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20 de Julio, 2012 · General

Estado y Revolución

 

el caso Paraguay

Tito Alvarado


Pudiera iniciar este escrito con la justificación de que hablar de estado y revolución es casi una tarea imposible dada mi situación de no académico, lo cual no aportaría mucho a la comprensión del problema, pudiera decir que me faltan datos, pero eso siempre será una constante, pues nunca tendremos todos los datos o peor aún pudiera escudarme en la ley del menor esfuerzo y dejar a otros que digan lo suyo, sin embargo ninguno de los tres casos me dejaría conforme. Los hechos están, solo falta atreverse a mirarlos de frente y esbozar unas conclusiones. Soy de los que no tienen nada que ganar ni nada que perder, entonces, me atrevo a pensar con cerebro propio.

Lamentable es comprobar que una vez más los poderes han resuelto las cosas contra la voluntad de las mayorías. Antes fue en El Salvador, Bolivia, Guatemala, Nicaragua, República Dominicana, Chile, Panamá, Haítí, Honduras, ahora repiten en Paraguay lo que antes habían hecho con Raúl Alberto Cubas Grau (como bien nos lo recordara Gabriel Impagliones en su artículohttp://proyectoculturalsur.net/paraguay-22j-0-el-golpe-de-las-trasnacionales/, Cubas asume la Presidencia de Paraguay en 1998, es destituido en 1999). La lista de atropellos e imposiciones es larga y las formas variadas, en todos estos casos hubo intentos de que la mayoría asumiera el poder para beneficio de la mayoría, invariablemente en todos estos casos no se logró entender como funciona la dialéctica del poder ni se entendió plenamente lo que es el estado y cual debe ser la misión inmediata de quienes asumen su control, si quieren de verdad cambiar las reglas del juego. En definitiva pudiera decirse que en estos acontecimientos, por variados factores, no se avanzó hacia darle poder al pueblo. Más aún, debemos decir que se ve un claro sello de buena intención (la misma que en el dicho popular pavimenta el camino del infierno) y escasa o nula capacidad para conquistar todo el poder y traspasarlo al pueblo o peor aún, en muchos casos el pueblo simplemente fue adorno y no actor decisivo.

Si de lamentar se trata, es lamentable leer mensajes de solidaridad que se quedan solamente en las palabras o artículos que dan cuenta del problema sin atreverse a proponer soluciones. Es como si nos hubiéramos acostumbrado a mirar sin intervenir en lo que pasa. Se expresa una solidaridad que no logra movilizar a millones de seres humanos o se nos dice donde nos aprieta el zapato. Ya no podemos seguir el camino de la solidaridad superficial ni quedarnos en los análisis sin propuestas de solución.

Hace la nada de 95 años Lenin escribió El Estado y la revolución. 95 años son mucho tiempo para quienes viven acosados por la pobreza, para quienes sufren enfermedades y otras muchas desgracias, es un hermoso tiempo para quien ha tenido la posibilidad de hacer un destino a la medida de las necesidades humanas, es un desperdicio para aquellos que tienen inmensamente más de lo que están en condiciones de gastar, pero en relación al periodo que las ideas requieren para madurar, en relación a lo que toma producir un cambio de paradigma en la realidad social, puede ser poco y es desde este poco que dicho libro tiene hoy plena vigencia.

Lenin, a partir de la ideas de Marx y Engels, analiza, polemiza y demuestra lo que es el estado y como este deja de tener sentido en una revolución. Confieso que tenía una idea bastante alejada de lo que el libro dice, uno de los puntos centrales del libro es la lucha contra las distorsiones del marxismo. La fuerza de la ideología dominante se ha encargado de distorsionar lo que en esencia dice Lenín y muchos se empantanan cuando allí se dice que el ejercicio del poder de la clase dominante es una dictadura contra la mayoría, la revolución no puede ser otra cosa que la fuerza organizada de la mayoría para aplastar a la minoría a esto se le llamó dictadura del proletariado, lo cual nos dice que la mayoría ha de dotarse de los medios para imponer su voluntad a la minoría, la misma que en tantos años de historia en América ha demostrado ser lo que es y usar los medios y artificios que usa para mantenerse en el poder. Pudiera concordar con algunos en que los términos puedan estar obsoletos, pero la esencia sigue intacta. En una sociedad organizada para el disfrute desigual de la riqueza que la sociedad toda produce, se da el ejercicio desigual del poder y hay desarrollados mecanismos de fuerza que lo amparan, así como un legado ideológico que se transmite con la ideología de quienes están en los poderes.

Cuando hablamos de esencia en el libro de Lenin: El Estado y la revolución la vemos en dos direcciones: una es el combate contra los que profesionalmente distorsionan el marxismo y la otra es demostrar que “El estado es una organización especial de la fuerza, una organización de la violencia para reprimir a una clase cualquiera.”*

En estos 95 años el mundo ha vivido de todo, tanto desastres como asaltos al cielo, quizá al mayor asalto al cielo se trastocó, después de setenta años, en el peor desastre, silencioso, pero mucho más mortal de las dos guerras mundiales juntas. Les recuerdo que entre los siete mil millones de seres humanos, ya dos mil no tienen la certeza de sentirse seres humanos, pues nadie cuya vida sea un eterno presente de vivir sobreviviendo, con el equivalente a dos dólares al día, puede tener conciencia de que es un ser humano. El nuevo orden mundial produce a diario muerte por variados medios: guerras, invasiones, plagas, intervenciones armadas, crisis económico-financiera, cambios climáticos, etc.

En este periodo de casi un siglo, lejos de avanzar en la sublime posibilidad de ver crecer la hierba, es decir de ver el movimiento con las herramientas para el conocimiento que nos da la dialéctica, se ha entronizado en las muchas izquierdas y en la sociedad, la idea imperial de que todo es fotografía, es decir de que no hay relación de unos hechos con otros. En esta distorsión del ver y del actuar han desaparecido conceptos imprescindibles para conocer el mundo y encontrar, en el laberinto actual, las soluciones. Es hora de volver a las fuentes e intervenir en la realidad para cambiarla.

Un resumen apretado de El Estado y la Revolución puede ser que el estado surge cuando surgen las clases sociales, que es el ejercicio del poder de una clase contra otras, que es una máquina burócratico - militar. De este ponerse al día acerca de lo que es el estado, el mismo que se presenta con los velos de la ideología dominante como si fuera una organización por encima de las clases y que está al servicio de todos, podemos deducir que el problema del estado es el problema del poder y el problema del poder es que este está siempre en disputa y por lo mismo está siempre ejerciéndose de acuerdo a los intereses de quienes lo sustentan, es decir el estado no está al margen de las clases, está al servicio de la clase que detenta elpoder. Esto nos dice a las claras que la democracia es más una figura literaria que una realidad. No puede existir ejercicio del poder de la mayoría si esta mayoría está excluida de los centros decisionales en lo económico, en lo político, en lo ideológico y hasta en lo religioso.

Lo que cuesta ver es que en este ejercer el poder hay unas personas que le agregan o quitan ciertas cuotas de sabrosura personal, es lo anecdótico cultural que lo diferencia, pero esto no significa que pierda la esencia de lo que en realidad es el estado, una maquina para imponer la voluntad del sector social, o mejor dicho de la clase que está en el poder. El estado es el aparato con que se manifiesta el poder de la clase dominante, es la fuerza organizada de una clase contra otras. Esta fuerza organizada cuenta con una burocracia, eficiente a los fines de la clase en el poder; con un ejército, parasitario en un 99%, pero a la hora decisiva está en la represión de su propio pueblo; con los medios de información masiva; con la ideología que oculta la trama de como se ejerce el poder, justificandolo como moral, natural o por la gracia divina y cuenta con el control de los medios de reproducción de la ideología dominante: leyes, sistema educacional, iglesia, etc.

En Paraguay han confluido muchos factores que permitieron la llegada a la jefatura del gobierno de una persona progresista, es decir una persona con “buenas intenciones”. Uno de estos factores fue la división de la derecha, la imposibilidad de la izquierda de llegar solos al “poder”, la debilidad de la lucha ideológica, la ignorancia política de cientos de miles de personas que se sitúan al margen de todo. El hecho es que luego de negociaciones y alianzas variopintas, se logra un tremendo paso en la elección de Lugo como Presidente, pero sin un programa movilizador, sin una fuerza propia en la forma que sea, sin apoyo en el parlamento, sin un conocimiento de lo que es la máquina del estado, sin un plan definido que permita lograr participación popular en el proceso de cambios, es decir con solamente buena voluntad. El poder real seguía estando en manos de los mismos de siempre. Nada de lo que se propusiera Lugo tenía posibilidad de triunfo. Para colmo no había la visión de que era posible asumir la totalidad del poder. Se acepta el fatalismo de lo que hay, sin asumir que con imaginación podemos cambiar las realidades y hacer posible lo que parece imposible

En este año 2012, en junio, se ha producido un evento funesto que nos sitúa en la verdad de donde está el país, donde los poderes, donde los intereses de uno y otro grupo. Sabemos que Paraguay esta situado en la parte Sur de América, lo que no saben los paraguayos es que ellos son sudamericanos, sabemos nosotros que se ha entrado en el tercer milenio y que llevamos 12 años del siglo XXI, pero los potentados de allí están en el siglo pasado, bajo el estricto control de Stroessner.

En América nos encontramos en este momento en que todas la probabilidades están abiertas. Nadie puede decir a ciencia cierta hacia donde va el continente, aunque millones quisiéramos que el futuro sea lo más parecido a la canción imagina,de John Lennon. Lo que se avanza en un lado se retrocede en otro, el imperio está golpeado de muerte, pero actúa como si nada, dando golpes duros y las fuerzas progresistas están ocupadas con lo urgente, sin tiempo para dedicarlo a lo importante, que es aprovechar los gobiernos progresistas para una mayor educación, organización y lucha ideológica. Los gobiernos progresistas son solamente un veranito de San Juan, puede y deben servir perfectamente para avanzar en la organización y participación plena de la gente en pos de soluciones reales a sus problemas, en otras palabras es un respiro para continuar la lucha por el poder.

Una reivindicación justa termina en una matanza. La movilización campesina pudo tener otro desenlace, pero una vez más, como escribiera Yuri Zambrano, los muertos los pone el pueblo. 17 fueron los muertos, nadie sabe decir con absoluta certeza de donde vinieron los disparos. Sin embargo este detalle no nos impide decir que había un gobierno progresista, sin control de los poderes en que se manifiesta el estado, con un vice presidente que era un enconado enemigo hasta que se hizo con el poder del gobierno, había una ley que no se respetaba y existían organizaciones gubernamentales responsables de implementar la ley de reforma agraria, que sin duda debía entregar la tierra a la gente que la necesita.

En esta realidad, unos campesinos se toman una tierra que les parece, en justicia y en derecho, debe ser suya, pero de hecho es del miserable 2%, este moviliza su poder y llega un número superior de fuerzas represivas a enfrentar campesinos desarmados. Se produce un tiroteo y resultan muertos campesinos y policías. ¿estaban armados los campesinos? ¿la policía abrió el fuego y los campesinos respondieron? Aunque no se tengan los detalles hoy sabemos que había francotiradores que dispararon hacia ambos lados para crear una situación tal que les permitiera la jugada de destituir, desde el parlamento, al presidente elegido democráticamente.

En resumen, la continuación ha sido el golpe parlamentario, el nombramiento como presidente de quien es el más seguro instigador del golpe. Volvemos a una situación pre gobierno de Lugo con 17 muertos en los campos.

Aquí vemos claramente como se ha movido la fuerza que es el estado, apenas un 2 %, los terratenientes, han orquestado todo y echado por tierra el gobierno de las buenas intenciones. En definitiva se ha expresado la dictadura del capital, ahora falta pasar de los lamentos a la expresión de la revolución, para ello se requiere la decisión de luchar hasta las últimas consecuencias por el poder. Lugo tenía el gobierno, pero sin poder real, pues el poder del estado estaba y está en manos de aquellos que no entienden de razones justas ni les importa el destino del resto de la sociedad. El de Lugo era un gobierno sin estado o lo que es lo mismo, un estado con gobierno en las sombras. La buena voluntad se vuelve nada a la hora de pasar a acciones mayores, como la defensa de los intereses de la mayoría.

Lo que este incidente nos dice es que los poderes, es decir el poder de ellos, la democracia de ellos, las fuerzas armadas de ellos, los periódicos de ellos, la justicia de ellos, la iglesia de ellos, toman la realidad como un campo de operaciones y recurren a su mejor inventiva para volver e ejercer el poder directamente. Esto es lucha de clases, salvo que ellos actúan en bloque, aunque nos hagan creer que estas divididos y nosotros en cambio, actuamos divididos, aunque quisiéramos hacer creer a los poderes que somos una sola una fuerza con una férrea decisión.

Este hecho ha de servirnos para adelantar un paso hacia nuestras metas, el primero es que todas las formas de lucha han de servir al cambio social, la segunda es que sin lucha ideológica, poco se avanza en la lucha política y económica, la tercera lección es que hay que organizar desde las visiones de la gente de Paraguay (esto vale para todos nuestros pueblos) un movimiento por el cambio de paradigma social, la cuarta lección es que ese cambio debe ser desde la cultura y hacia la cultura, la quinta lección es que la solidaridad debe levantarse para incluir al pueblo paraguayo junto a los pueblos del continente y del mundo, excluyendo a los poderosos que ya ni son paraguayos ni son poderosos, pero contribuyen a mantener el estado de cosas que les beneficia a ellos en parte y a los intereses del imperio (que son los intereses del capital financiero) en gran parte.

La piedra en el zapato es cómo superar este momento y pasar a la ofensiva, el dilema es o aprendemos y avanzamos o los amos siguen en su juego de muerte hasta que sea demasiado tarde. Es hora que veamos la relación de todos los acontecimientos. El drama mayor de la civilización es asunto de vida o muerte y esto nos incumbe a todos. El problema parece tener dos espinas a sacar del cuerpo de ideas de las fuerzas que están por la vida: el discurso y la acción de los que no están tan mal como para querer los cambios ahora mismo, que en muchos casos son los que a la hora decisiva enfrían los ánimos, y la unidad en la diversidad de quienes si creemos que se puede y se debe ir más allá y más rápido. El comienzo de la solución pudiera estar en construir poder desde abajo a partir de las necesidades de la gente, lo cual requiere dejar en el basurero de la historia los liderazgos pequeños, los prejuicios anticomunistas y buscar en los resultados de la acción, la fuerza para seguir avanzando.

Ya basta de poner los muertos, ahora queremos soluciones y estas pasan por que sea el pueblo el que ejerza el poder, el asunto es que solamente podemos lograrlo con un movimiento que incluya a todos y que luche desde todos los ángulos. Quizá la consigna pudiera ser si no hay solución, hay revolución, todo el poder al pueblo.

* El estado y la Revolución, Lenin. Editorial Progreso, 1976, página 23.


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26 de Agosto, 2011 · General

Hans Magnus Enzensberger

 

 

 

La revolución envejece

 

Han pasado treinta y cinco años de la derrota de la revolución española. Quien quiera seguir sus huellas, día a día, debe leer Solidaridad Obrera, el diario más importante de Barcelona  en su tiempo. En un subsuelo en el Herengracht de Ámsterdam hallará sus amarillentos pliegos, en grande carpetas polvorientas; y en los cuatro pisos superiores encontrará todo cuanto se ha escrito, impreso y encuadernado sobre la revolución española. El Instituto de Historia Social Internacional conserva la historia de sus victorias y derrotas. Cartas y octavillas, decretos e informes testimoniales, frágiles folletos: una melancólica inmortalidad. Pero no sólo la letra muerta, sino también las huellas de los sobrevivientes, se encuentran aquí: antecedentes personales, recuerdos, direcciones; referencias que llevan muy lejos: a los tristes arrabales de la ciudad de México, a los apartados pueblos de las provincias francesas, a las buhardillas de París, a los traspatios de los barrios obreros de Barcelona, a las deslucidas oficinas de la capital argentina y a los graneros de Gascuña.

 

El ebanista Florentino Monroy, exiliado en Francia, va con sus setenta y cinco años de uno a otro castillo. No cobra pensión para la vejez. Vive de reparar los armarios taraceados de los decrépitos aristócratas de la región.

 

Detrás de una droguería, en el somnoliento suburbio parisiense de Choisy-le-Roi, en el patio interior de la calle Chevreuil número 6, los anarquistas españoles han instalado una pequeña imprenta. Allí imprimen los carteles cinematográficos de las aldeas de provincia, e invitaciones para bailes de máscaras, pero también sus propias revistas y folletos.

En alguna parte de Latinoamérica trabaja Diego Abad de Santillán, en una pequeña editorial. En otra época uno de los hombres más influyentes de Cataluña, más tarde un enconado crítico de la CNT dentro de sus propias filas, hoy un hombre sereno, dispuesto a ayudar, un gran fumador de pipa.

 

Ricardo Sanz, obrero textil de Valencia, uno de los antiguos “Solida- rios”, vive de una renta de 300 francos, solo en una sombría casa de campo a orillas del Garona; hace más de treinta años el dirigió, como sucesor de Durruti, una división de las milicias anarquistas. Muestra a sus visitantes las reliquias de la revolución: la mascarilla de Durruti, las fotos que guarda en la cómoda y en las alacenas llenas de ejemplares de sus libros, que él mismo ha editado en una imprenta propia.

 

Pero la mayoría han muerto. Se supone que Gregorio Jover vive aún, en alguna parte de América Central. Se desconoce el paradero de los demás.

En el viejo patio de una fábrica, en Toulouse, se encuentra el cuartel general de la CNT en el exilio. Después de subir unas gastadas escaleras se llega al “Secretariado Intercontinental”. Al lado de una pequeña librería, en la cual se encuentran raros folletos de los años treinta y cuarenta y las singulares y edificantes novelas de la “Biblioteca Ideal”, Federica Montseny ha instalado su oficina, donde sigue limando sus discursos y editoriales, infatigable como hace décadas.

 

Es un mundo aparte, muy disperso geográficamente, y sin embargo estrecho: un mundo con sus propias reglas, su código de preferencias y aversiones, donde cada uno sabe lo que hace el otro, incluso cuando hace años que no se ven. Este mundo de los viejos compañeros no está exento de frustración y celos, de desavenencias y alienación, los estigmas de la emigración. El promedio de edad es alto; los rumores y  novedades se difunden fácilmente y persisten con tenacidad; el recuerdo se ha solificado hace tiempo; todos saben de memoria cuál fue su papel durante los años decisivos; también pagan su tributo a la obstinación y pérdida de la memoria típicas de la vejez.

 

Pero esta revolución vencida y envejecida no ha perdido su integridad. El anarquismo español, por el cual han luchado toda su vida estos hombres y estas mujeres, nunca ha sido una secta al margen de la sociedad, una moda intelectual ni un burgués “jugar con fuego”. Fue un movimiento proletario de masas, y tienen menos que ver con el neoanarquismo de los grupos estudiantiles actuales, de los que manifiestos y consignas hacen suponer. Estos octogenarios contemplan con sentimientos contradictorios el rena- cimiento que experimentaron sus ideas en el Mayo de París y en otras partes. Casi todos han trabajado toda su vida con sus manos. Muchos de ellos van aún hoy todos los días a las obras y a la fábrica. La mayoría tra- bajan en pequeñas empresas. Declaran con cierto orgullo que no dependen de nadie, que se ganan la vida por sí mismos; todos son expertos en su especialidad. Las consignas de la “sociedad del tiempo libre” y las utopías del ocio les son ajenas. En sus pequeñas viviendas no hay nada superfluo; no conocen la disipación ni el fetichismo del consumo. Sólo cuenta lo que puede usarse. Viven con una modestia que no los oprime. Ignoran tácita – mente las normas del consumo, sin entrar en polémicas.

Las relaciones de los jóvenes con la cultura les inquieta. Les parece incom- prensible el desprecio de los “situacionistas” hacia todo lo que huele a “ilustración”. Para estos viejos trabajadores, la cultura es algo bueno.Esto no es nada sorprendente, ya que ellos conquistaron el abecedario con sangre y sudor. En sus pequeñas habitaciones oscuras no hay televisores, sino libros. Ni en sueños se les ocurriría arrojar el arte y la ciencia por la borda, aunque sean de orígen burgués. Tampoco comprenden el analfabe- tismo de un “escenario” cuya conciencia está determinada por los “comics” y la música “rock”. Omiten sin comentarios la “liberación sexual”, que copia al pie de la letra antiquísimas teorías anarquistas.

 

Estos revolucionarios de otros tiempos han envejecido pero no parecen cansados. Ignoran lo que es la irreflexión. Su moral es silenciosa, pero no permite la ambigüedad. Están familiarizados con la violencia, pero miran con profunda desconfianza el gusto por la violencia. Son solitarios y desconfiados; pero una vez traspasado el umbral de su exilio, que nos separa de ellos, se abre un mundo de generosidad, hospitalidad y solidaridad. Cuando uno los conoce, se sorprende al comprobar cuán poca desorientación y amargura hay en ellos; mucho menos que en sus jóvenes visitantes. No son melancólicos. Su amabilidad es proletaria. Tienen la dignidad de las personas que nunca han capitulado. No tienen que agradecerle nada a nadie. Nadie los ha “patrocinado”. No han aceptado nada, ni han gozado de becas. El bienestar no les interesa. Son incorrupti-bles. Su conciencia está intacta. No son hombres acabados ni neuróticos. No necesitan drogas. No se autocompadecen. No lamentan nada. Sus derrotas no los han desengañado. Saben que han cometido errores, pero no se vuelven atrás. Los viejos hombres de la revolución son más fuertes que el mundo que los sucedió.”

 

                          (El corto verano de la anarquía. Vida y muerte de Durruti”)

 

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publicado por islanegra a las 10:10 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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