecen al sol

como ellos mismos mientras crecían, lo blanco de la corteza

sufrido y fresco como el blanco camisón de satén

que ella dobla y alisa mientras vierte el té

y se sienta en frente de donde él balancea una sandalia

en su pie puntual, tan desnudo como el de un abad.

Ladrillo rojo y pizarra, un ciruelo y un manzano mantienen

su credibilidad, un cd de Bach hace la ronda

del jardín o del prado. Sobre ellos un rastro en el aire

se encoge y ondula como una vara de sauce o la llama de una vela.

“Si algo nos enseña el arte”, dice él, triunfando

sobre la vida con una cita, “es que la condición humana es privada”.


Envio Reynaldo Garcìa

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02 de Octubre, 2012 · General

Un poema inédito de Eduardo

 

Eduardo Lucio Molina y Vedia

Buenos Aires, Argentina – 1939 - 2012

Oficio

Eran días agitados,
de papeles urgentes yendo y viniendo,
repiquetear constante de antiguas teletipos
(que parecían escribir solas, por sí mismas)
cruzando imágenes,
esperanzadas novedades
entre el acostumbrado ripio informativo.

Un escuálido timbrazo
alertaba dramáticas instancias,
desfiladeros al borde
de la catástrofe nuclear,
volviendo quizá de la fonda de la esquina.

Periodistas,
escribas,
simples intermediarios,
formadores de opinión
en casos de excepción,
comunicólogos,
a menudo simples alcahuetes,
sentíamos en el cuerpo
el fluir del acontecer
por el inmaterial
cablerío de la red.

Nos unían afanes profesionales de enterar al mundo
y otros más profundos, de quizá cambiarlo.

En Argentina,
lindo nombre para un país,
nos persiguieron duro,
nos dieron con todo
como solemos decir.

Decenas de miles de desterrados,
presos, torturados, asesinados
(es que decíamos verdades).

Y más de un centenar de los nuestros,
trabajadores de prensa,
informadores nos dirían ahora,
en esa fantasmal categoría
de factura leguleya:
“desaparecidos”.

Hoy como siempre
unos jóvenes magníficos
amplían la huella,
la enriquecen.

Somos optimistas, ingenuos, invencibles.

Nada de otro mundo.
Lo que ha venido ocurriendo.
desde que el mundo es mundo.

                                                                Poema inédito; Fte: http://floricanto.blogspot.it/

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02 de Octubre, 2012 · General

Eduardo Lucio Molina y Vedia

 

Falleció en Buenos Aires el 18 de septiembre de 2012.

 

La memoria de Eduardo, compañero, solidario, verdadero, fraterno, y su obra, quedan entre nosotros dándonos palabra.

 

Visitaba Argentina, donde presentaba un libro. Había reeditado su libro de poemas Río mar adentro, publicado parcialmente en diversas ediciones de la revista Isla Negra.

 

Periodista, poeta, traductor, escritor y maestro de literatura nacido en 1939 en Buenos Aires, Argentina, y residente en la Ciudad de México a partir de 1977. Desde 1989 hasta 1997 se desempeñó como corresponsal extranjero en México de la agencia noticiosa internacional Inter Press Service (IPS), con sede matriz en Roma. En 1997-1998 fue responsable del área de capacitación literaria, enseñanza de escritura y traducciones del Programa Los Libros del Rincón de la Unidad de Publicaciones Educativas (UPE) de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de México. A partir de 1998 fue asesor literario del Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa (ILCE), entidad internacional con sede en la ciudad de México. Fundador y miembro del consejo directivo de la Editorial Mixcóatl. Participó, entre otros, en el Taller de la Crítica Lateral, grupo autogestivo de narradores y poetas. Publicó artículos, relatos, poemas y ensayos en diversos medios periodísticos y culturales como le Monde diplomatique en español, Primera Plana, La Opinión y Utopías del Sur de Buenos Aires, Revista Isla Negra, Unomásuno, Plural, El Día, La Jornada, Excélsior, la Revista de la Universidad del Estado de México, el mensuario Topodrilo (de la Universidad Autónoma Metropolitana), la revista del ITAM, “Enlace” de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, las revistas Albatros de Tabasco y Filo Rojo del Distrito Federal, entre otros. En 1995 publicó su colección Cuentos de novela (Editorial Mixcóatl). En 1998 presentó su ponencia Los espacios trashumantes de González Tuñón en el “Primer Seminario Internacional Sobre el Imaginario” organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y dictó un curso sobre Periodismo político en la Universidad Autónoma Metropolitana. En 1999 entró en proceso de publicación su trabajo conjunto con su esposa, la antropóloga lingüista, investigadora del INAH, Eva Grosser Lerner, sobre "Oralidad y literatura en el Cono Sur", coeditada entre el Fondo de Cultura Económica de México (en castellano), la Universidad de Toronto (en inglés) y la Universidad de São Paulo (en portugués). En el año 2000 publicó su poemario “Río mar adentro” en la Editorial Floricanto de la ciudad de México.
Su trayectoria profesional como periodista comienza en 1958 en el matutino El Territorio de la ciudad de Resistencia, capital de la provincia argentina del Chaco, y sigue en 1960, en Buenos Aires, como redactor del vespertino Noticias Gráficas. En 1963 asumió en Buenos Aires la jefatura de redacción de la central latinoamericana de la Agenzia Nazionale Stampa Associata (ANSA). En 1967 colaboró en el vespertino La Razón de Buenos Aires y a partir del año siguiente comenzó por varios años su trabajo como articulista del semanario argentino Siete Días. En 1969 fue jefe de la sección Vida Moderna, del semanario argentino Primera Plana, y desde su creación en 1971 hasta 1976 formó parte del staff directivo del diario La Opinión de Buenos Aires como responsable de la sección de información internacional. Entre 1965 y 1970 fue corresponsal en Buenos Aires de la agencia periodística cubana Prensa Latina. Del 7 de abril de 1976 a la misma fecha de 1977 pasó un año en cárceles de la más reciente dictadura militar argentina (1976-1983) tras haber sido "desaparecido" por las fuerzas armadas golpistas. A partir de su arribo a México en 1977 escribió artículos en diversas publicaciones, como los matutinos El Día, Unomásuno, Excélsior y La Jornada, tradujo del francés, italiano y portugués una veintena de libros para las editoriales Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica y Nueva Imagen, entre ellos “Fragmentos de un discurso amoroso” de Roland Barthes y Condiciones de Alain Badiou, y fue gerente de producción de la Editorial Nueva Imagen, además de dirigir la revista Pasaporte 2000 de la Editorial Geografía Universal. Fue asimismo director de la edición en castellano para España y América Latina de le Monde diplomatique en español, antes de incorporarse a la corresponsalía de la agencia noticiosa internacional IPS, Inter. Press Service, con sede en Roma. Dirigió talleres literarios. En 1983 fue jurado del Premio Alfonso X a la Traducción Literaria, patrocinado por el Instituto Nacional de Bellas Artes de México. A lo largo de su trayectoria profesional participó en diversos seminarios, dictó cursos en institutos especializados en periodismo y traducción y pronunció numerosas conferencias sobre temas de su área de conocimientos y actividades, que incluye la docencia, la política, la economía, la literatura y la prensa. Colaboró como miembro activo en el grupo literario Floricanto que imprime una intensa labor de promoción de la lectura y la poesía en México y coordinó actividades poéticas en el Distrito Federal de México en diversas ediciones del Festival Internacional de Poesía Palabra en el mundo.

 

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16 de Febrero, 2012 · General

Honduras. "El estilo de nuestras masacres"

Fabricio Estrada

 

Cuando se habla de la súper población de las cárceles de Honduras se olvida (obviamente, se oculta) que en el 2002 Ricardo Maduro Joest impulsó e hizo concreta la Ley Mano Dura Anti-Maras. Oscar Alvarez, al confirmarse la ley, se desató en todo su esplendor.

Redadas enormes con la participación de hasta 500 efectivos de la policía y del ejército, caían sobre los barrios pobres de Tegucigalpa y San Pedro Sula. "Yo estaba en el baño cuando escuché el helicóptero sobre la chola (casa) y cuando acuerda el techo se había volado jalado por unos cables y en unos segundos dos soldados que venían guindados me agarraron, me golpearon, me amarraron y me llevaron con los demás..." (Testimonio que me dio uno de los muchachos recluidos en la Maquila 18, PN-Támara, 2005).

Esa espectacularidad iba paralela a la locura del poder militar-policial que echó a andar Oscar Alvarez con la complicidad en el Congreso de un Porfirio Lobo Sosa que en esos momentos, elevaba a los cielos su grito de batalla electoral: "Pena de Muerte". La juventud fue estigmatizada y criminalizada. La pinta (el modo de vestir), el lenguaje, los rasgos, todo era susceptible para la sospecha generalizada. "A mi me agarraron porque tenía tatuado un corazón atravesado con una flecha... era porque quería a mi guerla (novia)... pero como vivía en un barrio que controlaba la 18 dijeron que yo también lo era y no anduvieron con papadas... ya estando aquí pues le tuve que entrar a la 18, porque ahora son mi familia", eso me lo decía un muchacho que minutos antes se emocionaba al escuchar nuestro poemas, y que en esos momentos, sincerado y sensibilizado, se atrevía a contarnos parte de su vida.

En ese módulo cohabitaban 280 reclusos, hacinados. Muchos de ellos fueron trasladados de San Pedro Sula una vez que este se quemó calcinando a los 107 del 2004. La maquinaria de los gobiernos nacionalistas tiene entre sus piezas elementos que los propios gobernantes ni siquiera intuyen y que además, actúan bajo una lógica implacable una vez que se les da argumentos para moverse. Son ellos los que definen el ritmo de los acontecimientos.

La omisión o el aliento que puedan darle provoca una avalancha de sangre y represión que los jefes policiales encubren con declaraciones del tipo "cada policía tiene su estilo, en cada país".

Ese estilo policial va desde la no investigación, la insensibilidad absoluta hacia los derechos humanos o la participación directa en crímenes. Antes del asesinato del hijo de la señora Rectora de la UNAH la criminalidad ya se había cobrado una cifra espantosa de vidas y disminuyó el 96% una vez que se descubrió la maraña policial implicada, algo que la población ya sabía y que sin embargo callaba temerosa.

Los disparos que se escuchan y que atestigua el video aficionado que circula en youtube demuestra que los disparos de la policía penitenciaria ocurrían en medio de los gritos de auxilio de los presos que se incineraban. Los oficiales tuvieron que haber llamado a sus superiores y estos, desde sus casas o postas, tuvieron que haber dado la orden de contener la posible escapatoria "según se les ha enseñado". Toda esa cadena de mando es el ADN de la barbarie. El "estilo" que defienden sus portavoces. Los medios del golpe de Estado se han apresurado a limpiar de nuevo y a hundirse aún más. Renato Alvarez afirmaba anoche en su noticiario: "No hay evidencias de disparos en los informes preliminares" y Ramón Custodio retornaba a su discurso del 5 de julio del 2009: "No hay ningún herido por bala"... Pero el video aficionado sigue retumbando con fusilería y las fotografías muestran cadáveres calcinados derramando sangre y zapatos manchados de ella (la sangre hierve durante el calcinamiento, los órganos blandos y los líquidos al interior cuerpo son los primeros en calcinarse a cada bocanada de aire sobre calentado).

400 seres humanos han sido asesinados por el "estilo" policial y por el desprecio estatal que ha cimentado su estrategia de seguridad en la estigmatización y en el abandono total de humanidad en el trato para con los reclusos. En un país militarizado solo se cumplen órdenes. La orden es "poner en orden" a todo aquel que desafíe la hegemonía político-militar, ya se encuentre el ciudadano o ciudadana en libertad o preso. Los muros perimetrales de esta mentalidad criminal abarcan los 112,492 km2 de una Honduras cuyo mayor corto circuito fue provocado un 28 de junio del 2009. Ese día terminó nuestro pequeño simulacro civilizatorio.

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10 de Diciembre, 2011 · General

Roberto Sosa

 

 UN POETA CANTOR  DE LOS POBRES

 

Galel Cárdenas

 

1

El Poeta Roberto Sosa constituyó uno de los filones líricos más importantes de la poesía vanguardista de América Latina, y su sensibilidad estética y política representó una de las amalgamas de mayor calidad estética que se haya producido en el proceso de formación literaria de nuestra nación.

Su desaparecimiento físico deja un enorme vacío entre los artistas nacionales que siempre encontraron en el poeta a un amigo y un defensor del arte por sobre todas las cosas,  habiendo producido una obra cuyos altísimos  méritos se reflejan en un sinnúmero de estudios académicos de las universidades latinoamericanas y europeas de mayor prestigio curricular.

Las letras nacionales ante el deceso del connotado escritor se encuentran de luto y lloran su partida inexorable hacia el Olimpo de los hombres ilustres que alumbran con su pensamiento el camino de la redención social, por el cual hemos luchado y luchamos todos los ciudadanos que poseemos vocación de libertad, justicia y dignidad humana irrestricta.

Su poesía social habrá de convertirse en la antorcha que ilumine el difícil sendero por el cual transitamos  actualmente hacia la conquista de una patria soberana, justa y equitativa como la describieron sus versos de honda raigambre solidaria, donde los pobres fueron precisamente los protagonistas de su inspiración comprometida con los hombres humildes de la patria.

Una rápida revisión de su creatividad lírica nos expone que dos textos de su amplia producción estética,  son fundamentales para entender la relación entre el pueblo y la conciencia  colectiva hacia un nuevo amanecer en la sociedad nacional: nos referimos al libro Los Pobres y a Un Mundo para todos dividido. El primero recibió el premio Adonais de España en 1969; el segundo fue premiado por Casa de las Américas en 1971. Ambos galardones expresan el oficio cualitativo del poeta que fuera reconocido en América Latina como uno de los baluartes de la poesía continental correspondiente a la poesía de vanguardia.

 

2

La hipótesis que desarrollaremos es que la poesía social latinoamericana está ligada al  carácter lírico y épico de la realidad continental. Los Pobres es un libro estructurado con una verdadera responsabilidad estética y al mismo tiempo con una conciencia social sin precedentes al menos en nuestra Honduras de fusil y caza como expresaba Pompeyo del Valle.         

Muchos buenos críticos han referido la obra Los Pobres de Roberto Sosa, texto en el cual los pobres constituyen dos categorías,  la poética y la real, y en esa interacción la categoría pobres que es de tipo sociológica, se convierte en este magnífico libro en una categoría estética en donde la plasticidad de las imágenes surrealistas en la mayoría de las veces nos presentan una imagen y una referencia. Imagen en el sentido lato significa metaforización del lenguaje y referencia implica relación directa con la realidad.

Los 21 poemas del libro Los Pobres  contienen títulos que de alguna manera estética van refiriendo el mundo referencial de la pobreza desde la perspectiva del poeta y su pensamiento dialéctico y político.

 

1.    Los pobres.

2.    De niño a hombre

3.    Los túneles blancos que conducen al mar

4.    Si el río fuera una casa con heno y misterio

5.    Los claustros

6.    Tres sombras invertidas en el espejo

7.    Transparencia

8.    El pueblo

9.    Los peldaños que faltan

10. La casa de la justicia

11. Ciudad de los niños mendigos

12. La realidad

13. El otro océano

14. La igualdad

15. Mi padre

16. El invierno puede ser un inválido

17. Después de los encuentros

18. Piano vacío

19. Testimonios

20. Las voces no escuchadas de los ricos.

21. Los indios

 

Si analizamos rápidamente los títulos vamos a encontrar que muchos de ellos están relacionados por un lenguaje directo: Los pobres, el pueblo, la casa de la justicia, la realidad, la igualdad, testimonios, los indios.

Los otros títulos representan imágenes surrealistas que sirven de orientación para saber que el poeta utiliza el lenguaje de vanguardia para elaborar su poesía como expresión amalgamada de un mensaje político y una referencia poética.

En esta otra lista presentamos los títulos de los poemas que tienen un carácter estético:

1.    Los túneles blancos que conducen al mar

2.    Si el río fuera una casa con heno y misterio

3.    Tres sombras invertidas en el espejo

4.    Los peldaños que faltan

5.    Ciudad de los niños mendigos

6.    El otro océano

7.    El invierno puede ser un inválido

8.    Piano vacío

 

Los poemas que están directamente relacionados con las categorías sociales ya enlistado serán ahora analizados e interpretados uno por uno. El poema Los pobres constituye, por así decirlo, una llave que abre la puerta del poemario ganador del premio Adonais en España en 1969.

 

Los pobres son muchos
y por eso
es imposible olvidarlos.

Seguramente
ven
en los amaneceres
múltiples edificios
donde ellos
quisieran habitar con sus hijos.

Pueden
llevar en hombros
el féretro de una estrella.

Pueden
destruir el aire como aves furiosas,
nublar el sol.

Pero desconociendo sus tesoros
entran y salen por espejos de sangre;
caminan y mueren despacio.

Por eso
es imposible olvidarlos.

 

Compuesto por seis estrofas de poesía libre en el cual la estrofa más larga tiene seis versos y la más corta dos, Roberto Sosa inicia con una estrofa de tres versos, en la cual se destaca una tríada significacional muy importante: los pobres, la cantidad numerosa y la imposibilidad del olvido.

Es una estrofa en donde no existe un lenguaje poético, antes bien asume un lenguaje directo, cuando escribe: Los pobres son muchos/y por eso/ es imposible olvidarlos.  Esta entrada es precedente de una especie de poesía directa que le va abriendo paso a la metaforización caracterizadora de la pobredad, ya que en la segunda estrofa de seis versos, supone el poeta que es posible que ellos (los pobres) en cada amanecer vean los edificios donde quisieran habitar con sus hijos. Una de las necesidades básicas de la clase desposeída en Honduras es el hecho de no poseer la vivienda para construir una familia donde la dignidad humana sea uno de los baluartes de su existencia.

Ya en la tercera estrofa empieza definitivamente el lenguaje poético a imponerse a la imagen de la realidad, o del lenguaje directo. Dice el poeta: Pueden/llevar en hombros/el féretro de una estrella.

El poeta construye una de las imágenes más surrealista del texto que analizamos, ya que los pobres pueden portar en sus hombros las esperanzas muertas, recordemos que el verbo poder según el diccionario de la RAE significa capacidad de ejecutar una acción, y por ello, estilísticamente al usar en presente del indicativo pueden  implica que son capaces de llevar en su humanidad la muerte de una ilusión, en el desmontaje del verso féretro lo tradujimos como muerte y estrella como esperanza o ilusión.

En la siguiente estrofa vuelve a utilizar el mismo verbo expresando que: Pueden/destruir el aire como aves furiosas,/nublar el sol.

En  este caso el escritor establece que la fuerza de los pobres puede llegar a destruir lo indestructible como es el aire,  uno de los elementos fundamentales de la vida en la tierra. La imagen poética a través del comparativo como establece la idea de que la furia de las aves, representación numerosa de los pobres en una personificación extraordinaria que es la rabia, lo furibundo y la irascibilidad expresan  esa dimensión de cantidad sin límite, con la imagen “nublar el sol”.

La siguiente estrofa está introducida por una conjunción adversativa pero, que implica un obstáculo que el poeta introduce a continuación,  en el sentido de que los pobres no conocen su riqueza, caudal y su reserva moral y su potencial extraordinario, que está referido en la frase poética “pero desconociendo sus tesoros”. El siguiente verso “entran y salen por espejos de sangre”, en su desmontaje semántico implica que los pobres van y vienen a un  laberinto de sangre que los retrata de cuerpo entero, espejos de sangre, metáfora que significa sacrificio, sufrimiento y acaso represión como se puede observar en la realidad cotidiana del país;  por eso el verso final de la estrofa que expresa: caminan y mueren despacio. Es evidente que la pobreza es una calamidad que nos mata lentamente.

Esa falta de vivienda (segunda estrofa) y esos múltiples edificios prohibidos para satisfacer su necesidad vital, la capacidad de golpear el aire para destruirlo con la fuerza de miles de aves furiosas, y luego el desconocimiento de su extraordinaria fuerza de genética social, van conduciendo a los pobres hacia la muerte casi inexorable. Todos esos caracteres son suficiente argumento para expresar en los dos últimos versos lo que ha anunciado en los tres primeros: “Por eso es imposible olvidarlos”.

Luis Jiménez Martos, escritor español, dice al respecto: los pobres encarnan la desnudez existencial del hombre, el desamparo dicho sin clamor, la defensa de la dignidad humana sin recurrir a lo espectacular.

“Los claustros” es otro de los poemas transversales que se erigen en el libro Los pobres como una columna vital que define algunos elementos que rigen y caracterizan a la sociedad hondureña, tales como  la represión, el miedo impuesto a través de los siglos por maniquíes de metal violento. Los ricos en este caso representan los maniquíes violentos que nos imponen el miedo.

Este poema atraviesa la textura de una historia nacional donde la clase dominante ha logrado convertirnos en seres irracionales que dominados por el horror somos nada menos que animales dormidos en un museo de cera.

 

Los claustros

 

Nuestros cazadores

-casi nuestros amigos-

Nos enseñado, sin equivocarse jamás

Los diferentes ritmos

Que conducen al miedo.

Nos ha amaestrado con sutileza.

Hablamos,

Leemos y escribimos sobre la claridad.

Admiramos sus sombras

Que aparecen de pronto.

Oímos los sonidos de los cuernos

Mezclados

Con los ruidos  suplicantes del océano.

 

Sin embargo

Sabemos que somos los animales

Con guirnaldas de horror en el cuerpo;

Los cercenados a sangre fría; los que se han dormido

En un museo de cera

Vigilado

Por maniquíes de metal violento.

 

Este poema define de algún modo la relación sadomasoquista que la clase dominante ha ejercido sobre el pueblo en general. Aunque tal expresión es una visión extra poética, la verdad es que el poema “Los claustros”, tiene un carácter de transversalidad en el libro, ya que el poeta se encarga de definir quienes son nuestros cazadores, quienes son los amaestradores de nuestro destino, de nuestras luchas. Estamos animalizados por la represión y por un dominio que es capaz de hacer que el pueblo admire a quien le castiga, explota y persigue y mata.

El poema empieza con el verso “Nuestros cazadores/-casi nuestros amigos-/nos han enseñado, sin equivocarse jamás/los diferentes ritmos/que conducen al miedo”.

El poeta ha logrado captar en este poema el carácter psicológico de la represión, pero, esencialmente, la dimensión de un pueblo en estado de dominio casi total. Por eso dice que los cazadores casi nuestros amigos nos han enseñado sin equivocaciones los ritmos del miedo.

Estos versos del poema “Los claustros” reflejan una profunda disección del alma del condenado al dominio casi absoluto, con el aditamento de que el cazado lleno de miedo tiende a admirar la sombra de quien le reprime, domina y deshumaniza, y que para fatalidad del pobre, del dominado, es llamado con un cuerno como un animal que ha sido cercenado a sangre fría  en  un lugar donde todo es un claustro de horror que para cinismo mayor, es vigilado por maniquíes violentos.

Esa dimensión del miedo se convierte en una especie de conducto subterráneo que impide ver al dominador de la sociedad como un verdadero enemigo de clase. 

Y es que en el libro Los Pobres, las clases marginales son mostradas como una espuma gris de masas  que se debaten entre la frustración y la lucha por la vida, entre la desilusión y el sacrificio cotidiano.

Entre tanto, el poema “El pueblo” constituye por otra parte otra forma de visualizar quienes configuramos el pueblo, desde los campesinos, los trabajadores, pasando por los astronautas, las damas  de lucientes uñas felinas, y los malditos con sus máscaras.

El poema dice así:

 

El pueblo

 

Nuestro planeta es el pueblo.

 

Los campesinos de rodillas en el polvo.

Los astronautas

Cautivos en las constelaciones

Los trabajadores

Que hacen respirar las fábricas.

Los pordioseros no consolados.

 

Todos los hombres

Venimos y vamos hacia el pueblo,

Que es el mundo.

 

Las tres estrofas de este poema nos establecen varias marcas ideológicas, entre ellas la caracterización de quienes pertenecen al pueblo, en principio desde la perspectiva poética y no social, el poeta determina que el planeta  en que vivimos es el pueblo.

Enumera algunos ejemplos de quienes pertenecen a esta categoría tan amplia y que sociológicamente se considera el explotado por las clases dominantes, así la primera mención de los integrantes del pueblo son los campesinos que están de rodillas ante el polvo.

Esta primera noción nos describe la situación de excesiva marginalidad en que se encuentra el campesinado hondureño. Es una imagen dramática que describe de algún modo el estrato social denominado campesinos. También el poeta incorpora a “los trabajadores que hacen respirar las fábricas” y además incluye a los “pordioseros no consolados”.

En medio de estas dos menciones el escritor ha interfoliado a los “astronautas que están cautivos en las constelaciones”, lo cual implica una suerte de imagen del amplio espectro de quienes integran el pueblo, hasta “el maldito y su máscara”, es decir el ser pusilánime y en esa imagen que describe a “Las damas de lucientes uñas felinas” nos lanza a considerar que todo aquellos hombres y mujeres de diferente condición de trabajo y estrato social que sea explotado forma parte de un conglomerado complejo y de muy amplia extensión.

Su verso final, relata una acción dinámica  del concepto pueblo, en la cual establece que todos “vamos y venimos hacia el pueblo/que es el mundo”.  Ir y venir hacia el pueblo es una especie de puerta abierta por donde todos transitamos en la medida en que ese planeta es el mundo inmediato en el cual nos forjamos como integrantes del pueblo.

El poema “La casa de la justicia” es un realmente una de los poemas de mayor envergadura moral que se ha escrito sobre el concepto equidad en Honduras en la aplicación de la ley.

Veamos primero el texto:

 

La casa de la Justicia

 

Entré
en la Casa de la Justicia
de mi país
y comprobé
que es un templo
de encantadores de serpientes.


Dentro
se está
como en espera
de alguien
que no existe.


Temibles
abogados
perfeccionan el día y su azul dentellada.


Jueces sombríos
hablan de pureza
con palabras
que han adquirido
el brillo
de un arma blanca. Las víctimas -en contenido espacio-
miden el terror de un solo golpe.


Y todo
se consuma
bajo esa sensación de ternura que produce el dinero.

 

Este poema  representa una metáfora dramática de la aplicación de la justicia, vista desde la perspectiva de un espacio en donde lo que impera es la impunidad. En la primera estrofa podemos encontrar dos estructuras significativas, la casa y los encantadores de serpientes.

La estrofa primera está descrita desde la acción de dos verbos siempre del modo indicativo, pero en pretérito, “entré” y “comprobé”. Se trata entonces de una visita a la casa y templo, en el cual el observador comprueba la existencia de encantadores de serpientes, una figura que si bien no pertenece a la cultura latinoamericana, sin embargo la metáfora “encantadores de serpientes” caza en este poema como una manera de hacer danzar la justicia al antojo, capricho e interés de los administradores de la justicia en Honduras.

Es un poema muy teatral en el cual uno perfectamente puede ver al personaje del poema entrar, comprobar y permanecer en  de la casa de la justicia, en donde “dentro se está/como en espera/de alguien/ que no existe:”

La tercera estrofa describe con una plasticidad estética esa dimensión de una casa en la cual los administradores de la justicia son “Temibles/abogados” que “perfeccionan el día y su azul dentellada”.  Como se pude corroborar los encantadores de serpientes son los abogados espantosos, terribles y aterradores que durante el día afilan, pulen y liman las leyes para convertirlas en una mordedura animal  en la cual los dientes arrancan, hieren y destrozan la inocencia y la equitatividad de las leyes. En Honduras los abogados son símbolos de una podredumbre, descomposición y hedionda alteración de la aplicación de la ley.

La cuarta estrofa de este magnífico poema, califica a los jueces como seres sombríos, oscuros, nebulosos,  que hablan  de la pureza, del decoro, la honestidad y la decencia con el cinismo propio de la desvergüenza, porque sus palabras de doble significación y de hipócrita acción, van mostrando el brillo de la traición, de la alevosía, de la perfidia, el perjurio y la felonía, que producen heridas de una arma blanca en manos de un personaje inmoral, deshonesto e impúdico.

Esta estrofa cierra con una descripción metafórica y plena de un espanto interminable, a las víctimas de los jueces indecorosos, víctimas cercadas por el  espacio correspondiente a la aplicación de la ley.

Este es un verso de un efecto casi cinematográfico pues el lector puede imaginar a los sacrificados e inmolados a expensas de una espada de Damocles que corte su cabeza y su inocencia fatal. Cuando dice el poeta: “Las víctimas –en contenido espacio- miden el terror de un solo golpe” está describiendo muy plásticamente lo que sucede en la realidad objetiva tal como sucede día con día en los tribunales de la república.

Finalmente, el poeta con la sabiduría de un hombre probo escribe:”Y todo se consuma/bajo esa sensación de ternura que produce el dinero”. Esta paradoja que describe el poeta  sirve de última paletada al entierro de la víctima de una justicia vil, en donde lo humano queda convertido en simple guiñapo de la justicia corrupta.

El poema Las Voces no escuchadas de los ricos   expresa lo siguiente:                                                                                                                   

                                           

Somos y hemos sido los mismos.

Nuca sabemos

Lo que necesitamos de este mundo,

Pero

Tenemos sed  -mar de extremos dorados- el agua

No se diferencia

De una muchedumbre

Extraviada

Dentro de un espejismo.

Hemos quebrado a los más fuertes.

 

Hemos enterrado a los débiles en las nubes.

Hemos inclinado la balanza del lado de la noche,

Y a pesar de los azotes recibidos

Permanecemos en el templo.

 

Muy pocos

Entienden

El laberinto de nuestro sueño.

 

Y somos uno.

 

En la teoría de las clases sociales los ricos pertenecen a la clase burguesa, a la clase explotadora, a la productora de la plusvalía mediante la producción de la mercancía y la explotación de la mano de obra barata. Los ricos pues pertenecen a esa categoría sociológica en la cual los se desempeñan como dueños de los medios de producción tales como  la tierra, las fábricas, los negocios, los bancos, etc. Su  característica es la explotación del hombre por el hombre y su interés reside en producir más plusvalía para acaparar más propiedad y más dinero.

Poe esta razón el poeta inicia diciendo que “somos y hemos sido los mismos”. Es decir siempre han sido los explotadores, los expoliadores de los pobres. Y prosigue el poema expresando “Nunca sabemos/ lo que necesitamos de este mundo,/pero/ tenemos sed  -mar de extremos dorados-”.

La clase explotadora no sabe donde descubre un filón para enriquecer más sus bolsillos, por eso nunca saben lo que necesitan del mundo contextual. En cada país explotan diversas fuentes como los recursos naturales, el aire, los bosques, los ríos, etc. Lo único sabido es que su sed está ligada a la acumulación de capital, la cual se mide en oro, en dinero, en propiedades, en fin en metales preciosos que reservan y recolectan para engrandecer más sus  ambiciones siempre desmedidas.

Y en otro verso que no posee factura poética expresa: “Hemos quebrado a los más fuertes. Hemos enterrado a los débiles en las nubes”. En general las clases sociales dominantes se alían entre sí para producir más fortaleza de clase y más riqueza individual.

Los pobres en este caso son débiles nubes. Por eso sigue describiendo el comportamiento psicológico del rico. Cuando expresa que los ricos han inclinado la balanza del lado de la noche, implica que se han aliado a fuerzas oscuras para producir sus ganancias y proteger su bienestar.

La  penúltima estrofa habla sobre que muy pocos entienden el laberinto de su sueño. El sueño del atesoramiento, el sueño del acaparamiento, del acopio, de la acumulación y de la apropiación.  En tal sentido sólo puede el rico ser comprendido por el rico, uno más en su clase social que produce riqueza para su bienestar egoísta.

Por eso su poema “Las voces no escuchadas de los ricos” finaliza de manera contundente: “Y somos uno”. Es decir una sola clase social explotadora, ambiciosa, antihumana y perversa. Esa perversidad está alimentada por una mar de extremos dorados, en donde la deshumanización es precisamente la brújula de su explotación desmedida de unos hombres contra otros hombres, los desvalidos, los que sólo poseen  la fuerza de trabajo como riqueza inherente a su humanidad.

No podía Roberto Sosa dejar de lado a un pueblo étnicamente fundador de lo que ahora es América Latina, los padres de nuestra identidad, es decir los indios.

Su poema Los indios dice de esta manera:

 

Los indios
bajan
por continuos laberintos
con su vacío a cuestas.

En el pasado
fueron guerreros sobre todas las cosas.
Levantaron columnas al fuego
y a las lluvias de puños negros
que someten los frutos a la tierra.

En los teatros de sus ciudades de colores
lucieron vestiduras
y diademas
y máscaras doradas
traídas de lejanos imperios enemigos.

Calcularon el tiempo
con precisión numérica.
Dieron de beber oro líquido
a sus conquistadores,
y entendieron el cielo
como una flor pequeña.

En nuestros días
aran y siembran el suelo
lo
mismo que en edades primitivas.
Sus mujeres modelan las piedras del campo
y el barro, o tejen
mientras el viento
desordena sus duras cabelleras de diosas.

Los he visto sin zapatos y casi desnudos,
en grupo,
al cuidado de voces tendidas como látigos,
o borrachos balanceándose con los charcos del ocaso
de regreso a sus cabañas
situadas en el final de los olvidos.

Les he hablado en sus refugios
allá en los montes protegidos por ídolos
donde ellos son alegres como ciervos
pero quietos y hondos
como los prisioneros.

He sentido sus rostros
golpearme los ojos hasta la última luz,
y he descubierto así
que mi poder no tiene
ni validez ni fuerza.

Junto a sus pies
destruidos por todos los caminos,
dejo mi sangre
escrita en un oscuro ramo.

 

La ascendencia indígena en América Latina es la responsable de preservar nuestra identidad frente a la invasión española que en el proceso de la conquista nos impuso lengua, religión, cultura y valores occidentales.

Los indígenas mesoamericanos constituyen la base primordial de nuestra identidad que deviene de la cultura del maíz como estructura significativa cultural identitaria.

Los indios, decía, Severo Martínez Peláez, el famoso antropólogo guatemalteco, son precisamente el resultado de la conquista, dado que ya el indígena está prácticamente domeñado, pacificado, conquistado y fundamentalmente arrancado de su propia territorialidad en la cual su libertad era el símbolo de orgullo precolombino.

De este modo los indios, ahora como los conocemos,  representan una resistencia cultural sin precedentes en todo el continente, los españoles consideraban que los indios no poseían  alma y por ello fueron tratados como animales, despojados de su tierra, de sus mujeres, de su religión, de sus vidas, de su cultura, fueron exterminados como animales salvajes, de tal manera que aún todavía los indios en su manifestación cultural y en su visión de mundo particular, representan un misterio y una incógnita que no ha sido despejada todavía por los estudios étnicos y antropológicos de la ciencia universitaria nacional.

Este homenaje que Roberto Sosa dedica a los indios constituye un acercamiento poético a esa categoría étnica primigenia de nuestra nacionalidad.

“Los indios bajan por continuos laberintos con su vacío a cuestas”, dice el poema en sus versos iniciales. Aquí el semantema  “continuos laberintos” tiene una carga significacional muy amplia, es verdaderamente un campo semántico extenso, dado que su laberintos pudieran referirse a ese misterio de su concepción de mundo, de su resistencia cultural firme y continua, y su modo de existencia en medio de una sociedad colonizada en todos los aspectos imaginables que podamos referir.

El “vacío a cuestas” de los indios es en realidad una especie de una pena muy honda que refleja su marginalidad deshumanizante a la cual han sido sometidos durante los cinco siglos de explotación, sometimiento brutal y aplastamiento cultural que las mismas clases dominantes han ejercido durante la colonia, la independencia hasta nuestros días.

Por eso en la siguiente estrofa el poeta Sosa describe su pasado en el cual fueron guerreros constantes, sobre todo en el contexto  que les rodeaba antes y después de la conquista española.  Expone con versos sencillos, que alzaron columnas al fuego como deidad y como materia prima para su existencia cotidiana. En el verso en el que señala  “las lluvias de puños negros” es una metáfora que está ligada al cultivo de la tierra.

El poeta Sosa en la tercera estrofa de su poema menciona los teatros como centro de su expresión cultural en donde los colores, las vestimentas y las máscaras fueron parte de su identidad indígena.

Y en homenaje a su ciencia, el poeta describe con estos versos el alcance de su proyección cultural: “Calcularon el tiempo/con precisión numérica”. Y más adelante refiere el caso de cuando los indígenas ofrecieron oro a los caballos, cuando los españoles a pie salieron de las comarcas de su conquista. Refiere la historia que algunos caballos murieron por falta de alimentos. Los indígenas creían que jinete y caballo eran la misma persona, y como los españoles preguntaban por el oro continuamente, les ofrecieron oro a los caballos. Este dato histórico el poeta lo convierte en un verso muy surrealista pero lleno de una historia cierta: “dieron de beber oro líquido a sus conquistadores”.

Describe a los indios en la actualidad, estableciendo que practican la agricultura como en los tiempos precolombinos, mientras las mujeres tejes y producen objetos domésticos de barro. 

El poeta además, impresionado, describe que los ha visto casi desnudos, “al cuidado de voces tendidas como látigos”, describe que los ha observado balanceándose borrachos en los “charcos del ocaso” y en su cabañas que se pierden en el final del olvido.

La descripción poética de los indios prosigue al comparar su júbilo con la alegría  de los siervos, pero sigue expresando el poeta que ellos son quietos y hondos como los prisioneros.

El poeta se siente desarmado ante sus rostros que le golpean la mirada. Ante ellos su fuerza poética y humana no posee validez. Y su última estrofa tiene un contenido de temblor humano pues deja junto a los pies de los indios su sangre que está escrita en un ramo oscuro. Es decir su sangre en un homenaje poético.

 

3

Una visión sociológica del libro  Los pobres nos plantea que Roberto Sosa ha heredado de su medio un país defenestrado en lo social, lo cultural, y lo económico, desde la década de los años 60s cuando ganó el premio Adonais.

Había vivido RS el golpe de Estado de 1963,  cuyo objetivo dictado por el Departamento de Estado de Norteamérica, era combatir el comunismo hondureño. Los libros del novelista Ramón Amaya Amador fueron confiscados en las librerías de la época, el poeta Pompeyo del Valle fue  encarcelado, mientras los serviles intelectuales coreaban las mismas consignas de los militares a través de los medios de comunicación.

Roberto Sosa, en este contexto, le tocó vivir una chatura cultural y una crisis política y económica muy especial. Es por ello que escribió en 1968 en su Revista Presente un texto que decía así: “¿Se han envilecido ya los intelectuales hondureños?  ¿Quiénes son los que todavía permanecen al margen de la degradación.

Que cada uno tenga para sí mismo la respuesta adecuada. Citaremos ejemplos del tema que tratamos. Muchos de nuestros intelectuales (se habla de intelectuales y no de engañadores profesionales) de este país  -como más de uno de ellos lo ha afirmado- permanecen en calidad de amanuenses de analfabetos unos, y como aspirantes de esa situación otros, pero casi todos (siempre hay excepciones de inestimable valor) están sometidos a las pasiones del bajo vientre en continuo detrimento de sus más caros ideales. Y esa lucha estomacal en circunstancias desiguales condiciona los espacios de sus preferidas esferas”.

Roberto Sosa siempre estuvo atento a rescatar la dignidad del poeta, del novelista o del pintor nacional, pero, esencialmente de hombre común de la calle.

Roberto Sosa siempre estuvo pendiente de jugar un rol de recuperación del hombre digno. Para Roberto Sosa el escritor debía partir del descubrimiento de la conciencia y de la verdad. Y esas categorías morales y políticas debían tener un vaso comunicante con la poesía, con la visión y misión estética del poeta, pues, para él, el lenguaje es la arteria por donde la poesía desplaza sus abalorios humanos.

Cuando se le preguntó como definía a la poesía respondió: “Si tuviera que definir al quehacer poético (cosa totalmente imposible) diría que es un absoluto espejismo real en donde se puede entrar únicamente”. Y sigue expresando que el problema fundamental del arte es la forma, y que el contenido se amolda a la forma, a lo mejor, piensa el poeta, quizá  el fondo no sea sino una forma interior”.

Roberto Sosa cree en “el equilibrio del arte, en la exactitud que determina el uso y cosa esencial”;...“creo  -dice el poeta- en los cambios que se operan en ese espejo de cuerpo entero en el cual nos reflejamos: la realidad, el pueblo como mar abierto de la poesía”.

En el libro Los pobres,  los marginales de la vida digna son mostrados en toda su extensión y caracterización mediante metáforas combinadas con lenguaje directo. Este libro se desarrolla con imágenes superpuestas, semántica e ideológicamente, mismas que están referidas a una fenomenología de un mundo social dividido.

En los 21 poemas de que consta el libro, las imágenes de una pobreza van sucediéndose como pliegues de la ola inmensa que es la realidad, en la cual todos nos bañamos más de una vez.

Por eso escribe su poema “La realidad” en el cual expresa: “Cruje la realidad”. Y finaliza manifestando que “nosotros no tenemos esperanza”.

El  verbo crujir significa  hacer cierto ruido algunos cuerpos cuando frotan o rozan unos con otros o se rompen. Entonces es claro lo que el poeta expone, en la realidad los cuerpos sociales o materiales producen un ruido cuando se rozan o se frotan unos con otros. Y es que la realidad cruje para los pobres que no tienen esperanza, porque allí encuentran  el roce de lo abundante con lo escaso, la muerte con la vida, la igualdad con la desigualad, la alegría con el descontento.

El libro Los pobres no refleja simplemente la des validez humana, porque ese no es su objetivo, es más bien un llamado de atención, un toque a la puerta de nuestra moral y de nuestra conciencia social.

Es por ello que dice en el poema El otro océano:

 

Los desposeídos heredaron las oscuridades,

Los vientos atados de pies y manos.

El origen  les llama.

Recorren con ojos dulces cuanto no tienen.

En las noches recuerdan

Los hechos y palabras de los justos.

Continuamente extienden

Sus propias multitudes

Alrededor de aquellos

Que hicieron de la tierra un caserón cerrado,

Donde son varios los peligros

A que está expuesta la mansedumbre de la paloma,

Que en vano intenta luchar

Contra la soldad y su serpiente bíblica.

 

Los desposeídos forman otro océano;

Un océano con brazos sin descanso,

Con fondos sosegados de muchísima espuma contenida.

Están ahí…

Con la simplicidad de una fuerza mayor.”

 

Los desposeídos son los pobres que permanecen atados como seres prisioneros de la miseria, aspiran a poseer algún objeto o propiedad para soñar con la libertad. Ellos mismos son su propia multitud, en un caserón cerrado, los desheredados así forman otro océano y están siempre presentes.

Este es un poemario que tiene un índice acusatorio para quienes administran la justicia y la equidad en nuestra sociedad divida para todos. Es un libro que emerge no como un puño cerrado o un golpe de bandera, si no con un alto sentido racional que basa su inferencia en la lógica de una justicia que no llega.

Roberto Sosa es así el poeta de los pobres, el poeta de quienes no poseen voz en la altura pavorosa del poder omnímodo en manos de los ricos y poderosos de un país que merece estar en la primera línea de fuego de la reivindicación social, junto a otras naciones o pueblos que luchan por conquistar la calidad de vida que como seres humanos tienen derecho  todos los desheredados de la tierra.
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13 de Agosto, 2011 · General

¿De verdad estamos tan solos?

 

Efraín Bartolomé

 

Son las 4:43 de la mañana del día 11 de agosto de 2011.

Hace aproximadamente dos horas un grupo de hombres armados irrumpieron en mi casa ubicada en la colonia Torres de Padierna del Distrio Federal.

Comenzamos a escuchar golpes violentos como contra una puerta metálica y me extrañó porque se escuchaba demasiado cerca y no hay ninguna puerta así en la casa.

Prendí la luz.

Los golpes arreciaban ahora como contra nuestras puertas de madera.

Quité la tranca que protege la puerta de nuestra recámara y me asomé al pasillo: hacia el comedor veía luces (¿verdosas? ¿azulosas? ¿intermitentes?) acompañando los golpes violentos contra el cristal que da al sur.

Mi mujer me gritó que me metiera.

Así lo hice apresuradamente y alcancé a poner la tranca de nuevo.

Oí cristales rompiéndose y pasos violentos hacia nuestra recámara: rápidos y fuertes.

“¡Abran la puerta!” era el grito que se repetía antes de que empezaran a golpear con violencia mayor nuestra puerta con tranca.

Nos encerramos en el baño y busqué a tientas un silbato que cuelga de un muro sin repellar: comencé a soplarlo con desesperación, unas diez veces, quizá.

Mi mujer está llamando a la policía.

Les dice que están entrando a la casa, que vengan pronto por favor, que nos auxilien.

Yo sigo soplando el silbato con desesperación.

En la oscuridad, mi mujer se ubicó tras de mí mientras oíamos que la tranca de la puerta se quebraba y los hombres entraban.

¿Tres, cuatro, cinco?

Quise cerrar la puerta del baño pero ya no alcancé a hacerlo.

Empujé unas cajas hacia dicha puerta y en algo estorbó los empujones.

“¡Abran la puerta! ¡Abran la puerta, hijos de la chingada...!” gritaban mientras empujaban y metían sus rifles negros hacia el interior.

Quise detener la puerta con mis manos pero no tenía sentido: vencieron mi mínima resistencia y entraron.

Policías vestidos de negro, con pasamontañas y lo que supongo que serían “rifles de alto poder”.

“¡Al suelo! ¡Al suelo! ¡Al suelo, hijos de la chingada! ¡Al suelo y no se muevan!”

Uno de los hombres me da un manazo en la cabeza y me tira los lentes.

Alcanzo a pescarlos antes de que toquen el suelo.

Me quita el silbato.

−¡No golpee a mi esposo! –grita mi mujer.

−¡El teléfono! ¡Déme el teléfono! –le responde y pregunta si no tenemos otro teléfono o un celular.

Ella y yo nos arrodillamos primero y después nos medio sentamos en el suelo de cemento de este baño sin terminar.

Policías jorobados y nocturnos, como en el romance de García Lorca.

Quién lo diría: aquí, en nuestra amada casa donde cultivamos y enseñamos la armonía.

Aquí...

Justo aquí estos hombres de negro, con pasamontañas, con guantes, con rifles de asalto, con chalecos o chamaras que tienen inscritas las siglas blancas PFP, nos apuntan con sus armas a la cabeza.

Uno de ellos, siempre amenazante, nos interroga.

Dos más permanecen en la puerta.

− ¡Las armas! ¡Dónde están las armas!

− Aquí no hay armas, señor, somos gente de trabajo.

− ¡A qué se dedica!”

−Soy psicoterapeuta y escribo libros.

−¿Desde cuándo vive aquí?

− Desde hace treinta años...

−Cómo se llama.

−Efraín Bartolomé.

−Cuántos años tiene.

−60.

−A qué se dedica.

−Ya se lo dije, señor, soy psicólogo y escribo libros.

−Usted cómo se llama... –se dirige a mi mujer.

−Guadalupe Belmontes de Bartolomé.

−A qué se dedica.

−Soy arqueóloga y ama de casa.

−Cuántos años tiene.

−54.

−Tranquilos. Respiren profundo... Voy a verificar los datos.

El hombre sale.

Oigo ruidos en toda la casa.

Están vaciando cajones, abriendo puertas, pisando fuerte sobre la duela de madera.

Oigo ruidos afuera, en el cuarto de huéspedes, en la torre, en el estudio de abajo.

Nos cambiamos de posición.

Mi mujer pone algo sobre el frío piso de cemento.

Cinco o siete minutos después regresa el hombre y repite su interrogatorio.

Si recibimos gente en la casa, con qué frecuencia, cada cuánto salimos de viaje, quién cuida entonces.

Respondemos a todo brevemente.

Dice nuevamente que va a verificar los datos y que volverá a decirnos porqué están aquí.

El tiempo pasa.

Oímos que abren nuestro carro en el garage.

Voces ininteligibles en el patio del norte.

Más tiempo.

Varios minutos después se oyen motores que se prenden y carros que arrancan.

Mi mujer y yo seguimos en la oscuridad.

Comenzamos a movernos.

Sólo silencio.

Nos incorporamos con cierto temor.

Salimos del baño hacia la recámara iluminada.

Desorden.

Cajones abiertos.

Cosas volcadas en el buró.

La chapa de la puerta en el suelo.

Restos de la tranca destrozada.

La puerta de tambor machacada y rota, pandeada en su parte media.

Salimos al pasillo: un cuadro en el suelo y abiertas las puertas de lo que fueron las recámaras de mis hijos.

Desorden en el interior: maletas y cajas abiertas, cajones vaciados.

Vamos hacia el comedor: uno de los vidrios roto en su ángulo inferior izquierdo, muchos cristales en el piso.

La puerta de la sala está rota de la misma forma en que rompieron la de nuestra recámara: la chapa en el suelo y fragmentos de duela en el piso.

Está abierta la puerta de la torre y prendidas las luces del cuarto de huéspedes.

Salimos por la puerta de la sala y nos asomamos con cierto temor.

Nada.

Mi mujer llama por segunda vez a la policía.

Es en vano: piden los datos una vez más.

Dicen que ya enviaron una unidad.

Llego a la barda y me asomo: no hay carros.

El portón del garage está intacto.

Bajamos las escaleras hasta la puerta de acceso: rota igual que las de adentro.

El estudio de abajo está con las luces prendidas.

De por sí desordenado, ahora lo está más.

Vamos hacia la torre y entramos al cuarto de huéspedes: cajones volcados, revistas en el suelo, cosas sobre la mesa, puertas del clóset colgando, zafadas de su riel inferior.

Subo al tercer piso: una esculturita de alambre volcada pero no se nota demasiado desorden.

Subo a los pisos superiores: no hay daño en la salita de arte.

En el último piso dejaron abierta la puerta a la terraza.

Volvemos al interior: queremos tomar fotos pero no está la cámara de mi mujer que estaba sobre el buró.

“¡Tampoco está la memoria de mi computadora!”, grita.

También se la llevaron

Quiero ver la hora y voy al buró por mi reloj: ha desaparecido mi querido Omega Speedmaster Professional que me acompañó por casi cuarenta años.

Tiene mi nombre grabado en la parte posterior: Efraín Bartolomé.

Oímos que un auto se estaciona y nos asomamos.

Mi mujer llama una vez más a la policía: lo mismo.

Ya tienen los datos pero nunca enviaron apoyo.

Indefensión.

Del auto blanco baja un joven y avanza hacia la esquina.

Se asoma y regresa.

Lo saludo y responde.

Le preguntamos qué pasa y responde que viene en atención a una llamada de su amiga que vive a la vuelta y a cuya casa también se metieron.

Mi mujer pregunta de qué familia se trata, cómo se apellida.

Magaña, responde el joven.

¡Es Paty!, dice mi mujer.

Salimos a la calle y voy hacia allá.

Encontramos a Patricia Magaña, bióloga, investigadora universitaria, acompañada de su papá, en la calle.

Entraron a ambas casas la de ella y la de sus padres, con la misma violencia que a la nuestra.

Patricia y su hija estaban solas.

Sus padres octogenarios también estaban solos.

Volvemos a nuestra casa vejada y con la puerta rota.

Atranco la destruida puerta de la calle.

Con todo, mantenemos una sorprendente calma.

“Pudieron habernos matado”, dice mi mujer.

Yo imagino por unos segundos nuestros cuerpos ensangrentados en el baño en desorden.

¿Sabe el presidente Calderón esto que pasa en las casas de la ciudad?

¿Lo sabe Marcelo Ebrard?

¿Lo sabe el procurador Mancera?

¿Ordenan Maricela Morales o Genaro García Luna estos operativos?

¿Sabrán quién fue el encargado de este acto en contra de inocentes?

Antenoche volvimos a casa levitando, en la felicidad más plena, tras la amorosa y conmovedora recepción del público ante nuestro libro presentado en Bellas Artes.

Un día después, en la atroz madrugada, la PFP irrumpe violentamente en nuestra casa, quiebra nuestras puertas, destruye los cristales, hurga sin respeto en nuestra más íntima propiedad, nos amenaza con armas poderosas a mi bella mujer y a mí, a la edad que tenemos...

Y pensar que también son humanos los que hacen esto contra su prójimo.

Subo al estudio a escribir esto.

Allá, abajo, la ciudad parece embellecida por la calma.

Arriba la impasible Luna de agosto, casi llena.

Son ya las 6:35 de la mañana.

La luz de oriente comienza a colorear y a inflamar el horizonte.

La policía nunca llegó.

¿De verdad estamos tan solos?
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26 de Julio, 2011 · General

Entrevista a Gustavo Pereira, Poeta

"La poesía no funciona sin amor"

"Los premios son una contingencia más en la vida de cualquier ser humano"

 
El poeta ganó el Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora
 
DUBRASKA FALCÓN , GUSTAVO PEREIRA , POETA EL UNIVERSAL
lunes 18 de julio de 2011  
 
Los versos que llenan las páginas del libro Los cuatro horizontes del cielo y otros poemas son los que menos vulneran al poeta venezolano Gustavo Pereira. Los que menos lo averguenzan. La obra que lo hizo ganador, el jueves pasado, de la tercera edición del Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora habla de amor. Sí, de amor. Pero no solamente del amor erótico, como asegura, sino del que se une con los seres humanos y su relación con el mundo.

"No creo que una poesía pueda funcionar sin amor", se adelanta a decir Pereira. "Coloco ahí los poemas que me eran menos vulnerables. Es decir, los que me avergonzaban menos en la vida, no los que me hacían sentir más orgullosos. Esa fue una antología. Es un libro grueso, no es sino una compilación de autor, de poemas, de todo cuanto yo he escrito. Probablemente sea una décima parte. Tal vez menos todavía".

-El veredicto del jurado asegura que el libro galardonado Los cuatro horizontes del cielo y otros poemas "trasciende lo meramente estético con una actitud humanista, sabiduría profunda, tintes irónicos y erotismo"...

-Guao, estoy avergonzado. Estoy conmovido. No sabía que ellos pudieran decir esas cosas sobre mis versos. Intento mantener los pies sobre la tierra y conservar lo que me hizo asumir la poesía como una conducta como una razón de ser en la vida desde muy temprana edad de mi vida. Eso no implica solo escribir versos. Implica también vivir, estar en el mundo, una manera de relacionarse con los otros seres humanos. Para mí es grato que el jurado haya dicho esas palabras.

-¿Qué había en sus obra para que el jurado la definiera de tal manera?

-¡Caramba, eso también quisiera saberlo! En el fondo también hay una verdad que no se puede ocultar: el simple hecho de enviar una obra a un concurso es porque se tiene siempre la presunción de ganarlo. Tener la intuición, la certeza o al menos la presunción de que el libro, cuando uno lo envía, tiene esperanza de ganar. Ya es un acto de banalidad elemental, desde luego. Pero ese libro no es sino una antología de autor de todos mis libros.

-¿Es de los que cree que a través de los premios literarios el escritor se consagra?

-No. Absolutamente, no. La historia de la literatura está llena de cientos de miles de casos como esos. Los premios son una contingencia más en la vida de cualquier ser humano. En el caso de los poetas, la poesía está tan subestimada, tan echada a un lado... De modo de que uno no hace sino celebrar que estas cosas ocurran. Este premio tiene una significación especial: Víctor Valera Mora era un entrañable amigo desde mi juventud, desde que estudiamos en la universidad. De modo que por ese lado hay una cuestión afectiva que prima sobre cualquier otra cosa.

-La poeta venezolana Judith Gerendas dijo que con el concurso se demuestra que la poesía está viva. ¿Por qué pensar lo contrario?

-Sí, algunas personas piensan que está muerta, porque la poesía no presume. La poesía no es un arte mediático. Tal vez dentro de las artes es el menos mediático. Por eso desprecio tanto a los poetas que quieren hacer carreras literarias. La carrera literaria es una argucia política, de relaciones políticas, que no tiene nada que ver con la poesía. La poesía es un arte más bien secreto. Tal vez es el único arte secreto que es compartido por multitudes. Todo ser humano abriga la poesía. Solamente que el espíritu práctico, cabe decir el espíritu mercantilista, se encargo de sacralizar la poesía para decir que era un oficio de tontos, de soñadores.

-Para el Premio de Poesía Víctor Valera Mora se enviaron 105 obras de 15 países. El jurado habló de un panorama que muestra la vitalidad de la poesía. ¿Cómo ve usted ese panorama?

-Hay vitalidad en la escritura. Hay vitalidad en los seres humanos que descubren. Se trata a veces de que la gente no sabe que existen libros de poesía y de que los libros de poesía solían ser caros. La gente no tenía acceso a los libros de poesía, así que se hacían ediciones de un corto tiraje. Por otro lado, los libros de poesía no se publicitaban jamás. Como sabemos, los que se publicitan son los de autoayuda. Y no porque todos los libros de poesía merezcan tal honor. Diría que entre los libros de poesía que se publican, algunos ni siquiera se pueden llamar libros de poesía. Pero en la medida de que la crisis de la humanidad ha impacto a las personas en lo profundo de su ser, se están buscando salidas y estás por supuesto no son salidas mercantilistas. Son salidas del espíritu. Son salidas del ser y no del tener.

-Se habla de que hay una tendencia coloquial en la poesía; tendencia que sigue unida al sentimentalismo. ¿La poesía no es igual a amor?

-Sin duda. Me confieso un invertebrado sentimental incorregible. Me siento orgulloso de eso. Creo que los sentimientos están por encima de la razón.

-¿Qué piensa hacer con el dinero del premio?

-Aún no lo sé. Tengo una familia tan numerosa y tan pobre, que espero que sea una alegría de esa familia tan numerosa.
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