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Revista Isla Negra
Casa de Poesía y literaturas
28 de Noviembre, 2011 · General

En las letras, desde Puerto Rico

 

Piezas fundamentales del cuento en Puerto Rico (1989-2009)

 

por Carlos Esteban Cana

 

Intro

 

El mapa no está completo. Al papel, amarillento en algunas partes, le faltan pedazos. Piezas fundamentales para descifrar códigos y símbolos. El especialista no se inmuta y se coloca ante la lupa. Utiliza también  espejuelos. No escucha especulaciones, acertijos no fundamentados. Con paciencia escudriña. Toma notas. Se deslinda de lo que se vocifera con fines propagandísticos. Intenta finos trazos. Un apalabrado gesto en la descripción, y devela.

 

No todo lo que brilla es oro, y cuando se trata de libros de cuentos algunos asombran por su vestidura elegante. Pero cuidado, que lo muy vistoso puede ser solamente capota y pintura. Sin embargo, otros títulos, quizás más humildes en su cubierta, y sin presencia mediática, son verdaderas joyas. A veces escondidas en los lugares más remotos y recónditos de la librería.

 

En 20 años se han publicado infinidad de colecciones de cuentos en Puerto Rico. Hace poco más de cinco  años publiqué una lista que ilustraba los títulos que considero clásicos en el género, teniendo como marco temporal desde la década del 40 hasta la del 80. Hoy, sin embargo, me ocupa la extensa oferta de los últimos 20 años. Esta vez intento sacar de la bruma, por estar dispersas, piezas fundamentales que conforman el perfil editorial de las dos pasadas décadas. Algunos de estos libros, los más recientes, se consiguen en cualquier librería, incluso en el internet. Otros, lamentablemente, están agotados, por lo que para poder apreciarles hay que acceder a las salas especializadas en literatura puertorriqueña.

 

En los años recientes hemos presenciado una explosión editorial debido, en parte, a los diversos talleres que ofrecen diversas instituciones. Tanto la Universidad del Sagrado Corazón, con su Programa Graduado de Escritura Creativa, como el Departamento de Estudios Interdisciplinarios de la Universidad de Puerto Rico, así como cursos cortos en diversas instituciones educativas, en su división de educación continuada, y otros proyectos de la misma índole auspiciados por editoriales y otras empresas de carácter privado, llenan sus cursos con un considerable número de personas interesadas en el arte de la palabra. Por otra parte, las revistas impresas son, como siempre, terreno fértil, caldo de cultivo. Y el internet, en esta era cibernética e informática, ha magnificado la dimensión de la pluralidad. Para regocijo de unos y desconsuelo de otros.

 

Coordenadas hemisféricas del mapa: los 90’s

 

En un escrito reciente ubicaba el marco generacional de los 90’s entre el nacimiento de Taller Literario (1993) y la publicación de la antología Los rostros de la Hidra (2008). Mucho ha sucedido en esos tres lustros. Aquí algunos datos y nombres.

 

En los 90’s, publicaciones periódicas como las revistas Posdata (que publicaron un emblemático dossier de la narrativa que se generaba en esos años) y A propósito convivían con las establecidas: Mairena (en poesía); y con las de carácter académico como Exégesis y la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña. En este mismo inciso ubicaríamos a las revistas Cayey y Cupey. Desde mi punto de vista, los márgenes o las vías alternas siempre han estado en mejor condición y capacidad para configurar nuevas voces creativas, y, aunque de vida breve, cuando pienso en eso y en la época, me viene a la memoria el colectivo En la mirilla.

 

En los noventas fueron importantes, además, la singular Piso 13, así como Libro Guía y En rojo. Los talleres de escritura eran ofrecidos en la Facultad de Estudios Generales, el Ateneo Puertorriqueño. Y en el Instituto de Cultura Puertorriqueña la cantera era propiciada por el Proyecto para el Fomento del Quehacer Literario, bajo la tutela de Vilma Bayrón Brunet. Otro espacio valioso eran los talleres de Silvia Domenech nombrados como “El poder de escribir”. Lo que antes habían hecho un René Marqués o un Pedro Juan Soto, o el mismísimo Emilio Díaz Valcárcel (que cerraba ciclo docente en esos años), lo comenzaron hacer Magali García Ramis, Edgardo Rodríguez Juliá, Coqui Santaliz, Edgardo Sanabria Santaliz, y luego Ángela López Borrero, Carmen Lugo Filippi, Marta Aponte Alsina, Mayra Santos Febres, Amílcar Cintrón, y después un Mario Cancel, un Alberto Martínez Márquez, un Emilio del Carril, una Janette Becerra en Cayey.

 

Taller Literario dio a conocer poetas de gran aliento creativo como Mairym Cruz Bernal, que para esos años dirigía el colectivo Puertas, y Elidio la Torre, pero la gran fuente de la revista y su fortaleza estaba en los linderos narrativos. De sus páginas saltaron nombres como Camilo Santiago, Antonio Aguado Charneco, José Manuel Solá –también poeta-, Juan Carlos Quiñones “Bruno Soreno”  (quien no era un desconocido en el panorama), Ángelo Negrón, Nilda Soto Méndez, Juan Carlos Fred Alvira, Rodrigo López Chávez –hoy cineasta- y el periodista Joel Villanueva Reyes. Taller fue una revista que tuvo diferentes ríos tributarios que desembocaron en su nacimiento, desde Senderos en Cataño al curso de Teoría y práctica narrativa, ofrecido por Emilio Díaz Valcárcel en Estudios Generales, pasando por los pasillos donde tertuliábamos los estudiantes en Estudios Hispánicos y desembocando en el enorme delta que fue y es la Escuela de Comunicación Pública. Pero a pesar de su cercanía a departamentos académicos Taller Literario siempre estuvo más cerca de las calles del Paseo de Diego. Es decir, nutría parte de su propuesta con escritores que estaban más allá de los linderos universitarios, lo que una década más tarde comenzaron a fomentar los talleres personales de escritura creativa o la propia Universidad del Sagrado Corazón, bajo la rectoría creativa de Luis López Nieves. Por todo lo anterior, los escritores ya instalados en la academia, y los recién llegados pertenecientes a la generación del 80 (particularmente los egresados de Filo de juego y Tríptico), miraban con cierta suspicacia la propuesta inclusiva de la revista. Unos por la mirada jerárquica, otros porque simple y únicamente estaban interesados en mitificar su gesta generacional. Lo que al final pagaron los estudiantes que pasaron por el aula ya que sólo tenían acceso a una parte de la historia. Por esa razón escritores vinculados a Taller Literario brillan por su ausencia en antologías como Los nuevos caníbales o Mal(h)hablar. Sólo después, con la llegada de otras revistas y colectivos como El Sótano 00931 y Zurde, la gesta de Taller Literario, constante por los cuatro costados de la Isla durante la última década del siglo XX, sería valorada en su justa perspectiva.

 

Para la época, Isla Negra Editores comenzaba a levantar un catálogo que 20 años después de su fundación, asciende a cerca de 300 títulos. Lo que Terranova Editores iniciaría luego en la primera década del siglo XXI . Para esos años noventosos post-guerra fría, se dio en el panorama local la sonada polémica entre  Mayra Montero y escritores jóvenes como Juan Carlos Quiñones (Bruno Soreno) y Pedro Cabiya (Diego Deni), entre otros. La primera, en una de sus columnas que llevaban por nombre Aguaceros dispersos, se preguntaba dónde estaban los nuevos escritores. Hacía alusión a que ella, en su momento de juventud, había solicitado un prólogo a José Luis González. Y que esperaba por los nuevos jóvenes literatos para que le solicitaran, de la misma manera, un prólogo. Desconozco si alguno de esos novísimos llegó a pedir alguna reflexión a Montero para sus libros, pero más allá del dime y direte, El Nuevo Día comenzó sus certámenes. Desde afuera y desde lejos aquella primera edición del certamen parecía fundamentarse por la creencia de que después de los 70’s no había ocurrido nada en la literatura puertorriqueña. Premisa equivocada porque nunca desde el “establishment” se tiene visibilidad completa del panorama. No sé si se deba a una ceguera inherente a la zona de confort, en la que sujetos y sujetas que conforman ese grupo tan selecto, “instalados en lugares privilegiados”, caen una y otra vez. Lo cierto es que ya sea por arrogancia o porque no quieren salir de la comodidad de sus acojinadas sillas, pierden mucho de lo que sucede en otras vías o márgenes. Ya cuando balbucean algo, eso que ven como algo ‘fuera de serie’ venía ocurriendo hacía tiempo, y pregonan como novedad el mediterráneo cuando todos sabemos que hace rato estaba descubierto. Escritores como Alberto Martínez Márquez, Mario Cancel, Elidio la Torre, y después Julio César Pol y otros, han dicho las cosas como son, y han puesto sobre el tablero las diversas fichas del ajedrez. Yo, por mi parte, he intentado hacer lo propio desde los diferentes lugares y espacios mediáticos a los que he podido acceder. En esa dirección publiqué el ensayo “Lo que es evidente” en las mismísimas páginas donde había tenido génesis la polémica. Y lo continúo haciendo desde las páginas sueltas de este boletín.

 

También de los 90’s es importante destacar la colección Aquí y Ahora, de la EDUPR y los inicios de la Feria Internacional del Libro. La mini-ficción estuvo representada por C.J. García, quien publicó sus Breves para videófilos en 1998. García, en relación al género micro, se convirtió en el relevo de Ricardo Alegría Pons, que fue publicado en aquella emblemática antología 17 del taller, (compilada por Emilio Díaz Valcárcel y en la estaban incluidos Mayra Montero y Edgardo Sanabria Santaliz, entre otros) y que en 1992 publicaría Crónicas sublime de la cotidianidad). Pons, a su vez, se instalaba en una tradición que tomó fuerza con las miniaturas de Pedro Juan Soto en Spiks y los aforismos del hostosiano mayor, Julio César López. Hubo que esperar hasta el 2005 para ver la primera antología del cuento hiper breve gracias a la publicación de E.M. (Edición Mínima), auspiciada por El Sótano 00931y Publicaciones Gaviotas . Actualmente Christian Ibarra (La vida a ratos) ha otorgado al género cierto registro lírico y diáfano que eleva la belleza del lenguaje a otro nivel. Por su parte, Ángela López Borrero (Amantes de dios y En el Nombre del hijo) y Marta Aponte (La casa de la loca) entran con pie derecho en la narrativa corta. Poetas como Loreina Santos Silva (Cuentos para perturbar el alma) e Yvonne Ochart (El fuego de las cosas) incursionan en el género. Benito Pastoriza Iyodo (Cuestión de hombres) y Juan Carlos Rueda (¡Todos los hombres son iguales!) continúan la senda dejada por Manuel Ramos Otero, quien revolucionaba la narrativa boricua de los 70’s y 80’s escribiendo desde una perspectiva abiertamente homosexual (lo que lograron para los mismos años, desde la poesía, autores como Nemir Matos y Abniel Marat). Entrada la década siguiente, escritores que transgreden y cuestionan el patriarcado desde esta perspectiva, como Moisés Agosto (Nocturno y otros desamparos), Emilio del Carril (Cinco minutos para ser infiel) y Carlos Vázquez Cruz (8% de desk-cuentos), encontrarán terreno fértil en los lectores. Propuestas que, sin duda, contribuyeron al cauce generado actualmente por el colectivo Homoerótica y escritores como Luis Negrón (Mundo Cruel), Max Chárriez (Delirios de pasión y muerte) y Yolanda Arroyo Pizarro (Historias para morderte los labios).

 

Coordenadas hemisféricas del mapa: la primera década del XXI

 

La primera década del siglo XXI está marcada por la presencia ineludible de El Sótano 00931. Capitaneados por Julio César Pol, esta publicación se nutría, en su grupo fundador, de escritores de Arecibo y Ponce. A nivel impreso ocuparon el lugar de Taller Literario, que aunque trabajábamos en los emblemáticos números 7 y 8, ya nos íbamos configurando más como colectivo, con nuestras tertulias ocasionales, y auspiciador de eventos literarios. Hoy, que El Sótano cumple su primera década, vemos a la distancia necesaria cómo cada uno de los integrantes irrumpió con fuerza en el ambiente literario y cultural. Los nombres de Federico Irizarry, Amarilis Tavárez Vales, David Capiello, Juanmanuel González, Sonia Gaia (Jacqueline Rivera), Robert Jara, John Torres y después Zuleyka Pagán, bajo la gesta de Julio César Pol, saltaron a primer plano. Desembocó El Sótano en seis volúmenes, tres antologías (Ciudad Paria, Edición Mínima, Puerto Rico-República Dominicana) y el famoso “Pentateuco” del Sótano-Isla Negra, conformado por los siguientes títulos: Kischt por Federico Irrizarry; Realid(h)ades por Amarilis Tavárez; Sobre todo tus silencios por González; La luz necesaria por Julio César Pol; y Fracturas del devenir por Torres. Después publicarían sus libros Capiello (Comunión antropoética), Pagán (Ankh) y Rivera (La casa en el agua), sólo Vázquez había publicado anterior a los demás, en el 2003 (Inimaginado). Actualmente El Sótano es un proyecto editorial que cuenta, entre los escritores que integran su catálogo, con la poeta Myrna Estrella Pérez (Miss Carrusel).

 

Mientras eso sucedía comenzaban a ser cotidianos en el panorama cultural, los eventos generados por gestores como Awilda Castro y Raúl Gorras,  que actualmente continúan escritores como Yara Liceaga con su serie Poetry is busy y Lady Lee Andrews en The Poet’s Passage, o lugares como La respuesta y sus noches mensuales de poesía. Pero si hablamos de la década pasada fue De-Generaciones el acontecimiento mayor. Evento que reunió a escritores de cinco décadas diferentes. Julio César Pol (de nuevo Julio César) supo configurar el grupo rector con gestores y escritores como Alberto Martínez Márquez, Nicole Cecilia Delgado, Nina Valedón, y escritores vinculados a Taller Literario. De-Generaciones corrió las principales ciudades del País. Integrantes del Movimiento Trascendentalista, de Guajana, de Zona de carga, de Mairena, Filo de Juego y Tríptico, de Taller Literario, y otros autores, vinculados o no a colectivos o revistas, fueron representantes de este encuentro, que iniciaba con escritores que se formaron en los 50’s y concluía con quienes iniciaban su trayectoria a finales de los 90’s. Fue mi participación en este evento, como responsable de la cobertura mediática, lo que me dio el boleto de entrada al Sótano. Por invitación de Julio César Pol pude participar, no desde un espacio de liderazgo –lo que me hizo sentir aliviado- sino como uno más en el grupo. En ese tiempo fui responsable de la coordinación de medios.

 

Sin querer, inicié también el emblemático debate cibernético que surgió por ciertas expresiones despectivas  que formuló el crítico Julio Ortega con respecto a los jóvenes poetas del País. Ajeno a que la historia tenía una pre-cuela. Todo terminó desembocando en el Ateneo. Esa noche el crítico implicado rectificó posiciones, tanto que terminó su alocución mencionando al Sótano 00931, y un poeta mejicano dio cátedra de lo que es hablar con conocimiento y erudición. Hugo Gutiérrez Vega ofreció una de las más conmovedoras conferencias acerca de la literatura puertorriqueña, que he escuchado. Al final de la velada, sin embargo, tuve que enfrentar un intento de censura cuando, en la parte de preguntas y respuestas, me apagaron el micrófono desde la consola con el claro propósito de que no continuara. Sucedía que, en esos instantes, yo compartía algunas reflexiones que varios escritores, como Rafael Acevedo, Ana María Fuster, Yván Silén, Elidio la Torre y Mario Antonio Rosa, entre otros, habían formulado como parte de una cadena de correos electrónicos, que llegó a difundirse hacia diferentes partes del hemisferio. Curioso por demás que al final de la velada se arremolinaran en torno a mí, los escritores más jóvenes en el auditorio. En lo puntualizado no estaba solo. Después, Julio César Pol hizo acopio de la información, y Eugenio García Cuevas, como editor de Diálogo, publicó una cuidadosa y equilibrada selección cronológica, que develaba como ocurrió el intercambio, y la importancia del mismo. 

 

Luego vino el boom de las bitácoras, y el colectivo Derivas impuso su presencia como plataforma amplia y diversa, creativa y original. De la mano de Axel Alfaro e Isabel Batteria, una serie de escritores publicaban con cierta regularidad. Aún están disponibles las ediciones especial que desarrollaron, tituladas Pulp, Cursi y Transversa. Entre los que integraban el equipo editorial figuraban Margarita Pintado, Mayra Rivera Rivera y Raquel Albarrán. Luego, nombres como Yolanda Arroyo, Jocelyn Pimentel, Xavier Valcárcel (que fundaría con Nicole Cecilia Delgado la valiosa propuesta Atarraya Cartonera), María de Lourdes Javier, José Borges y Ángelo Negrón, entre otros, fueron importantes a la hora de popularizar y fomentar el uso de bitácoras o blogs como espacios validos para forjarse una trayectoria propia, sin necesitar la bendición de “consagrados”. Lo que siempre intentábamos desde las páginas de Taller se convirtió en norma, y el espacio se democratizó. Así que no sería irracional preguntarse por los libros que saldrán de estas bitácoras. Todavía está por verse el impacto que han tenido las redes sociales, como Facebook o Twitter, en la difusión literaria.

 

La lupa focaliza en las piezas

 

Todo es nuevo y nada lo es. Aravind Anyathaya (Lajas) y Elidio la Torre (Septiembre), siguen los pasos de la Ana Lydia Vega de Falsas crónicas del sur. Sheila Candelario publica un libro híbrido (Instrucciones para perderse en el desierto) en el que la narrativa y la poesía conviven en las mismas páginas, propuesta que también había explorado Eduardo Lalo con su Libro de textos en 1992 y Edgardo Sanabria Santaliz con Las horas púrpura (1994). Si fue difícil configurar uno de los libros más emblemáticos del catálogo de Isla Negra Editores y de la literatura puertorriqueña, Cada vez te despides mejor de José “Pepe” Liboy, también guardó cierta complejidad toparse con la versión soterrada de Vindicación del miedo, de Camilo Santiago. En esta misma dirección, el santo grial del futuro le podría corresponder a libros que recojan, por ejemplo, la ciencia ficción de J.A. Bonilla, o las miniaturas metaforizadas de Juan Carlos Fred Alvira. Lo mismo apuntamos acerca de los claro-oscuros pasajes narrativos de Rodrigo López Chávez. Queda por ver que se hará con la centena de historias lúdicas realizadas por Ángelo Negrón, o con los relatos históricos de Amílcar Cintrón , y con las narrativas lunares de Sonia Gaia (Jacqueline Rivera). Tampoco podemos dejar de lado las propuestas que, con el paso de los años, hemos ido examinando de forma fragmentada o soterrada. Este ejercicio me permite asegurar que se colocarán en primer plano nombres como Stefan Antomattei, David Caleb Acevedo, Ana Teresa Toro, Sergio Carlos Gutiérrez , Axel Alfaro y Cezanne Cardona . Con estos nombres la apuesta está echada.

 

Sin duda, el canon actual se transforma en esta década y el nombre de Francisco Font irrumpe con dos títulos de excelencia: Caleidoscopio y La belleza bruta. Experiencia similar a la que Mayra Santos Febres experimentó en los 90’s cuando publicó Pez de vidrio y El cuerpo correcto. En el 2003, un veterano narrador de excelencia publica con seudónimo. Juan Carlos Quiñones “Bruno Soreno”, autor visceral e irreductible, que recientemente rompió el silencio tras el título que lo convirtió en escritor de culto, Breviario, vuelve a los lectores con Todos los nombres el nombre. Con el mismo aliento mítico y con cierto hálito lirico a lo René Marqués, se mueve la narrativa deliciosa de Emilio del Carril (Cinco minutos para ser infiel) y la de Rubis Camacho (Cuentos traidores). Nuestras fuentes confirman que Daniel Nina, autor de Charlie Gorra Strikes Back (1996) y aquí representado por la colección En tránsito y otros relatos, se ocupa actualmente del género ensayístico y afirma que no quiere volver a la narrativa corta. Lourdes Vázquez, constante y laboriosa, es reconocida en el Certamen Internacional de Cuentos Juan Rulfo y configura el libro La estatuilla. Con Alaska, una colección para nada insular, Rafa Franco gana el Certamen del Instituto de Cultura Puertorriqueña al mejor libro de cuentos en el 2006. Hugo Ríos Cordero, autor de Marcos sin retratos y A lo lejos, el cielo, es una presencia ineludible en el panorama desde que fue premiado en el Certamen de Cuento de El Nuevo Día (2002), tal como ocurrió en los 90’s con Juan López Bauzá. En esta selección es imposible ignorar el trabajo de Ana María Fuster Lavín. A lo largo de la década, la gestora de Borinquen Literario, no se cansa ni se agota, y vemos como su narrativa ha ido madurando. Tras las verdades caprichosas y el réquiem adquieren corporeidad inusual los Bocetos de una ciudad silente.

 

De los ya consagrados siempre esperamos algo. Antonio Aguado Charneco viene con la serie Docenas del hornero, con los Narcocuentos a la vuelta de la esquina. Los editores deberían ‘molestar’ de igual manera a Luis Rafael Sánchez, a Edgardo Rodríguez Juliá, a Luis López Nieves, a Magali García Ramis, a Edgardo Sanabria Santaliz, a Ana Lydia Vega y a Marta Aponte, para que suelten novedades en narrativa corta. De autoras como Vanessa Vilches, que nos regaló un libro redondo con Crímenes domésticos; de Sofía Irene Cardona, que da cierto aliento quijotesco a El libro de las imaginadas con respecto a la polifonía que configura el universo narrativo; de Yolanda Arroyo Pizarro, que particularmente con Ojos de luna dio un libro cuidado de la A a la Z; de Christian Ibarra haciendo de la mini ficción una obra de arte; y de Juan Luis Ramos, quien expulsa en Reyerta TV (y en otros cuentos inéditos) lo aséptico al lenguaje cuentístico, lo que le confiere la irreverencia y ‘suciedad’ necesaria para devorarnos con placer un libro de completa vitalidad; de cada uno de ellos esperamos más. Esta lista no contempla libros y autores que se estrenaron y destacaron durante el 2010, algunos producidos por empresas editoriales emergentes como La Secta de los Perros, Aventis y Agentes Catalíticos. Lina Nieves (Waltzen), Rubis Camacho (Cuentos traidores) Pablo Juan Canino (Mi hija es García Márquez), Luis Negrón (Mundo cruel) y Manolo Núñez Negrón (Cuentos del vértigo), serán evaluados, quizás, para la próxima selección. La que cubra del 2010 al 2030. J

 

Recopilaciones como las que se han realizado con la obra de Manuel Ramos Otero y Emilio Díaz Valcárcel son más que necesarias, pero es importante que no se trabajen a la ligera e incluyan estudios y valoraciones que contextualicen la importancia de estos escritores.

 

Es imperativo puntualizar que lo que verás aquí, lector, es una mirada general, una vista panorámica al amplio universo de libros de cuentos, publicados en Puerto Rico durante un periodo de 20 años. El mismo inicia en 1989 y culmina en el 2009. Por lo anterior, serán otros trabajos y otros espacios los que me permitirán, o le permitirán a otros, compartir esa mirada minuciosa, que se detenga título por título y autor por autor. Puntualizo, eso sí, que los libros incluidos en esta selección se caracterizan por lo ameno (con cuentos que te capturan y no permiten que los abandones), el buen uso del lenguaje y otros aspectos como estilo y originalidad. Al final incluyo, para quien desee indagar más en el tema, una breve bibliografía.

*

Libros de cuentos (1989-1999)

 

Mujeres trasplantadas, Julia L. Ortiz Griffin -Editorial Edil, 1989

El fuego de las cosas, Yvonne Ochart -Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1990

Falsas crónicas del sur, Ana Lydia Vega-Editorial, 1991

Tristes aunque breves ceremonias, Tomas López Ramírez -Editorial Cultural, 1991

Crónica sublime de la cotidianidad, Ricardo Alegría Pons- Ediciones Compromiso, 1992

Cuentos del sí y del no, Coqui Santaliz -Edición de autor, 1992

Sobre esta difícil tierra, Félix Córdova Iturregui -Ediciones Huracán, 1993

Las horas púrpura, Edgardo Sanabria Santaliz -Editorial Cultural, 1994

Las noches del riel de oro, Magali García Ramis -Editorial Cultural, 1995

Pez de vidrio, Mayra Santos Febres -Instituto de Estudios Ibéricos Un. de Miami, 1995

Amantes de dios, Ángela López Borrero -Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1996

Cuestión de Hombres, Benito Pastoriza Iyodo -The Latino Press, 1996

La fea de los mil rostros hermosos, Gisela Paoli -Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1997

La sustituta y otros cuentos, Juan López Bauzá -Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1997

Sendero Umbrío, Antonio Aguado Charneco -Editorial Guamareiito, 1998

Breves para videófilos, C. J. García -Isla Negra Editores, 1998

Historias tremendas, Pedro Cabiya (Diego Deni)-Isla Negra Editores, 1999

La casa de la loca, Marta Aponte Alsina -Sopa de letras, 1999

 

Libros de cuentos (2000-2009)

 

La verdadera muerte de Juan Ponce de León, Luis López Nieves -Editorial Cordillera, 2000

Septiembre, Elidio La Torre Lagares -Editorial Cultural, 2000

¡Todos los hombres son iguales!, Juan Carlos Rueda -Endikú Ediciones, 2000

Ya vienen a buscarme, José Manuel Solá -Ediciones Bairoa, 2001

Breviario, Juan Carlos Quiñones (Bruno Soreno) -Isla Negra Editores, 2002

Lajas, Aravind Enrique Adyanthaya -Isla Negra Editores, 2002

En tránsito y otros relatos, Daniel Nina  -Isla Negra Editores, 2002

Marcos sin retratos, Hugo Ríos Cordero -Isla Negra Editores, 2003

Cada vez te despides mejor, José Liboy Erba -Isla Negra Editores, 2003

Estriptís y otros despojos, Javier Bosco -Ediciones Callejón, 2003

La estatuilla, Lourdes Vázquez -Editorial Cultural, 2004

Cuerpos sin delito, Walter J. Mucher Serra -Publicaciones Gaviota, 2004

Intento dibujar una sonrisa, Mario Cancel -Terranova Editores, 2006

8% de desk-cuentos, Carlos Vázquez Cruz -Cambridge BrickHouse Books, 2006

Nocturno y otros desamparos, Moisés Agosto -Terranova Editores, 2006

Cinco minutos para ser infiel, Emilio del Carril -Editorial Pasadiso, 2007

Alaska, Rafael Franco Steveens-Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2007

 

Ojos de luna, Yolanda Arroyo Pizarro -Terranova Editores, 2007

Bocetos de una ciudad silente, Ana María Fuster -Isla Negra Editores, 2007

La belleza bruta, Francisco Font -Editorial Tal cual, 2008

Crímenes domésticos, Vanessa Vilches Norat -Editorial Cuarto Propio, 2008

El libro de las imaginadas, Sofía Irene Cardona -La Editorial, 2008

La vida a ratos, Christian Ibarra –Aventis, 2008

Reyerta TV, Juanluís Ramos -Agentes Catalíticos, 2009

 

Recopilaciones

 

Antología personal, José Luis González -La Editorial, 1990

Cuentos de buena tinta, Manuel Ramos Otero-Instituto de cultura puertorriqueña, 1992

Cuentos completos, Emilio Díaz Valcárcel -Editorial Alfaguara, 2005

 

Bibliografía

Revistas

 

Taller Literario (Primera serie), Colectivo Taller Literario,  Carlos Esteban Cana, director, 1992-1999.

Posdata, Número extraordinario 10-11, Dossier Narrativa joven, Cuba/ Puerto Rico, 1995.

El sótano 00931, Colectivo literario. Julio César Pol, director, Volúmenes I-V -2000-2005.

Derivas.net, editores Axel Alfaro e Isabel Batteria.

 

Antologías

 

El rostro y la máscara, 1989, Isla Negra Editores.

Mal (h) ab (l) ar, Edición al cuidado de Marcelino Resto y Mayra Santos Febres, Fund. puertorriqueña de las humanidades, 1997.

Te traigo un cuento, compilador Luis López Nieves, Editorial Universidad de Puerto Rico, 1997.

Los nuevos caníbales, edición a cargo de Carlos Roberto Gómez, Isla Negra Editores.

Expresiones, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2003.

Cuentos de oficio, Antología de cuentistas emergentes, Mayra Santos-Febres, editora, Terranova Editores, 2005.

Cuadernos del taller, Proyecto para el fomento del quehacer literario, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2000, 2005.

En el vientre de una isla, Taller El barco de Tinta China, Amílcar Cintrón Aguilú -Co-edición Bianchi editores y Ediciones Pilar, 2006

 

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publicado por islanegra a las 14:31 · 1 Comentario  ·  Recomendar
 
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Excelente ensayo sobre el cuento en Puerto Rico. Bajo libros de cuentos (2000-2009) debe incluirse Nena, nena de mi corazon de Benito Pastoriza Iyodo. ¿Han sido incluido los poemarios de este poeta puertorriqueño en Revista Isla Negra? Algunos de los libros...Cartas a la sombra de tu piel, Elegias de septiembre, Lo coloro de lo incoloro, Prostibulo de la palabra,etc. Carlos, excelente ensayo!
publicado por Bradley Warren Davis, el 17.05.2012 12:30
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