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Revista Isla Negra
Casa de Poesía y literaturas
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25 de Noviembre, 2016 · General

entrevista del poeta Rolando Revagliatti a Gabriel Impaglione:

Palabras claves , , ,
publicado por islanegra a las 06:36 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
30 de Octubre, 2014 · General

María Rosa Maldonado: sus respuestas y poemas


Entrevista realizada por Rolando Revagliatti

María Rosa Maldonado nació el 4 de febrero de 1944 en Barcelona, España, y reside desde 1949 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Argentina. Nacionalidad: argentina-española. Es Profesora de Filosofía, Psicología y Ciencias de la Educación. Desde 1989 coordina talleres de poesía y narrativa. Algunos de los seminarios y conferencias que ha dictado desde 1996 han sido “El Mito de Prometeo”, “El Origen del Teatro Griego”, “Filosofía Oriental: Hinduismo, Budismo, Taoísmo y Budismo Zen”, “Carlos Castaneda, El Chamanismo Americano”, “Kafka y la Filosofía de Zenón de Elea”, “La Filosofía de Baruch Spinoza”. Entre otras distinciones obtuvo el Primer Premio del Concurso de Poesía “La Nación” de 1988, por su poemario 

“Hasta que despertar es imposible” y el Segundo Premio Género Poesía, bienio 2002-2003,

otorgado por el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sus críticas bibliográficas y otras colaboraciones se difundieron, por ejemplo, 

en los diarios “La Prensa” y “La Nación” (de la ciudad donde reside), en “La Gaceta” de la capital de la provincia de Tucumán, en el bonaerense “El Tiempo”, de Azul, y en las revistas “Letras de Buenos Aires”, “La Guillotina”, “Napenay”, “Tamaño Oficio”, “Generación Abierta a la Cultura”, “Tsé-Tsé”, “Mandorla”, “Aldebarán”, “Kokoro”. En 1996 fue invitada y participó en el “IV Festival Latinoamericano de Poesía” en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Publicó “Poemas” (1977), 

“Hasta que despertar es imposible” (1989), “El esplendor ajeno de las cosas”(1992), “el zumbido de Dios” (2002), “atzavara” (Kriller71 Ediciones, Barcelona, España, 2012), en el género poesía, y permanecen inéditas dos novelas: “El viaje a Mataró” y “La novela de Marito”.

           1 - Resulta, María Rosa, que justo en mayo de este año he estado por

primera vez en tu ciudad natal. (Quien lo desee podrá hallar en la Red reportajes en los que explicás sobre las circunstancias que impulsaron a tu familia a venirse y cómo se fueron insertando en el nuevo paisaje.) Muchas veces has ido para allá. Sería interesante que nos trasmitas de qué modo ha ido cambiando Barcelona, desde tus recuerdos de niñita hasta tu último viaje.

          MRM – Rolando, creo que, habiendo estado en mayo de este año en Barcelona,

vos estás en mejores condiciones que yo para hablar de ella como ciudad. Nada puede mejorar la primera mirada. En su libro “Las ciudades invisibles”

describiendo una de ellas, Fílides, Ítalo Calvino destaca esa condición que tienen de ir desapareciendo a medida que se prolonga nuestra permanencia. De ir convirtiéndose en una página en blanco con puntos concretos de referencia en los que cumplir con las rutinas cotidianas. Sin más cúpulas ni preciosas callejuelas ni fuentes ni glorietas.

          Es cierto que ese no es mi caso, ya que no vivo en Barcelona y mis visitas no son en realidad tantas ni de gran duración.

          Pero, por otra parte, en el mencionado libro, Calvino afirma por boca de Marco Polo: “Nadie sabe mejor que tú, sabio Kublai, que no se debe confundir nunca la ciudad con el discurso que la describe.”

          Sin embargo, creo que tu pregunta se desplaza hacia la subjetividad de mi memoria y entonces toca esa confusa y ambigua relación que durante muchos años he sostenido con mi ciudad de nacimiento. Y desde ahí sí creo que puedo intentar decir algo.  No de los cambios de Barcelona, sino de la perspectiva interna desde donde fui mirándola, sintiéndola.

Barcelona es, primero, y sin nombre, el cuerpo de mi madre, la lengua materna –castellano-, la galería donde jugaba con mi hermano a bañar y aceitar a nuestra tortuga, las plantas carnosas del balcón de mi iaia de las que salía un jugo verde cuando les clavaba mis uñas de tres, cuatro años, la balsa donde me bañaba sostenida por las manos de mi padre y rodeada por todos los insectos del verano –en el agua y fuera del agua- , el olor a cemento húmedo, a ajos, cebollas y patatas, del cuartito de las herramientas en el terreno de fin de semana de Esplugas de Llobregat. Esas primeras sensaciones guardadas y, seguramente, alteradas por la memoria de la memoria. Barcelona comienza a ser una generalización abstracta, con el alejamiento. La desterritorialización, en mi conciencia de niña, territorializó el lugar del que partimos. Concibió una comarca, la comarca abandonada, con un nombre: Barcelona. Generó una primera noción de lugar, pre-geográfico. Muchos inmigrantes lloran el resto de su vida por la añoranza de su tierra, otros no desean ni siquiera volver a oírla nombrar. En mi caso, mis padres construyeron el mito y Barcelona adquirió la categoría de paraíso perdido al que pronto íbamos a volver. El jamón de acá era carne cruda, las sardinas no las quería ni el gato, y qué decir de las rústicas panaderías de Lanús!  Las de allá parecían joyerías de lo bien que presentaban sus escaparates. Nada soportaba la comparación. Ni las cosas ni la gente.

          Y sin embargo, y sin embargo, las grandes zanjas de los fondos de Remedios de Escalada, cerca del club Talleres, abiertas en campo abierto, donde, con latas de tomate agujereadas, mi hermano y yo pescábamos mojarritas, tienen tanta sustancia metafísica como la balsa de agua de Esplugas de Llobregat. Una manera de decir.

          Y bien, ya estamos acá, en Argentina, y Barcelona es una abstracción a la que me religa el discurso de los padres, las cartas que van y vienen al ritmo de los grandes trasatlánticos y el recuerdo afectuoso de los tíos, los primos, los amiguitos y la iaia.

Durante muchos años España y Barcelona fueron sinónimos. Buenos Aires 

y Argentina también. Se trataba de acá y allá. Océano en el medio.

          Así pasó mi infancia, la escuela primaria y la secundaria, y el aprendizaje delimitó áreas, intelectualizó contenidos, fundamentó diferencias. Y profundizó el conflicto. La evidencia de que no había regreso no produjo el arraigo. O, mejor dicho, la conciencia del arraigo. Éramos extranjeros, y diferentes.

          A los dieciséis años, terminado el bachillerato, mis padres me enviaron a Barcelona.  Por primera vez andaba por mi ciudad de nacimiento mirando y admirando. Compartiendo con mis primos paseos y bailes. Pero yo era “la prima de América”. Y, por la calle, me consideraban una turista. Por mi acento. Por mi lenguaje. Porque me sentían diferente. No era como ellos. ¿Y cómo era? ¿Cómo se construye un yo sino con los materiales humanos con los que se va encontrando e interactuando la conciencia, su modo único de procesarlos?

Hace tiempo me contaron la historia de un hombre que salió de su pueblo en los primeros años de su juventud y al que regresó siendo mayor, digamos bastante mayor. Cuando llegó al pueblo no lo reconoció. Este no es mi pueblo, dicen que dijo. Un habitante de allí le preguntó cómo era posible que no lo reconociera si ni siquiera una piedra había sido cambiada de lugar en los últimos cien años: el mismo almacén en la esquina de la plaza, la misma iglesia, etcétera. A lo que nuestro hombre respondió que sí, que era posible que estuvieran las mismas casas y las mismas calles, pero que no estaban las mismas personas. Las que le daban alma al lugar. Aquellas que él había conocido y con las que había compartido su niñez y adolescencia. Ni don Ramón, ni don Nicanor, ni Marta ni Juancito…

Un lugar está significado por los vínculos humanos que generamos en él.

       

Y como a la vida le gusta tender hilos de un sitio a otro, y tejer y destejer tramas, ahora tengo una razón poderosa para volver a mi ciudad de nacimiento, sin necesidad de seguir preguntándome cuál es nuestra relación. Ahora, mis vínculos afectivos están equitativamente divididos entre Buenos Aires y Barcelona. Si tuviera el don de la bilocuidad, viviría en ambas ciudades. 

Pero ya no me pregunto a cuál de ellas pertenezco.  

La pertenencia es tranquilizadora, pero demarca. 

Uno no pertenece. Uno es su historia. Cuando una pregunta no puede responderse, tal vez la dificultad no esté en la respuesta sino en la incorrección de la pregunta misma.

Pienso en ésas increíblemente ingenuas –por no usar otro calificativo- que se

suele -o solía- hacer a los niños: a quién querés más, a tu mamá o a tu papá? de quién sos, de tu mamá o de tu papá?  Respóndalas el posible lector.

 Barcelona ha crecido, se ha enseñoreado en su propia belleza, en su geografía

privilegiada, en el legado de creadores como Antonin Gaudí, en la pluralidad de voces que la pueblan. Me encanta pasear por las Ramblas, ir al Mercado de la Boquería, contemplar una y mil veces la Sagrada Familia, caminar hasta el puerto saludando de paso a Colón, bañarme en el Mare Nostrum. Pero lo que me lleva a Barcelona y no a París, Roma o San Petersburgo, es el amor. Clara, sencillamente.

         

En cuanto a las ciudades, creo que hay diferentes formas de relacionarse con ellas. Puede uno buscar diversión (lo diverso, le divertissement de Pascal)  y visitarlas como turista. O puede uno viajar para buscar en ellas, en su arquitectura, en su música y, sobre todo, en sus gentes, la pluralidad de formas en las que se manifiesta el espíritu humano, ahora y a lo largo de toda la historia. Y, tal vez así, abrir un poco las propias perspectivas.

          2 – Has sido miembro fundador del Grupo “Informal”, dedicado a la divulgación de las artes, y de la Asociación de Poetas Argentinos –la que pronto cumplirá 25 años-, ocupando el cargo de Vicepresidenta en su período inicial. La condición de co-fundadora invita naturalmente a sugerirte que nos transfieras todo lo que recuerdes de aquellos tiempos, de aquellas iniciativas; y quiénes fueron, en cada caso, los otros impulsores.


        MRM – “Informal”

surge de una iniciativa de Osvaldo Moro. “Informal” fue Osvaldo Moro. La idea central, según sus propias palabras, era la de ayudar a la gente que no tenía cabida en los medios oficiales de difusión a divulgar su obra. Nace en 1981, en la calle, en una peña folklórica. Siempre con la característica de poder mostrar creadores poco conocidos, junto a gente de experiencia. Unos meses más tarde se iniciaron las reuniones de los sábados en el bar “El Conventillo” de Varela 60, en el barrio de Flores. Allí se realizaban lecturas de poemas y cuentos. Lecturas concertadas y lecturas espontáneas. Y siempre había una muestra de pintura y una presentación musical.

         

Pasaron por “El Conventillo”  reconocidas figuras de la literatura y la plástica como Abelardo Castillo, Alberto Girri, Juan José Hernández, Olga Orozco, Antonio Di Benedetto, Horacio Castillo, Dalmiro Sáenz, Celia Gourinski, Alfredo Hlito, Pérez Celis, Gyula Kosice y tantos otros.

          El Grupo Informal, que acompañaba y colaboraba con Osvaldo Moro, estaba integrado por Eduardo Bocco, José Pensa, Bárbara Wulman, Julio Cesar Invierno, Marga Schujman, Gregorio Ganopol y quien esto escribe. Un poco después comenzaron a funcionar los talleres literarios, en el subsuelo de la librería "El Zapallo", en Varela 22. Allí comencé a dictar mis seminarios de filosofía y, más tarde, el taller de poesía y narrativa que, en un principio, estuvo a cargo de Julio Cesar Invierno. Algunos talleres y seminarios eran gratuitos y en los arancelados la recaudación se destinaba a solventar los gastos de “Informal”. También se presentaba anualmente el Salón del poema ilustrado donde un plástico y un poeta trabajaban juntos. Fue la época de oro de “Informal”. Cada sábado, “El Conventillo” a tope.

 

Por razones nunca bien definidas, “Informal” partió de “El Conventillo” y fue a cobijarse en una antigua casona de Candelaria 65, barrio de Floresta.  Y, dos o tres años después, a un departamento, en Candelaria 13. Continuaron las actividades pero, poco a poco, se fueron reduciendo a talleres y cursos, convirtiéndose en un Centro Cultural bajo el nombre de “Yukio Mishsima”, hasta la muerte de Osvaldo Moro. 

En cuanto a la Asociación de Poetas Argentinos, la idea de su creación le corresponde a Cayetano Zemborain, su presidente, quien, en aquel momento, me invitó a ocupar la vicepresidencia. Nos acompañaba Julio Bepré como secretario. Recuerdo a Carlos Federico Weisse, Adalberto Polti, Silvia Noemí Pastrana (la actual presidenta), Susana Fernández Sachaos, Beatriz Allocati… Buenos recuerdos. Como bien decís, pronto se cumplirán 25 años de su fundación y me alegra ver que el impulso y la diversificación de tareas a favor de la poesía y la cultura en general, siguen creciendo día a día.  

Por mi parte, me alejé de la Asociación no por diferencias ideológicas ni desacuerdos personales, sino porque mis actividades propias no me permiten disponer del tiempo que debe dedicarse a una institución. Y porque mi disposición vocacional no se adapta a las características generales de los desarrollos institucionales. Siempre, desde luego, estuve y estoy dispuesta a colaborar en cualquier actividad puntual para la que se me requiera. Cosa que sucedió en varias oportunidades después de mi despedida como miembro activo de la entidad.


    3 – Fuiste jefa de redacción de “El Cadáver Exquisito”, la revista del

Grupo “Informal”. La conocí, y hasta tuvieron la gentileza de publicarme. Y también lo fueron Luis Benítez, Néstor Colón, Luis Quadri Castillo, Agustín Tavitian, Luis Raúl Calvo, Daniel Berenstein, Luis Colombini, Santiago Espel... Sé que el primer número asomó en 1985 y que no asentaban la fecha de aparición. ¿Por qué esa decisión y cuál fue el último número y en qué año? ¿Quiénes y cómo decidían el armado de cada edición? Si perduraste durante todo el lapso de existencia de la revista, ¿qué motivó su cese?

          MRM – “El cadáver exquisito” fue una revista surrealista no por sus contenidos, que no estuvieron limitados a movimientos ni ideologías, sino por su realización concreta. Sin fechas, como bien señalás, sin tiempos determinados de aparición, libre, algo onírica y plasmada más por el azar que por una razón conductora.

          Tengo acá el número uno: Director: Osvaldo Moro. Subdirector: Eduardo Bocco. Jefa de Redacción: María Rosa Maldonado. Así fue hasta la muerte de Eduardo. En los  números siguientes, se agrega un Comité de Redacción: Marga Schujman, Gregorio Ganopol y María Rosa Maldonado. En los últimos números, Osvaldo me pasa la dirección y él queda como Fundador.

Esto en cuanto a los responsables. La idea de Osvaldo aparece en la tapa del número uno donde lo señala como “periódico”, tal vez por su tamaño. Dice allí bajo el título de El cadáver exquisito probará el vino nuevo

“INFORMAL es un grupo abierto, pluralista y democrático. 

Su propósito es difundir sin levantar ninguna bandera, pero ante la necesidad de ponerle un título a nuestro periódico, decidimos rendirle homenaje a uno de los  movimientos más importantes de nuestra era.” El contenido, como bien sabés, estaba constituido por poemas y cuentos de autores consagrados junto a otros poco conocidos y hasta inéditos, y, en casi todos los números, la representación gráfica realizada por un plástico de la idea del cadáver exquisito. Colaboraron con sus obras artistas como Osvaldo Svanascini, Cristina Ramos Siri, Silvia Ocampo, Elvira Luciano, Hermenegildo Sábat…

Te decía antes que hubo una época de oro de “Informal”, debo añadir que se debió a una hazaña heroica del grupo. Esto algunas veces ocurre. Hubo un líder que supo hacernos visualizar su sueño, y lo compartimos. Con placer, claro. Pero, ocuparse de la casa, los niños, el trabajo, ir desde Congreso hasta Mataderos a comprar kilos de chorizos, preparar un choriparty, juntar la plata para pagar la edición, pedir las colaboraciones, organizar los contenidos, hacer la pegatina, llevarlo a la imprenta… Como dice Cesare Pavese, “lavorare stanca”. Y, además, todo tiene un tiempo de vida. Un día se fue posponiendo la tarea hasta que quedó postergada para siempre. Sin premeditación. Sin llanto. Como nos vamos despidiendo de cada día vivido. Y sin embargo, todo permanece en ese “lugar” sin espacio ni tiempo que constituye nuestra mayor parte y que apenas atisbamos.

  4  – Durante unos meses de 2000 coordinaste en A. P. A. C. (Asociación de Plásticos Argentinos Ciegos), en su sede de la Universidad de Belgrano, un taller de escritura para no videntes, lo cual también realizaste entre 2000 y 2002 en el Museo “Eduardo Sívori”, con el auspicio de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Me pregunto cómo encaraste la tarea al principio y de qué modo habrás proseguido, a medida que te ibas asentando en tu rol en dichas instituciones.

          MRM – La tarea la encaré con entusiasmo (un regalo de los dioses, según los griegos), que es mi condición primordial en relación con la docencia. Y con mi vida.

Y aprendí mucho. En principio, aprendí braille. A escribirlo y a leerlo. No con los dedos sino con los ojos, claro. Louis Braille, que vivió en carne propia la falta de visión, creó ese sistema de lecto-escritura táctil basado en el que un militar llamado Charles Barbier de la Serre, a comienzos del siglo XIX, y bajo el nombre de “escritura nocturna”, usaba  para transmitir órdenes a puestos de avanzada. 

Braille lo simplificó convirtiéndolo en el sistema universalmente conocido de los seis puntos. Es interesante destacar que se trata de un sistema de numeración binario que precedió a la aparición de la informática.

Tal vez lo más importante que recibí de esa experiencia, fue la corroboración, una vez más, de que las generalizaciones –tan necesarias para la ciencia- son una de las fuentes más peligrosas de error y discriminación: no existen “los ciegos” como categoría humana.

Existe la falta de visión en personas particulares, cada una de ellas diferente de las otras, única. Como cada ente particular en la formidable abundancia de los entes. Por otra parte, y también una vez más, constaté cómo las brutas diferencias económicas inciden en el desarrollo de las personas. El sistema braille ha sido incorporado a anotadores parlantes y otros elementos de nueva tecnología que pueden portarse fácilmente e, incluso, adaptarse a las computadoras tradicionales. En la actualidad se dispone de gran cantidad de elementos que facilitan la lectura, el aprendizaje, la comunicación e, incluso, la vida doméstica, para personas con discapacidad visual, ya sean ciegos o amblíopes, pero son muy caros. Desde el elemental bastón blanco, la braille speek, los comunes grabadores de voz, el reloj parlante o un sencillo detector de líquidos para poder llenar una taza sin que se desborde. Todo depende del poder adquisitivo. Sin hablar de las dificultades en el acceso a puestos de trabajo… Aun así, también hay que mencionar que existen instituciones como la Biblioteca Argentina Para Ciegos (entidad no gubernamental sin fines de lucro) y varias otras, cuyo objetivo principal es contribuir a la plena integración de las personas con discapacidad visual a la sociedad.

          En cuanto a la motivación y metodología en general, no se me presentó ningún problema. Trabajamos con lecturas, música, objetos diversos que iban tomando de una bolsa y que reconocían por el tacto… y después escribían, cada uno con los elementos que tenía a disposición. Incluso manuscrito. Para facilitarles esa escritura, se me ocurrió doblar la hoja por cada renglón como se hace en el juego del cadáver exquisito: a medida que van escribiendo la van desdoblando y queda bien determinado el sitio de la escritura. Como te decía al principio, fue una experiencia enriquecedora y muy gratificante, como lo han sido, y lo son, mis otros talleres y seminarios. Creo que la conjunción de vocación y trabajo es un privilegio que nos libera del absurdo. Pero este es otro tema.

           5 – “el zumbido de dios” cuenta con prólogo (“Un insecto llamado

imago”) del poeta Reynaldo Jiménez, y “atzavara” con un posfacio (“Raíz abisal”) también de Jiménez y de una extensión inusual: veinte páginas. Los que conocemos algo de su obra sabemos cuánto y cómo discierne y profundiza en sus ensayos. ¿Qué nos podrías trasmitir sobre sus análisis a propósito de tu poética?

MRM – Primero hablemos un poco de Reynaldo. Sólo un poco,

porque sobre él es mucho lo que hay para decir. Multifacético,  talentoso  y “…con esa gracia/ que no tuvo nadie…”, como dice Gonzalo Rojas. Reynaldo Jiménez está considerado como un poeta neobarroco debido a que fue incluido en “Medusario”, la antología de Roberto Echavarren, José Kozer y Jacobo Sefami, que agrupó por primera vez a una serie de autores, originariamente no conectados, que presentaban en sus obras una común tendencia hacia el neobarroquismo. Pero hay que decir que esta calificación no agota ni determina las particularidades de su escritura. El propio Reynaldo, en una  entrevista emitida por el programa “Definición de Savia”, en Radio Círculo, Círculo de Bellas Artes, Madrid, dice: 

“En realidad lo mío tiene más que ver con la poesía lírica, en general… con una especie de trabajo con el oído y con la resonancia, más que con la enunciación directa… hacer algo que pueda ser trasladado hacia la voz, emitido en voz alta…Y también con una especie de intrusión de otras lenguas, mezcladas, mixturadas, palabras dentro de palabras…” Gabriel Bernal Granados, en su libro “Musgo”, 

dice de la poesía de Reynaldo Jiménez: es “un laberinto de mil puertas, se puede entrar a destajo y salir perplejo. Siempre perplejo pero no impune. Lo de Reynaldo es también una búsqueda de conocimiento, de mejora espiritual.”

          Dentro de sus múltiples actividades culturales está la de haber sido director de la revista-libro “tsetsé” y de la editorial del mismo nombre. Poeta, traductor, creador de eventos poético-musicales, performer, ensayista y un amigo excepcional a quien pedirle algo tan delicado como: podrías escribir unas palabras sobre “el zumbido de dios”? La respuesta fue “Un insecto llamado imago”. 

Diez años después, repetí la pregunta acerca de “atzavara”, y el resultado consistió en un posfacio titulado “raíz abisal”. Ambos textos con un valor poético intrínseco y, sobre todo el segundo, por su extensión y profundización en el tema, concernientes a la categoría de ensayos. Un placer y un hallazgo su lectura.

En cuanto a la relación de esos textos con mi propia creación poética, fueron una magnífica posibilidad de comprobar que se había producido esa extraña conjunción de sentido entre el escritor y su lector y, a la vez, me revelaron aspectos que no había percibido en ellos. El poeta, el escritor, es, en verdad, un escribiente. Como dice Heidegger, en el lenguaje no es el ser humano el que habla sino el lenguaje mismo. Para Umberto Eco:"Nada consuela más al novelista que descubrir lecturas que no se le habían ocurrido y que los lectores le sugieren”. 

Y agrega: “El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, sino, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones?" Esto es válido también para la escritura poética. 

Una lectura no desautoriza otra diferente. Cuantas más, mejor. 

Es la expansión del signo más allá del sentido estricto que tiene para cada subjetividad. Alberto Girri, no recuerdo si en “Cuestiones y razones” o “En la letra, ambigua selva”, afirma que la ciencia trata de resolver las ambigüedades, la poesía de crearlas.  Esa ambigüedad abre las visiones que cada lector puede ir extrayendo de su lectura. Y le permite al escritor ir descubriendo aquello que no sabía que iba a escribir.

            6 – Del francés has traducido textos de Charles Baudelaire, Albert

Camus, Jean-Paul Sartre…, y del portugués, poemas de los brasileños Sebastiao Uchoa Leite, Claudio Daniel… ¿Considerás la tarea de la traducción poética como un acto de creación poética en sí mismo?

          MRM – No he tomado nunca la traducción como un trabajo proyectado y ejercido por si mismo sino que, casi siempre, ha estado en referencia a mi propio placer de traer al castellano textos o poemas que me interesan –o sea, en los que deseo introducirme para apoderarme mejor de su condición indagatoria o estética. En este sentido, ese juego sutil y aventurado que es llevar una construcción lingüística de uno a otro idioma, tiene, como bien sugerís con tu pregunta, ciertas características del acto creativo. Por eso Alberto Girri, que, con gran generosidad y maestría, casi siempre acompañaba sus propias obras con la traducción de algunos poemas de autores consagrados e, indudablemente, admirados por él, en su libro “Lo propio, lo de todos”, le da el nombre deversiones

Allí tenemos Sweeney entre los ruiseñores de T. S. Eliot, Retrato de una muchacha de Conrad Aiken, 

Transplante de Theodore Roethke y Dios de nuestros padres de Robert Lowell. 

Y, en Monodias, nos regala cinco poemas de Robert Graves, sus preciosas versiones.

          Sin embargo, una versión no es un poema propio. 

La indeterminación (libertad?) inicial no es total. 

Tenemos allí una creación que nos antecede y nos condiciona. Yo (y uso el pronombre personal para deslindar y enfatizar convicciones) no considero que sea un acto estricto de creación poética. Es, sí, algo cercano en donde entra en juego la práctica de un “yo estético” que acompaña al creador en su faena con el lenguaje. También creo que este “yo estético”, por su propia naturaleza fluyente, en constante construcción y transformación, es modificado por el contacto con los nuevos materiales. En esta dialéctica que es el ir y venir con las palabras y los sentidos de una lengua a otra, la ganancia –para el traductor, y tal vez también para el lector- está en relación con el riesgo y la honestidad con que se ejerce el acarreo de materiales. La construcción del nuevo poema, o texto. Incluso la lectura de un mismo poema, en cualquier lengua, por diferentes personas, o por la misma persona en diferentes momentos, también produce versiones.

      7 – Hay testimonios de escritores que han meditado durante extensos

lapsos antes de abocarse de lleno a la concepción de algunas de sus obras: Pío Baroja, Rilke, Malcolm Lowry, Marguerite Yourcenar, Flaubert, Gabriel García Márquez, Azorín, Agatha Christie, Miguel de Unamuno, Jean Genet, Ramón del Valle-Inclán… ¿Te ha sucedido, María Rosa, con alguno de tus poemarios? ¿Con tus ensayos? Y en tanto sos narradora inédita, extendemos la inquietud a las dos novelas que aguardan la socialización. Y respecto de ellas: ¿De qué tratan, qué asuntos abordan, cuánto hace que las concluiste, cuánto tiempo te demandaron desde la primera “página en blanco” hasta, después de pulirlas y pulirlas, asentar –como en las películas- la palabra “fin”? ¿A la novelística de qué autores dirías que se asemejan?

 

MRM – La palabra meditar oculta una interesante y radical contradicción: de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia, meditar es “Aplicar con profunda atención el pensamiento a la consideración de algo, o discurrir sobre los medios de conocerlo o conseguirlo”. Es decir, meditar es pensar

Aplicar nuestras funciones cognitivas conscientes de un modo concentrado e intenso.

Pero, por otra parte, para muchas filosofías, sobre todo de cuño oriental, el objetivo principal de la meditación es concentrarte para, poco a poco, detener la mente hasta liberarse de la conciencia, de su vago e incesante fluir. Es decir, meditar es no pensar. Es llegar a un estado de desprendimiento del yo donde el conocimiento ha dejado de ser una actividad racional, una diferenciación sujeto-objeto, para convertirse en esa experiencia directa que nos revela la unión con todas las cosas. (La física cuántica parece corroborar esta intuición tan antigua.)

          Entonces, cómo medita su obra cada creador? Pensando, durante un tiempo más o menos prolongado, cómo llevarla a cabo? Discurriendo el modo de enfocar el tema? Decidiendo formas y contenidos? Desarrollando mentalmente la trama hasta el final? O dejando que su inconsciente madure aquello que él no sabe, pero intuye, que debe hacer? Cómo, digamos, armoniza su pensar con su no-pensar?

          El procedimiento de cada subjetividad es único y sólo podemos guiarnos por sus propias declaraciones. Creer en su palabra e indagar en sus silencios, ya que lo no-dicho tiene tanta presencia como lo nombrado.

      

Por mi parte, nunca tuve método ni horario en relación a la escritura. Uno de mis roles, y no el menos practicado, ha sido –y sigue siendo- el de ama de casa. Las tareas domésticas no me incomodan ni perturban, al contrario, las realizo con placer y son una viable actividad física, muchas veces silenciosa, que me permite abstraerme y conectarme con ese pensar no-pensar de donde nacen los poemas. Cuando nacen. Porque el estado de poesía, para mí, abarca mucho más que la estricta escritura del texto poético.

          Habrás notado, Rolando, lo exigua que es mi lista de libros publicados. Y la lejanía temporal entre ellos. No estoy tratando de ser poeta ni escritora, ni nada. Las cosas van aconteciendo y yo siento la disposición y el placer de que eso ocurra.

          En cuanto a las novelas, el deseo de expresarme a través de ese género, viene de mucho tiempo atrás, pero sólo hace aproximadamente cinco años que comencé a desarrollarlo. La primera novela se concretó en tres meses. Temas personales. La guerra civil española. Mis padres. Las calamidades que supone todo enfrentamiento bélico. Fue placentero y doloroso escribirla. Está bien, ya está hecho. Era mi iniciación en el género y tuvo su público: mi familia. 

          Después escribí muchos textos, comienzos de otras novelas, hasta que llegó el tema con el que sentí que despegaba de la catarsis y la memoria y comenzaba un proceso de creación abierto. En esa novela estuve trabajando más de dos años, y sigo corrigiendo. Y otro tema se inició que me genera mucha expectativa ya que no sé qué va a pasar allí, en la escritura. Ese lugar maravilloso donde todo es posible.

 

     8 - ¿Las poéticas de quiénes, muy diferentes a la tuya, te atraen mucho? 

¿Y las de quienes, con las que te identifiques, más admirás? Y en los

dos casos, ¿por qué?

MRM –Me resulta muy difícil evaluar las poéticas en relación a mi propia

escritura, ya que ésta es la menos perceptible para mí misma. No he adherido a escuelas –al menos no conscientemente- ni seguido a maestros. Al contrario, creo que toda la poesía leída y admirada ha dejado su rescoldo activo en mi propia creación, me sienta más o menos cercana a lo que llamamos usualmente estilo.

Tal vez podría intentar separar las poéticas que me han extasiado (producido placer estético) 

y siguen haciéndolo, desde otra perspectiva: 

las admiradas en sí mismas y por sí mismas, y las que, además, me han provocado 

un íntimo sentimiento de empatía en referencia a sus autores que va más allá de lo 

estético. Aunque esto no cuente en la apreciación de la obra.

          Entendida así la diferenciación, veamos algunos nombres. Me atengo a una memoria espontanea y me limitaré a no más de diez poetas ya que la lista completa seria un desatino.

Primer grupo: Ted Hugues, Wislawa Szymborska, Antonio Cisneros, Alberto Girri, 

Leopoldo María Panero,  Paul Celan, Sylvia Plath,Ferreira Gullar, José Lezama Lima…

Segundo grupo: Tomas Tranströmer, Héctor Viel Temperley, Gonzalo Rojas, 

Juan L. Ortiz, Jacobo Fijman, Antonio Gamoneda, Cesare Pavese, Georg Trakl, 

Robert Bringhurst

Pero, Rolando, más allá de esta clasificación ad hoc con la que intento dar una respuesta a tu pregunta, cada poeta nombrado es un caso único y singular. Al igual que su obra. Y, cada una de ella, junto con las numerosas no mencionadas, significa un universo de sentidos, emociones y asombros que me brindan su compañía en el camino. Quiénes seríamos nosotros si no hubieran estado ahí -si no estuvieran- ellos, los poetas?

9 - Transcribo del volumen “De un día a otro” de Ricardo H. Herrera (Grupo

Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1997): “Degradada socialmente, convertida en solitaria vergüenza individual, la palabra poética ha caído en estado de desgracia; vive como si no tuviera futuro. Condenada a negarse a sí misma, a aborrecerse incluso, a experimentar el dolor de habitar un tiempo sin sentido, sin contenido; así subsiste. Desarraigada del paisaje y del destino, perdida su ascendencia mítica, desplomándose en la mudez; de este modo comparte los infortunios de la pobreza.” ¿Adherís a esta visión, total o parcialmente? ¿Añadirías, retrucarías…?

MRM No he leído “De un día a otro”, y, así, descontextualizado, es difícil 

comprender la totalidad de sentido del párrafo. 

De todos modos, como vos decís, parece tratarse de una visión. O sea,

una apreciación personal, ideológica. En todo caso, no una afirmación justificada por la aplicación de un método consensuado. Simplifico: no es ciencia sino opinión. Y, tratándose de una opinión, nada hay para retrucar aunque no se comparta lo expresado. Se trata de la percepción personal que Ricardo H. Herrera tiene (o tuvo en 1997) de la palabra poética y su estado (de desgracia) en un tiempo sin sentido.

A qué se refiere? A un momento histórico particular? Al siglo pasado? A una crisis planetaria? Sólo puedo suponer, y eso significa entrar en un  juego de razonamientos falaces.

La percepción de lo que denominamos realidad, y de cada una de sus

parcialidades, depende de las significaciones y preconceptos que todos tenemos sobre ella. Caso contrario, enmarañados en la inagotable multiplicidad en la que estamos insertos y de la que formamos parte, no podríamos percibir nada. Así, lo que esperamos encontrar allí será, de alguna manera, lo que encontremos. Y, por lo tanto, lo que entendamos por palabra poética determinará nuestra percepción acerca de su presencia y abundancia.

          Por mi parte creo, como dice Gabriel Celaya, que “la poesía es un arma cargada de futuro”. Y de presente. 

Corroboro su presencia cada día en la numerosa edición de libros de poemas, 

en su mayoría publicados a cargo de sus autores; en la profusión de talleres, 

concursos y cafés literarios; en el surgimiento de nuevas editoriales independientes 

que se animan a luchar contra el sistema; en las revistas de poesía que se encuentran 

en librerías y quioscos; en la ingente cantidad de páginas, blogs, revistas virtuales, materiales subidos a facebook, linkedin, twiter, y, en fin, a toda la web en general. No alcanza el día para leer tantos poemas. Para conocer a tantos poetas. En muchos casos, singulares y admirables. Y todos, poetas y divulgadores, trabajando “por amor al arte”. Como es tu propio caso.

Tampoco creo en el mito urbano del “poeta oculto” o “la vergüenza de ser poeta”. Cuando se llena una planilla en la que se debe asentar el oficio, por supuesto que va a figurar abogado, peluquero, médico, profesor, etc. La razón no es que se avergüence de ser poeta, sino que nadie –o casi nadie- vive de la poesía. Me consta que somos muchos los que intentamos serlo, y lo manifestamos sin titubeos por el simple hecho de mostrar nuestras obras.

Y, en cuanto al tiempo sin sentido - pesimismo, escepticismo o nihilismo-, son modos de la sensibilidad humana que se han manifestado desde siempre, al igual que sus opuestos, en la historia de la humanidad. Baste mencionar, en tiempos cercanos, a dos pensadores tan importantes como Arthur Schopenhauer o Émile Michel Cioran. Y a sus contrarios: Henri Bergson y Max Scheler, por ejemplo.

Sin duda, no estamos en el Paraíso. El hombre no habita el mejor de los mundos. No voy a enumerar, todos conocemos las calamidades, las vemos y oímos, e incluso las vivimos, todos los días. Camus, nos habla del absurdo. Nos explica que entre los deseos de absoluto que subyacen en el hombre –vida, amor y verdad-  y la realidad hay una escisión insuperable. Y que esa injusticia es la madre de todas las injusticias. La vida es la condena de Sísifo, o sea, el trabajo absurdo. Y, sin embargo, Camus encuentra la salvación en los sentimientos de compasión y solidaridad. Sísifo no está solo subiendo la empinada cuesta, está con-los-otros, los que como él, llevan adelante la dura tarea. Y la perspectiva segura de la muerte. Pero en ese ascenso en comunidad, son iluminados por el sol de mediodía.

Los valores que dan sentido a nuestras vidas no son abstractos universales flotando en el mundo de las ideas. Cada ser humano colabora en la tarea de encarnarlos con sus propios actos y decisiones como, por ejemplo, quedarse en la ciudad apestada, luchando para mejorar las cosas, compartiendo el destino común. Adhiriendo a la resistencia. Eso creo.

Además, somos tan jóvenes!

          En lo que Carl Sagan llama “Calendario cósmico”, que es una escala en la que el periodo de existencia del universo, desde el big bang  hasta ahora, se extrapola a un calendario anual, los humanos aparecimos el 31 de diciembre a las 22.30 hs. y hemos llegado tan solo a las 24 hs. Tan limitada es nuestra perspectiva. Pensar en esto tal vez nos haga, como Sagan dice, un poco más humildes.


María Rosa Maldonado selecciona para esta entrevista, en octubre de 2014, 

seis poemas de su “atzavara”:

 

noche de las diatomeas: una meditación                                    

I

sílice

en la charca   

diminutas   mitades    cerradas  espinescentes

por el azul perfecto del espacio   avanza

el humo de los papiros

has estado ahí

migración   tras migración

entre los suaves pliegues de lila   devorando

esa oscura materia:

tu propio cuerpo cedido a la mutación  y el tránsito

vipassana bhavana

vipassana bhavana

lo que ves    ahora    es la primera noche de los cielos

sus enjambres protistas      

noctilucas

girando en torbellino

el hidrógeno de la gran explosión

la nada abandonada a su luminiscencia


II

hialina oscuridad                                                                                     

en los astrocitos   fulgores  de berilo

es esto el atman?     lo real intangible? 

agua para el culto?

(plancton debajo de la lengua)

la postura 

- saber sin oscilaciones –

aparece con el desprendimiento

fosa ilíaca derecha:

la resurrección

izquierda:

                    crecimiento de las diatomeas  

cenozoicas cajitas de cristal 

su multiplicidad sin límite

manando

en la abisal  caída

para el desplazamiento:

nitrógeno de nautilo

- tantos millones de años en el gozo del mundo -

así

hundirse  uno   buenamente       en el océano de eso

 

III

sumersión   dulce     - o salada –

el agua es una tisana

donde te meces en suave maceración

un alcohol aromático

desciende por la costa del útero  

hipoxia  hipoxia   anoxia

gua lustral     funeral   

del amnios  a la grieta del deshecho

aquí es donde todo se detiene

en la lejana superficie una pradera de luz 

infiltrada de   florescencias

manchas de klimt:

cinias    amapolas     gencianas 

malvas   lirios      

acacias   tulipanes

o  asterionellas  eucampias    cymbellas  fragilarias

vivos silicios  microscópicos vistiendo de lujosa pedrería

tu advenimiento

al reino

qué reino?

a través de la cortina

el sol dibuja flores en el aire del cuarto:

cinias  gencianas  amapolas  

*

ontario hace pie en el sueño

II  el desfiladero de la adivinación

 sobre la clara  oquedad del mundo arktos finge soñar

su interminable invierno

desde ese borde nos observa la nada

morosa     morosa     se desliza

como un armiño (rata armenia)  por  la cripta del lago

hunde   sus dedos    infalibles

en la  garganta     del río     de los muertos

dice:

para la gran migración

no está previsto  ni barquero ni barca

tan sólo   un ojo   vivo    en la  boca del lobo

una  nube de espuma en el alma del cortex 

el frío

clausurando  una a una las puertas

y  la grieta de la resurrección

con su celda nupcial  y

sus reales crisálidas de fuego

 

III  (figura en  blanco)  la marcha de los lobos

 hacemos el camino en enorme silencio     bajo

la lisa cúpula

del aire

sobre el indiferente suelo de esta tierra

asediamos  nuestros propios perfiles   buscando:  

el gran deslumbramiento      la opacidad    y

finalmente    la caída     -bajamar de los mundos-

pero  el deseo no muere   (cuando clava el aguijón)   como la abeja

sino que se acrecienta     posee

la codicia imperiosa del  abismo

incoloro e inerte

nos rodea el argón 

como   una  joya    azul  

como un traje de fiesta en la noche del polo

con sus núcleos de hielo y aguas subterráneas

por donde  fluye   la luz       del     caribú

fantasma

del alimento consagrado

que nunca alcanzaremos

 

*


la delicada luz de los venenos

la madre:

II

atzavara   vara de atzavara 

madre de floración reciente  que entra por todas las ventanas

con sus muchas cabezas

lo que aparece no viene de esa tierra

      donde nunca

hubo planta ni mujer

del  tálamo nacen – cerebrales –  se enlazan con las regiones

más hondas    de la glía   

sueño

 hambre   

sed  

íntimamente unida        la piamadre

blandamente me abraza

sus flores  apoyan la mejilla en el cielo  gris   azulado de las hojas

allí mismo    estolones  del  sostén

de la reparación

pues  lo que cuerpo nace  

lleva la oscuridad entrelazada

del carbono   

  vitriolo de la respiración

- el precipicio que se muestra -

es ella y ella

    hablamos  

ahora   puedo decirle:

cómo voy a vivir   cerebral   en la asfixia

de tantos años bajo tierra?

me responde:

en este aquí nada es de nadie

yo soy  el padre     soy 

la  casa aquella   devastada       y  la   otra

y  ando suelta en el mundo

 

*

Entrevista realizada a través del correo electrónico. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, María Rosa Maldonado y R. R., octubre 2014.

http://www.revagliatti.com.ar/011010.html 

http://www.revagliatti.com.ar/030331.html  


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23 de Octubre, 2014 · General

Alberto Boco: sus respuestas y poemas

 

 

Entrevista realizada por Rolando Revagliatti

 

 

Alberto Boco nació el 5 de noviembre de 1949 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, en la República Argentina. Poemas, reseñas y artículos suyos han sido difundidos en revistas literarias impresas (por ejemplo, “Río Grande Review – A bilingual journal of Contemporary Literature & Arts – Nº 36, otoño 2010 y “Nagari” Nº 1, de 2012, ambas de Estados Unidos de América) y en varias virtuales de Argentina, Colombia, Brasil, Rumania y USA. Obtuvo el Primer Premio (“Ciudad de Junín”, 2005) en el Primer Concurso Nacional de Poesía “César Domingo Sioli” y menciones en otros. Fue miembro del jurado del Certamen de Poesía “Leopoldo Marechal”, organizado por el Museo Saavedra y la Fundación Leopoldo Marechal, con motivo del centenario del nacimiento de dicho escritor, en 2000. Co-coordinó el Café Literario “Mirá Lo Que Quedó”, junto a Alicia Grinbank, Alfredo Palacio y Rolando Revagliatti, en el Centro Cultural “Raíces”, de la ciudad de Buenos Aires, en 2007. Entre 1986 y el corriente año publicó los poemarios“Arcas o pequeñas señales”“Galería de ecos”“Ausentes con aviso”“Cartas para Beb”“Riachuelo”“Malena”“Estación de nosotros” y “Visitas inoportunas”. Inéditos permanecen “Perro, de Goya”“Noticias del tiempo”“Redes o ciudad en su siglo”,“Palomas en el cable de la luz”“Para un programa de disolución”,“Árbol de oro”“Paisaje fronterizo”“Golpe de vista de Paraland”,“Opaca no es la noche”“Química orgánica”“Cosas que andan sueltas”“QO II”“Los perros cueteros (y otros abandonos)”,“Evanescentes, in propios y pequeño” “El desierto” (los dos últimos, en preparación).

 

 

          1 – Tu primer poemario acabo de leerlo por tercera vez, y el tercero, de 1997, acabo de leerlo por cuarta vez. Ambos aparecieron a través de una colección (Todos bailan) de un sello (Libros de Tierra Firme), cuyo responsable ha sido un editor y poeta de extensa trayectoria: José Luis Mangieri (1924-2008). Y de aquí salto a aquella noche en la que vos con Alicia Grinbank y Alfredo Palacio, en uno de los seis encuentros que conformó “Mirá Lo Que Quedó”, le realizaron una entrevista a Mangieri. ¿Quisieras referirnos cuál es tu recuerdo de él y en qué aspectos principalmente lo valorás?

 

          AB Rolando, en principio te agradezco, tamaño esfuerzo de lectura el tuyo. Espero no te hayan resultado muy pesados esos dos textos. Efectivamente, ambos publicados por el recordado José Luis, que en diciembre de este año estaría cumpliendo 90. Lo conocí tardíamente, recién en 1984, a poco de emerger de su largo exilio interior tras la sombra dictatorial que todos padecimos, en un encierro que no le debe haber sido fácil a un tipo activo y andariego como él. Fue en casa de viejos amigos. A partir de ahí, y desde que le llevé los originales de “Arcas o pequeñas señales”, se fue consolidando un vínculo, en su casa de la calle Mercedes, en largas charlas con mate o café, ginebra, empanadas, asados que rápidamente inventaba con el fácil expediente de “Albertito, ¿te quedás?..., ponemos un par de churrascos en la parrilla…” …, y yo…: “Dale, José Luis, cruzo a comprar un vino…”. Valoro su condición abierta, su generosidad, el sentido del humor, siempre irónico, su sencillez, su percepción para captar donde había un texto poético de calidad entre todo lo que pasaba por sus manos, su irrenunciable militancia y su honestidad para sostener sus ideas (no sólo las políticas), su sentido de la hombría… ; y entre lo más destacado, el apoyo que brindó a la generación de poetas que emergieron después de la noche ‘76-‘83, cuya publicación y difusión sostuvo con esfuerzo y convicción, la misma con la que había lanzado su ya legendaria editorial “La Rosa Blindada”. Tampoco hay que perder de vista que desde su militancia poética, política y social irrenunciable, cuando Juan Gelman, ya en democracia, no podía volver a la Argentina por no sé qué estúpida cuestión de formalidades legales paridas en tiempos de indigencia (tenía que pagar una ridícula multa de miles de dólares para no ir preso, o algo así, no recuerdo bien los detalles), él fue uno de los que movieron cielo y tierra, junto con Horacio Verbitsky, para que una de las mayores voces de la poesía argentina, pudiera ser  dignamente recibido en su país natal. Me pareció entender que algunos miembros del oficialismo de aquel momento se hicieron los distraídos.

          Supimos en 2008 que José Luis estaba enfermo y que había decidido quedarse en su casa, acompañado por sus hijos. El primero de noviembre, estábamos unos cuantos amigos comiendo un asado en casa de Leopoldo Castilla, “el Teuco”, cuando Marcos Silber atendió el teléfono y se enteró que había fallecido. Quedaban unos pedazos de carne en la parrilla, tibias por los rescoldos que aguantaban… Preveíamos para la nochecita meter más fuego y mandar carne para seguirla, pero la parca nos hizo cambiar los planes, fuimos al velatorio de José Luis en la Biblioteca Nacional. Me veo parado esa tarde, delante de la parrilla, cuchillo en mano y puteando, llorando al amigo, al poeta, al editor, todos callados; así es la vida.

 

 

          2 – No son tantos los autores que conforman un libro con un único poema. Sos uno de ellos. Tales el édito “Riachuelo” (de 2008) y los inéditos “Para un programa de disolución”, “Golpe de vista en Paraland”, “Opaca no es la noche”, “Química orgánica” y “QOII”. (Añado que de los cinco poemas que constituyen tu tercer libro, el que le da título, ocupa ocho páginas.) ¿Cómo los planeás, Alberto? ¿Cómo los elaborás? ¿Hay “desfallecimientos”, en ocasiones, durante cada proceso? ¿Hay alguno que hayas previsto y que desecharas o abandonaras  por no satisfacerte la ejecución?

 

          AB – Es posible que sean pocos, en el ámbito local, los que escriben poemas extensos, en todo caso yo no conozco, o a lo sumo a un par. Conmigo creo que tiene que ver con un algo, como una tendencia, que viene desde el principio. Mi primer poemario puede ser visto casi como un poema extenso, un solo tema con diferentes momentos, articulado como un solo poema. En ese caso fue planeado como un libro, con diferentes momentos y casi un mismo lenguaje, pero no como un solo poema. Con “Ausentes con aviso” ya aparece la visión de un solo poema extenso, que es el que da título al libro. Ahí, como en los otros casos que mencionás, ya se trata de un solo poema como proyecto.

          En general, cuando aparece la visión que dispara un texto uno empieza a escribir y en un momento sabe que el poema se está cerrando; y entonces hay que abandonarlo, como he escuchado que dicen: los poemas no se terminan, se abandonan. Pero en el caso de los extensos veo que empieza algo que pide pista y siento que no se cierra; es ahí donde se impone una especie de trabajo para organizarlo y que no se vaya de las manos. Desfallecimientos no hay, porque mientras están en proceso de escritura me campea una especie de obsesión, una curiosidad por lo que va apareciendo, por saber a dónde va; lo llevo a cuestas al poema. Ahí aparecen puntos como de condensación, como remansos de una corriente, que es por donde algo que parecía abandonado versos atrás, se precipita y reaparece como más condensado, completándose, o resignificado, y lo que parecía haber perdido su eje en una digresión, reaparece y restituye el foco del poema, que sigue siendo el mismo pero está en otro lugar. En la ejecución es como si supiera a donde voy pero sin saberlo del todo y el poema va encontrando el camino pero dando vueltas, haciendo como que se va por las ramas. El más extenso que he escrito es “Riachuelo”, que es una mirada histórica y personal llevada de la mano por ese curso de agua espesa donde vi flotando las botellas y los bidones en la capa de aceite, como dice al principio del poema. Esa fue la imagen que lo disparó. Coincidió con un tiempo en que viajaba a menudo a la ciudad de La Plata por trabajo, en el 2000; iba en tren, a la mañana temprano, cruzaba por ese puente de hierro viejo, bastante más arriba de la desembocadura, en invierno, con niebla, recién amaneciendo, un par de veces vi unos chicos que andaban cirujeando, ya a esa hora.

Entre el sueño, el frío, la niebla, el sol que apenas está asomando, la mirada se me hace muy distorsionada, muy subjetivizada sobre los seres y las cosas, y uno ahí está como con la guardia baja y las cosas te entran como más fácil, y más profundo, y esa creo que es la condición, en mi caso, con la mirada medio atravesada, para que se disparen visiones que van a parar a palabras y a veces a poemas, extensos o no. 

          Nunca deseché un poema extenso, en todo caso algunos los he retrabajado más que otros. El libro que acaba de publicar la editorial El Jardín de las Delicias, “Visitas inoportunas”, que no presenté todavía y espero poder hacerlo antes de fin de año, también es de poemas extensos; son sólo cuatro poemas, no tan largos como “Riachuelo” o los otros que están inéditos, que ocupan un solo libro, pero sí son poemas de varias páginas.  

 

 

          3 – El poeta Rubén Chihade (1941-2001) afirmó hace más de quince años que vos detenés y perpetuás las imágenes. Y si lo resalto es porque obviamente algo me sucede con esa afirmación. A vos, que sos su referente: ¿qué te sucede con ella? ¿Qué compartís? ¿Lo harías extensivo a todos tus tratamientos, a todos tus “asuntos”?

 

          AB – Mirá qué cosa, a pesar de que fuimos muy amigos y nos veíamos mucho con Rubén en sus últimos años de vida, nunca tuvimos oportunidad de discutir esa opinión. Me gustaría, ya que traés el tema, recordarlo y decirte, y decirme, que me gustaría tenerlo a Rubén cerca; se fue joven, nos dolió mucho su muerte a todos los que lo queríamos, que no éramos pocos; era un tipazo, muy buen poeta, gran animador y organizador de ciclos de poesía, encantador y siempre dispuesto a comunicar a los poetas entre sí.

          No sé si detengo y perpetúo las imágenes, puede que en su visión de mis textos él observara esa cualidad. En el proceso de la escritura, que, valga la digresión, considero el más importante de todos, incluyendo la corrección o el retrabajo, la lectura pública (hecha por el propio autor o por otros) y la publicación, con presentación incluida y panegírico a cargo de los amigos, es donde las imágenes aparecen y uno debe tratar de sujetarlas para que no pierdan su potencia, porque las imágenes tienen esa energía en sí misma, esa potencia, que tiende a dilapidar su fuerza y pueden llegar a desleírse en el texto; no se jode con las imágenes, hay que respetarlas, casi amarlas y hacerlas fluir escanciadas en el texto del poema para que su efecto sea preciso y no una dilapidación verbal, o la temible caída en un lugar común (que es como una imagen desbarrancada por un precipicio). Tal vez en ese sentido de querer sujetarlas, para que doten de máximo sentido y expandan el texto, es lo que Rubén captó y quiso expresar diciendo esto que plasmó en la contratapa del libro. Ya no tendremos modo de saberlo. Desde fines de aquel trágico diciembre de 2001, Rubén integra las vastas legiones de la nada.    

   

 

          4 – Están recién presentándose “Estación de nosotros”, a través de la colección Pippa Passes del sello Buenos Aires Poetry, y “Visitas inoportunas” por Editorial El Jardín de las Delicias. Considero oportuno inquirir sobre esas visitas, esa estación, ese nosotros.

 

          AB – Sí, el 23 de septiembre pasado, hace unos pocos días, acompañado por los poetas y amigos Luis Benítez y Alfredo Palacio, y al cuidado de Juan Arabia, otro querido y joven amigo y poeta, como editor de Buenos Poetry, se presentó “Estación de nosotros”, que fue escrito durante 2010. Aunque este año salieron casi juntos,“Visitas inoportunas”, publicado por la editorial dirigida por el poeta  y también querido amigo Luis Bacigalupo,  fue escrito mucho antes, entre 2000 y 2002. El azar, que rige cada instante de nuestra existencia, hizo que su publicación uniera los 8 a 10 años que separan a esos libros.

          “Visitas inoportunas” es donde se condensa la impresión de la mirada puesta sobre obras de arte, cosa que aparece suelta en varios trabajos míos. Como te decía, se trata de cuatro poemas basados en una pintura y tres esculturas. De algún modo fue resultado de los efectos que me produjo la lectura de “Autorretrato en un espejo convexo”, de John Ashbery, sumado a mi admiración por todo lo que una observación detenida sobre una obra de arte puede suscitar en la mirada, en mi caso particular, disparando múltiples reflexiones, imágenes, sentires y pensamientos. Son visitas y son inoportunas porque un visitante que mira una obra hasta querer arrancarle sus manifestaciones más escondidas, aunque sean producto de la imaginación del que mira, mínimamente es un sujeto poco oportuno, casi como una especie de usurpador.

          “Estación de nosotros” es un poemario cuyo eje es el amor; no es un libro de amor; suelo decir que es mi libro ‘sobre’ el amor y no ‘de’ amor, un diálogo entre lo tierno, lo hondo y oscuro que tiene el amor y el entorno en que suele darse, la vida diaria con su realidad, sus miserias y sus espantos, las imposibilidades, los recuerdos y las brutalidades de la vida y de la historia, todo junto y mezclado en la puta realidad, digamos.   

 

 

          5 - ¿Cómo “sobrellevás”, Alberto, mantener concluidos y sin socializar trece poemarios? Sobrevuelo los títulos y elijo algunos de los que me provocan curiosidad: “Para un programa de disolución”, “Opaca no es la noche”, “QO II”, “Evanescentes, in propios y pequeño”. ¿Podrías tentar una semblanza de esas propuestas?

 

          AB – En principio, no veo la escritura, la mía al menos, como un proceso que haya que socializar. La escritura de poesía la vivo como un ahondar en una experiencia vital y estética y a la vez como un proceso de conocimiento, algo que no se puede dar de otro modo que no sea intentando hacer poesía, y no estando seguro nunca de lograrlo. Por eso afirmaba antes que el momento más importante para mí es el de la escritura. Todo lo demás es suplementario; si se puede publicar, está bien; si el juicio estético de un determinado jurado lo premia, está bien; si se publica y muchos lo leen está bien; si se presenta y uno disfruta tomando un vino con los amigos, también está bien, pero insisto, lo más importante ya sucedió.

          “Para un programa de disolución” es donde describo mi conciencia del azar; por ejemplo, mi abuelo materno, que combatió en la primera guerra mundial 1914-1918, vio explotar cañonazos y destrozar compañeros a pocos metros de sus ojos y a él no le tocó morir; otra vez, enfermó de malaria (muy común en la guerra de las trincheras) y lo internaron: su regimiento (o como se llamara) de más de tres mil quinientos hombres, fue aniquilado pocos días después en una avanzada, sus enemigos no tomaron ni un prisionero. Si hubiera muerto ahí, yo no existiría. Eso aparece brevemente en ese libro, donde reforzar ese pensamiento del azar y convertirlo en un sentir se parece bastante a un proyecto de disolución de ciertas pretensiones del yo, esa cosa que hace que nos creamos que somos algo cuando somos menos que una brizna en el viento del universo. Aclaro que no tengo creencias religiosas, cosa que, sospecho, facilita estas aventuras del pensar y del sentir en la trabajosa tarea de integrarlos.  

          Los otros libros tienen que ver con que la opacidad no es un fenómeno de la oscuridad ni de la noche, tampoco del llamado espíritu o como prefieran denominarlo, sino que es un existir que lo portamos a la luz del día, está siempre presente, en todos los intersticios que podemos ver en cada instante de la vida, en nosotros y en los otros, falta nomás agudizar la mirada para percibirlo: la poesía puede aportar esos espacios de agudeza. La química orgánica (hay un libro que se llama “Química Orgánica” y este otro, al que vos te referís, “QOII”, cuyas iniciales responden a Química Orgánica II, como si fuera que al primero le quedaba algo por expresar) es la que regula este milagro de equilibrio inestable que es la vida, donde se despliega desde lo más denso de nuestra materialidad, hasta lo más sutil, eso que nombramos con las palabras alma o espíritu, “esa parte que no sale en las radiografías”, pero que forma unidad indisoluble de todo lo que somos y se diluye en la nada cuando nos llega el momento.

          “Evanescentes, in propios y pequeño” es un libro en preparación sobre el que mucho no sé todavía, son todos textos breves; los Evanescentes tal vez dan cuenta de lo que se escapa en palabras por entre los dedos de la escritura; los Impropios aluden quizá a lo que no nos pertenece (como si de verdad algo nos perteneciera); y lo Pequeño es acaso la mirada de la poesía sobre lo ínfimo, lo que desechamos o no percibimos, como convencidos de su irrelevancia, y sin embargo esas existencias o entidades nos dan algún testimonio de la existencia nuestra, como si la reafirmaran, y hablan de nosotros mucho más de lo que creemos. 

 

 

          6 – En algunas de tus respuestas denotás cuánto gravita en vos el sentimiento de la amistad. Me llega, me identifico. Y como resulta que anoche terminé de volver a leer –quinta vez- ese extraordinario “Argentino hasta la muerte” de nuestro César Fernández Moreno (la primera edición, la del ’63, por Sudamericana), arribo a la página que antecede al índice: “Dedicatoria”; allí, antes de nombrar a los once varones (Francisco Urondo, Miguel Brascó, Ramiro de Casasbellas…) a los que dedica cada uno de los once poemas que conforman el poemario, señala: “Los amigos son distintas versiones de uno mismo, piedras de toque de nuestro vivir, que en mi caso es tal vez sólo escribir, ya que sólo en el escribir he podido tal vez conquistar la plena libertad de mi vivir.” ¿Qué nos podrías agregar, Alberto?

 

          AB – En alguna etapa de la vida es probable que la amistad tenga más que ver con esa suerte de apareamiento de los afectos con un otro, más por lo que se nos parece que por lo que difiere de nosotros. Me parece razonable que así sea cuando el humano, en los primeros años de su vida, busca reafirmar su identidad, siempre frágil, ante la evidente superioridad, tanto de lo llamado real como de lo imaginario. Después, es discutible si los amigos son o no son otras versiones de uno mismo, o cuan bueno es que sea de ese modo. Tengo para mí que si algo me enriquece es lo diferente y no lo semejante, y que si algo me hace crecer como persona es lo que se me opone y no lo que me facilita las cosas o me mantiene en zonas de comodidad. Ya que estamos con esto recuerdo una frase del Zaratustra de Nietzsche que dice que el hombre del conocimiento tiene que aprender a amar al enemigo y a odiar al amigo. Si la experiencia poética es, como sostengo,  una forma azarosa e inefable de acceder a espacios de conocimiento (y a lo mejor por puertas no convencionales), además de una experiencia estética, de un lenguaje para dar testimonio, y muchas otras cosas más, entonces esa frase se comprende más fácilmente aunque no sea sencillo digerirla.

 

 

           7 -¿A qué cuestiones, iniciativas, vínculos…, estuviste abocado, y lo hayas o no obtenido el objetivo, te promovió decepción?

 

          AB – No sabría decirte. He tenido una vida simple, con sueños y pesadillas a mi escala, creo. Decía, siendo un chico, que me gustaría ser físico nuclear o piloto de aviones, pero nunca me lo propuse seriamente, tal vez por pereza o falta de determinación; cosas de chicos. Y por otra parte parece que he aprendido a manejarme bastante bien las decepciones como para dejarlas atrás en el tiempo sin sobredimensionarlas o llevarlas a cuestas como las famosas heridas abiertas…; también he tenido la fortuna hasta ahora de no padecer grandes desgracias personales, y esto debe ayudar bastante.

 

 

          8 - Parece que Juan Ramón Jiménez opinó que Pablo Neruda era un gran mal poeta. ¿Opinarías así de alguno?... Y si lo hacés, ¿por qué?

 

          AB – Creo que hay poetas y también hay escritores que escriben versos. Los poetas verdaderos han sido, son y serán pocos. La poesía es un algo muy hondo, una especie de juego grave y a la vez uno de los más serios que existen, y que se debe realizar a conciencia sin saber nunca del todo si sirven las herramientas que tenemos, o ni siquiera cuáles son, y cuál es el resultado. Especialmente, la gran obra me atrevería a decir, el gran trabajo, es el de la preparación del poeta, la construcción de sí mismo como poeta. Esta seriedad no quiere decir solemnidad, ni que uno de los recursos de la poesía no pueda ser el humor; hay humoristas que hacen un trabajo poético, y son poetas. Tampoco quiere decir que no nos riamos de nosotros mismos, y de nosotros mismos, también, en nuestros intentos con la poesía. Se trata de un hacer para ser, que debe ser tomado muy seriamente como para que cualquiera de los que escribimos algunos versos andemos por ahí llamándonos poetas. Voy a hablar por mí y de mí: escribo versos desde hace casi 40 años y si quienes los lean creen que lo soy, estaría bueno que, para sí mismos, lo fundamenten, más allá del halago que pueda significar para mí ser llamado poeta. Esta regla que me aplico, la uso como norma.

          Respecto de lo que dijo Jiménez, pienso que Neruda era un coloso de la imagen y la palabra, sin embargo tan disímil de Vallejo, o de Montale, o de su tradicional rival Vicente Huidobro, por hablar de naves del mismo calado y para hacer corta la lista; habría que ver con qué comparaba en su interior y hacia afuera Juan Ramón Jiménez cuando emitió esa opinión. No obstante me parece un buen juego de palabras, una especie ingeniosa de oxímoron.

 

 

          9 - ¿Las poéticas de qué autores dirías que han logrado –satisfactoriamente- “descolocarte”?

 

          AB – La primera gran descolocación tuvo que ver con mi descubrimiento del lenguaje poético y sin duda fue Rilke. Fue para mí una suerte de dislocación del mundo…; algo de límites y alcances antes insospechados. Felizmente la capacidad de asombro y la mirada inocente sobre el espacio poético (ojo, dije inocente, no ingenuo) sigue viva y me logro asombrar siempre que aparece algo que me descoloca. No me engancho con la cosa sentimental o el juego deliberadamente efectista; sí, lo hago, con esas relaciones que permite el lenguaje que abren la mente a ver las cosas de otro modo; ése es el gran trabajo poético, así se crea un mundo que amplía la mirada sobre lo que nos rodea. Desde ese lugar nos sorprende Juan Gelman. Desde su talento para estas cosas nos deslumbran Pound y su hijo Eliot, o Dylan Thomas, y más aquí cerca Juanele Ortiz o Francisco “Coco” Madariaga, o el ingenioso y meticuloso Borges.

          No pierdo de vista que hay una muy interesante movida poética entre los jóvenes, con resultados sorprendentes y procedimientos absolutamente innovadores de ver el mundo.

 

 

          10 - Ante la eventualidad de que te impongan la multi reencarnación en un científico, en dos deportistas, en tres árboles, en cuatro aves, en cinco directores cinematográficos: ¿A quiénes elegirías? Y si te es posible dilucidarlo, ¿por qué?

 

          AB – No creo en la reencarnación pero vamos a jugar un poco. No tomaría ninguna de esas opciones, elegiría el innumerable aire (con ese adjetivo que usó un poeta griego para denominar la brillantez de mar picado en un mediodía de sol; dijo: “la innumerable risa del mar”. Hace unos días, leyendo una novela que me prestó un amigo y que me tiene atrapado (“El reino de los réprobos”, de Anthony Burgess), un personaje, de los múltiples que pueblan la obra, piensa: “acaso las palabras no fueran sino formas del aire”. Otro ejemplo de mirada poética de un escritor que escribe novelas y que bien puede ser un poeta. Sí, elegiría el aire, sin duda, por ser metáfora de la libertad, y por esa probabilidad que nos abre la frase.

 

          11 - ¿Creés que fue modificándose en las últimas décadas la relación de la poesía con el mercado editorial del libro? ¿Y el panorama de la creación y difusión de la poesía en la actualidad?

 

          AB – Sí, absolutamente. No sólo por la irrupción de la web, los blogs, las redes sociales y todo lo basado en la tecnología, con su sueño de instantaneidad y omnipresencia. Casualmente, hace una semana, escuché a una poeta decir que una potencial alumna de sus talleres no podía enviarle poemas, de los más recientes, porque le habían robado el celular: la chica escribía sus poemas y los tenía guardados en la memoria del celular.

          En otro orden, Amazon poniendo en jaque a la industria editorial, es una incógnita en el sentido de no saber a dónde va a parar la producción y comercialización de libros. Igual creo que es un tema que no desvela a los poetas, aunque sí, creo, no debe ser visto con liviandad. No obstante, escritores y poetas van a seguir habiendo. En el ámbito local, la irrupción de editoriales independientes, pequeñas, muchas de ellas muy buenas, van ampliando el panorama para la publicación de poesía.

 

 

          12 - ¿De qué atributo, que tengas o hubieras podido tener, jamás te jactarías? ¿Qué te saca de quicio? ¿En qué tipo de situaciones es más factible que des tu brazo a torcer? ¿Te cuesta, en ocasiones –o te costaría-, explicar –o explicarte- por qué te atrae determinada cosa o asunto? ¿Te tocó, en alguna etapa de tu vida, sentirte “un bicho raro”, o sospechar que los demás pudieran estar percibiéndote de ese modo?

 

          AB – No lo sé, no me he puesto a pensar mucho en lo que me preguntás. Sí, me saca de quicio la injusticia, una “cualidad” ampliamente distribuida, socializada, en este pedazo de tierra y agua, con aire respirable, que llamamos planeta. Han habido (hay y habrá) muchos momentos en mi vida en que, por alguna causa, no siempre del todo clara, o absolutamente oscura,  me he sentido descolocado del mundo, como mirando los seres y las cosas desde atrás de un cristal y aislado en un universo propio y ajeno a todo. Pero he aprendido bastante a convivir con estas zonas opacas de uno mismo, donde pasan  cosas que uno nunca sabe porqué ni para qué ocurren pero están allí, salen de allí, suceden, son parte nuestra y, eso sí, son nuestra responsabilidad. No nos hagamos los pelotudos de decir “ay, no sé..., es que me puse medio loquito y no sabía qué hacía o qué me pasaba”: …esa historieta de irresponsables, no. 

 

 

          13 - ¿Dirías que sos intuitivo o que a veces actuás a base de corazonadas? Y además encomillo un par de frases de una novela de Murakami: “No era un dolor intenso”: ¿es prosa? “Era tan sólo el recuerdo de un dolor intenso”: ¿es poesía?

 

          AB – A esta altura de mi vida no sé bien lo que soy, me resisto a ese verbo que te congela en un modo fijo “de ser”, prefiero el verbo hacer, y ser lo que hago mientras el tiempo me de. Procuro alguna forma de equilibrio entre esas dos supuestas oposiciones: lo intuitivo y lo racional. ¿Y si lo intuitivo fuera una racionalidad no racionalizada todavía porque nadie lo pensó de ese modo? Me gusta a veces hacerme estas preguntas aunque puedan parecer absurdas. Recuerdo en algún poema, escrito hace mucho tiempo, haber puesto algo así como que “el azar es, acaso, una certeza desconocida”. Y las palabras, la palabra…con su feroz y hermosa cualidad: poder decir cualquier cosa; debemos tener un enorme cuidado con la palabra y las palabras.

          Hay un algo de poesía flotando en lo de Murakami. Hay novelistas que son poetas (lo quieran o no). Si no mirá cómo Thomas Pynchon comienza su famoso libro “El arco iris de gravedad”: “Llega un grito a través del cielo. Ya ha ocurrido otras veces, pero ahora no hay nada con qué compararlo.”

 

 

 

Alberto Boco selecciona para acompañar esta entrevista, en octubre de 2014, seis poemas de su autoría:

 

  

Árbol de oro

 

 

 

Es fácil ver metal en la copa

brillo de oro con el sol inclinado

primero la mirada con el sol de través

y no hay otra cosa más que simple fresno

una mañana tibia de mayo por la calle del triunvirato

entre el asfalto y las paredes los vidrios

devuelven la escena que pasa

y detrás la mirada rumbo a lo que viene

a cada metro en un día que crece

la calle del triunvirato

donde un árbol que no es de oro

no es más que la mirada

la carga de nuestra ilusión

en un punto de lo azaroso

como ha sido siempre

cuando miramos

detenidamente

algo

 

                       (del libro inédito “Árbol de oro” – Escrito durante 2005 – 2006)

 

 

 

*

 

 

ciudad en su siglo

 

mirado de cierto modo

cualquier alejandría que se hunde

tiene agonistas y mercaderes

 

verseadores putas y cronistas del tiempo

cabalgan en el azar

pasiones breves e incestos de época

 

bares pobres y nurseries por si las moscas

levantan artefactos y cosas

para después del derrumbe

 

 

                        (del libro inédito “Redes”  –  Escrito durante 2002 – 2003)

 

 

 

*

 

 

 

Los perros cueteros

 

“Mientras buscaba la estrella vespertina en una fría ventana

                                           y silbaba cuando Arturo derramaba su luz,

                                           oí reñir a los lobos, y dije: Entonces esto

                                           es el hombre”

Allen Tate

 

 

festejos tradicionales y ellos aparecen

un despertar cuando medra la noche y las explosiones comienzan

andar solos por ahí hasta el ritual de lo que se pudre

y disimular en el ruido y el olor de la pólvora barata

efectos de la temporada…

 

sucios de arenas el gesto distraído

pelo encrespado como en un enojo

se van amontonando en el andar cansino hasta que lo avivan

donde se junta la presa casi nadie mira

tal vez algún chico que adivina y alguna mirada

otra porque intuye

gesto veloz de repente contra el estampido

fuego en la boca y otra vez hacia allá

lejos

 

qué canta en el fuego y el humo en el chasquido

como rama reseca que se quiebra cada vez

qué canta en la sangre y en la carrera de súbito despierta

y vos que los mirás como se mira el amor

esa química orgánica con ropa de ternura

mirar que no se nubla en el farolero simular de la época

quién sabe qué piensa –decís

detenido ahora en el alto de la mañana

como sombra contra el moverse del mar

ahí las nubes coloreando como si vos y yo no supiéramos

que nada de todo eso es intención mientras ellos están ahí

con esa cosa que raspa como espera debajo de la sangre

cada estallido que apure la caída

del que no mira duerme y se divierte mientras

ellos con la traza del viejo mapa y el ojo que parece apagado

pero detrás de la mirada esa sombra

que apenas campea                sabe y espera

desde lejos y a su modo

sabe y espera

siempre

desde bien allá

 

                                      Para Pugnax (*)

(*) Nombre de un perro que integra la tripulación de un dirigible en la novela Contraluz, de Thomas Pynchon.

 

  (del libro inédito “Perros cueteros y otros abandonos” – Escrito durante 2011)

 

 

 

*

 

 

Palomas en el cable de la luz

 

 

 

Caminamos junto al paredón del gran cementerio del oeste

sin martingalas con el viejo trance.

Hay palomas en el cable de la luz.

 

Peripatéticos de hoy

nada parece falso ni verdadero al sonido de los celulares

el contacto con la palabra todavía produce algunas imágenes

y han evolucionado mucho los medios de transporte.

 

Los niños geniales gozaron su olimpo y su fidias,

los altos de lycavitto y el parnaso ahí nomás

ideas de altura al alcance de la mano.  Los césares en Roma

obtuvieron sus mil años de humedad cristiana en los huesos...

 

Las palomas volaron.

Hay cicatrices de caca todavía en las veredas.

Señales en el gran cementerio del oeste.

 

                          (del libro inédito “Palomas en el cable de la luz”  –  escrito durante 2003 -2004)

 

 

 

*

 

 

Puente Saavedra

 

Llega un grito a través del cielo. Ya ha ocurrido otras veces,

                                       pero ahora no hay nada con que compararlo.

           Thomas Pynchon

 

 

conjurados con algún bulto que arrastrar

en la zona gris de los apeaderos y los transportes

la opacidad se respira en grandes y pequeños tráficos al paso

se bebe y se come con la niebla de la desconfianza

los gestos no necesitan de nada más

desde un lado del canal Pirata Prentice(*) cultiva bananas

y espera  la parte que le toca en la ruleta rusa del mundo

algo después dos paredes alambradas y una tierra de nadie

ni la grandeza ni la grandilocuencia de la Gran Muralla

en la escena un borracho y un predicador

alguna prostituta un policía y una nena

puede haber un río una cordillera y gente de armas

entre las placas del transformador late una diferencia de potencial

como en todo pasaje también una forma de la teatralidad

presentida en el aire la descarga eléctrica dibuja una fotografía

es previsible por otra parte una solución así

una épica de los bordes

tecnología y redes en el gran carrusel

menos y más explícito que un circo romano

camino al “22” con menos y más peligro por la línea divisoria

vamos y venimos atentos al efecto doppler

cambia el sonido de lo que se aleja

lo que se acerca. 

 

(*) Uno de los personajes de la novela “El arco iris de  gravedad”, de Thomas Pynchon

 

 (del libro inédito “Paisaje fronterizo” – Escrito durante 2007 – 2008)

 

 

 

*

 

 

Tardecitas

 

 

te digo que hay cosas que la mirada no sabe

las devela te digo como si las llamara de reojo

por un sendero del parque lo descubro

picotea el pasto el pájaro carpintero y también ahí

en otra parte deshecha contra la pala excavadora

un revoltijo de pluma gris y rojo la paloma

dirían algunos que los dioses la han dejado

sombra sin memoria en el orco dirían pero

yo que trabajé con celo la carne para no caer

en la clausura de allá y elegí lo abierto de aquí

esta cerrazón cerca de las cosas como para volar bajo

apenas veo la piel de la belleza en este reflujo de todo

como cuando tus ojos en vos capturan el matiz

el cuerpo fugaz en los trazos y de golpe pareciera

que toda la pena del mundo le caben

como cuando ves pequeñas tragedias y no se te nota

entonces yo que soy un confidente que no sabe traicionar

te miro hecho un animalito furtivo para llegar en vano

al tacto de lo que ya ni te pertenece de tan tuyo

no llegar nunca –esto es lo digno–

a lo inapresable de vos y lo desconocido de mí.

 

 

                      (del libro “Estación de nosotros” – Editorial Buenos Aires Poetry – Buenos Aires – 2014)

 

 

*

Entrevista realizada a través del correo electrónico: En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Alberto Boco y R. R., octubre de 2014.

*

http://www.revagliatti.com.ar/070620a.html

http://revagliatti.com.ar/030804_boco.html

 

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13 de Octubre, 2014 · General

Alberto Luis Ponzo: sus respuestas y poemas


 
Entrevista realizada por Rolando Revagliatti
 
 
 
Alberto Luis Ponzo nació el 12 de junio de 1916 en el barrio de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires y reside en la ciudad de Castelar (desde 1951), en la zona Oeste del Gran Buenos Aires, la Argentina. Dirigió y codirigió, entre otras revistas literarias, plaquetas y  colecciones, “Vigilia” (con Fulvio Milano, 1961-1965), “Encuentro” (1966-1977), “Por la Poesía”, “Empresa Poética” (con Luis Iadarola y Simón Kargieman, 1984-1988), “Mano de Obra” (con Carlos Vitale), “Hojas del Caminador” (con Alba Correa Escandell, 1981-2005), “El Poema Ilustrado”, “Otros Cielos” (bilingüe). Su quehacer fui incluido, por ejemplo, en Poesía Argentina Contemporánea” (Volumen Octavo, Fundación Argentina para la Poesía, 1981), “40 años de Poesía Argentina” (Tomo tercero (1950-1960), Editorial Aldaba, 1964),“Poesía Argentina  - Hacia el 2000” (Ediciones Kir, 1997),“El ‘60” (selección de Alfredo Andrés, Editores 2, Serie Plural, 1969), “Poesía Hacia el Nuevo Milenio” (Tomo 1, La Luna Que, 1999), así como en innumerables publicaciones periódicas no sólo de su país, sino que, también, en “Hora de Poesía”, “Kurpil”, “El Indio del Jarama” de España; “Enlace”, “Románica” de Estados Unidos; “Norte” de México; “Zona Franca” de Venezuela; “Andrómeda” de Puerto Rico; “Alero” de Nicaragua, etc. Citamos algunos de sus poemarios: “Equivalencia de la tierra” (1960, el primero),“De ayeres y desmemorias”, “Ramos de invierno”, “Cuaderno Martín”, “Lugares / En otras palabras”, “Obra en construcción”, “Canto en la arena”, “Exploraciones (sobre la poesía y lo demás)”, “Anotaciones para mi nacimiento”, “La casa de Azara y otros poemas”, “A puertas abiertas”, “Uno en el mundo”, “Poemas para Antonio Porchia”, “Historias salvajes”, “Cuadro de situación”, “Diálogo de escrituras”, “Labio oscuro de nacer”, “De este mundo (instantáneas y miradas)”. Y algunos de sus volúmenes de ensayo: “Pasión de la soledad y el misterio de Juan  L. Ortiz”, “Antonio Porchia: El poeta del sobresalto”, “Poéticas / Poetas de la experiencia a la escritura“, “César Vallejo: Verbo, destino y unidad”, “Poetas del vértigo y otros ensayos”, “Osvaldo Milano Arrieta, una forma sensible de indagación”, “Juan L. Ortiz / El aura de un lenguaje esencial”. Así como las siguientes antologías de su obra: “Ocupaciones y límites” (1960-1981, Fundación Argentina para la Poesía, 1982), “Poesía recobrada”(1972-1995, Libros del Empedrado, 1996), “Ochenta vueltas al mundo de todos los días” (1960-1996, Araucaria Editora, 1997), “Poemas olvidados” (1962-2004, Hojas del Caminador, 2004), “Antología breve” (incluye “Pulsos ocultos” de Alba Correa Escandell), Araucaria Editora, 2008.
 
 
 
 
          1 – Quienes deseen saber más de vos, Alberto, tendrán posibilidades si te buscan en la Red. Encontrarán muestras de tu poesía, otros reportajes y videos. Y podrán advertirte en fotografías con tu esposa y compañera de más de seis décadas, Alba Correa Escandell (1918-2008), de nacionalidad uruguaya, que además de profesora universitaria era poeta y narradora. ¿Nos referimos a ella?
 
          ALP – Entre las actos que considero imprevisibles no puedo dejar de mencionar cómo conocí a Alba, como un hecho "milagroso" por medio de la Radio Sténtor, muy popular entonces en Buenos Aires. Ella había participado en un concurso de poesía desde su país, obteniendo una distinción, y yo traté de comunicarme a través de los datos logrados por la amistad que me unía a una locutora de la radio. Alba vivía en Nueva Palmira, pequeño pueblo frente al río Uruguay, y yo había iniciado mi carrera universitaria; además comenzaba a "imitar" a los poetas del ‘40. Mantuve con Alba una incesante correspondencia y la visitaba cuando lograba conjugar mi disponibilidad de tiempo y económica. Los dos escribíamos coplas y sonetos, y nos consubstanciábamos con los bardos de esa época: Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Almafuerte,  parte de poesía española y francesa. Eran los años de "fórmulas neorrománticas" y acontecimientos históricos  y socio-culturales que determinaron las expresiones de una "nueva poesía". Existían las tendencias modernistas y, sin mayor influencia, seguimos juntos cumpliendo "carreras" diferentes: ella era Profesora de Idioma Español e Historia y yo ejercía mi profesión de Odontología. Mientras Alba realizaba una labor de desarrollo en la vida cultural palmirense, aún derivada de la producción tradicional, yo me dedicada a atender mis pacientes, en Castelar, concurriendo en ocasiones a la Capital Federal, donde me fui relacionando con los poetas Roberto Juarroz, Raúl Gustavo Aguirre, Enrique Molina, Francisco Madariaga, Alejandra Pizarnik, Antonio Porchia y unos cuantos surrealistas. Alba en Nueva Palmira fue delineando una obra silenciosa y ligada a sus recuerdos de infancia y actualidad familiar. Sus libros fueron editados mucho después de los míos.
 
 
          2 – Sobre tu poética se opinó que huía “del retoricismo y de los excesos sentimentales y que se caracteriza por el tono reflexivo”. Y sobre vos, el poeta Carlos María Romero Sosa destacó un rasgo: “Una de las pocas personas que conservan la sana costumbre de escribir extensas cartas manuscritas.” Ha existido el “Premio de Poesía Concurso Dr. Alberto Luis Ponzo de la Universidad de Morón”. Has ido obteniendo reconocimientos institucionales por tu trayectoria (Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía (en 1992), Sociedad Argentina de Escritores Central y también de la Seccional Oeste, Socio Honorario de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (en 2011), Fondo Nacional de las Artes…). Yen la ciudad de Morón podríamos acceder a la “Biblioteca Popular y Centro Cultural Alberto Luis Ponzo”. Suspendo acá, para no abrumar, esta salpimentada intervención. ¿Cómo atinás a sobrevolar sobre todo esto?
 
          ALP – Hay una línea que separa lo que se escribe de las opiniones, resoluciones, prescripciones y otros elementos externos. Esa línea representa el lugar de la creación, la obra ya realizada y presentada, como hecho elaborado por el autor, independiente de nuestras ideas o condiciones en las diferentes formas de su existencia. Al otro lado de la línea imaginaria está el reconocimiento luego de la lectura, que puede resumirse diciendo que "vale" y tiene alguna importancia. Hay también un aspecto que no deja de influir en el trabajo escrito o del material que sea: la circunstancia de la ejecución, o sea lo que da vida y mayor actualización. Es cuando se estiman las razones para premiar, otorgar una mención, celebrar, elegir un plano para destacarlo entre otros. Yo creo, Rolando, que ha surgido en los últimos lustros una política excesiva y dudosa para otorgar los premios: se ha desvirtuado lo que entendemos como Arte. 
          En cuanto a mi obra de poesía, ensayo o cosa realizada, sólo puede disculparse por los años de su realización, "sobrevolando", como decís, entre características de varias generaciones. No hago comentarios o afirmo si es merecido, pero no he interrumpido mis esfuerzos.
 
 
          3 – Las diversas ocasiones en las que has participado en colaboración con el pintor y dibujante Salvador Galup, me brinda la posibilidad de preguntarte cuáles han sido, en qué han consistido, y que lo evoques como artista y como persona.
 
          ALP –  Poco después de trasladarme a Castelar (yo viví en Buenos Aires, frente al Parque Chacabuco, desde que me casé en 1946 hasta 1951) y ya instalado con mi consultorio dental en la calle Italia 830, concurrió por un problema de prótesis Salvador Galup. Al realizar su ficha, aparte de los datos acostumbrados, me enteré que era pintor y dibujaba en el diario “La Razón”. Un día me invitó a conocer su taller, a pocas cuadras de mi casa. Me mostró varios cuadros que se exhibían en el comedor y numerosas obras –dibujos, óleos, estudios- ordenadas en su tallercito, en el piso superior. Yo admiraba esa producción y las colaboraciones en el diario, caricaturas en su mayor parte con hechos políticos o simplemente las pruebas de sus trabajos. Seguimos cerca, conversando de arte, la situación social, su familia (tenía esposa y tres hijos), sin dejar de incluir a la poesía, pues le había contado que escribía. No recuerdo todo lo que me ayudó a ilustrar y diagramar desde entonces. Lo cierto es que nos hicimos muy amigos y cuando le pedía la opinión acerca de mis poemas, a los pocos días me mostraba lo que él había sentido al leerlos. Así fue concibiendo tapas con ilustraciones de mi obra. Pero lo que deseo destacar, sobre todo, es su personalidad, la humildad y el desinterés sobre lo que hacía, obsequiándolo a quienes les complacía. Lo que más tengo presente es la publicación de "Hojas del Caminador", con la imagen de cada autor en la tapa y dibujos de los poemas elegidos. Durante tres años consecutivos y un número mensual, han aparecido las ilustraciones, con un breve ensayo, de más de treinta poetas. Escribió Galup en una Hoja que le dediqué: "El arte no se puede definir. Es algo que hace cambiar al ser humano, es la comunión de todos los seres humanos. El artista no puede ser individualista: tiene que dar cosas, tiene que decir lo que sucede. Es el mundo que lo hace pintar o escribir. Otra cosa no me interesa... Uno es como la realidad y después trabaja, se comunica con otro." En un reportaje afirmó: "Tengo un gran respeto por la pintura. No me siento con capacidad de mostrar mis cuadros. Cuando pinto no pienso en otra cosa que la pintura. Si alguien mira un cuadro y le gusta, ya estoy conforme. Si llega lo que hago, ya he cumplido con mi obra."  Había nacido en el porteño barrio de Caballito el 2 de noviembre de 1907 y falleció en Castelar el 20 de marzo de 1991.
 
 
          4 – Integraste el Centro Cultural Almafuerte, el Grupo Roberto Arlt, dirigiste “La Voz de Castelar”, fuiste jurado en certámenes, obtuviste primeros premios tanto en ensayo como en poesía, y es debido a tu iniciativa que diversas propuestas se fueron llevando a cabo en la esfera cultural. ¿Cuáles propuestas te satisficieron más y cuáles te decepcionaron por su deficiente ejecución? ¿Quiénes integraban el Grupo que cité y cuáles fueron los objetivos cumplidos? ¿Qué te dejó tu paso como director de un periódico?
 
          ALP –  Cada caso conlleva una significación según las distintas épocas o situaciones. No se puede sentir lo mismo y responder al paso de los años. Cuando ingresé a la Sociedad Fomento de Castelar, mi trabajo consistió en integrar el equipo de odontólogos, en distintos horarios. Entonces no se cobraba, como Entidad de Bien Público. Poco después propuse la realización de actos culturales con artistas de Castelar y Morón, y así se fundó la Asociación  Permanente de Artes Plásticas, donde intervine con Salvador Galup, Helios Gagliardi, Renée Pietrantonio, Rita Kafetzis y muchos más. Recientemente falleció Gagliardi, el principal organizador. Ese período fue uno de los más hermosos por las exposiciones, los debates, los certámenes (alguno, de poesía ilustrada). Surgió un grupo de escritores y se formó el Taller Literario, denominado Roberto Arlt en sus comienzos (en San Antonio de Padua). Participaron Juan Alberto Núñez, Antonio Aliberti, Elsa Fenoglio, Beatriz Pico… y como invitados, escritores de la Capital. No puedo negar inconvenientes o desacuerdos, pero la organización nunca fue discutida o negada por la Comisión Directiva de la Entidad. Integré esta Comisión varias veces, ocupé la Presidencia y lo que más me conmueve ha sido el desarrollo, los objetivos cumplidos de ampliación y modernización de la Sala de Auxilios, y desde luego las reuniones literarias, los diálogos con Raúl González Tuñón, Alejandro Schmidt, Roberto Santoro, Rafael Alberto Vásquez, César Fernández Moreno, Miguel Ángel Viola, Luis Ricardo Furlan, Héctor Miguel Ángeli... En otra instancia se me confió la dirección del periódico "La Voz de Castelar", donde ya venía colaborando en mi "Kiosco Literario" con biografías, poemas, críticas. A veces me refería a temas políticos y actualizaciones históricas, pero nunca me he sentido "periodista". Sólo escribía para comentar los sucesos destacados, las vicisitudes sociales y los dedicados a la literatura. Hasta hoy aparecen  artículos de directa difusión cultural (desde 1962). Acoto que Alba participaba con notas que confluyen en su libro "El duende y otros cuentos".
 
 
          5 – Más allá de profesores, licenciados y doctores en Letras, abundan abogados, periodistas, médicos y psicólogos que, además, son poetas. Hay, pero no abundan los poetas que además son meteorólogos, ingenieros, físicos, arqueólogos, veterinarios, administradores de empresas, antropólogos, químicos. En tu caso, Alberto, en 1943 te recibiste de doctor en Odontología (el otro poeta y odontólogo que se me viene a la mente, y que casualmente también reside en el oeste del conurbano bonaerense, es Norberto Alessio). ¿Coincidís con mi observación? Y, coincidas o no, ¿qué conexiones procurarías establecer entre el ejercicio de las profesiones universitarias y las producciones poéticas?
 
          ALP Cuando tuve que decidir, al finalizar el Colegio Nacional, qué podía hacer -sin tener ninguna idea especial- le dije a mi hermano mayor: Filosofía y Letras. Ya sea porque me atraía escribir y tenía buenas notas, o porque no atisbaba otro camino, la elección fue la expresada. El se negó y me respondió que estudiando "eso" en la universidad "me iba a morir de hambre"! Fue entonces que surgió el propósito de ingresar a la Facultad de Medicina,  donde en aquella época (1938) se estudiaba Odontología. Mi ambición de la otra carrera quedó archivada. Nada de filosofía, de lenguaje, de historia de las artes. Durante la carrera empecé a escribir, y concurría a conferencias, recitales y seminarios. No me perdía las lecturas y producciones generacionales, los movimientos existentes, las tendencias renovadoras, ni dejaba de consultar obras de autores extranjeros. Disfrutaba de Baldomero Fernández Moreno, Olga Orozco, Federico García Lorca, Macedonio Fernández, Pablo Neruda, Ernesto Cardenal, Antonio Machado, Luis Cernuda, los autores del grupo "Martinfierrista": Oliverio Girondo, Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges, Horacio Rega Molina, Evar Méndez, Francisco Luis Bernárdez, Ricardo Molinari, Eduardo González Lanuza, Carlos Mastronardi, Conrado Nalé Roxlo, Norah Lange, Jacobo Fijman. Todos los representantes del romanticismo, sin olvidar a nadie o recordando ahora a algunos con más afinidad u oscilaciones con el verso tradicional, el tono metafísico y las ideas sociales. Esto nos lleva a una pregunta: ¿Y la Odontología? Entre 1938 y 1943 cursé mi carrera
universitaria. Ya había escrito sonetos, romances, versos rimados o libres... Éste ha sido mi caso, Rolando, pero conozco ingenieros, químicos, contadores, que escribían poesía. Hay siempre buenas explicaciones, si pensamos en una vocación o predisposición de carácter espiritual. Entramos así en la psicología, en la mente y las conexiones que escapan a mis conocimientos, modestamente.
 
 
          6 – Has visto desarrollar durante más de seis décadas a tu ciudad de residencia. Permitime que antes de pedirte que te refieras a ella, informe sobre las circunstancias que determinaron lo que muy pocos argentinos saben: quién era el Castelar en cuestión. Resulta que a un político y novelista local (rosarino), Estanislao Zeballos, le aceptaron su proposición de instituir  dicho apellido como homenaje al escritor y político Emilio Castelar y Ripoll (Cádiz, 1832 – San Pedro del Pinatar, Murcia, 1899), presidente del poder ejecutivo de la Primera República Española.  
 
          ALP  En aquella "pampita", como la denominaba uno de mis vecinos, me interesaba trabajar y no me impedía abocarme a la literatura. Denominada en la segunda mitad del siglo XIX como "Kilómetro 22", sí, las autoridades de entonces decidieron cambiarle el nombre, y en homenaje al personaje que señalás, la estación ferroviaria fue llamada como hoy y la zona empezó a desarrollarse, debido -como siempre he oído decir- a su clima y naturaleza. Al llegar comprobé  la gran cantidad de casas quintas, terrenos deshabitados y características que atraían a numerosas familias. Con Alba y mi primer hijo, Ariel (1947), me trasladé. Después nacieron nuestras hijas: Ada, en 1949, y Ariana, en 1960. Y ahora, aquel “Kilómetro 22” cuenta con cerca de 120.000 habitantes.
 
 
          7 – Admitiendo que no debo haber conocido cada una de las revistas que has dirigido, Alberto, ¿coincidirías con mi impresión de que “Empresa Poética” debe haber sido la de mayor impronta, más abarcativa y elaborada?... ¿Nos darías un perfil de alguna de las publicaciones periódicas de poesía de las que has sido responsable?
 
          ALP –  Si denominamos "perfil" al conjunto de publicaciones, los períodos de su elaboración y autores seleccionados en cada una de las revistas que he difundido, amigo Revagliatti, sería infinita la lista de nombres de autores, ensayos, comentarios, selecciones poéticas… Ocuparía centenares de páginas. No puedo asegurarte la importancia de "Empresa Poética", con la colaboración de Simón Kargieman, que ha fallecido hace varios años, y Luis Iadarola, con quien me he comunicado hace pocos días. Esta revista-libro ofrecía un panorama de la poesía argentina y latinoamericana, y en cada número elegíamos un autor para iniciarlo con un ensayo y dábamos a conocer la obra de consagrados y de jóvenes desconocidos. Fue para nosotros un período de gran interés y valorización si pensamos en un "perfil", como me proponés, de los autores que vemos actualmente en las más completas antologías.
 
 
          8 – Has tratado mucho a los poetas Fulvio Milano y Simón Kargieman. ¿Nos harías una semblanza de cada uno de ellos?
 
          ALP – Has nombrado a dos de mis grandes amigos, los primeros que traté al comenzar la "vida poética", los pasos iniciales. A Simón lo conocí en uno de los actos de la época inaugural de mi experiencia, y luego de muchas charlas, frecuenté su casa y conocí también a su esposa, odontóloga, y a sus tres hijos. Hubo un día trágico, cuando por una razón que nunca comprenderé, su mujer se suicidó. Simón había publicado ya "Tiempo de lágrima cerrada""Niño del asombro""Antipoemas 1962". Después aparecieron "Ella y el amor" y "Acto de fe". Otras obras: "El círculo inmóvil " (1969) y "La palabra decisiva" (1977). Había nacido en marzo de 1926. Trabajó de visitador de médicos y en los últimos años había atendido una estantería de libros a la entrada de un Instituto de Psicología de Buenos Aires. Nuestra amistad ha sido conmovedora. Estuvo internado y falleció en un hospital, abandonado por su segunda mujer y lejos de sus hijos. Un auténtico creador: "El que nos habla en el idioma sensible afín a todas las estructuras humanas". Esto determinó Simón en "Encuentro", además de confesar que "los campos psíquico y social son lascircunstancias contingentes esenciales, que animadas coinciden  en provocar la irrupción creadora". Me es imposible resumir aquí su posición estética, las condiciones personales,
su orientación artística. 
          A Fulvio Milano lo vi en uno de los actos tan frecuentes en las décadas del ‘50 y ’60. También residía en Castelar. Pasado un tiempo, vino a verme con su hijo a mi casa. Era maestro de escuela y tenía  conocimientos de literatura, lingüística, temas generacionales, y una visión de su existencia campesina, regional, que se extendía en el barrio de La Boca y el sur del conurbano bonaerense. Colaboró con entusiasmo en las revistas que editábamos,
con admirables ensayos y estudios sobre poetas argentinos, críticas de grupos de distintos lugares. Era callado -como suele decirse-,  muy riguroso, alejado de los "falsos mitos y encasilladores de poesía" (como definió Simón). Había nacido en Buenos Aires en marzo de1929 y publicó "Nevado de silencio" (1959), "Intemperie"(1965) y "Días  pintados en las ventanas del aula", poco después. En cierta época, pasaba largos meses en una villa
marplatense, preparando la edición de su plaqueta periódica de poesía "Mar de Monte Hermoso"; y después del fallecimiento de  su esposa fue a vivir a la ciudad que había conocido de chico: General Belgrano. Nos veíamos poco, y no tuve ninguna noticia hasta hace tres años, cuando me comunicaron desde allá, sin proporcionarme los detalles de las circunstancias, que había fallecido.
 
 
          9 – Un escritor que te quiere y conoce mucho, sabiendo que estamos desde hace varias semanas, charlando a través del correo electrónico, me sugirió, Alberto, que te formule la siguiente inquietud: ¿Tiene una identidad definida la poesía del oeste bonaerense?...
 
          ALP - Si este amigo escritor pregunta sobre la poesía del oeste, recordará que la Dirección de Arte y Cultura del Municipio me encargó, para la colección "pluma 'e gallo", una antología de poetas de Morón. En agosto de 2007 fue editado el volumen que reúne a veintitrés autores. Dedicar la respuesta sobre la "identidad" a cada uno, o en un concepto que los incluya a todos, excedería  tu pregunta, querido Rolando. En estos años de vivir aquí, los he tratado a todos, a unos más, a otros menos, y he leído sus poemas. En la introducción de la antología consigné: "No hay reglas absolutas, no entran rígidos moldes ni aparecen recetas ya consagradas. Si hay que identificar de algún modo, en su gestación y sus logros, a cada uno de los poetas de la Antología, nos sorprendería la validez de la creación que se despliega desde lo cotidiano y lo real al mundo más vasto del pensamiento, la actitud social, la descarnada visión del mundo actual y también el ejercicio misterioso de las mismas palabras, como instrumentos que se transforman y nunca alcanzan a mostrar todo lo que pensamos". La Dirección de Cultura del Oeste bonaerense la distribuye desde su presentación en la Biblioteca. Si hay que expresar  "una identidad definida", es oportuno repetir lo afirmado por Raúl Gustavo Aguirre: "Ver, en pocas palabras, si los poemas tienen alguna relación con nuestra existencia, en qué medida apelan a ella y demandan nuestra contestación".
 
 
          10 – Si inquiero por poetas que admires y en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, la ironía, el ingenio, la sorna, la causticidad, ¿qué me responderías?
 
          ALP - Dice muy bien Julio Cortázar que para definir y entender habría que estar fuera de lo definible y entendible. Lo cito porque estoy leyendo "Rayuela". En lo que me pedís tengo que recordar ensayos e innumerables historias de los poetas que más me han dado y puede ser "entendible", entre tantas experiencias y estilos de su lenguaje. Las condiciones que señalás se aplican  o no tienen nada que ver, en los autores más leídos y admirados, por pertenecer a modalidades humanas. Me atrevería a sostener  que ningún autor es ajeno a alguna de las características que has indicado. Y es así como respuesta ante la vida, de acuerdo a los hechos de mayor alcance. La poesía, como sabés muy bien, no tiene  mejor definición que... ¡hacerla!
 
 
          11 - ¿Has llegado a vacilar bastante o con fastidio durante lapsos más o menos extensos, a la hora de elegir títulos?
 
          ALP –  En casi todas las librerías parece más importante un atractivo título que el contenido, siendo incalificable o un mejor método de venta, de programación, un "negocio" de tapas, aparte del interés que pueda despertar. En mi caso, como en tantos de nuestros fines de mayor modestia y sana intención, los títulos han obedecido a la experiencia, las ideas o circunstancias. He publicado mis obras y nunca he vacilado para elegir su título, ni me he roto la cabeza procurando el más adecuado. Los títulos han acompañado lo que he querido expresar, se correspondían con el material "de adentro". Han formado parte de mi propuesta.
 
 
          12 - ¿La primera frase o párrafo o verso los trabajás mucho y después seguís, o te lanzás más bien a un borrador, y por ejemplo, al día siguiente o a la semana, pulís?
 
          ALP Cuando escribía, hace muchos años, era muy raro que corrigiera o puliera la escritura. En los primeros libros, por ejemplo, "Equivalencia de la tierra"(1960) o "Canto en la arena" (1961), era espontáneo, directo, podría decirte "inspirado" por lo que sentía o pensaba. ¡Qué épocas, al pasar el tiempo y adquirir  recursos más rigurosos! Como si cumpliera una misión , seguí escribiendo y publicando, mientras trabajaba para "vivir" y tenía una familia, una admirable esposa y tres hijos. Había que leer a los poetas más importantes, conocer las tendencias, los elementos artísticos, las viejas y nuevas formulaciones... Cuando siguieron los años, entendía lo que el lenguaje imponía, digamos, para hacer mejor la poesía, o lo que más nos conformaba o revelaba con una corrección oportuna o la eliminación de lo superfluo. En la actualidad hago borradores, dejo escritas palabras que más tarde  borro o reemplazo. Busco y espero lo esencial, sin pretender nada perfecto, pero  sí lo más honesto. Cuando le preguntaron a Roberto Juarroz por qué escribía, respondió: "Escribo porque amo la vida". De ahí surge nuestra responsabilidad y lo que, en la medida en que me es posible, intento.
 
 
          13 - Releyendo –y despidiéndome del ejemplar- el nº 1, julio de 1989, de la revista “Poesía 2000”, doy con estas líneas de la poeta Raquel Jodorowsky (1927-2011): “Existe un ámbito místico, una comunión entre el lector y la poesía impresa. Entre el libro y el que lee se amarra un silencio que sólo la poesía desata en el alma. Así ella entra por los ojos. Por eso es tan difícil dar lecturas en recitales. Desde los escenarios hasta los oídos del público, la poesía no llega en su totalidad. Creo que se hace nube. Se diluye, se fuga. Sólo deja un poco de su sombra. Pero eso es algo.” ¿Qué te suscita este recorte que te facilito?
 
          ALP – Estamos ante conceptos que pueden aprobarse o no, ampliarse y analizarse en profundidad. No deseo ir más allá de lo que he realizado, calificarlo y hacer afirmativo su resultado. Pueden recordarse numerosas opiniones para apoyar todo lo que se ha sugerido en tu mensaje y  descifrar otras cosas. Pero hay algo que es indiscutible: en la poesía debe darse el sentimiento, la naturalidad, la originalidad, el sentido espiritual y el misterio de la palabra. Como bien dice Raquel, si se tiene en cuenta la lectura, "un poco de su sombra", lo que "se hace nube" en los recitales. Es muy cierto que todo "se fuga", si no se comprende lo que decía Jacobo Fijman: "Hice conducta de poesía. Pagué por todo". ¡Éste es el gran secreto! ¡La conducta de los autores que poseen un lenguaje para todo lo humano!   
             (Aprovecho para compartir con nuestros lectores algo para sonreír y sorprenderse. Hace unos días, ordenando mi biblioteca, encontré el libro de Raquel"Sin antes ni   después", con la dedicatoria firmada en México el 11 de diciembre de 1985. En la solapa dice que nació dentro de una mina de cobre, en el norte de Chile. Y agrega: “He publicado quince libros. Tengo un hijo y un loro. Y tengo el mundo entero. Es todo." En la contratapa, con un breve comentario , su foto. ¡Una hermosa mujer!)
 
 
          14 - ¿La idea romántica de que el conocimiento no se puede trasmitir, aplicada a cualquier disciplina, a cualquier arte, es sumamente retrógrada? ¿Podés disfrutar de la lectura de obras de escritores con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?
 
          ALP Son muy difíciles tus preguntas, Rolando, pero tienen gran interés al intentar respuestas adecuadas. En mi larga trayectoria tendría que recordar muchas lecturas, conocimientos, sucesos, aprendizajes. No es posible en escasos términos, en base a ideas poéticas aceptables, referirme a lo que he vivido y escrito a partir de mis primeras experiencias. Empezaré con una época en la que mi lenguaje, lejos de los recursos tradicionales, buscaba una forma despojada, sobre temas íntimos, emotivos, sin abandonar del todo otras disciplinas, como suele sospecharse a veces entre autores españoles y también de Francia en esos años de nuevas técnicas y fórmulas, en oposición decidida a las luchas sociales. En mis primeros libros, "Equivalencia de la tierra" (1960) y "Canto en la arena" (1961) , y después en ensayos, comentarios, biografías, estaba en esa línea romántica que me proporcionaba elementos para una escritura más profunda, más significativa, dejando atrás los movimientos propios de las palabras como "arte", sin un contenido vital. Lo que más necesitaba, sin tener todavía verdadera conciencia, era "saber" de cada autor su modalidad, su actitud, su estilo. No me importaban mucho las ideologías, como se las interpreta ahora. Por eso te aseguro que, desde luego, he disfrutado de creaciones diversas, de la belleza, de logros de índole amorosa, sentimental. "Hay aspectos -escribió Roberto Juarroz- que no comparto totalmente, pero esos casos que llamamos "vanguardia", están por encima de la esencialidad, delante en cuanto a experiencias del lenguaje". En mi caso, sigo siendo tolerante, a pesar de lo que no me convence. Continúo mi camino con las obras que he realizado. He vivido etapas que se integran con las revistas literarias, los estudios biográficos, las tendencias, las actividades que no pertenecen a "un tiempo", sino a una prolongada existencia. No puedo dejar de sentir todavía la gravitación de "escuelas" o grupos con sus características íntimas, sus diferencias, sus valores expresivos. La culminación sería el surrealismo, con Aldo Pellegrini y su historia, que conocerás. En otras épocas, por ejemplo, en mis libros "Uno en el mundo" (1965), "A puertas abiertas" (1969) y"Obra en construcción" (1974-1978), tenía  una orientación más seria de "conducta", como diría Fijman. Este ejemplo me apartó del concepto señalado.  Más tarde fui a lecturas de tipo más elocuente, pues la escritura es lo que me dio libertad en mi vida. Pude expresarme mejor en "Historias salvajes" (1976) y "Cuadro de situación" (1980). Opino que si una idea poética es aceptable y enriquecedora, si no se refiere a aspectos verbales como sería "un romanticismo dulzón y trasnochado" -como he leído en un buen artículo- no puede negarse su válida relación. 
 
 
 
 
*
 
 
 
Alberto Luis Ponzo selecciona para acompañar esta entrevista, en octubre de 2014, siete poemas de su autoría:
 
 
 
 
Me acostumbro a ser viento
 
 
Desde las manos salgo.
Mis palabras son uñas
sobre la tierra, dedos
torpes y fatigados.
 
Desde ellas
siento lo que sucede
y me sostengo para mirar,
cavar secretamente el horizonte,
empezar a creer en lo que digo.
 
Desde las manos hablo
y alimento la piel,
aprendo en su corteza,
tomo el aire y me digo;
con las palabras voy a la existencia,
describo mi esperanza, grito
o reniego del nombre que me imponen
y lentamente
desde este umbral cercano y movedizo
me acostumbro a ser viento,
ligera decisión de la memoria.
 
 
 
                                            (De "Uno en el mundo", 1965)
 
                                 
 
*
 
 
Como el amor
 
 
Eres
el cuerpo de la noche,
el silencio del tiempo,
el color de la voz
que nunca he visto.
 
Eres racimo y arco,
parábola,
constelación,
círculo de diversos
centros.
 
Eres
un punto del espacio
donde el amor
puede seguir latiendo
sin consumir
su llama.
 
 
                                                (De "Poemas comunes",1966)
 
                         
*
 
 
El oficio
 
 
Escribo con el tiempo
con el fuego en los dedos
sobre el muro del día
 
Escribo cuando duermo y no me escuchan
escribo para despertar
escribo dando vueltas como un pájaro
escribo en el aire y en la tierra
 
Escribo porque no tengo otro lugar
porque mis hijos me preguntan
escribo para contestarles
para mirarlos diariamente
 
Escribo con los brazos que encuentro
escribo para el mundo que no encuentro
 
Escribo
para no repetirme
 
 
                                    (De "A puertas abiertas", 1969)
 
                           
*
 
 
El oprimido
 
 
 
Qué puedo hacer aquí
cuando nadie
se reconoce en mis ropas
cuando nadie habita
mis gestos oprimidos?
 
Qué puedo hacer
yo que habito el idioma de todos
para ser dueño de lo que todos dicen?
 
Sólo en la máscara de mi plato
el mundo se conmueve
 
 
                                    (De "Los dioses extinguidos", 1974)
 
                             
*
 
 
Nombres
 
 
El día se desliza sobre techados rotos
las plantas olvidan su violencia natal
 
Nombres que crecen
Nombres devorados
 
Estoy vivo en lo que nace
en lo que hago
fuera de mí
dentro de todo
 
en el rumor que escapa del origen
 
 
                                           (De "Ejercicios provisorios",1987)
 
                                 
*
 
 
Para el amor
 
 
Basta la palabra?
Huída de sí misma
calla en la mano
                que espera
 
desde su piel
                 respira
bordea los objetos
interroga
 
persigue el aire
ensaya letras adheridas
                 al hilo de la voz
 
basta saber que busca
arrojar el misterio
que cubre su pasar?
 
sólo hace lo que detiene
la agotadora sombra
sobre una línea inútil
dispuesta a su nacer
 
dará vida al ramaje
de un revelador
                acto de amor
 
 
                                (De "De estar aquí", 2011)
 
                                   
*
 
 
Cubiertos
 
 
Entre los cubiertos
usados desde mi niñez
he puesto a reposar la noche
 
En el lugar de los dedos
hay un corte abierto
del raspado cuchillo
con la honda tibieza llevada a la boca
 
El ardiente amenazador
aguarda a su costado
 
La infantil cucharita huele
como el deseado postre
 
Los vasos y platos silenciosos
reviven el sabor
                   en vos
 
 
                                                  (A Alba)
 
                                                  (De "De este mundo", 2014)
 
                                
 
*
 
 
Entrevista realizada a través del correo electrónico: ciudades de Castelar y Buenos Aires, distantes entre sí  unos 30 kilómetros, Alberto Luis Ponzo y R. R., octubre 2014.
 
 
 
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22 de Septiembre, 2014 · General

Flavio Crescenzi: sus respuestas y poemas


 Entre-vista en tramos-e realizada por Rolando Revagliatti

 

 Flavio Crescenzi nació el 20 de julio de 1973 en la ciudad de Córdoba, capital de la provincia homónima, la Argentina , y reside en la ciudad de Buenos Aires. Es Instructor Superior de Lengua y Literatura, habiendo además realizado posgrados en Perfeccionamiento en Corrección de Textos y en Redacción Institucional y Corporativa. Durante más de tres años ha sido Coordinador del Área de Comunicación Institucional del FyMTI (Festival y Mercado de Televisión Internacional). Ha dictado cursos y seminarios de literatura a nivel medio y universitario, y coordinado talleres de escritura creativa, escritura académica y cursos de apreciación literaria en centros culturales de su ciudad y del Gran Buenos Aires. En la actualidad se desempeña como corrector de textos y como prologuista freelance para diversos sellos editoriales. Desde 2009 colabora en http://lateclaene.wix.com/la-tecla-ene con artículos de crítica cultural y literaria. Fue incluido en la antología bilingüe español-italiano, “Italiani D’Altrove” (traductor: Milton Fernández; Rayuela Edizioni, Milano, Italia, 2010). De sus cuatro poemarios publicados, los tres primeros, “Por todo sol, la sed” (2000), “La gratuidad de la amenaza”  (2001), “Íngrimo e insular” (2005), lo han sido por Ediciones El Tranvía, y el último, “La ciudad con Laura” (2012) por Sediento Editores. En febrero del año en curso, a través de Editorial Quadrata y la Biblioteca Nacional , apareció su ensayo “La poética surrealista. Panorama de una experiencia inacabada”.

 

 

 

 

          1 –—Arranquemos esta charla, Flavio, con una breve descripción del entorno familiar en tu provincia natal, si todos se trasladaron a Buenos Aires o si sólo vos te viniste, y cuándo y cómo se fue sucediendo ese traslado.

 

          FC — Nada indicaba que mi nacimiento en la ciudad de Córdoba se iba a transformar en un hecho aislado y casi fortuito, sin embargo, el destino así lo tenía preparado. Mis padres estaban afincados ahí desde hacía varios años, pero al poco tiempo de haber yo llegado al mundo decidieron separarse (al parecer, en vez de traer un pan bajo el brazo, traje a sus vidas el cisma y la discordia). Mi padre, italiano, se quedó en Córdoba algunos años más; mi madre, ecuatoriana, viajó conmigo y con su madre (no se asuste, Rolando, me refiero a la madre de mi madre, no a la suya) a Santa Cruz de la Sierra , Bolivia, donde fui bautizado. Antes de volver a la Argentina pasé con ellas todavía una temporada en Ecuador. Finalmente, aterrizamos en Buenos Aires. Si mal no recuerdo, fue en 1977. Sí recuerdo bien el Mundial de Fútbol del año siguiente, los festejos alrededor del Obelisco —con sus bocinazos y gritos y cantitos— y el llanto inexplicable en el que prorrumpí al verme en medio de tan insensato espectáculo, llanto que el tiempo y la historia después me aclararían.

 

 

 

          2 — Contemos que estuviste dedicado a la música. ¿Durante qué lapso, de qué modo? ¿Con qué tipos de música te has ido sintiendo más próximo desde tu infancia hasta la actualidad?

 

          FC — Así es, estuve ligado a la música desde muy temprana edad. En primer lugar, como oyente (confieso que sigo siendo un melómano irredento); en segundo lugar, como compositor e intérprete. Toco algo la guitarra y canto, lo segundo —según dicen— medianamente bien. Pasé por varios estilos musicales, trazando una curiosa parábola que va del punk rock al jazz, y que pasa por el hard rock, el soul  y el funk. Desde luego, me quedo con lo último que hice, ya que tengo una marcada inclinación por la música negra. La música clásica por su parte, en especial Beethoven, siempre fue el refugio al cual retornaba luego de una dura jornada. Fue un período de más de quince años que me brindó muchas satisfacciones, incluso de aquellas que no me convendría mencionar. Sin embargo, me distrajo de mi actividad literaria e intelectual, que es lo que realmente me define y me completa.

          Considero, Rolando, que la música es la más completa y sublime de  las artes y, por tanto, que las demás deberían imitarla. En mi caso, cuando escribo, intento que mis textos estén de alguna forma atravesados por la música, ya sea sometiendo la eficacia del verso o el período elegido a una natural y universal eufonía, ya sea simplemente haciéndola aparecer como asunto. “Ama tu ritmo y ritma tus acciones”, decía el pitagórico Darío, pues bien, a mí no me quedó más que obedecerlo. Aunque no siempre lo logro en los ensayos; los datos duros que recopilo usualmente carecen de melodía, y admito encontrar muchas veces cierta desafinación en mis conceptos.

 

 

 

          3 — Durante un período del “legendario” ciclo de poesía “Maldita Ginebra” acompañaste a su fundador, Héctor Urruspuru, en la conducción. Un ciclo que tuvo muchos tramos, varios coconductores y una sostenida singularidad. Es bastante probable que allí nos hayamos saludado por primera vez, en los últimos años de nuestros tan argentinos y descalabrantes noventas. Ese “ciclejo” —al decir del propio fundador—  merecería no sólo lo que módicamente  te voy ahora a pedir —una semblanza, tus recuerdos como asistente y como coconductor—, sino un verdadero ensayo (y vos serías, considero, el más idóneo para producirlo).

 

          FC — Sin dudas, Rolando, y es una asignatura pendiente, aunque desconfío de mi capacidad (no así de mi desfachatez) para llevar adelante tamaño proyecto.

           “Maldita Ginebra” fue un ciclo excepcional. A fines de los años 90 supo ser un nicho de resistencia cultural que le daba a la poesía de los márgenes un lugar de preeminencia. Esto, claro está, en un contexto socioeconómico complejo que permitía que muchos jóvenes  (y no tan jóvenes) vieran en la poesía una alternativa a la realidad asfixiante que los relegaba día a día. Conjeturo que ése fue el sello distintivo del ciclo, pero también el del gran poeta Héctor Urruspuru, amén del resto de particularidades que hicieron de esa propuesta una leyenda.

          Guardo muy gratos recuerdos de esos años. Conocí ahí mucha gente valiosa (amigos que aun hoy conservo, como vos, como también gente entrañable que se ha ido). Cada vez que pienso en “Maldita Ginebra” me sobreviene una inenarrable sensación de camaradería. Por razones que no vienen al caso señalar tuve que alejarme de la coconducción, pero seguí yendo en calidad de espectador en sucesivas oportunidades. Entiendo que el ciclo continúa, y de seguro continuará mientras que Héctor esté con vida.

 

 

 

          4 — La vez que me invitaron a leer al ciclo “El Zoológico de Poetas” me parece que no estabas en la conducción. Como sea, coordinaste allí junto a Coni Banus e Ignacio Osorio. ¿Cómo evaluás ese paso tuyo? ¿Y cuándo integraste la “Contraferia del Libro”? ¿En qué consistió, en qué año, cómo fue planificado ese ámbito de “resistencia”, por quienes? Y enlazando con la pregunta anterior, ¿no has fantaseado con la concepción de un trabajo reflexivo sobre los alcances de los cafés literarios, ciclos de narrativa, festivales de poesía?

 

          FC — Mi participación en “El Zoológico de Poetas” fue en principio tangencial. De hecho, recién estuve de manera regular en el último tramo del ciclo. Posiblemente por eso no nos hayamos visto cuando fuiste invitado a leer. No obstante, estuve. Hay fotos que pueden probarlo.

          Pese a su nombre, el Zoo en algún punto quiso brindar una propuesta un poco menos “salvaje” que la que ofrecía “Maldita Ginebra”, pero para nada acartonada, como pueden serlo otros ciclos del ambiente. Coni e Ignacio son excelentes conductores, dueños de una dinámica interpersonal envidiable. Ellos le aportaban una cuota extra a todo lo que ahí ocurría. Creo que mi modesta contribución estribaba en darle un “toque intelectual” al negocio, algo que, por supuesto, ninguno de nosotros tomaba demasiado en serio. Los chicos continúan con el Zoo en otro lugar, ya que “El Empujón del Diablo”, que era donde se realizaba el ciclo inicialmente, cerró por razones asimismo “diabólicas”. Recuerdo que el poeta Gerardo Lewin también colaboró con nosotros en algún momento.

          La Contraferia del Libro fue otra cosa, algo que quizás empezó como una bravuconada de borrachos, pero que paulatinamente fue convirtiéndose en una causa con muchos seguidores, tal como ocurre, sin ir más lejos, con la mayoría de las gestas. Pues bien, la idea de la Contraferia del Libro surgió también a fines de los 90, y fue llevada a cabo, por más de dos años, por un grupo conformado por poetas, docentes y estudiantes (dentro del cual estábamos, entre otros, Esteban Charpentier, Héctor Urruspuru, Daniel Perrota, Esther Pagano, Horacio Pérez del Cerro, Ignacio Osorio y un servidor). El reclamo que le hacíamos a los responsables de la Fundación El Libro se basaba en lo siguiente: entrada libre y gratuita, posibilidades concretas de difusión para los autores jóvenes y para las pequeñas editoriales, y un programa inclusivo de actividades, sin costo adicional, para cualquiera de los posibles visitantes a su evento central. De más está decir que la Fundación intentó acercar posiciones ofreciéndonos un puesto dentro de la Feria.  Ofrecimiento que fue instantáneamente rechazado. Un libro de adhesiones, donde constan, entre otras, las firmas de Olga Orozco y Federico Andahazi —gente que en principio integra el gran mercado del libro, pero que supo solidarizarse con nosotros— es lo que queda como legado de esa fantástica ocurrencia.

         Ahora bien, más allá de la experiencia de la Contraferia , está claro que  la Feria del Libro de Buenos Aires opera como un agente difusor del concepto hegemónico de cultura. Es por eso que, aún hoy, me parece válido revisar críticamente lo que ese gran símbolo de la industria cultural representa. Digo, si en verdad queremos darle un definitivo sentido de emancipación a la cultura y liberarla así de su condición histórica de fetiche.

          En fin, tarde o temprano voy a tener que escribir acerca de todo esto, y por qué no también acerca de los ciclos literarios, como bien me sugerís. Intuyo que son temas que de una u otra manera están relacionados.

 

 

 

          5 — En 2006, además de participar como conferenciante en las Jornadas de Poesía para Docentes, organizadas por la Asociación de Poetas Argentinos, realizadas en la Legislatura Porteña , viajaste a Cuba invitado por la Revista “Casa de las Américas”, representando a la publicación uruguaya “Diégesis”, donde colaborabas como columnista. Por un lado, Flavio, me gustaría saber cómo han repercutido en vos estas experiencias, y por otro, cómo aquella otra en 2009, cuando convocado por el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), participaste en las mesas redondas acerca de Literatura de Vanguardia en Latinoamérica.

 

          FC — Sí, tuve la suerte de participar en diversas actividades de debate y reflexión, cosa que agradezco enormemente, ya que no concibo el trabajo poético sin la posibilidad de pensar y desarrollar una teoría que lo justifique, y que ésta, a su vez,  pueda exponerse ante un público más o menos receptivo.

          La jornada organizada por APOA, por ejemplo, fue muy interesante en ese sentido, ya que me permitió evaluar en tiempo real el alcance de mi exposición. Recuerdo haber preparado un material escrito sobre el papel de la imagen y la metáfora en los textos poéticos que se distribuyó entre los casi doscientos asistentes (dignas maestras argentinas en su mayoría). Creo que el resultado fue positivo, al menos no recibí ningún insulto.

          Mi viaje a Cuba se llevó a cabo en el marco de la gira presentación de la revista “Diégesis”. Gracias a esto, no sólo conocí la isla, sino también a Roberto Fernández Retamar, quien me felicitó por mi libro “Íngrimo e insular”, aunque cuestionó, no sin ironía, el epígrafe de Guillermo Cabrera Infante que elegí. Afortunadamente, para tranquilidad de CNN, no sufrí ningún apremio ilegal por parte de los temibles cubanos.

          En Oaxaca fui panelista en una mesa dedicada a vanguardias latinoamericanas, que proponía abordar temas tales como el sentido de la poiesis continental, la interrelación americana entre mito y relato histórico, la actividad del escritor como actividad filosófica, el valor del juego como actividad reveladora de otras realidades, la reivindicación de una estética latinoamericana y el desarrollo de una teoría crítica integradora que pueda dar cuenta de ella. Pero como te imaginarás, Rolando, mi intervención se limitó a hablar de mí, puesto que soy el único tema que domino con mediana idoneidad.

          Dejando las bromas de lado, y tal como creo haberlo expresado más arriba, considero que este tipo de actividades son el correlato necesario para quien se dedica tanto a la crítica como a la creación literaria. Resta decir que espero que instancias como las que describí se sigan realizando a lo largo y a lo ancho de nuestro continente, fundamentalmente en tiempos convulsivos como los que corren.

 

 

 

          6 — En el prólogo de tu primer libro, el poeta Daniel Barroso afirma: “Los temas recorren la impronta metafísica; la vulnerabilidad de las cosas, el imaginario personal y una cosmogonía entre solemne e irrespetuosa. La sorna y el sarcasmo, prodigan un equilibrio inestable…”, y en el prólogo del segundo, advierte el poeta Horacio Pérez del Cerro: “El mundo debería tener la prudencia de no molestarle las espaldas a Crescenzi […], incomodarle con sonseras como la esquirla cotidiana, el estampido de su propio silencio”. ¿Cómo considerás que prosiguió tu poética en los siguientes dos libros publicados, y en lo que tengas inédito? Y, claro, si tenés ya algún poemario listo, ¿cuál es su título?

 

          FC — Bueno, a decir verdad, creo que los primeros dos libros fueron intentos, búsquedas de una voz, digamos, personal. El resultado es apenas anecdótico.

          Mi primer libro me parece hoy por hoy completamente extraño, escrito por alguien que no tiene nada ya que ver conmigo. Creo que el germen de lo que sería una estética propia sólo puede verse en uno o dos poemas. Coincido, no obstante, con las palabras de Daniel, quien quizás por generosidad, quizás por los vinos prometidos, supo definir aspectos que aún hoy persisten en mi escritura (y quizás incluso en mi vida), sólo que en aquel entonces no sabía bien cómo plasmarlos.

           “La gratuidad de la amenaza” fue algo diferente. En ese libro intenté abandonar la retórica que predominaba en el primero en beneficio de una poética más agresiva, donde los elementos surrealistas que supuestamente me caracterizan comenzaban a ordenarse y a mostrarse. Fue un libro profético en algún punto. Su aparición coincidió con el fatídico 2001 y creo que en cierta forma sus páginas están impregnadas del espíritu insurrecto de la época.

          “Íngrimo e insular” fue un libro meditado, un libro que podríamos tildar de conceptual. Es con el que llegué a encontrar mi propio lenguaje poético, la gramática personal tan arduamente perseguida. De hecho, lo concibo como mi primer libro verdadero, aunque sé muy bien que fue la síntesis de un proceso dialéctico constituido por “Por todo sol, la sed” (la tesis) y “La gratuidad de la amenaza” (la antítesis). A partir de ahí, tomé plena consciencia de lo que quería hacer con mi escritura, escritura barroca, surrealista, latinoamericanista, a contrapelo de las modas imperantes, si se quiere, pero mía.

          “La ciudad con Laura” sólo se publicó en México y, por lo que tengo entendido, tuvo bastante aceptación. Estuvo en la Feria del Libro de Guadalajara el mismo año de su aparición e incluso estuve invitado por el editor para hacer una presentación, aprovechando el auspicioso contexto. Mis compromisos laborales me impidieron asistir. Con respecto al contenido, sólo puedo decirte que sigue la estética del poemario anterior, con la diferencia que en el último incluyo prosas poéticas (de largo y corto aliento). El título alude, como podrás apreciar, al libro [“La ciudad sin Laura”] de Francisco Luis Bernárdez; sin embargo, la pequeña diferencia que se advierte marca una distancia no sólo vivencial, sino también estilística. Mi ciudad cuenta con una Laura (mi mujer), y mi estilo difiere ostensiblemente del de Bernárdez. En definitiva, se trata de un libro intimista y metapoético, y quizás también un intento de polemizar con un difunto.

          Un quinto libro está en preparación.  Probablemente lo titule “Jazz mood”, y constará de breves textos en prosa que, por un lado, le rindan homenaje a las grandes figuras y temas de este género que me apasiona, y por el otro, den cuenta de lo que el jazz me produce como escritor y como ser humano. Un trabajo que remite a mi pasado y a mis gustos musicales.      

 

   

 

          7 — ¿Qué se siente —más allá de la obvia satisfacción—, que unos meses después de su edición (y con el respaldo de la Biblioteca Nacional de la República Argentina ) ande socializándose tu primer volumen ensayístico? ¿Prevés la reunión en otro de tus artículos publicados en la Red ? ¿Cómo podría titularse ese volumen?

 

          FC —Honestamente, Rolando, siento que un círculo por fin se cierra para que otros, inimaginables, comiencen a abrirse. “La poética surrealista. Panorama de una experiencia inacabada” fue el resultado de una serie de cursos que dicté sobre el tema durante 2012 y 2013. Desde luego, ante la propuesta por parte de Editorial Quadrata de hacer un libro, me esmeré para darle un poco más de enjundia a los apuntes que oportunamente le había preparado a mis alumnos. El producto final es bastante atractivo, sobre todo porque le ofrece al lector la posibilidad de tener un muestreo bastante amplio del movimiento surrealista; pensá que es el único libro publicado en la Argentina que se ocupa del surrealismo desde su protohistoria, auge y caída en Francia, hasta su paso por España,  Latinoamérica y Argentina. No es la primera vez que la editorial trabaja con la Biblioteca Nacional , sin ir más lejos, ahí tenemos la conocida colección Pensamientos Locales. Pues bien, mi libro integra una colección similar, llamada Claves de Lectura.

          Con respecto a mis artículos publicados en la Red , confieso que sí me interesaría reunirlos en un libro alguna vez. Podría llamarse “Elogio del buen lector”, o algo así. Creo que hay material de sobra. No sólo están los artículos que escribo para la Tecl @ Eñe, por ejemplo, sino también algunos prólogos sueltos que me parecen rescatables. Pensar que a la Tecl @ la conocí por vos, Rolando, por tu intermedio, por tu desinteresada gestión.

 

 

 

          8 — En una entrevista “sin desperdicio” que Federico Zambrano realizara a Daniel Freidenberg, éste declara: “Una de las cosas de las que más me alegra haberme desprendido es lo que llamo “la política de la poesía”. Y después explica lo que para él sería ese concepto. ¿Qué sería para vos, Flavio, a qué te remite “la política de la poesía”?

 

          FC — Qué interesante. Estoy familiarizado con el concepto de “poesía política” (aunque quizás toda lo sea), pero no con el de “política de la poesía”. Supongo que tiene que ver con el lobby que hacen ciertos poetas con los grupos de poder, con las camarillas que supuestamente otorgan consagración y prestigio. Aunque parezca mentira, este tipo de prácticas existen en el mundillo literario y a veces alcanzan ribetes de profundísimo descaro. En los ochenta y noventa esto era moneda común. Hoy en día quizás haya adoptado formas más estilizadas.

 

          9 – Muchos escritores han sido alguna vez “libreros”, vendedores de libros, propietarios de alguna librería o han tenido a su cargo un puesto de compra, venta y canje de libros y revistas en Ferias Artesanales o conjunto de puestos totalmente del rubro (una: en nuestra porteña Plazoleta Primera Junta). Vos lo has sido. Y con diversidad de tareas. Te pido que compartas con nosotros dónde lo has sido, cómo te fue, qué te pasaba cuando facturabas literatura basura o autoayuda.

 

          FC –  Fui librero por un período de aproximadamente doce años. Los primeros diez como empleado; los últimos dos como dueño de una pequeña librería que no obstante tenía  elevadas pretensiones. Cometí desde un principio el error de creer que una librería era un templo del saber y de la cultura, cuando, en el mejor de los casos, es un lugar donde se venden libros.

          Desde luego, los libros que más se venden no son los que uno recomendaría. Esto es un hecho sin lugar a dudas frustrante, hecho que no supe afrontar siquiera cuando tuve mi propio local. Supongo que tiene que ver con lo que hablábamos antes, digo, con  la industria cultural y con la dinámica que exhiben sus múltiples manifestaciones.

          Por otra parte, saber que mucha gente está dispuesta a pagar una cifra descomunal por un libro de autoayuda o por una novela de suspenso mal traducida, pudiendo adquirir por menos de la mitad de ese precio alguna buena obra literaria o filosófica me llena de indignación. Ni hablar de la venta de poesía. Cuando decimos que “la poesía no se vende”, no sólo estamos haciendo alusión a las virtudes éticas del género, sino también a una incontrovertible estadística de mercado. 

 

 

 

          10 – ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

 

          FC –  Considero que todo autor, independientemente de las influencias que haya recibido, debe procurarse un estilo. Ahora bien, no debemos confundir “búsqueda de estilo” con “esteticismo”. Lo segundo, en efecto, paraliza, y hasta conspira en contra del lector. 

          Creo que lo que a veces sucede es que las “maneras” se vuelven “amaneramiento”, y esto hace que el autor se vea poco creíble, poco genuino. Ocurre con frecuencia también algo distinto: que el lector, acostumbrado a formas más bien simples, ve cualquier intento de superación discursiva como un exceso, como un innecesario barroquismo. Resabios, pienso yo, de la lógica utilitarista en la lectura poética que, por el contrario, debería ser plenamente desinteresada.

 

 

 

*

 

 

 

Flavio Crescenzi selecciona para esta entrevista, en 2014, seis poemas de su “La ciudad con Laura”:

 

 

 

 

Arte poética

 

                                                                       Escribir, pintar, hacer arte es sorprender la cosa en su momento metafórico.

                                                                                                                                                     Francisco Umbral

 

 

 

 

este puño de óleos y tijeras

esta tinta de hambrunas transformada

el gozo estrellándose en el lienzo como una gran prudencia

se agitan frente al aire y aire azul son en su idioma

porque la lengua es ya palabra que mancha sus raíces

 

de ser cierto el ojo y su arrebato

el mundo sería un  mantel de furias o dinteles

piedra inacabada que habremos de esculpir en los follajes

con una ausencia de aves provisoria

hasta que nos llueva un puente de azúcar o silencio

 

es en lo blanco en donde el papel se abriga

se asoma mercenario del alba con sus frases

como un dilema de astucias entrando en su coherencia

y una música de ámbar o cuchillos

a punto de confesarnos en ciernes su bravura

 

mirar la tarde de la letra en su apogeo

tardes de niños pecosos y en polainas

dándome ya un bullicio pueril de arroyo intacto

miel que se me antoja un suave aroma

para que el color adquiera su forma verbal definitiva

 

 

 

*

                        

 

 

 

Paisaje de lluvia y flânerie

 

                                                                                                        La lluvia registra los días hasta el fondo de los ojos

                                                                                                        que viajan a la velocidad de los ritmos conocidos

 

                                                                                                                                                                  Juan Larrea

 

 

fluye una saliva vertical un tiempo roto

tiempo o quejido quebrándose en dos ya por el aire

temblor seguro o mancha o pliego yerto

ojos rapaces en marcada actitud mesopotámica

sutiles ojos anteriores a la invención de la imprenta

 

la lluvia es una maltrecha realidad de bronce y humo

el día es un sopor ardiendo incluso más por sus costados

un giro gris un improbable y último drenaje

luctuoso rostro que le lame los labios al hastío

porque el hastío es ahora un saco de azúcar y hemorragias

 

no alcanza ya la música ni el labio demorado

el día irrumpe livianísimo con sus frailes y sirenas

las calles insisten en huir al sur por otras calles

como serpientes únicamente hambrientas de su espejo

ya que no hay más ventanas dispuestas al sólido beso de un ladrillo

 

fluye una saliva vertical un tiempo roto

una flauta dibuja la lluvia que las palomas inventan

 

 

 

*

 

 

 

Oda a Enrique Molina

 

 

y justo al decir amor hermano mío

el mediodía se nos cagó de risa en pleno rostro

abrió sus venas como exclusas o calandrias

porque sabía que un barco se llevó nuestros nombres en su huida

y porque no hay incesto mayor que el del viento y el oleaje

 

la memoria danza todavía sobre sus pájaros largos

como en una serie tropical de goce indefinida

y es tan vegetal el cuello amado su piel su cabellera

tan beduina su ansia cuando se nos escapa el mundo

que es imposible no fundirse esperanzado a los caprichos del verbo

 

yo comparto tu sed tu mar tu laberinto

me inmolo en los papeles tardíos de mi hartazgo

surco las normas con un espanto dulcísimo

hasta que podamos pintarle en los párpados al planeta sus temblores

ni bien un volcán se haga riesgo o beso en mis heridas

 

tu nombre guarda en sus tres sílabas una amistad y un guante

es menos una mano que un racimo de dedos señalando

señala puertos cuando son tímidos adioses o pañuelos

la materia vuelta espejo o agua o sueño esquivo

el breve salto a lo profundo del que hablaban las sirenas

 

 

 

*

 

 

 

 

Nocturno de fuego y de caballos

 

 

                                                                             Un caballo que relincha es un alma en pena, y es también un metal noble.

                                                                                                                                                           Eduardo Chicharro

 

 

 

 

qué clase de sombra piafa ahora por los callejones nocturnos

qué asordado tropel de amianto o de topacio

si hay crines azules clavadas a lo ancho de mi sangre

metálicos cascos por mis venas de azufre cabalgando

como si fuera yo también un hipódromo de cobre que no duerme

 

ya he dicho que galopan millones de equinos por mi sangre

que un triunvirato de furias se escapa azul por mis rodeos

que no tengo más audacias en mi lengua que un quebranto

durísimo quebranto que en su sed de tropa se apresura

arrasando a su paso con el frío mineral y la prudencia

 

a veces el destino de mis lágrimas asciende

al nivel del éter del mar del plenilunio

corrompe con su asfixia las ventanas

y unos párpados se cierran ya dolidos

al tiempo en que el metal se funde con un nombre

 

qué clase de sombra piafa ahora por los callejones nocturnos

una que ampara en su espuma sus relinchos

 

 

 

*

 

 

 

 

Retorno

 

 

entre temblores entre dulces espesuras

urgida de vaivenes y mareos

de hilos que atan lo inefable

volviendo al filo de tu voz que se proyecta

hilo a filo de seda o alfil triste

fijando un punto de mármol en el cielo

moviendo el tiempo de tus besos a mi carne

así volviste

 

mirando el negrísimo mar que ya se enarca

con un desdén de luna forajida

con un relieve de arena en cada mano

jinete o montura de tu cuello

público templo que en soledad se arriesga

a la faena de ser alma en voz que trina

a recuperar sus propias odiseas

así volviste

 

siendo rumor de lo que fuiste entre mis brazos

sabor de almíbar en mi lengua

página erguida que busca su palabra

y es más palabra azul que tanta búsqueda

con ojos entregados al asombro

con esos ojos que hablan cuando besan

pan para mi hambre remotísima

así volviste

 

y volviste sin nunca haberte ido

con eso de fragancia o de postales que tienen los regresos

con tímidos anhelos de gloria en los bolsillos

un sol en cada dedo y un milagro

cuerpo que pasa silbando mi nombre más secreto

tren que hace escala en todas mis certezas

y en cada una suben más con su gran carga

llena de mí para llenarme

así volviste

 

 

 

*

 

 

 

 

Tríptico de éxodos

 

I

 

    Las piernas te pesan como mares, tu espalda carga con cientos de molinos (molinos de fuego como aspas, molinos de prisa o de silencio), un toro impenitente suplica por más campo, y el campo es un oleaje de truenos que te nombra. Las madres que te niegan se esfuman como humo, tu mano es un pájaro que aferra ya tu cuerpo, este níveo cuerpo que devoro, hoy te duelen de furia tus ojos de metralla.

 

II

 

     Ya nada se asemeja al claustro o las plegarias, esos ritos de insomnio y de temblores que seguías, te han visto las lunas llorando un gran desierto, de fósiles y lava, de aire o pesadilla (ay, corcel de mármol que cabalgo, lienzo o herida), como si alguien mereciera inmolaciones de suelo y de derrumbes. La palabra esconde otras palabras que detonan más palabras sin atajos, familia esconde fámulo o siervo o mayordomo, la huida es un verso pintando sus urgencias con saliva.

 

III

 

    Los días pasan díscolos como un arroyo afilado, le cantan loas a tu carne, se estilizan, como si ya hubiese un punto de quiebre en cada astro o astros azules se entregaran al asombro. Bisagra de tu historia es esta historia, sopor de alba o luz que llega, marea anclada a un horizonte de melindres. Mi brazo se adhiere a tus reservas, a tu dolor se suma, nada como un perro al punto abierto en que te beso, y hay más beso en el mañana que se abre, coros que ensayaron su entonación en un crepúsculo.

 

 

 

*

 

 

 

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Flavio Crescenzi y R. R., 2014.

 

http://www.revagliatti.com.ar/030922.html

www.about.me/rrevagliatti

 (si los enlaces no funcionan correctamente, copiar y pegar en ventana del buscador) (el problema no son los enlaces sino el servicio que brinda fullblog)

 

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10 de Septiembre, 2014 · General

Norma Etcheverry: sus respuestas y poemas


 
Entrevista en tramos-e realizada por Rolando Revagliatti
 
  
 
Norma Etcheverry nació el 5 de mayo de 1963 en Ranchos, provincia de Buenos Aires, y reside en Ringuelet, localidad del aglomerado urbano Gran La Plata, en la citada provincia. En 1981 fue cuando se mudó a la ciudad de La Plata, en cuya Universidad Nacional de La Plata (UNLP) se graduó en la carrera de Periodismo. Publicó los poemarios “Máscaras del tiempo” (1998), “Aspaldiko” (2002) y “La ojera de las vanidades y otros poemas” (2009). Con el título “Lo manifiesto y lo latente” fue incluida en 2011, dentro de la colección “Cuadernos Orquestados”, dirigida por Abel Robino, una muestra de sus poemas concebidos después de 2009. Inédito permanece el volumen “La vida sin O.”, de poesía y relato breve, como así también“Viajar, leer, inundarse”. Actualmente trabaja sobre un poemario  (“México”) y una novela breve que aborda el amor y la política. Textos suyos fueron traducidos al francés, euskera y portugués. Invitada participó, por ejemplo, en el Primer Festival Internacional de Poesía “San Nicolás de los Arroyos”, en el Quinto Encuentro Poético (ciudad de Buenos Aires, abril 2010:http://es.calameo.com/read/00064806894a6df53cc91 ), en la Feria del Libro y de las Artes de la ciudad de Berazategui, en el Encuentro Argentino de Poesía Rosario 2012, en el Festival de Poesía ABBApalabra, en México. Poemas y comentarios bibliográficos de su autoría aparecieron en medios gráficos y digitales: Diarios “El Día” y “Diagonales”, de la ciudad donde reside, Revista “El Espiniyo” de la ciudad de City Bell, “Jornal Rascunho” y “Folha de San Pablo” de Brasil, entre otros. 
 
 
 
 
          1 – Ranchera de nacimiento, infiero por lo que he pesquisado,  que por decisión familiar te criaste a 45 kilómetros de la Capital Federal, en Alejandro Korn, y ya más por “imperio de las circunstancias” en tu adolescencia te vas unos 15 kilómetros más lejos de la Capital y allí te quedaste. Norma: tu familia, tus raíces, tu entorno…
 
          NE – Efectivamente, nací en un pueblo rural llamado General Paz (Ranchos), donde vivía “gente de campo”, con sus costumbres, sus creencias, sus sueños y  sus limitaciones. Por razones familiares, a mis seis años nos mudamos a Alejandro Korn, que si bien es también un pueblo provinciano, tiene más que ver con la ciudad que con el campo. Alejandro Korn es “el último cordón del conurbano hacia el sur”, y el contacto con la Capital era, ya en aquella época, muy  frecuente. La diferencia de idiosincrasia con Ranchos  fue algo que me marcó para siempre. En una novela que escribo y reescribo (hasta que me decida a “expulsarla” de mí), la primera línea narrativa recorre la oposición campo-ciudad y las antinomias que se me plantearon en la vivencia cotidiana desde entonces, en las cuales consciente o inconscientemente identifiqué el interior con el radicalismo  y el  conurbano  con el  peronismo. Esta cuestión implica otras  menores (o no tanto); por ejemplo, el hecho de ir a un colegio religioso en Ranchos, donde había ciertos lujos como un gran piano en la sala de música, y, por otro lado, asistir después a una escuela que me sorprendió por las modestas instalaciones y la situación económica de mis compañeros. Pero no me disgustó, al contrario, guardo en mi memoria algunos recuerdos entrañables, como cuando llegaba la hora del mate cocido con leche, en esas aulas de madera sin estufas durante las mañanas heladas del invierno. Yo fui allí sabiendo leer de corrido, mientras que la mayoría aún estaba aprendiendo, así que muchas veces me tocaba efectuar la lectura del día desde un libro que nunca olvidé: se llamaba “Caleidoscopio” e intuyo que incidió esa obra con mi pasión por viajar y compenetrarme con otras geografías y otras gentes. Cada capítulo se refería a un lugar o situación distinta, y para mí, exótica. Ya el caleidoscopio giraba y enfocaba una tribu del Amazonas, ya apuntaba en dirección a los Andes mientras San Martín cruzaba la cordillera, ya caía en medio del Círculo Polar Ártico, donde un grupo sami se deslizaba en trineo por el hielo de Laponia. Fomentó mi curiosidad; y mi entusiasmo por la  lectura.
          Otra cuestión que me marcó entonces tiene que ver con el mundo de los hombres y el de las mujeres. Me crié en una familia de mujeres fuertes, algunas por carácter (como mi abuela y mi tía, la única hermana de mi madre), y otras por necesidad, como mi madre, que tuvo la osadía de divorciarse y enfrentar sola la vida con cuatro hijos  (tres, varones). He aquí que también me imbuí del mundo masculino. Además, en el campo quedó mi familia paterna, compuesta de padre, tíos y primos, de sangre vasca y pocas palabras. Alterné entre ambos mundos gran parte de mi infancia y toda la adolescencia, y ese ir y venir me abrió interrogantes sobre los que indago todavía.
          Cuando terminé la secundaria, coincidieron algunas razones familiares para que, otra vez, nos mudáramos de ciudad, ahora a La Plata, donde vivía mi tía materna, una mujer emprendedora, de mucha personalidad, que muy pronto supo qué hacer conmigo y conseguirme un empleo público que me permitió estudiar y aprender a manejarme en un contexto de relaciones más complejo que el que yo conocía. Así, apenas con dieciocho años, ya trabajaba en el Ministerio de Economía mientras estudiaba Periodismo. Con la llegada de la democracia, participé en política y casi sin proponérmelo me encontré muy cerca de la entonces vicegobernadora Elva Roulet, otra mujer “fuerte”; por lo menos lo fue, simbólicamente. En esta instancia, aparece en mi esquema de pensamientos y acción, el tema del poder. De hecho, a menudo viajaba con ella a pueblos del interior como aquellos en los que yo había vivido, y observar las necesidades de la gente desde el escenario o desde la ventanilla del auto oficial, me producía una contradicción terrible. Volvía la antinomia peronismo-radicalismo, también en lo personal, ya que me enamoré de hombres peronistas (traicionando a mi padre, supongo) de los que después me separé. El amor también fue siempre oscilar entre dos mundos.
 
 
          2 - ¿Cómo “te explicarías” tus búsquedas formativas en Derecho, Letras, Filosofía, Técnicas de Psicodrama en la Escuela de Psicología Social, curso de Yo-auxiliar en la Asociación de Psicodrama, dibujo y pintura en los talleres de Manuel Oliveira y de Hebe Redoano, acercamientos a la interpretación de la Kabalah, seminarios de Cine y Literatura, así como sobre Nietzsche, o Estética, o sobre “Lo queer en la literatura del cono sur”, taller con Alicia Genovese en la Casa de la Poesía…?
 
          NE - Voy a empezar contando una breve anécdota. Cuando estaba en sexto grado, creo, debí abocarme a la redacción diaria y el título convocante era “Nerón incendia Roma”. Al día siguiente me llamó la vicedirectora para felicitarme: tuve por primera vez conciencia del acto de escritura en relación a los otros: me obsequió un hermoso cuaderno de tapas duras y me dijo “tenés que escribir tu diario”. Eso hice, y en uno de esos cuadernos (ya estaba en la secundaria), afirmé que estudiaría Psicología o Letras. Sin embargo, instalada en La Plata vine a estudiar Relaciones Públicas, y ese año los cursos estaban suspendidos, la carrera de Psicología no existía (se había cerrado durante el Proceso) y por alguna razón que no comprendo no opté por Letras. Terminé  en Periodismo, sin una verdadera vocación, aunque siempre lo asocié con el oficio de escribir, lo que me dio una formación bastante amplia. Mientras participé en  política estuve unos años en Abogacía, pero estudiar códigos de memoria me aburría. Por fin, decidí anotarme en Letras para cursar las Literaturas (argentina, alemana, francesa, española, clásicas, etc.), porque leía mucho y desordenadamente. Cursé las materias de Teoría y de Crítica Literaria, Filología y  optativas de Filosofía. No tengo una vocación definida; procuré buscar, hacer lo que sentía que era el camino por donde tenía que transitar para nutrirme. El psicoanálisis, la Cábala, Nietzsche o mezclar colores en un lienzo mientras leía las “Cartas a Theo” de Vincent Van Gogh, fueron surgiendo a medida que andaba por la vida, y así es todavía. Cuando asistí al seminario de literatura queer fue porque estaba leyendo “Austria-Hungría” y me entero que José Amícola (con quien había aprendido mucho en la Facultad), iba a dar ese seminario en el que, entre otros autores interesantísimos como Copi o Marosa Di Giorgio, estaba Néstor Perlongher. Es una búsqueda constante de ese momento de plenitud, en el que “ser y devenir son la misma cosa”, como dice John Berger. Una “cacería de instantes”, con las palabras de Leopoldo Castilla, refiriéndose estrictamente a la poesía.
 
 
 
          3 - ¿Ejercés o has ejercido el periodismo de modo sistemático? ¿Es o ha sido tu actividad laboral redituable?
 
          NE – Desde 1983, como dije antes, comencé a trabajar en el Senado de la provincia. Me recibí y comencé a hacer prensa. Mi primera experiencia fue ésa, en lo institucional, y no demasiado imparcial puesto que era un equipo que funcionaba alrededor de un cargo político. Hice algunas incursiones en radio pero no era el periodismo lo que más me motivaba sino el acto de la escritura. El hecho de hacer periodismo político (y en cierto modo partidario) me limitaba, me enojaba. Recuerdo esos comienzos como muy en contradicción conmigo. Odiaba ir corriendo con un micrófono detrás de alguien para que se dignara contestar mis preguntas. Prefería las notas donde podía escribir serenamente, aunque fuera una pequeña colaboración en un suplemento. No obstante, tal vez por comodidad o por cierta seguridad económica preferí quedarme en el área legislativa, en vez de, por ejemplo, irme a Buenos Aires y abrirme camino en el  periodismo en una época en que, en La Plata, todavía se discutía la profesionalización; el diario “El Día” evitaba dar trabajo a estudiantes de Periodismo. Incluso la carrera, si bien era universitaria, no tenía rango de Facultad. Eso fue cambiando y no sólo no se discutió el periodismo desde lo académico sino que adquirió niveles impresionantes. A ello contribuyó el avance tecnológico: a mediados de los ‘80 lo más sofisticado era tener un fax y en pocos años, internet explotó.
 
.
 
          4 – En esto de haber accedido a tu poética pero tener sólo algunos datos sueltos sobre vos, así operan en mí, sueltos, los datos referidos a que no sólo viajaste profusamente por nuestro país, sino que también visitaste Bolivia, Perú, Chile, Brasil, Uruguay, México, España, Italia y República Checa. Nos ayudaría a conocerte si evocaras aquellas “andanzas”.
 
          NE – Mi predisposición se habrá constituido por la vida un poco nómade que tuve, pero también por pura curiosidad. Cuando era chica, me quedaba a ver pasar los trenes en la vieja estación de Ranchos y me preguntaba por los pasajeros, adónde irían, qué historias tendrían esas personas que miraban un pueblo quieto en medio de la nada. Conservo enmarcada una nota de Luis Gruss, en una contratapa del diario “Sur”, de 1989, que se titula “Trenes porque sí”, en la que ilustra sobre la relevancia de los trenes para los pueblos y su mítica belleza. Cuando comencé a andar por el país y mi tren se detenía, en la noche, en estaciones solitarias desde las que se divisaba alguna lucecita prendida, en un pueblo, me veía a mí misma, niña, en la estación de Ranchos. Las primeras veces que salí del país fueron a Brasil, un país que aprendí a querer recorriendo sus vastas extensiones por tierra y leyendo las novelas de Jorge Amado. A los 26 años ya me había casado y separado, y decidí irme sola a Perú. Ahorré, pedí una licencia sin goce de sueldo y me fui por tres meses. Descubrí nuestro Norte maravilloso, Salta, Jujuy…, pasé a Bolivia, y después subí a Perú. Había conocido hacía muy poco al que sería el padre de mi hijo. Creo que me asusté, y por eso salí a buscar-me. Cuando llegué a lo más alto de la ciudadela, en ese paisaje imponente y celestial que es el Machu Picchu, con la Huayna Picchu enfrente (montaña vieja y montaña joven, tal lo que significa, con el Río Urubamba corriendo abajo…; allí, de pronto, supe que estaba dispuesta al compromiso afectivo y, fundamentalmente, a que, llegado el caso, tendría un hijo). Fue un gran viaje. Otro, aconteció cuando viajé a Euskadi, para visitar Iparralde, donde intuía estaban los orígenes de mis ancestros. Mi padre había muerto cuando yo tenía 18 años y mi tío abuelo vasco me decía palabras en euskera que nunca olvidé. Para entonces, ya había publicado “Máscaras del tiempo”, y en este viaje sembré la semilla de “Aspaldiko”. Cuando volví a La Plata, estuve un año aprendiendo la lengua vasca. Aspaldiko es una expresión del euskera que significa “cuánto tiempo sin verte”, y es un libro que busca raíces de España, pero también es mi libro más político, en el sentido en que, sin darme cuenta, está atravesado por la crisis de 2001 en nuestro país. Mientras tanto, seguí andando con mi hijo por toda la Argentina y Brasil. Recuerdo el verano de 2007, cuando hicimos el trayecto por tierra hasta Ushuaia. Su papá fue un hombre a quién amé profundamente y su desaparición física fue un quiebre para mí. De él aprendí una búsqueda singular atravesada por la psicología, el psicoanálisis  y (¡otra vez!), la política. No encontré más con quien dialogar –ese dialogar-, como lo hacía con él. La Patagonia seca y desértica fue como un bálsamo para mí, kilómetros y kilómetros de…; a veces, el mar. Después de cruzar hacia el Calafate y andar por el hielo del glaciar, bajamos hasta el fin del mundo.   
          Y hace poco cumplí el sueño de conocer Praga, lo que deseaba desde chica, cuando leía historias sobre los países que estaban “detrás de la cortina de hierro”, y sobre la Primavera de Praga; sobre la vida de Václav Havel, el dramaturgo que fue presidente, y  antes de eso, Kafka a través de sus “Diarios” más que de sus novelas, y supongo que Milan Kundera en “La insoportablelevedad del ser”. Viajar es como el segundo verbo, igual que escribir, aún antes que respirar. Ojalá pudiera más, pero no tengo medios para eso, ahorro lo que puedo y, cuando tengo vacaciones, aprovecho. En alemán, hay dos verbos que me gusta pronunciar, uno es  reisen, viajar, y otro es werden, devenir. Entre ambos, un lazo muy íntimo. El viaje, literal y metafóricamente, indica una búsqueda y en ese camino de buscar hay una transformación, algo deviene en otra cosa, generalmente superadora. El proceso es similar en el amor, en los vínculos, en la escritura. El viaje es el camino, como en el famoso poema de Constantino Cavafis: Itaca es el camino. Una vez, tendría diez o doce años, leí un artículo en las “Selecciones del Reader Digest” que narraba cómo un geólogo desquiciado había golpeado la estatua de la Piedad, fragmentando parte de su rostro y el brazo. Hace un par de años, cuando tuve a la Pietá frente a mí, detrás de un cristal, resguardada para evitar ataques salvajes como aquél, no pude evitar emocionarme. Lloré, pero creo que las lágrimas de mi niñez, cuando leí esa historia, se unían desde el libro a la realidad, como en el caleidoscopio que giraba y giraba hasta detenerse. Así, ahora, yo reúno mis partes en el tiempo.
 
 
 
          5 – “Poesía a la calle” fue una consigna que sostuviste en 1987 con Gustavo Caso Rosendi, Patricia Coto, Eduardo Rezzano, Susana Kakuyaku… Además de situarnos en los ámbitos donde se produjo, ¿cómo la caracterizarías? ¿Qué les dejó de grato y de insatisfactorio?
 
          NE –Éramos jóvenes y, en esa época, el mercado editorial nos quedaba lejos. Así es que la idea de hacer nuestros propios libros y ofrecerlos al transeúnte común, fue un hecho singular: el acto grupal “de unirse para”, con nuestros libros en mesitas improvisadas en medio de la Plaza San Martín. La gente nos miraba con curiosidad, no estaba acostumbrada a ver poesías expuestas en la calle. Lo hicimos varias veces en La Plata, y también en Berisso y Ensenada. Merece nombrarse a Esteban Tómaz, quien fue el gestor y puso mucho empeño, aunque también es cierto que cuando propuso pergeñar un reglamento para adecuarnos a un determinado funcionamiento, algunos nos alejamos. De esa época es mi amistad con dos grandes poetas de La Plata, cada uno en su estilo: Caso Rosendi, de quien estoy convencida que su libro “Soldados” es valioso en la transformación estética de un hecho histórico que jamás se olvidará: la gesta de Malvinas. El otro es Eduardo Rezzano, además músico, y cuyo estilo, imposible de encasillar, es original y desestructurado. Lo más grato de aquella iniciativa fue la camaradería, y al “reconocernos” alcanzar una noción de la entidad “poeta”. Por lo menos para mí, en cuanto recién empezaba a mostrar mis versos un poco más allá del círculo íntimo,  y ese ámbito me servía para reflejarme, para ver “dónde estaba parada” en esto de escribir. No había juicios entre nosotros porque la autoridad la tenía el tipo de la calle, la chica o  la señora que se paraba y rescataba algún poema de entre tantos. Insatisfactorio, nada, en todo caso, se aprende de los propios límites. Lo grupal no es fácil de continuar en el tiempo sin reglas de convivencia y, por otra parte, ¡es imposible pedirle a un poeta que acate las reglas! La idea de llevar la poesía adonde está la gente es algo que siempre me moviliza. Me gusta ir a leer a escuelas, cárceles, sindicatos… En los ‘90 hubo emprendimientos de escritores  más jóvenes que ya no están, como Mariano Ojea y Pablo Ohde. Versos lanzados desde avionetas, o afiches pegados en las paredes, fueron algunas de las propuestas. A partir de una iniciativa de la comuna por la que se editó una antología (en la que no participé porque la política y otras búsquedas me habían alejado de la poesía) se organizaron varios ciclos de lecturas que me ayudaron a reencontrarme con la gente. De esos ciclos, recuerdo especialmente el de “El Café de los Poetas”. Ana Emilia Lahitte iba a las lecturas y nos escuchaba y, en mi caso, como en tantos, ofreció su ayuda para divulgar mi poesía. En esa época conocí a Horacio Castillo, que nos recibió en su casa (yo fui con el querido César Cantoni) y conversamos largamente una tarde de verano hasta el anochecer; también a Rafael Felipe Oteriño, que ahora reside en Mar del Plata pero ama su ciudad natal.
 
 
 
          6 – ¿Algo que nos quieras trasmitir de lo que opinás de los Encuentros de Escritores y, en particular, del “Festival de Poesía ABBApalabra”?
 
          ET – Estoy persuadida de que, como decía Alberto Vanasco, “la verdad de la poesía es la amistad  de los poetas”, no porque la amistad sea más importante que la poesía, sino porque en esa amistad se forjan vínculos y se comparten instancias que nos hacen dignos de ella. Por supuesto, como en todas partes, hay mezquindades y ambiciones, pero a la larga caen las máscaras y queda lo esencial. Los encuentros son positivos en todo sentido. Si no somos soberbios y aceptamos reconocer el nivel propio y ajeno, eso, a mí me motiva a trabajar más, a leer más, a aprender más. El Festival de ABBApalabra en México me otorgó la satisfacción de leer mis textos en lugares como Matehuala y Real de Catorce, en la sierra huasteca, en San Luis Potosí, conociendo y alternando con poetas de otras geografías y de otras culturas. Fue intensa la actividad.
 
 
 
          7 – Mantuviste, entre otros, www.diagonalconverso.blogspot.com y la revista del mismo nombre que se distribuía por correo electrónico. Te propongo que nos reseñes esas iniciativas, quiénes fueron divulgados, durante qué lapso.
 
          ET – Mi objetivo era delinear una especie de diario (yo lo llamé “revistual”), que diera cuenta de las actividades de los poetas de la ciudad. Entre 2005 y 2007 se publicó la revista “El  Espiniyo”, dirigida por José María Pallaoro: entrevistas, ensayos como el que hizo Alejandro Fontenla sobre Héctor Viel Temperley, la aparición de poetas nuevos y “novísimos”, en fin, que sacudió la modorra platense y dejó documentado en soporte papel un material valiosísimo. A mí me provocó el deseo de hacer algo, una especie de intercambio informativo continuado sobre las actividades del  “mundillo”, para no perdernos de vista. Envié por correo un primer número en el cual aparecían poemas de Rezzano de su “Gato barcino”. En cada edición redactaba una nota principal sobre la escritura, el amor, el tiempo, la poesía femenina... Y transcribía versos de consagrados y desconocidos. Concreté varias ediciones entre 2007 y 2009. Fueron divulgados Horacio Preler, Néstor Mux, Roberto Themis Speroni, Mario Porro, Guillermo Pilía, Diego Roel, Martín Raninqueo, Eric Schierloh, Carlos Aprea, Norberto Antonio, Sandra Cornejo, Silvia Montenegro, Ethel Alcaraz, Olga Romero, Horacio Fiebelkorn, Lara Villaró... Y hubo un artículo sobre Matías Behety, que aunque nacido en Montevideo, Uruguay, en 1843, tras haberse radicado acá y fallecido en 1885, es considerado el primer poeta de La Plata.
 
          8 – Roberto Daniel Malatesta publicó en 2004 su poemario “Por encima de los techos” (Editorial Leviatán, colección El Viaje, Buenos Aires), a partir de la tremenda inundación que se produjera un año antes en su ciudad de Santa Fe. Y vos, Norma, debiste pasar una noche con tu familia sobre el techo de tu casa durante la también tremenda inundación del año pasado. ¿Cómo afrontaste semejante avance de las aguas y qué instaló y desplegó en tu subjetividad y en tu obra?
 
          NE – Es increíble cómo, de alguna manera, el agua siempre me persiguió. La primera imagen que me viene a la mente es el desborde del Río Salado, y en el medio del campo un ranchito con el agua tapando las ventanas. En el techo, una heladera. Es un recuerdo de cuando tendría… no sé, menos de diez años. Luego siempre, cuando llovía en la noche, sentía angustia “por lo que se mojaba con la lluvia”,  pero en relación a la gente humilde, las casas modestas, las cosas que había afuera y se arruinaban. Ya en La Plata, no muy lejos de donde vivo desde hace veinte años, hay un arroyo que suele desbordar y afectar a decenas de familias que viven en la orilla. En “Máscaras del tiempo” hay un poema que se llama justamente “La inundación”. En 2002, cuando construían la Autopista La Plata-Buenos Aires, yo misma me inundé: cuarenta centímetros de agua en mi casa, hubo un antes y un después para mí, tiré algunos libros y papeles pero no fue lo principal, porque por ese temor eterno mío, cuando empezó a llover más fuerte levanté todo, absolutamente todo cuando nadie imaginaba que el agua subiría. Eso afectó sólo a la zona del norte, en Tolosa y Ringuelet. Así que, cuando volvió a suceder en 2013 y esta vez fue un desastre y tapó a toda la ciudad, yo no podía creer que volviera a pasar. En mi casa tuve casi un metro de agua, pero hubo otras donde subió hasta dos! Agradezco a Dios haber llegado a tiempo (había ido justamente a Ranchos) para estar con mi familia y resistir juntos esa noche espantosa, con gente que estaba en la calle, separada de sus seres queridos por  distancias insalvables. Todavía no pude escribir nada sobre esa noche, todavía me contengo. Un poema mío bastante divulgado es “Aguas”: creado a raíz de la inundación de 2002, y que recién  apareció en mi libro“La ojera…” en  2009. Sí estoy con un módico proyecto en imprenta (“Viajar, leer, inundarse”): rescate de unos treinta textos (no me animo a denominarlos poemas) de mis cuadernos pasados por agua: líneas que empiezan o terminan en puntos suspensivos, que son las borraduras del agua. Es algo experimental; aun en la falta de palabras de cada línea, se arma un sentido. Sobre todo porque eran registros de viajes, lecturas, películas que vi, momentos. Me parece milagroso que se pueda transformar en arte el dolor.
 
 
 
          9 – Milagroso…, agradecimiento a Dios: ¿cómo te llevás con la representación “Dios”?
 
          NE – Tengo un costado místico sobre el que se apoya una fe que me ha ayudado en circunstancias de dolor o tristeza, y también en esos instantes en que parece ser que uno está presenciando un milagro. Creo en Dios, o en los dioses, no sé, me da igual. En la soledad y en la visión de la muerte. No se trata de un Dios injusto que permite que mueran inocentes en Palestina: los hombres son los que matan. Pienso en algo superior en relación al universo: asirnos a algo que nos distraiga del inmenso absurdo de la existencia. Cuando se alcanza a vislumbrar la fenomenal contradicción que conlleva la condición humana, si uno no es un poco místico se arrima demasiado al suicidio o la demencia. Soy  optimista, opongo al absurdo mi entusiasmo por la vida. Me agrada repetir el significado griego del vocablo entusiasmo: “tener los dioses adentro”.
 
 
*
 
  
Norma Etcheverry selecciona para esta entrevista, en septiembre de 2014, siete poemas de su autoría:
 
  
Aguas
 
 
                                                  La lluvia es bella y triste
                                                   y acaso nuestro amor sea bello y triste.
                                                  Raúl González Tuñón
 
 
Dice la lluvia que esta vez
pasará de largo
que no se llevará los colchones
ni las fotos del bebé
ni los papeles del renó
ni la escritura del terreno
que no dejará su marca en las paredes
heridas de arroyo abierto
bajo un cielo de cartón
chapas grasas de la noche
en que resbalan las gotas
por la frente del barrio
dice la lluvia que luego
se tenderá  mansita
sobre el asfalto que viene a cuenta
de una promesa
o en otras sogas de la ropa
o en el escote del veranito
que arrima mesas
a la vereda
 
Va tan rápido el mundo, la vida,
pasan los nombres en el diario
y tantas cosas pasan
pero el agua
no
el agua se queda
estancada
un remolino de basura
frunce la banquina y tus labios, negra,
que antes del agua fueron de miel
ahora son dientes
perros en furia mordiendo el barro
 
dice la lluvia que ya basta
digo yo, negra, que ya basta
que así no se puede construir
ningún amor
ningún recuerdo
para mañana.
 
 
                                                                                                                                 (de “La ojera de las vanidades”)
 
 
*
 
 
 
Andamos por las calles de esta ciudad
y nos emborrachamos
y salimos a buscar cuerpos adonde perdernos
de lo que más amamos
 
donde extraviar la última posibilidad
de ser cotidiana y remotamente feliz.
 
       (de “Aspaldiko”)
 
 
*
 
 
 
El cable del teléfono
 
 
Sentada al sol
miro mi casa desde fuera de mi casa
la música del auto me envuelve lentamente
todo se detiene
y por un instante
reparo en el cable del teléfono.
Recortado en el fondo de este cielo
me impresiona pensar que todos estos años
ha sido el mismo cable.
Toda esta vida en esta casa
con ese mismo cable negro
péndulo apenas
mecido por los vientos
reseco al sol
lluvia tras lluvia
sobre el mismo objeto mudo
que estuvo allí permaneciendo cada día
cada noche
cada año de todos estos años y tantas voces
tantas conversaciones
tantas historias o fragmentos
de historias
que entraron y salieron
toda la vida y toda la muerte toda
pasando por allí.
Como un cordón umbilical que alimentara
de palabras al mundo.
 
 
 
                                                                                                                             (de “Lo manifiesto y lo latente”)
 
 
*
 
 
Angst
 
    La angustia permanece porque permanece
     la fragilidad.
 André Conpte-Sponville
 
 
 
Cada vez que anda cerca
es posible sentir
la limitada expiación
la inutilidad del gesto que pide clemencia
tanto como la persistencia de la lluvia
o la voracidad del viento.
Es pavorosa
la fragilidad
la entera fragilidad de todas las cosas
y también de nuestras existencias
nuestras mezquinas formas de ser en la profundidad
de la grieta
por donde hacemos agua.
 
 
 
                                                        (de “Lo manifiesto y lo latente”)
 
*
 
 
 
La otredad
En definitiva, si no fuéramos tan vulnerables nunca habría nada que decir.
 
Lo íntimo
Confiar. Habitar el oleaje, cada día, sin pertenecer a nada más que al insistente espejo de lo íntimo.
 
El viento
Escucho el viento, su nombre que viene desde la ruta del desierto cuando las caravanas de menhires deslizaban sus almas blanquísimas y ya estabas, estábamos ahí. Cuando todavía no teníamos designio de los ángeles ni rostro humano.
 
 
                                                                                                                                                    (de “La vida sin O”).
 
 
 
*
  
Ringuelet, departamento de la Ciudad de La Plata y Ciudad Autónoma de Buenos Aires, distantes entre sí unos sesenta kilómetros, Norma Etcheverry y R. R., septiembre 2014.
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31 de Agosto, 2014 · General

Rafael Alberto Vásquez: sus respuestas y poemas


 
Entre-vista en tramos-e realizada por Rolando Revagliatti
 
 
 
 
Rafael Alberto Vásquez nació el 11 de octubre de 1930 en Buenos Aires (ciudad en la que reside), la Argentina. Integró el Grupo Literario “Barrilete” y participó, entre 1963 y 1967, en la dirección de la revista del mismo nombre. En 1966 formó parte del equipo que condujo “ La Voz de la SADE ” –Sociedad Argentina de Escritores- en Radio Municipal, con María Elena Walsh y Héctor Yánover; y en 1969, con Alicia Dujovne Ortiz y Nelly Candegabe, de la misma audición en Radio Nacional. Fue candidato a vocal por la lista “Movimiento Gente Nueva” en las elecciones para la conducción de la SADE en 1965, así como en 1975 lo fue por la lista “Agrupación Gremial de Escritores”. Con otros poetas, entre 1983 y 1986, fue integrante del “Grupo de los Siete”, editores de cuadernillos de poesía. Por su libro“Apuesta diaria” le fue concedida en 1964 la Faja de Honor de la SADE. Ha sido incluido, entre otras antologías, en “Buenos Aires dos por cuatro” de Osvaldo Rossler (Editorial Losada, 1967), “El 60” de Alfredo Andrés (Editorial Dos, 1969), “Generación Poética del ‘60” de Horacio Salas (Ediciones Culturales Argentinas, Ministerio de Educación, 1975), “Dársena Sur. Selección de Poetas Argentinos Contemporáneos”(Edición Servilibro, Asunción, Paraguay, 2004), “Legado de Poetas. Poesía Social Argentina 1956-2006” de Roberto Goijman y Diego Mare (Ediciones Patagonia, 2007). Poemas suyos fueron incorporados al LP “Buenos Aires vuelta y vuelta” (1966) y a los CD “Buenos Aires, la noche” (2000), “Rita canta a los poetas” (2001), “Eduardo Baró. Urbango” (Bruselas, Bélgica, 2005). Publicó entre 1962 y 2011 los poemarios“La verdad al viento”“Apuesta diaria”“La vida y los fantasmas”“La piel y la alegría”“Hay sol en Buenos Aires”“Cercos de la memoria”“Ese sitio sin paz de la memoria”“Explicaciones y retratos”. En 2003, la Secretaría de Educación del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires editó el cuadernillo “Ciclo de Poetas del 60. Rafael Alberto Vásquez”. En ese mismo año, Editorial Libros de Tierra Firme da a conocer su ensayo “Informe sobre Santoro” (Aproximación bio-bibliográfica sobre el poeta Roberto Jorge Santoro, con apéndice y antología).
 
 
 
 
 
 
          1 - ¿Cómo nos armarías un boceto de tu transcurrir desde aquel primer 11 de octubre… hasta poco antes de la irrupción de “La verdad al viento”?
 
          RAV – Nací en el barrio de Boedo, concurrí a la escuela primaria argentino-alemana Germania Schule, etapa durante la cual perseguía a mi madre para leerle poemas de una antología infantil que me habían regalado, y el secundario lo hice en el Colegio Nacional de Buenos Aires.  A los quince años comencé a urdir poemas y fundé una “revista literaria” de pocas páginas, hecha a mimeógrafo, para vender en la misma división del Colegio, primero, y más adelante colocarla en librerías de la calle Viamonte, en cuyas inmediaciones estaba la Facultad de Filosofía y Letras. A fines de 1949 ingresé a la Facultad de Derecho y rendí las primeras materias. Fue recién en 1961 cuando después de aprobar una de tercer año, decidí abandonar la carrera. En 1950 trabajé unos meses como auxiliar administrativo en el Colegio Nacional: conocí a Manuel Antín, quien también trabajaba allí. Nos hicimos muy amigos, compartiendo estudios, salidas al cine y al teatro, y también la poesía, ya que Antín, antes de dirigir películas escribía poesía y dramaturgia. 1951 fue un año perdido, de marzo a diciembre, cumpliendo el servicio militar obligatorio en un cuartel de Ciudadela. Tres años después, en el nº 16 de la revista-libro “Buenos Aires Literaria”, soy publicado por primera vez: una nota bibliográfica de cinco páginas sobre tres libros de poesía aparecidos por entonces. En julio de 1955, en el nº 1 de la revista “Letras Mundiales”, se editan, en tres páginas, también por primera vez, poemas de mi autoría. En el mismo año en que abandono Derecho, en concurso organizado por la SADE y el Fondo Nacional de las Artes, fui uno de los veinte autores seleccionados para la edición de un libro con préstamo del Fondo. Uno de los jurados, Bernardo Ezequiel Koremblit, también director del área cultural de la Sociedad Hebraica Argentina, comenzó a reunirnos a los seleccionados y así fui conociendo a los escritores Luis Ricardo Furlan, Inés Malinov, Atilio Jorge Castelpoggi, Julio Arístides, Emma de Cartosio, Osvaldo Rossler, José Isaacson, con lo cual concluyó mi aislamiento. Además de esas reuniones, que no sé ya con qué periodicidad se hacían, recuerdo que Julio Arístides y José Isaacson conducían la FADRYGLI (Federación Argentina de Revistas y Grupos Literarios Independientes), con encuentros en un café de la calle Cerrito esquina Bartolomé Mitre. Y se organizaban lecturas de poemas, en la SADE , en un colegio, en Estímulo de Bellas Artes. Después, esta nueva forma de comunicación empalma con la creación del grupo Barrilete. Porque a Roberto Santoro también lo conocí en las escaleras de la Hebraica. Me lo presentó Luis Ricardo Furlan, que venía con él; y Santoro, con su libretita mágica llena de anotaciones, chistes, teléfonos y direcciones, supo darme el teléfono de otro poeta que yo quería conocer: Horacio Salas. El azar que interviene en la vida. Yo acostumbraba a cortarme el pelo en una vieja peluquería que estaba en la Avenida de Mayo entre las calles Chacabuco y Piedras, al lado de las oficinas del diario “ La Razón ”. Entre las revistas disponibles para los clientes que debían aguardar su turno, una tarde me puse a hojear un ejemplar de “Vea y Lea”, revista para todo público que compartía entonces una franja del mercado familiar con “El Hogar” y con “Mundo Argentino”: no sé si te suenan esos nombres… Todas ellas, además de chismes, notas de actualidad, fotos, traían algún cuento y algunos comentarios bibliográficos. El que me interesó, por la habilidad del cronista y por las trascripciones poéticas del libro comentado, era sobre el primero, “El tiempo insuficiente”, de un joven poeta, Horacio Salas. Esa conexión con su poesía dura hasta hoy, que sigo admirando su estilo y continuamos la amistad. Pero no mucho después aquel encuentro sirvió para que Santoro me pidiera un poema para publicar en su revista mensual de ocho páginas, “El Barrilete”, iniciada en agosto de 1963. Y hacia fines del mismo año me convocó para integrar un grupo de trabajo literario que, además, se hiciera cargo de su revista, crecida en páginas que, con altibajos, idas y venidas de sus integrantes, duró hasta fines de 1974.
 
         
          2 – En no menos de seis ocasiones –y porque me esmeré en repetirlo lo menos posible en tu presentación- debí asentar el nombre de tu ciudad (que es la mía), y en tres ocasiones –y aquí también me esmeré- quedó la inscripción de tu pertenencia a la generación “del ‘60”. Apuntando no tanto a los que jugamos de “locales” y estamos informados, Rafael, ¿intentarías devolvernos tu visión de porteño de estos puertos, del cómo la viviste a nuestra ciudad en las sucesivas décadas, de tus “grados” de consubstanciación con sus barrios y problemáticas, y de qué ha sido o significado la generación poética aquella, de la que has sido uno de sus insoslayables referentes?
 
          RAV - Yo siempre sostuve que mi contacto con la ciudad tuvo sus peculiaridades. En razón del lugar donde vivía de chico con mis padres: Barrio Norte, después San Nicolás, no tuve calle ni “potrero”. Pero al crecer, siempre me gustó caminar las calles de la ciudad que quise y quiero. Con amigas o amigos o solo, era lindo recorrerla. Pero también por la poesía entró la ciudad: Evaristo Carriego, Jorge Luis Borges, Nicolás Olivari, José Portogalo, Baldomero Fernández Moreno, Raúl González Tuñón, Mario Jorge de Lellis. La ciudad también fue creciendo en mis poemas. En mi segundo libro, de 1964, “Apuesta diaria”, la última sección se llama “Buenos Aires en mí” y se cierra con el único poema largo que escribí en mi vida, que ocupa seis páginas y titulé “Canto confidencial a Buenos Aires”, con un epígrafe de Borges y que dedicara a Horacio Salas. Esa forma de situarme en la ciudad me hermanó con los otros poetas que integramos el Consejo de Redacción de la revista  a la que me refiriera en mi respuesta anterior y que fuimos: Daniel Barros, Ramón Plaza, Miguel Ángel Rozzisi, Horacio Salas, Roberto Santoro, Marcos Silber y yo. Más otros que también la sintieron y vinieron al grupo, como Martín Campos, Alberto Costa, Alicia Dellepiane Rawson, Ana Fernández, Diego Jorge Mare, Miguel Ángel Páez, Carlos Patiño y Felipe Reisin. Aunque ciñéndome a la visión de tu pregunta, “porteño de estos puertos”, muy pronto quienes habitamos la ciudad nos perdimos el puerto, como entrada y salida de los grandes barcos. Recuerdo haber despedido a Martín Campos en la Dársena Norte , cuando se fue a Italia por varios años. Después sólo quedaron las salidas de aquellos barcos más chicos que partían, desde la Dársena Sud , hacia Colonia o Montevideo en la República Oriental del Uruguay. Y los aliscafos con el mismo destino. Pero el puerto en sí fue un recuerdo o una nostalgia para generaciones anteriores. En el tema generacional de repente mis coetáneos o los poetas cinco años más jóvenes nos encontramos con una pertenencia casi impuesta –pero aceptada- de integrar la Generación del 60. Antonio Requeni en diversas notas, Alfredo Andrés (“El 60”), Horacio Salas (“Generación poética del 60”), comenzaron a hablar de esta generación. Algo que resultó cierto. Por las fechas de publicación de nuestros libros, por el estilo más directo y conversacional, por el acercamiento al mundo del trabajo, también por la ciudad recorrida, los primeros libros de cada uno mostraban algo o mucho de esos factores aglutinantes. Mucho después, en 1990, apareció “El 60, poesía blindada” (Los Libros de Gente Sur), con selección de Rubén Chihade y María del Carmen Suárez y un valioso prólogo de Ramón Plaza; más una lista de 150 poetas, 70 publicaciones de la época y una veintena de poetas antologados. Aunque el proyecto de continuar la muestra se frustró, es otra obra para consultar.
 
 
 
          3 – Resalta –según los datos que poseo-, que allá lejos en el tiempo, en dos oportunidades te involucraste en la disputa por, integrando listas de conducción, promover cambios en la cuestionada –y con lapsos horrendos, bastante después- Sociedad Argentina de Escritores. Además, fuiste co-conductor de dos programas radiales, que se llamaban nada menos que “ La Voz de la SADE ”. ¿Qué SADE prevalecía por entonces? ¿Qué proponían en 1965 y en 1975 los perdidosos movimientos que integrabas? ¿Cómo ha proseguido tu vinculación con las instituciones gremiales?  
 
          RAV – Es cierto. Desde la revista “Barrilete” abogamos por “cambiar” la SADE. E incitábamos a que los jóvenes poetas se asociaran, para poder tener voz y voto en las elecciones. Por supuesto, en esas dos ocasiones salimos últimos. Pero buena cantidad de escritores nos votaron. Y el esfuerzo, los ideales que sosteníamos y el trabajo compartido fueron distintos, sobre todo por las épocas y por los resultados que se dieron a posteriori. En 1965 la lista del “Movimiento Gente Nueva” proponía, en primer término, “la profesionalización de la actividad del escritor mediante una eficaz y dinámica estructura de la SADE como organismo gremial”. Y vale la pena trascribir los nombres de quienes éramos candidatos. Titulares: Pedro Orgambide, Alberto Vanasco, Dalmiro Sáenz, Juan José Sebrelli, Luis Ricardo Furlan, Antonio Requeni, Germán Rozenmacher, Juan José Saer, Ariel Ferraro, Esteban Peicovich, Federico González Frías, Arnoldo Liberman y Alberto Luis Ponzo. Suplentes: Roberto Santoro, Horacio Salas, Marcos Silber, Héctor Yánover y Rafael Alberto Vásquez. Asesores Letrados: Santiago Bullrich y Vicente Zito Lema. Pero pese a diferencias ideológicas y gremiales me parece útil consignar qué escritores integraron la lista que ganó y condujo la entidad en el período 1965/1967. Titulares: Córdova Iturburu, Ulyses Petit de Murat, Lisandro Galtier, María Angélica Bosco, Osvaldo Rossler, Florencio Escardó, Beatriz Guido, Gustavo García Saraví, Bernardo Ezequiel Koremblit, José Luis Lanuza, Sixto Pondal Ríos, César Rosales, María de Villarino. Suplentes: Julio Arístides, Juan José Ceselli, Ezequiel de Olazo, María Elena Walsh y Emilio Zolezzi. Todos nombres de peso. Ahora voy a los hechos posteriores. Lo positivo: abrir el juego a los jóvenes. En octubre de 1965 se creó en la SADE la Comisión de Literatura Nueva, que integramos César Rosales y María Elena Walsh por la Comisión Directiva y Abelardo Castillo, Arnoldo Liberman, Carlos Moneta Testa, Rafael Felipe Oteriño, Romilio Ribero, Horacio Salas, Alberto Vanasco y yo, por “los jóvenes”. ¿Qué ocurrió después? El golpe de estado en 1966 del general Onganía, uno más en la larga lista de los que me tocó sufrir, que desplazó al gobierno constitucional del presidente Arturo Illia. La conducción de la SADE trató de adecuarse, a su manera, a la situación institucional, lo que motivó, el 29 de agosto de 1966, mi extensa y detallada renuncia a aquella comisión. Mientras tanto, como mencionás, mi designación entre abril y junio de 1966 para conducir –con María Elena Walsh y Héctor Yánover- la audición “ La Voz de la SADE ” por Radio Municipal. Ciclo suspendido de improviso por la radio el día que íbamos a reiniciarlo, en el mes de julio. Pero antes de este final un poco turbio y desprolijo quiero volver sobre uno de los recuerdos más felices de entonces. Un acto que organizamos, aireando un poco las vetustas conferencias de la vieja casa de la calle México, haciendo entrar el tango a la SADE. Ese acto se hizo el 16 de noviembre de 1965, con la denominación de “Poesía y Tango”, y consistió en una lectura de poemas dichos por Anadela Arzón, Susana Rinaldi, José María Gutiérrez y Rodolfo Relman, y en un pequeño concierto de tangos que interpretó el Cuarteto de Tango Contemporáneo de Alberto Núñez Palacio. Héctor Yánover, que mantuvo el hilo conductor del acto y los comentarios entre poemas, puntualizó que se trataba de “un homenaje a los grandes viejos, a los maestros de nuestra generación”. Y también dijo: “No creemos en los ostracismos políticos de los poetas, creemos en la poesía”. Los poemas que se leyeron fueron: “El Salón Lacavour” de Enrique Cadícamo; “Justo el 31” de Enrique Santos Discépolo; “Panegírico a Nuestra Señora de Luján” de Ricardo Molinari; “El ligador” de Felipe Fernández (Yacaré); “Guarda de ómnibus” de Celedonio Flores; “Barrio Once” de Carlos de la Púa ; “El Rosedal” de Homero Manzi; “Letanía del domingo” de Horacio Rega Molina; un fragmento de “Bajo la Cruz del Sur” de José Portogalo; “Elogio un poco cursi a las chicas de Flores” de Luis Cané; “A un buzón del barrio céntrico” de Gustavo Riccio; “Antiguo almacén ‘A la Ciudad de Génova’” de Nicolás Olivari; “Profesoras de piano y solfeo” de Fernández  Moreno; “Los ladrones” de Raúl González Tuñón; y “El tango” de Jorge Luis Borges. La enumeración es índice suficientemente claro de los fines que se pretendieron con ese acto. No sólo tocar tangos en la SADE sino escuchar poemas vitales, ciudadanos, solidarios; algunos, de poetas olvidados en ese ámbito. Y hay que reconocer que fue mucha gente y que se premió a todos con cálidos y prolongados aplausos. La otra “aventura” electoral para ganar la SADE fue en setiembre de 1975. Copio la lista. Titulares: Elías Castelnuovo, Bernardo Kordon, David Viñas, Roberto Santoro, Alberto Luis Ponzo, Rafael Alberto Vásquez, María Rosa Oliver, Iverna Codina, Humberto Costantini, Héctor Borda Leaño, Carlos Alberto Brocato, Alberto Costa, Luciana Daelli. Suplentes: Guillermo Harispe, Martín Campos, Hugo Di Taranto, Isidoro Blaisten, Hebe Benasso, Nyra Etchenique, Simón Kargieman, Lubrano Zas, María Cristina Taborda y Liliana Heker. La lista, “Agrupación Gremial de Escritores”, eligió estos lemas: “Por una SADE al servicio de los escritores. Por una literatura al servicio del pueblo. Por la constitución del Frente de Trabajadores de la Cultura.” De esta lista y de los grupos de escritores que la apoyaron, el golpe de marzo de 1976 y la dictadura aberrante que lo mantuvo en el poder alimentó agendas de exiliados y de desaparecidos. Con esta historia atrás no me quiero extender respecto de los actuales gremios de escritores. Apenas mencionar que mi pertenencia a la SADE , a la que me asociara en diciembre de 1962, a poco de publicar mi primer libro, terminó con mi renuncia, en febrero de 2000. Luego comenzó mi acercamiento a la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA), a la que me asocié en julio de 2007 y a la que sigo vinculado.
     
 
 
          4 – Lleguemos al “Grupo de los Siete”. Los otros seis: Rubén Chihade, Alicia Dellepiane Rawson, Rubén Derlis, María del Carmen Suárez, Oscar González, Norma Pérez Martín. ¿Sabrás que el cuadernillo de 14 páginas, en buen estado, editado en 1984, cuyo título es “Siete contra la desesperanza”, con comentarios de Graciela Maturo y Antonio Requeni, se encuentra a la venta por $ 100.- en Mercado Libre?... “Contra la desesperanza”: a poco de haber asumido la presidencia de la Nación un abogado del partido Radical y en elecciones libres después de nuestra última dictadura. A treinta años estamos de aquel cuadernillo y de aquella posición. ¿Rememoramos al Grupo? ¿Y cómo andamos con la esperanza?...
 
          RAV – Primero debo hacerte una aclaración. El “Grupo de los Siete” se armó a mediados de 1983, luego de una charla en el café “Tortoni”, pero los integrantes iniciales fuimos Rubén Chihade, Rubén Derlis, Oscar González, Carlos Massetti, Roberto Selles, María del Carmen Suárez y yo. La presentación pública se hizo el 16 de noviembre con una lectura de poemas en el café “ La Poesía ”, Chile 502 esquina Bolívar, barrio de San Telmo. Massetti duró poco, entonces se incorporó Alicia Dellepiane Rawson. Después se fue Roberto Selles y convocamos a Norma Pérez Martín. En 1986, en lugar de Alicia Dellepiane Rawson y María del Carmen Suárez se incorporaron Carlos Penelas y Susy Quinteros. Y así quedó hasta l987, en que el grupo se disolvió. En casi cuatro años, además de reuniones y lecturas, no sólo en esta ciudad sino también una en la “Casa del Poeta” en La Plata y otra en la ciudad de Mercedes, provincia de Buenos Aires, publicamos varios cuadernillos de poesía. En el primero, que se denominó llanamente “Grupo de los 7”, se decía: “Y los que ahora formamos el Grupo de los 7 recuperamos la convicción de que el aislamiento –el mero trabajo individual- no es sino la expresión empobrecedora del poeta que la persecución, el exilio y el miedo no lograron matar en cada uno de nosotros. Y decidimos reunirnos para elaborar objetivos y trabajos comunes, para expresarnos como seres sociales de una generación que aun sostiene en alto sus banderas de libertad, y la convicción de que la poesía es una disciplina creadora que contribuirá a ennoblecer el futuro.” Esos trabajos comunes se reflejaron en cinco cuadernillos: “Siete poetas en la calle del agujero en la media” (homenaje a Raúl González Tuñón); “Siete poetas contra la desesperanza” (ratificando la democracia y la libertad recuperadas); “Siete poetas y un rayo misterioso” (evocación de Carlos Gardel); “Siete poetas y el crimen fue en Granada” (homenaje a Federico García Lorca); “Siete poetas y la América invisible” (fijando nuestra pertenencia americana). También, entre medio, una carpeta –“Contracuerpos”- con siete poemas ilustrados por seis artistas plásticos.  El grupo fue –para mí- una valiosa experiencia y un aporte real que me demostró la posibilidad del trabajo común con otros poetas conocidos. Por lo menos, “conocidos” por nuestra avidez lectora de poesía. Ignoraba  cómo nuestra obra –a través de ese cuadernillo que mencionás- pudo valorizarse tanto en el mercado informático. Tengo el mejor de los recuerdos de todos aquellos compañeros, con quienes me veo ocasionalmente, con la excepción de Rubén Chihade, que se nos murió antes de tiempo. En cuanto a la esperanza, anda bien, hemos cumplido treinta años de gobiernos elegidos por el pueblo, quienes tienen mi edad no lo hubiéramos creído…            
 
 
 
          5 – Nada me cuesta imaginar que a cualquier poeta le hubiera encantado ser musicalizado y cantado por la talentosa Rita Paolucci. “Rita canta a los poetas” lo he escuchado muchas veces. Y algunos, como vos, Rafael, como Yoli Fidanza, han tenido esa satisfacción (añadamos que en el CD fueron interpretados también textos de Alfonsina Storni, Carmen Conde, Jorge Luis Borges y Gabriela Mistral, con recitación a cargo de Ariel Osiris). A los que no hemos tenido la suerte de ser musicalizados y cantados –o que apenas lo hemos sido con un texto del que no ha quedado un registro profesional-, ¿qué podrías -hurgando en vos, algo muy tuyo- trasmitirnos?
 
          RAV – Quienes supimos gustar a los poetas del tango, como Homero Manzi, o del folklore, como Manuel J. Castilla, y luego a cantautores como Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, sabemos que no hay nada mejor que el “letrista” de calidad que escribe una canción, sea o no también el autor de la música. A propósito cito un nombre solo, relegando a los que se atropellan en la memoria, porque olvidarme de uno solo sería injusto. Una vez aclarada esta prioridad, para mí insuperable, voy a los poetas y músicos que han sabido dotar de otra vida a algún poema. Rita Paolucci, a quien conocí en 1964, es una excelente creadora, ejecutante y cantante que musicalizó –entre muchos otros- varios temas míos. También Hugo Pardo y Eduardo Baró lo hicieron en algún caso, pero fue Rita la más generosa y perseverante. ¿ Qué puedo decirte? Primero la extrañeza, la rara sensación de que la voz de uno tenga otra entonación, una cadencia, una armonía distinta. Y luego la alegría insuperable de que te hayan elegido, de que un poema, por la magia del sonido y la música, pueda volar hacia otro público.
 
 
 
          6 – Sucesos resonantes ocurren todos los años, ¿no? Del año en que vos naciste hay un tango maravilloso en la voz de Tita Merello –“Yo soy del treinta, yo soy del treinta, cuando a Irigoyen lo embalurdaron…, …cuando a Carlitos se lo llevaron…,cuando a Corrientes me la ensancharon…”, cuya letra es del actor Héctor Méndez y la música es de Aníbal Troilo. ¿Qué se siente siendo del treinta en esta megalópolis, creciendo en el treinta, residiendo en pleno Centro en la actualidad y a tus ochenta y cuatro?
 
          RAV - Creo que das en el clavo cuando citás el tango “Yo soy del 30”, porque sería fácil antologar una guía barrial y musical de Buenos Aires. “Barrio de tango” o “Mano blanca” en Pompeya, gracias a Manzi. Y en el centro, “Corrientes y Esmeralda” de Celedonio Esteban Flores. O “El 45” de María Elena Walsh. O “Viejo Tortoni” de Héctor Negro y Eladia Blázquez. Aquí me detengo, para no aburrir. No me acuerdo de la calle Corrientes angosta, aunque sí de que el sentido del tránsito era inverso, venía del bajo hacia la Chacarita. Tampoco recuerdo la construcción del obelisco, inaugurado en 1936, pero sí los tranvías, en los que viajaba con mis padres. Y, por supuesto, los cambios en la calle Florida, la desaparición de las grandes tiendas departamentales, como “Harrod’s” y “Gath y Chaves”, los bancos que coparon el centro. En fin, la modificación de mi pequeño paisaje cotidiano. A veces uno se ve como un sobreviviente en la ciudad querida.
 
 
 
          7 – Hace poco ha mantenido el nieto del poeta Martín Campos una charla con vos y fue reproducida enhttp://alcielounbarrilete.blogspot.com.ar/2014/08/entrevista-rafael-vasquez-informes.html . Allí el lector podrá impregnarse del espíritu de los “Informes” de esa revista que tanto solemos evocar, con sus dos títulos, “El Barrilete” o “Barrilete”. Me entero de que conservás un amplio archivo. Y esto me remite, Rafael, a una cena de fin de año que había organizado la Asociación de Poetas Argentinos, en la que la entidad te agradece públicamente por una donación que habías hecho a la hemeroteca. ¿En qué consistió la donación? ¿Puede ser (me suena) que a la hemeroteca de APOA le hayan puesto tu nombre?
 
          RAV – Con Pablo Campos –nieto de Martín- nos conocimos cuando presenté mi último libro, en octubre de 2011. Desde entonces nos vemos cada tanto, por sus indagaciones sobre el grupo y la revista “Barrilete” y quienes fuimos compañeros de su abuelo. Una tarde, es cierto, me grabó en casa sus preguntas y mis respuestas. El armado de la nota fue generoso porque incluyó las portadas de varios “Informes” y mis poemas incluidos en ellos. En cuanto a los “títulos” de la revista, durante los primeros cinco números que editó Roberto Santoro solo (aunque su madre figuraba como “Secretaria”) se llamó “El Barrilete”. Al conformarse el grupo se decidió suprimir el artículo, por lo que –desde el Nº 6 hasta el final- la revista se llamó “Barrilete”. Lo del archivo es cierto. Por mi continuidad, por ser mi casa sede de las reuniones durante mucho tiempo, por mi temperamento ordenado, fui guardando anotaciones, material, noticias, algunas pocas colecciones de la revista, y siempre que me lo requirieron facilité su acceso a quienes quisieran conocer la historia del grupo. Una vez, ya no recuerdo cuándo, les di una colección de “Barrilete” a Cayetano Zemborain y a Silvia Pastrana, que conducían la Asociación de Poetas Argentinos. APOA le dio a esa donación un valor que yo no creí que tuviese y por ese motivo su copiosa hemeroteca pasó a llamarse con mi nombre desde el 11 de diciembre de 1999. ¿Por qué esta fecha cierta? Porque coincide con la cena de fin de año de la entidad en que me entregaron una bandeja de metal con la inscripción. Y también porque (gracias a mis archivos) conservo la fotografía del momento en que el poeta Jorge Calvetti me entregó ese regalo. Que fue doble, porque aunque yo no tenía amistad con este gran poeta, él recordó haberme premiado un conjunto de poemas en un concurso de 1986, algo que me desconcertó y me alegró.
 
 
 
          8 – Acaso recuerdes que en una oportunidad te comenté que había mantenido una cierta correspondencia con un poeta de nuestra provincia de Córdoba, también llamado Rafael Vásquez -autor por ejemplo, de “En escorzo” (1998), “Esclusas”, “Timbal ultravioleta” (ambos de 2000)-. Y esto lo ligo con que alguna vez comenzaste a firmar retirando tu segundo nombre. ¿A qué se debió –a qué te parece que pudo haberse debido- tu decisión?
 
          RAV – Es curiosa la anécdota. De repente te enterás que tenés un homónimo en otra provincia, que además es poeta y de quien no sabés absolutamente nada. Un par de veces me hablaron de él pero fuiste vos quien –a mi pedido- me pasaste su dirección, en Villa Allende, provincia de Córdoba. Como no recordaba cuándo había sido, también gracias a mis archivos (pero esta vez de la computadora), encontré que mi intento de comunicación fue por correo, con unas líneas del 4/6/2003  y mi libro “Cercos de la memoria”. No tuve respuesta alguna, así que la incógnita permanece. Ignoro si el correo perdió mi envío o el destinatario lo traspapeló. La decisión de quitar mi segundo nombre –Alberto- en la firma de lo que escribo se debió sólo a aligerar el apelativo. Ya lo había hecho antes Roberto Santoro. Así que desde “Cercos de la memoria” (1992) firmo lo que publico: Rafael Vásquez. No hubo algo más profundo, por lo menos en lo consciente. Y el único que cada tanto me lo recrimina al vernos, es este gran poeta y amigo Antonio Requeni. Venga o no al caso quiero mencionarte –sin ánimo de comparación- que uno de mis poetas preferidos, Baldomero Fernández Moreno, firmó después “B. Fernández Moreno” y al final lisa y llanamente “Fernández Moreno”. Y llegó a escribir un breve poema al respecto, que comienza (lo cito de memoria): “Me borré el doctor / hace mucho tiempo. / Borré la inicial / de mi nombre feo.”
 
 
          9 – Fuiste publicado en el número 10 de la renombrada “Cormorán  y Delfín” –en la que habían constado estos subtítulos: Revista Internacional de Poesía; Mar – Poesía – Buenos Aires – Mundo; Revista Planetaria de Poesía-, dirigida por Ariel Canzani D. (nº 1, en 1964 – nº 28/29, diciembre de 1972). ¿Conociste, lo trataste a Canzani, ese poeta que durante mas de veinte años recorrió el mundo como capitán de ultramar navegando a bordo de buques mercantiles argentinos? ¿Tus impresiones sobre esta revista que se compaginaba en cada viaje?
 
          RAV – Creo que la vida diaria no me alcanza para revolver y releer tanta publicación que guardo en mi biblioteca. Entre otras, esta revista valiosísima de los ’60. Guardo los números 1 a 16 y me fui a hojear algunos. ¿Por qué interrumpí su compra, entre 1968 y 1972, cuando dejó de aparecer? Realmente no lo sé. A Canzani lo conocí, hablamos alguna vez, pero no lo traté tanto y su recuerdo, desgraciadamente, se difumina en la memoria. Al regresar al número 10 de “Cormorán y Delfín” (octubre de 1966), evoqué mejor la circunstancia. Fue una publicación de parte del grupo “Barrilete” de entonces: Alicia Dellepiane Rawson, Roberto Jorge Santoro, Anadela Arzón, Alberto Costa y yo. Un par de páginas antes, va también Marcos Silber. Te reitero: fue una de las mejores revistas de poesía de la década del sesenta.
 
 
 
          10 - Dice Borges en el prólogo de “Del amor y los otros desconsuelos” de Gustavo García Saraví: “Coleridge escribió que los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Para el aristotélico, lo verdadero son los individuos, las circunstancias, lo temporal; para el platónico, los géneros, lo que de algún modo persiste bajo las apariencias mudables. A este segundo estilo de intuir corresponden la imaginación y la obra de Gustavo García Saraví.” ¿A qué estilo de intuir te parece que respondés?...
 
          RAV – Creo que me quedo con el Borges que prologa muy brevemente a Evaristo Carriego en 1950, pero ésta puede ser una respuesta apresurada, ya que no ubico el prólogo que citás ni esa obra de Gustavo García Saraví. Que fue premio “ La Nación ” con un libro de sonetos que llamó “Con la Patria adentro”, título que mereció alguna broma en una revista de la época. Libro que tengo, es de 1964, pero tampoco tengo fresca la memoria poética de su obra para opinar. Salvo de sus sonetos, que eran excelentes. En cuanto al corazón de tu pregunta, pienso que mi intuición respondería a un modelo aristotélico, aunque descreo de los encasillamientos.
 
 
 
          11 - ¿Tenés libros que releas cada tantos años? ¿Subrayás  frases o párrafos, versos o estrofas?
 
          RAV – Toda mi vida he marcado en los libros de narrativa y de teatro párrafos y frases. Y en los de poesía, poemas, versos y estrofas. El libro que no tiene marcas es porque no se llevó bien con mi sensibilidad. Eso sí, siempre lo hice con lápiz, como si pudiera permitirle a un lector posterior hacer borrón y cuenta nueva. Sobre libros que releo, te diré que organicé mis bibliotecas temáticamente: unas para poesía, otras para narrativa, otra para teatro y otra para ensayo. Dentro de cada tema, alfabéticamente por autor; lo que me permite encontrar un libro con cierta facilidad. Pero más a mano, en un estante cerca de mi mesa de escribir, tengo determinados poetas para releer: Fernández Moreno, Mario Jorge de Lellis, Luis García Montero, Yadi María Henao, Leonardo Martínez, Carlos Marzal, Néstor Mux, Idea Vilariño, Jorge Paolantonio, Antonio Requeni, Marcos Silber, Paulina Vinderman, Máximo Simpson, Horacio Preler, Laura Yasan. Y es un sector que admite incorporaciones y cambios.
 
 
 
          12 - No seré original, pero estamos en el año en el que se ha disputado la Copa Mundial de Fútbol Brasil 2014: seré oportuno: no sé si sos futbolero, Rafael; lo seas o no, se me ocurre proponerte la formación de dos equipos, desde luego, conformado por once, mujeres y hombres (de todos los tiempos): una selección internacional de poetas y otra selección internacional de narradores.
 
          RAV – Paradoja de mi existencia futbolera. Desde la escuela me gustó jugarlo, pero siempre fui malo, nunca tuve dominio de la pelota. Pero seguí jugando, cada tanto, entre compañeros o amigos, generalmente como defensor. Simpatizante desde la infancia de River Plate, pero no “hincha”. En toda mi vida fui a ver un solo partido, un amistoso River-Peñarol. Odio la violencia y sobre todo a las barras bravas. Durante este campeonato mundial vi todos los partidos de la Argentina y algo de otros. Me gustó el equipo. Ahora, elegir una selección internacional de escritores sería azaroso y tal vez injusto. Podré escribir once nombres y acaso arrepentirme cuando esto se publique. Pero voy a complacerte y no será una novedad sino algo que viene de mis respuestas anteriores. Poetas: Pedro Salinas, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Manuel J. Castilla, Baldomero Fernández Moreno, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Raúl González Tuñón, Horacio Salas, Marcos Silber, Wislawa Szymborska. Once nombres de narradores: Emilio Zola, Georges Simenon, Antón Chéjov, Simone de Beauvoir, Humberto Costantini, Gabriel García Márquez, Milan Kundera, Juan Marsé, Alberto Moravia, Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa. Pero para estar en paz con mi conciencia, te diré que en mi juventud leí más teatro que narrativa; y si abandonamos la parábola futbolera querría agregarte otra selección, la de los dramaturgos. Que enumeraría así: William Shakespeare, Jean Anouilh, Albert Camus, Federico García Lorca, Gabriel Marcel, Arthur Miller, Eugene O’Neill, Luigi Pirandello, Armand Salacrou, Jean-Paul Sartre, Tennessee Williams.
 
 
 
          13 – ¿Nos despedimos con algo que no conste en tu presentación curricular?
 
          RAV – Un día de 1970, no recuerdo de qué mes, me llamó por teléfono Alberto Gibelli, actor y director del Teatro Libre “Florencio Sánchez” de la ciudad de Rojas, provincia de Buenos Aires, derivado por Horacio Salas, para contarme sobre un proyecto que estaban armando: un espectáculo de tango y poesía, que interpretara a la ciudad y mezclara textos de viejos y jóvenes poetas. Venían ya con poemas elegidos de Jorge Luis  Borges, Nicolás Olivari, Carlos de la Púa , Felipe Fernández (Yacaré), Enrique Cadícamo, Ernesto Sábato, Raúl González Tuñón, Oliverio Girondo, Leopoldo Marechal. Traían además la creación y la interpretación musical de Alberto Garralda, ex bandoneonista de la orquesta de Alfredo Gobbi. Querían incorporar a poetas de la generación del sesenta. Y así fue que nos sumamos Eduardo Romano, Juan Gelman, Alberto Szpunberg, Alberto Costa, Jorge B. Rivera, José Peroni, Abelardo Castillo, Luis Luchi, Horacio Salas, Rodolfo Alonso y yo. Eligieron uno, dos o tres poemas de cada uno. Para la apertura y el cierre tomaron un poema mío, “No pasa nada”, y decidieron llamar al espectáculo “Aquí no pasa nada”. Organizaron cuatro funciones en nuestra ciudad, dos en octubre y dos en noviembre de 1970, en la Sala “Theatron” de la avenida Santa Fe 2450. Los poemas, bien dichos y jugados por los tres actores y una actriz del grupo teatral, más la música de Alberto Garralda, otorgaron un marco distinto y eficaz a la poesía. Fue una experiencia inolvidable, que cerraron luego invitándonos al estreno en la ciudad de Rojas, con un agasajo posterior.
 
 
 
*
 
 
Rafael Alberto Vásquez selecciona para esta entrevista, en septiembre de 2014, seis poemas de su autoría:
 
 

LA  CACERÍA  DEL  SOL

 

El sol sabe seguirte para adentro

atraviesa tu continuada fuga
clava
una espina de luz en medio de tus ojos
y se tiende contigo
para darle a tu cuerpo
la apariencia perfecta del verano.
Cuando te encuentra
sé que le crecen manos
y despega las nubes por donde acaso viajas.
Entonces
cuando el amor te cierra los ojos
el último destello de sol
es una chispa viva debajo de tus párpados
que te suelta el silencio a medianoche.
 
                                                                                                      (De “La piel y la alegría”)
 
                                  
*
 
 

NO  PASA  NADA

 
 
Aquí no pasa nada.
Es el país, la parte que nos toca,
la imagen que este tiempo nos desvive.
No pasan grandes cosas. 
                                        Muere gente
de muerte natural todos los días.
Hay huelgas, pero en orden.
De vez en cuando, es cierto, renuncia un funcionario.
Pero no pasa nada.
La calle, el eco suelto
nos dice el fútbol, la vergüenza
y el costo de la vida.
Nos insulta despacio, como un tango,
nos achica el país
hasta este barrio
dividido
que es todo Buenos Aires.
Nos deja discutiendo en una esquina
porque es tarde
y aquí no pasa nada.
 
                                                                                                                        (De “La vida y los fantasmas”)
                                  
 
*
 
 

ME  ACUSO          

 
                                                                                                                “Porque me duele si me quedo
                                                                                                                             pero me muero si me voy”
                                                                                                                             María Elena Walsh
                                                                                                                            (“Serenata para la tierra de uno”)
 
No puedo imaginar
este final de invierno en otro sitio.
Ni cambiar soledades, afectos o paisaje.
Elijo esta crueldad de no mirarnos,
de sufrir la ciudad,
de los primeros gritos que despiertan.
Cómo hiere el exilio es lo que ignoro.
Porque tardan las cartas.
                                        O se callan.
Y los amigos nos desencontramos.
Ahora que hasta el aire se nos cambia
quiero reconocer: no fui valiente.
No di la otra mejilla
ni grité la injusticia por las calles:
lo dije en mis poemas.
Me acuso de esta voz sin resonancia.
Me acuso de estar vivo.
 
                                                                                              (De “Cercos de la memoria”)
 
*
 
 
MEMORIA  DE  SANTORO
 
                                                                                    a Roberto Santoro, poeta y amigo.
                                                                                    Secuestrado el 1º. de junio de 1977.
                                                                                                                     Desaparecido.
 
Han pasado los años.
No ha cambiado tu cara en el recuerdo:
la ventaja maligna de la ausencia.
Cada vez que me llaman y repito la historia
el tiempo se hace trizas en un vidrio empañado.
Y aparecen las fotos que no se muestran nunca,
los amigos, los libros, el café, las raíces
del barrio que sostuvo las voces de tu vida.
Aquel diálogo inútil –saber qué nos decíamos-
es una adivinanza que pierde su sentido.
Para la muerte no hay categorías,
pero la duda, el cuándo, los adioses sin fechas,
los supuestos más tristes desde un momento aciago
como el motor de un auto que parte hacia la nada,
no dejaron un punto final, sólo un suspenso.
Pasaron veinte años desde un viejo poema
que te escribí con culpa.
Más años todavía desde que te llevaron:
esa cuenta la cargan tu mujer y tu hija.
Yo apenas me confundo la sombra de tu abrazo
pero me sé tus versos
y te cuido ese sitio sin paz de la memoria.
 
                                                                                        (De “Ese sitio sin paz de la memoria”)
 
*
 
 
GENEALOGÍA
 
 
Mi padre no me hablaba de su padre o su abuelo
y yo no fui el curioso rastreador del silencio.
No supe indagar sombras ni fantasmas
porque bastaba el rito de ignorarnos.
Y estaba el sol.
Era difícil conversar conmigo.
Tal vez por eso las palabras
se fueron despertando en mi escritura.
La muerte lo llevó de madrugada,
sin despedida y sin explicaciones,
no me sirvió siquiera de experiencia.
Volver hacia otro tiempo ya no cabe:
del pasado se vuelve sin testigos.
 
                                                                                                    (De “Explicaciones y retratos”)
 
*
 
 
 
FOTOS
 
 
Miro una serie de viejas fotos de una nena.
Son pruebas de retratos, actitudes distintas y sonrisas.
El fondo oscuro, algún objeto a mano,
una sombrilla, un libro,
poses sencillas que el fotógrafo guiaba
para encontrar la toma exacta
que complaciera a toda la familia.
Tiene cinco años esa nena. O cuatro.
Sólo una vez reconozco sus rasgos,
apenas,
aquel gesto que durará en su cara
para enamorarme.
Nada del futuro entonces,
nada del misterio que hará venir su vida
hasta mi encuentro.
Todavía
los años la embellecerían hasta la madurez.
Pérdidas y ganancias, hijos, un nieto,
cuántas expectativas imposibles de discernir.
Algo puede nublarse en mis ojos:
la culpa de no hacerla más feliz.
 
                                                                                                                          (Inédito)
 
*
 
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Rafael Alberto Vásquez y R. R., septiembre 2014.
 
 
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16 de Agosto, 2014 · General

Eduardo Romano: sus respuestas y poemas


 

Entre-vista en tramos-e realizada por Rolando Revagliatti

 

 

Eduardo Romano nació el 8 de junio de 1938 en la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, la Argentina , y reside en la Capital Federal. En 1965 egresó de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde en la carrera de Letras fue profesor adjunto de la cátedra de Literatura Argentina, cuyo profesor titular era David Viñas, así como Asociado de  Literatura Argentina II, a cargo de Beatriz Sarlo. Entre 2001 y 2012 dictó Problemas de Literatura Argentina. En la misma Universidad fue profesor titular del Seminario de Cultura Popular y Masiva en la Facultad de Ciencias Sociales. Entre otros medios gráficos, como periodista  colaboró con los diarios “ La Opinión ”, “Clarín”, “Tiempo Argentino”, “Página 12” ; con crítica literaria, artículos, poemas, con las revistas “Crisis”, “Hoy en la Cultura ”, “El Escarabajo de Oro”, “Zona”, “El Barrilete”. Entre 1967 y 2008 publicó, por ejemplo, los siguientes volúmenes en el género ensayo: “Análisis de Don Segundo Sombra”, “Sobre poesía popular argentina”, “Medios de comunicación y cultura popular” (con Jorge B. Rivera y Aníbal Ford), “Claves del periodismo argentino actual” (con Jorge B. Rivera), “Las huellas de la imaginación”, “Voces e imágenes en la ciudad. Aproximaciones a nuestra cultura popular urbana”,“Revolución en la lectura. El discurso periodístico-literario de las primeras revistas ilustradas rioplatenses”, “Haroldo Conti, alias Mascaró, alias la vida”. A través del sello La Crujía , en 2012, como principal redactor y director de un equipo de investigadores, se editó “Intelectuales, escritores e industria cultural en la Argentina ”. Y éstos son sus poemarios: “18 poemas” (1961), “Entrada prohibida”(1963), “Algunas vidas, ciertos amores” (1965), “Mishiadura” (1978), “Doblando el codo” (1986), “Entre sobrevivientes y amores difíciles” (2004), “Puro biógrafo y otras inconveniencias” (Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2013). En 1997 el Fondo Nacional de las Artes, en su colección Poetas Argentinos Contemporáneos, edita “Eduardo Romano – Antología Poética”.

 

 

 

          1 – Precede este contacto una presentación formal. Te propongo otra.

 

          ER – De los comienzos, las canciones (tangos, boleros) a las cuales les cambiaba su letra mientras caminaba por la finca de mis tíos, en San Rafael, provincia de Mendoza, donde pasé todos los veranos entre los cinco y los diez años. A los quince las escribía (creo que desde el día en que cerré la tapa del piano), y a los veinte reuní mi primer poemario. Consecuencia de haber conocido a Jorge Rivera y al Movimiento Madí, cuya retórica consideré de vanguardia –en cierto modo lo era-, fueron los “Poemas para la carne heroica” (1960), que luego extirpé de mi bibliografía. La que admito se inicia con “18 poemas”, por el sello Aguaviva, nombre de una revista –hoja impresa de los dos lados y doblada- de la que editamos seis números con Rivera, Alejandro Vignati, Susana Thénon y Juan Carlos Martelli. Un conjunto heterogéneo, tanto que cuando incluí mi editorial “Contra todo”, los dos últimos hicieron constar al pie que no coincidían (claro, eran miembros del Partido Comunista y mi alegato estaba entre el anarquismo y la beat generation). El más entusiasta era Vignati y fue a través de él que nos relacionamos con Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti, etc. Editamos una traducción del poema de Ferlinghetti en contra de Eisenhower y lo repartíamos gratuitamente por la calle cuando nos visitó el presidente norteamericano ( la Coca-Cola se le había adelantado). También le enviamos al juzgado del fiscal Guillermo De la Riestra respuestas tajantes contra la censura: él era funcionario en la dictadura de Juan Carlos Onganía –“¡el onganiato!”-, y había ordenado secuestrar libros y películas como “Los amantes”…

          Yo estaba estudiando en la Facultad de Filosofía y Letras desde 1957. Allí hicimos un par de lecturas públicas. Trabé amistad con Alberto Szpunberg, conocí a Juana Bignozzi y nos reuníamos los tres para leer lo que andábamos escribiendo. Las lecturas públicas eran frecuentes y en los reductos más dispares. La más importante fue en 1962 en la Facultad de Medicina de la UBA , en cuyo Auditorio habría unas doscientas personas: inusitado. Varios cuadernillos con los diferentes autores invitados por el Centro de Estudiantes de esa Facultad conservan testimonio del suceso. Conservo el que incluye mi participación junto a Juan Gelman, Héctor Yánover, etc. Época en la que concurríamos semanalmente a casa de la “tana” Marcella Milano, quien nos reveló las entretelas de Cesare Pavese (yo la ayudé en una traducción de “Dialoghi co Lucò” que editó Siglo Veinte). Por entonces se produjo el acercamiento de sectores de la izquierda y del peronismo: por ejemplo, en el Movimiento Nacional de Liberación, de Ismael Viñas, con el que me vinculé a través de Rivera; y en ANDE (Agrupación Nacional de Estudiantes) de Filosofía y Letras, adonde llegué detrás del poeta Horacio Pilar. Otro poeta, y editor, José Luis Mangieri, me incorporó al sello Nueva Expresión: “Entrada prohibida” y “Algunas vidas, ciertos amores”. Este último corrió la suerte del depósito donde Mangieri guardaba sus ediciones: llegó la policía y secuestró todo, buscando libros políticos, claro, incluida casi la edición completa de mi libro, del que sólo conservo un ejemplar con la impresión de tapa sin colores. Colaboré con “ La Rosa Blindada ”, la revista del maoísmo naciente en Buenos Aires. Pero también lo hice en “18 de Marzo”, periódico del peronismo combativo. Con Rivera, René Palacios More y Luisa Futoransky, otra mezcla rara de “Museta y de Mimí”, editamos dos números de una revistita abrochada, “Cuadernos de Poesía Hoy”. Y debuto con mi primer artículo crítico (aunque ya había borroneado algo de crítica en breves notas de “ La Gaceta de Mariano Moreno”, en el colegio secundario, sobre Pablo Neruda y Vicente Huidobro), titulado “¿Qué es eso de una generación del ’40?”. Allí manifestaba mi admiración por el lenguaje coloquial de algunos poetas del tango y la oponía a ciertas retóricas de la poesía letrada (para ser leída). Acababa de recibirme de Profesor de Letras, me iniciaba como docente y me fue absorbiendo la crítica literario-cultural. Escribía poemas que quedaban rigurosamente guardados y leía, además de Pavese, a T. S. Eliot, a Antonio Machado, y por sobre todos, a César Vallejo. Pero sin privarme de Paul Valéry, de muchos españoles y latinoamericanos, de la poesía lunfarda –me deslumbró, por cierto, “La crencha engrasada” de Carlos de la Púa-. En tanto la política y el periodismo me atrajeron, colaboré mayoritariamente con bibliográficas en “Clarín Cultura y Nación”, en “ La Opinión Cultural ”, en “Crisis”, etc., donde también me difundieron artículos y poemas.

 

 

          2 – Más de diez años transcurrieron hasta “Mishiadura” (traduzcamos a nuestros lectores lejanos al dialecto local: Indigencia, miseria).

 

          ER - Sí, reaparecí respaldado por Colihue-Hachette, quienes irrumpían con mucho entusiasmo en el mercado editorial. Yo trabajaba intensamente en la revisión de productos y géneros populares con el ya viejo amigo Rivera y con Aníbal Ford, narrador y ensayista. Publicamos mucho desde comienzos de los ’70 hasta 1982 (y una parte conformó “Medios de comunicación y cultura popular” en el 83). Con muy buena repercusión, aunque diletantes y ortodoxos (de varias biblias) nos calificaban de “populistas”, por interesarnos en canciones, historietas, fotonovelas, programas radiales, cine nacional, etc. En la década siguiente enarbolarían la bandera de los “estudios culturales” para ocuparse de asuntos parecidos –según Williams, Anderson, Richard Hoggarth (fallecido en abril de este año), Thompson…- e ignorar o disimular lo que veníamos investigando nosotros. Y bueno… soy argentino, diría el siempre socarrón César Fernández Moreno. En una de aquellas lecturas mencionadas, esa vez en una Galería céntrica, se burló de un poeta joven, creo que Marcelo Fox, y discutí airadamente con él. Años después nos reconciliamos, intercambiamos un interesante epistolario cuando yo estaba preparando la edición de su “Argentino hasta la muerte”, selección, estudio preliminar y notas para el Centro Editor de América Latina. Hasta me propuso suplantarlo en la Universidad de Caen, porque se iba como funcionario del presidente Alfonsín a Cuba; mi situación familiar era complicada pero sólo al año siguiente me divorcié. Si hubiera aceptado, seguro que mi vida hubiera sido distinta, pero como siempre es una sola (por desgracia o por mezquindad divina), aquí estoy. Recuperé parte de dicho epistolario en un dossierdel “Diario de Poesía” dedicado a César. Bueno, creo que desde “Doblando el codo”en adelante mi poesía cobra más contacto con la suya, puesto que ambos articulamos un poco de narrativa y otro poco de ensayo valiéndonos de los “renglones cortitos”, aunque de forma diferente, incluso por razones ideológicas. Y también por concebir series de poemas sobre ciertos asuntos: él, por ejemplo, sus automóviles; yo (que no manejo, ni siquiera mi vida), las fotos familiares o los lugares y casas en los que he residido. Mi poemario del ’86 estuvo muy vinculado con la experiencia periodística en “Tiempo Argentino”, la de mayor inserción en un diario: coordinaba la doble página de bibliográficas de los domingos y hasta alguna vez, de paso, redacté un obituario (el de la narradora Marta Lynch) y varios artículos para “Tiempo Cultura”, al cual Osvaldo Cherkasky, Miguel Briante y Matilde Sánchez, entre otros, le habían dado un nivel poco habitual. En la redacción armé, con Alberto Perrone, al que había conocido como empleado en la Universidad de Morón, una tapa collage con dibujo, foto, viñeta de fotonovela, que me sigue gustando.

 

            3 – Y más o menos desde aquí nos quedaría tu derrotero en los últimos veinticinco años.

 

          ER – Con otro formato. Porque después de haber entrado y salido por las puertas de la Universidad de Buenos Aires al son de las marchas partidarias o de las marchas militares, gané en 1986 un concurso de Adjunto en Literatura Argentina I y tres años después el de Asociado de Literatura Argentina II: me radiqué en el ámbito académico. Con su estabilidad y sus miserias. Como la condición de docente universitario se extendió, primero a la Universidad de Lomas de Zamora, después a la Universidad de La Matanza, dejé otras tareas, en especial las periodísticas o editoriales (para el Centro Editor había escrito mucho, durante mediados de los setenta y de los ochenta). Una experiencia interesante fueron los doce o más programas que asesoré, y en los cuales hacía intervenciones críticas de un par de minutos, para la señal Educable, y que en un momento difundió ATC. Incluyó a algunos poetas, como Almafuerte o Sor Juana Inés de la Cruz.

          Todo eso me restó tiempo para la poesía, nunca abandonada, siempre acumulada en servilletas, hojas rayadas sueltas, copias mecanografiadas, y al fin la bendita era de la computación, cortar y copiar. Fantaseé que le dejaría ese legado a mi viuda (Miriam) o a mis dos hijas (Laura y Constanza, una de cada matrimonio), para que resolvieran si era editable o combustible contra el frío. De pronto, un joven salteño que había sido alumno mío en dos oportunidades y lugares (la carrera de Letras y la carrera en Ciencias de la  Comunicación Social de la UBA –ah, me estaba olvidando de contarte que entre 1989 y 2001 inauguré allí un Seminario de Cultura Popular y Cultura de Masas-), me propuso editar un tomo en su colección El Suri Porfiado. No entraba lo escrito a lo largo de casi veinte años en libros de formato manuable y austero. Pero, ante una posibilidad así, no te vas a hacer el estrecho o el larguirucho… Corté varias secciones de lo que tenía guardado, porque en todos mis libros agrupé siempre los poemas en series bajo un título particular, y se las remití como “Entre sobrevivientes y amores difíciles”.

 

 

  

          4 – Y unos años después surge la posibilidad de volver a editar.

 

          ER – Concluyendo 2012. Raúl Santana, el “negro” Santana, con el que habíamos compartido días de francachela y mishiadura allá por nuestros veinte años –no por esa década, aclaro-, me propone telefónicamente una antología en la colección que dirigía para el sello Activo Puente. “No”, le contesté, “ya que el Fondo Nacional de las Artes me publicó una de la etapa que llega a los ’80, prefiero mostrarte un libro inédito y añejo de veinticinco años.” Por supuesto que excluí casi todo lo que ya estaba en la edición de El Suri y armé el resto. Para fortificarlo o qué sé yo, le sumé, con añadidos, una sección, la de “Viejas Fotos Familiares” de“Doblando el codo”, pero con otro título. Y así se fue conformando (y confirmando)“Puro biógrafo y otras inconveniencias”, título que, entre otras virtudes, tiene el de no parecer propio de un volumen de poemas. Con “biógrafo”, tal vez esté de más aclararlo, aludo a la vida y también al cine como un componente inexcusable de esa vida -lo que hoy les sucede a los más jóvenes con la televisión-, pero también a la ensoñación. Cines de barrio (les dediqué un radiopoema), de pueblo (en Escobar), de rambla marplatense, de auditorio al aire libre… películas vistas, entrevistas, narradas, recordadas y mezcladas, perdidas en el desván de la memoria… y divinas divas (Marylin, Brigitte, Sofía, la Cardinale) que te dejaban insomne, entre otras cosas.

 

 

            5 – Y además de la Antología personal del Fondo, fuiste difundido en otras (al menos en una integramos el reparto).

 

          ER – Me alegra figurar en varias, que no me tomo el trabajo de contar pero son alrededor de diez. Las últimas, “200 años de poesía argentina” (selección y prólogo de Jorge Monteleone, Editorial Alfaguara, 2010) , “El cine y la poesía argentina” (selección y ensayo de Héctor Freire, Ediciones en Danza, 2011) y “Antología de poesía argentina contemporánea, 18 poetas” (bilingüe, co-edición Reflet des Lettres / Alción Editora, 2012). Ellas abren la posibilidad de ser leído por un público heterogéneo e imprevisto. El libro de poemas de autor es una rareza, cada vez se editan menos ejemplares y acaban por desaparecer nadie sabe exactamente dónde, pero desaparecen… Y, entre ensayo y ensayo, entre artículo y artículo, entre investigación e investigación, dirigida o elaborada, a pesar de que el viento jubilatorio ya me esparció, escribo algunos poemas. Generalmente en un rapto o en un rato. Y guardo. Tal vez…

 

 

 

          6 – Tengo cerca mi ejemplar de tu cuarto poemario. En la contratapa se informa sobre otras antologías en las que figurás: “Buenos Aires dos por cuatro” de Osvaldo Rossler, “Los mejores poemas de la poesía argentina” de Juan Carlos Martini Real… Y se informa también que esta edición de “Mishiadura” alberga una selección –once- de los textos que escribieras para la audición “Latitud Buenos Aires” de LS4 Radio Splendid, entre setiembre y diciembre de 1977. Te estoy instando, Eduardo, a que rememores ese paso tuyo por la radiofonía porteña, cómo era el programa, quién lo conducía, y te refieras a lo que sucintamente explicás en unas pocas líneas introductorias al volumen, tituladas “Advertencia”.

 

          ER – Esa oportunidad llegó, como todas, inesperadamente. Una amiga, docente de música y locutora, me dijo que el interventor militar de la radio, tanguero y poeta (en la Argentina, como verán, todo puede suceder), se marchaba y hasta allí había escrito las glosas para una audición con tangos de Gardel. Aníbal Cufré, que leyó al efecto algunos poemas míos, me ofrecía reemplazarlo. Le contesté que sí pero con poemas, no con glosas. Escribí una cortina fija, que iniciaba el programa todos los días al anochecer, y luego un texto poético para cada audición que se iba intercalando entre las versiones del “mudo”. Mudo me quedé yo el día que viajando en un colectivo me escuché, junto con el colectivero y algunos pasajeros. La voz de Cufré era impresionante, hasta cuando no sabía lo que estaba diciendo. Inauguré una rutina de trabajo poético: sábados y domingos escribía los cinco textos de la semana, siempre precedidos por alguna cita. Me acuerdo que cuando usé una de Luis Luchi, Cufré me la mandó de vuelta, porque eso no le parecía poético. Yo tuve ganas de contestarle que, si supiera ya lo que era la poesía, habría dejado de escribir. Luego recuperé una selección de esos textos para incluirla en mi libro “Mishiadura”, como “Radiopoemas 77”.

 

 

            7 – Entresaco unos versos de distintos poemas tuyos: “no deben arrojarse los restos del amor dentro del mundo”, “qué haré con su costumbre lenta de hablar y envejecer?”, “el gato pasea por el ocio rollizo de mi hermana mayor”, “y por ti, pero más por mí, pormigo mismo”, “Es la hora de la preñez extrema del aire”, “lucía las bananas podridas del sombrero”, “y su terrible renguera de conciencia”, “Me gustaría encontrarte hace diez años”. Aquí están. Y entonces pregunto: ¿En qué términos resumirías tu poética?

 

          ER –  Esas cosas son más fáciles de decir acerca de otros que de uno y haciendo eso me he ganado en gran parte la vida. Pero… bueno, me tiro a la pileta como poeta de la palabra conversada, del diálogo. Algo que nos vino (uno nunca está solo, aunque se lo imagine) seguro que de Pavese, pero también del tango, de “Eche, amigo, nomás, écheme y llene…” y tantos otros ejemplos. Empecé a escribir argentino, dice Cortázar, hacia 1950. Yo sentía que los de Movimiento Poesía Buenos Aires, algunos, excelentes poetas, parecían, muchas veces, traducidos. Y si no podía escribir argentino, al menos lo haría en porteño y sin  tergiversar mi habla cotidiana. Sentía que en el poema, como en los mejores tangos, se podía contar de manera breve e intensa  y que eso era un desafío. En ocasiones debo de haberlo conseguido. Con el tiempo, las series poéticas me permitieron ampliar el relato, los momentos fulgurantes de ciertas situaciones vividas, imaginadas, soñadas… o todo un poco a la vez.

 

 

  

          8 – Por un lado, en tu último poemario leo estos dos versos: “con Horacio Pilar (del peronismo mágico) que era capaz / de disertar hasta dos días sobre una araña pensativa”.  Y por el otro, yo, que tarde –en 2002- descubrí en su totalidad la obra poética de Horacio Pilar (1935-1999) y quedé asombrado, organicé y conduje en mayo y junio de 2003 el Ciclo de Poesía “Horacio Pilar” –cinco encuentros: entre los poetas invitados estuvieron José Peroni, Jorge Quiroga, Hilda Rais, Francisco (Pancho) Muñoz, Raúl Santana-. Has sido su amigo. ¿Lo evocarías para nosotros a quince años de su fallecimiento? 

 

          ER – Claro, cómo no. Horacio había cursado el Liceo Militar y comenzado Medicina. Era inesperadamente marcial y sorpresivamente gastronómico. Me acuerdo de haber comido en algún boliche de los que frecuentábamos, gasolineros, y pedir primero sopa y luego dos bananas; explicarle al mozo, sin duda desconcertado, las virtudes de esa dieta. Sin mencionar la principal: gastar poco. Tenía una labia espontánea y generosa; una vez, en mitad de uno de tales discursos, a propósito de cualquier cosa, se detuvo y nos preguntó sobre qué estaba hablando, se le había perdido el asunto. Charlamos mucho de filosofía, de calle, de señoritas, de política. Era el mejor ejemplo de que cada peronista tiene su propio peronismo y él te convencía del suyo. Un poeta reflexivo y modesto; siempre me decía que formábamos una segunda línea y que eso no debía desalentarnos. Un gran tipo, de ésos que te dejan mucho y haberlos conocido justifica también un poco  haber vivido. Valdría la pena reencontrarlo para seguir charlando, seguro nos quedaron cuestiones pendientes.

 

 

            9 – Sé que para “Francisco Urondo, la palabra en acción – Biografía de un poeta y militante” de Pablo Montanaro (Homo Sapiens Editora, Rosario, Santa Fe, 2003) has participado con tu testimonio. Para quienes como yo, no hemos accedido al libro en cuestión, ¿nos lo ofrecerías?

 

          ER – Mi relación con Paco Urondo fue especial, con largas intermitencias y mucho afecto. Lo conocí cuando vino a una lectura de poemas (participamos Jorge Rivera, Alejandro Vignati, el petiso Alfredo Carlino y yo): creo que en el salón de un diario sobre la avenida de Mayo. Leí textos que pasarían a “18 poemas”. A la salida se acercó y me comentó que le habían interesado, quedamos en vernos en otro momento, almorzamos a los pocos días con Noé Jitrik, de Souza y otros amigos, me presentó a Clarita Fernández Moreno, y por ella conocería luego a Haroldo Conti… Otra instantánea es de cuando él vivía en el barrio de San Telmo, en una de aquellas casas colectivas de los setenta y a la que acompañé a Lola Thorne. Charlamos largo, me presentó a uno de sus hijos, intercambiamos libros. Tercera foto: una noche lo esperé con dos amigas, en el viejo bar “Unión” que tanto frecuentaba y me encantaba, allá en la avenida Paseo Colón, cerca de Independencia, hasta que salió de trabajar en “La Opinión” y cada uno por su lado, pero otra vez buena charla, agradecimiento por el “aguante”. También nos encontramos en lo de Rivera: ambos militaban en el Movimiento de Liberación Nacional (MLN -Malena) y discutimos un poco, en buenos términos. Después coincidimos en la Facultad de Filosofía y Letras, donde vino como Director del Departamento y yo quedé a cargo del Instituto de Literatura Argentina. Allí no discutimos, exactamente, pero diferíamos en cuanto a lo que esa intervención debía producir en la carrera de Letras. Tengo presente una larga caminata por Rivadavia estrecha, desde la Plaza de Mayo, y olvidar lo político para hablar de poesía, lo que siempre nos había acercado. Bueno, a partir del ‘76 sabemos lo que pasó. Pero lo vi una última vez, en el barrio Caballito: yo estaba parado en la esquina de Rosario y José María Moreno, y desde un auto agitó la mano y su sonrisa, que era muy particular. Tuvo la valentía de sostener hasta el final lo que creía, a diferencia de tantos otros.

 

 

 

           10 – Mas allá de los consagrados poetas del tango  –Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Celedonio Esteban Flores, Enrique Cadícamo, Homero Expósito, Eladia Blázquez, Horacio Ferrer, Héctor Negro…-, ¿estás al tanto de la letrística tanguera más reciente? ¿Por dónde andan tus actuales preferencias musicales? ¿Hay algún tipo de música que juzgues “mala” y que te atraiga (o te haya atraído)?

 

          ER – Estoy al tanto, porque soy miembro de la Academia Nacional del Tango, pero creo que cada ritmo tiene su época y la del tango ya fue. He dado clases sobre letras de tango en la Academia y en la Universidad acerca de la canción, en las cuales incluí también al llamado folklore, al rock nacional y a cantantes que no tuvieron mucho que ver  con la poesía, pero cuyo humor los justificaba. Estoy pensando en Rodolfo Zapata, el de la chacarera “La Gorda”, que manejaba un uso del doble sentido muy gracioso y que los folkloreros comprometidos despreciaban. Claro, para ellos  “Si se calla el cantor calla la vida” y me imagino que, para el cantautor Zapata, “si se calla el cantor calla la risa”. Y el humor es un combustible irremplazable para sobrevivir, sobre todo en el mundo periférico. A la poesía argentina le ha faltado humor, sus cultores prefirieron la seriedad, la gravedad, aunque estuviera hueca. Nicolás Olivari, Conrado Nalé Roxlo, Luis Cané, César Fernández Moreno… son de los pocos, en una cuerda que va del humor sutil al sarcástico. Si me dejan, me subo al carro, por lo menos por el costado del humor irónico. Hoy día el gran público está en contacto con la poesía de las canciones, acompañadas de música. Así como lee novelas acompañadas de imágenes (telenovelas, pero obvia el prefijo). La lectura en silencio y recoleta está avejentada, aunque nunca va a desaparecer del todo. Yo convertí un poema (Cartas II) en el tango “La zorra tristeza” (con música de Alberto Garralda), que tuvo dos grabaciones, pero no seguí adelante con la experiencia. Está entre las cosas que me debo para el ballotage.

 

   

          11 - En un número de la revista de poesía “El Jabalí”, que estuve releyendo, reprodujeron una parte de una entrevista realizada a Orson Welles (originariamente reproducida en su totalidad en una revista extranjera): Me apropio yo de algunas, y adaptándolas te las despliego: Si hubieras podido escoger el país y período en que te hubiera gustado nacer, ¿hubieras escogido qué país, qué período? ¿Hay algunas figuras de la historia argentina con las que te identificás? ¿A quién escogerías como modelo de comportamiento masculino hacia las mujeres?

 

          ER – ¡Esto ya no es una entrevista sino un bombardeo! Me pongo el casco y voy contestando.

          1: Me gustaría vivir en el mismo lugar y en el mismo tiempo pero de nuevo, para reincidir en algunas cosas y para rectificar otras. Vivir de nuevo, varias veces, entre los veinte y los sesenta, en lo posible descartando la inexperiencia o las malas experiencias anteriores y la excesiva experiencia posterior (dejémosle este placer a los orientales).

          2: Me identifico con los muchos que construyeron nuestro país y con los pocos que lo siguen haciendo, ¡lástima que los otros eran más!

          3: A mí, por supuesto. Pero preferiría hablar de lo mal y de lo bien que me han tratado, porque sería hacer el resumen de mi vida. Si unas me abandonaron, desde el comienzo, otras me recogieron y me cuidaron. En “Entrada prohibida” hay una cita de Pavese que dice, en parte, “mis buenas compañeras estarán siempre vivas, / sufriendo en silencio y pagando por todos”. Sin ellas faltaría en mi CV la poesía y estaría de más este diálogo.

 

            12 - Alejandra Pizarnik le expresó en una carta a la poeta bonaerense Ida Julia Casella, a propósito del poemario de ésta cuyo título es “Antes de nacer” (1ª Edición, Ed. Colombo, 1966): “...sus poemas son, entre otras cosas, modos de conocimiento (es evidente el ‘yo me he vuelto del revés / me he vuelto del derecho’), de conocimiento de usted, naturalmente, pero cuando el modo es auténtico y necesario (esto sobre todo), el lector se conoce en la comunión poética: un simple y terrible espacio de encuentro perfecto...” ¿Te provocan, Eduardo, estas líneas, alguna apreciación?

 

          ED – Si la literatura –incluida la poesía- no es conocimiento, es apenas palabras sueltas, cháchara, nada… Uno aspira a la experiencia compartida, a que algo resuene en el otro y lo transforme, lo cambie de lugar, de posición, de ánimo, se le haga carne viva… Por lo menos son las vivencias que nos transmitieron algunos de esos escritores que preferimos y que seguimos leyendo a través del tiempo. Una novela de Benito Pérez Galdós, pero también otra de Paul Auster y, para cambiar de registro, un poema del Arcipreste de Hita y otro de Homero Manzi. Y lo que hicimos siempre, incluso sin saberlo, reescribir las palabras que se reagrupaban, de otra manera, entre las ya leídas y escuchadas, entre las que dijimos y las que nos dijeron. La literatura es, en definitiva, el lugar de cruce donde los otros nos hablan, o se hablan a través de nosotros, aunque ilusionemos poseer “el uso de la palabra”.

 

*

 Eduardo Romano selecciona para esta entrevista, en agosto de 2014, siete poemas de su autoría:

 

 

BRINDIS

 

 

Por la mano que hundo y arranca el poema

por el verbo que comunica como una llave

por el hijo pródigo que vendió su corazón al contado

por la joven madre que no abortó de perezosa

por los que de tanto en tanto se dicen algo al espejo

por los que sólo recuerdan a garrotazos

por la ventana cerrada de los muertos

y por el que desde mucho antes fue cadáver.

 

Por el ojo sin importancia de la risa

por los que hoy aquí y mañana no se sabe

por la noticia falseada en treinta idiomas

por el que pide permiso en todas partes

por el que usa apenas mujeres usadas

por el que brilla una noche y catequiza

por el silbido que se perdió en la boca

y por la triste escalera que solamente baja.

 

Por una blusa roja hasta la sangre

por la firme respuesta del seno adolescente

por la manzana madre de este mundo

por el que tira sus besos al retrete

por el que perdió la cabeza en el griterío

y por el hueso auténtico el hueso duro de roer.

Por el hueco de los que ya se resignaron

por la fiel amistad de las enfermedades incurables

por la que todavía aguarda hecho preguntas

por la felicidad del hombre amaestrado

por la palabra que nos dará el olvido

por un cielo de puentes y llegadas

y por una verdad a cada rato.

 

Por el marinero que no aprendió a desembarcar

por el clavo caliente de estar vivo

por la alegría exacta de los tristes

por el vino de rostros que nadie puede arrebatarnos

y por la desesperación del vaso en la garganta.

Por los que mercan cada día tu trabajo

por los que “sí, cómo no, de cualquier modo”,

por los principios con que algunos terminan sus crímenes

por todas las maneras de andar al descubierto

por los que memorizan cada día de sus años

y por ti, pero más por mí, pormigo mismo,

junto a esos zapatos caminando sin dueño a medianoche

brindo, tal vez de manera vulgar,

levanto mi copa enardecida

por los que ya nombré y por los que no me acuerdo,

dejo paga mi última sonrisa,

toco fondo.

                                                (de “18 poemas”)

 

 

 LA LOCA

 

 

Me decían sentate al lado de la  loca

y dale cuerda.

La loca, a todas horas

destrozada,

y después -si existe algún después

bajo las ruedas-

dibujaba muñecos en el vidrio,

cantaba letras sucias,

daba pena,

Me decían recitale a la loca

tus poemas.

La loca consumía

el café más amargo con leche

y apagado,

se sonaba los huesos

traqueteados en camas informes

o en baldíos,

se daba una medida de esperanza.

Sentada en un rincón,

lucía las bananas podridas del sombrero,

un perfume bien rancio, recocido,

su careta de humo,

su cuello pergamino.

Me decían conversá con la loca

de la vida en orsai,

de su hijo roto.

La loca masticaba estampitas lentamente

preguntando si el sol

seguía afuera

o lo habían llevado, en bandeja,

hasta su cuarto.

Me decían con guiños, por lo bajo,

explicale a la loca que está muerta.

 

 

                                                                          (de “Entrada prohibida”)

 

 

 

 

CAMINATA

 

 

Tengo veintiocho años cumplidos

esta hermosa tarde que ahora desciende

por la avenida viento norte, Palermo,

pensando qué hacer con lo que resta.

Ya no soporto los gestos de Francisco,

según las circunstancias.

No me alcanzan las palabras de Luis,

el estudiante de izquierda

que me quiere explicar causa remotas.

No quiero más los proyectos comunes y promesas

que nunca les pedí, ni equivocada.

He visto y oído sus trabajos,

los oficios delicados, inútiles, vacíos,

humillantes o alegres, de los hombres amados.

Los adolescentes que se concentran

hasta la seriedad en mis piernas delgadas

apenas casi me entretienen.

Las amigas que recitan siempre,

hasta el cansancio,

comienzos o restos de aventuras

ocultas por el humo y sus caras mundanas,

no pueden disimular la soledad que las desborda.

Quedan, es claro, el arte y los paisajes,

pero una ha comprendido el mecanismo

y para qué engañarse en estos tiempos.

Veintiocho años al sol,

camino sostenida por esta escasa juventud

y la incipiente madurez de mis recuerdos.

Sólo deseo tomar un poco de noche,

cara al húmedo cielo,

jugar a la paz, al deseo, a la ternura,

tener una larga conversación sobre estrategia

con algún general que nunca hizo la guerra.

 

                                                    (de “Algunas vidas, ciertos amores”)

 

 

 

TERCERA FOTOGRAFIA DE AMOR

 

 

Es peligroso vivir una última noche con vos.

Hay, por ejemplo, rápidos incendios

sobre los pastos secos de tus ojos.

Hay un aborto reciente y desdichado

-la careta señores los guantes señorita-

que dejó en tu sonrisa enorme cicatriz.

Yo la recorro con paciencia de domingo lluvioso

bajo los pliegues de nuestra lenta soledad.

Crecen hongos salvajes en tu pelo

cuando hablás del marido y los dos hijos

envenenados por la vida en común.

Tiritan nuestras ropas por el suelo,

la tarde se arrodilla y en la pieza desnuda

contra tantos, somos apenas dos.

A las catorce y treinta se incorpora

para decirme nadie

debe saber que aquí estuvimos juntos

porque el amor  voló desde el balcón.

A las catorce y treinta años perdidos

sos apenas tu sombra sobre la palma abierta del andén.

 

 

 

                                                                                                               (de “Mishiadura”)

 

 

 

NI TAN DERECHOS NI TAN HUMANOS III

 

 

Cuando oyó la primera sirena se apartó

un poco del alféizar y cerró las persianas.

Era una lástima renunciar a esa luna

tenue y meliflua, ingenuamente pálida,

pero los gases tóxicos enturbiaban

tanta dulzura y al parecer la noche ardía ya

por los cuatro costados.

A los primeros tiros dio un paso atrás

y entornó la puerta –casi recién pintada-

de su habitación interior.

En las tinieblas se oía el crepitar

lujurioso de la violencia desatada.

Ahora forzaban una entrada gritos roncos

puteadas subrepticias órdenes silbatos

estallaban quién sabe desde dónde desde cuántos.

Empujado por los primeros sollozos ahogados

se metió en el baño, echó la doble llave,

se acurrucó en un rincón los brazos

sobre la cabeza los ojos hacia adentro.

Tras una breve pausa en que creyó –lo principal

es la fe, Dios te sonríe- haberse aislado

sintió un líquido espeso que goteaba

justo encima justo arriba justo no soy

se dijo en un susurro, casi tartamudo.

Entonces se encendió la luz potente luz de la crueldad

y al suave al apartado al buen muchacho

al nunca te metás en esas cosas al hijo de mamá

al siga siempre así felicitado

también lo desaparecieron brutalmente.

 

                                                                     (de “Doblando el codo”)

 

 

 AVERGONZADO

 

 

¿Sabe una cosa usted que a lo mejor me lee

en una larga tarde de domingo sin nada

o en algún otro hueco semejante?

Me da tanta vergüenza ensuciar con versitos

esta hoja impoluta (mentira, apenas si se trata

de una vulgar y servicial servilletita)

y en especial porque murmuro

unas palabras llanas sin metafísica legibles

carenciadas de notas o aparato erudito

sin un despliegue intertextual muy pobretonas.

Y no le cuento, amigo lectorcito amodorrado,

si pienso que en lugar de ganar a toda costa

de apostar de transar de aplastar con denuedo

pierdo mi tiempo así alumbro frases sueltas

la culpa que me da saber el alfabeto

pasear por el lenguaje gratuita suficiencia.

Al menos debería hipotecar tal perversión

en lujuriosos avisos masticables

que un músico por horas, alquilado,

supiera a la sazón sonorizar

para el sagaz público medio (¿o ya

electrocutado del todo y aún consume?).

Me sonrojo realmente, no se extrañe,

cuando sopeso una por una las palabras

las pongo boca arriba en el platillo

me detengo a escucharles viejos ecos

como si fueran rumorosos caracoles.

Es un oficio antiguo, otrora respetable,

pero que ha ido cayendo en el descrédito

en sonrisitas de burla rápidos codazos

una especie de vicio solitario

que hoy practican tan sólo idiotas de la casa.

Por eso acepto caminar hasta el patio

desolado sentarme en un banquito lánguido

esperar que repartan esa sopa mugrienta

que se supone mata los huevos empollados

de todas las metáforas.

 

 

                                                   (de “Entre sobrevivientes y amores difíciles”)

 

 

 

EL POETA DEVUELVE LA PALABRA

 

 

                                                           Para morir mejor

                                                            hay que estar sano (anónimo callejero)

 

 

 

Le entregan sus análisis completos

bajo colesterol sin índice de riesgo

glucemia uremia y uricemia

(no es el medio campo de la selección bratislava

ni una suntuosa aliteración esteticista)

con valores normales adecuados millones

de leucocitos y hematíes como para empedrar

las joyas de varias coronas coronarias

en buen funcionamiento vespertino

(de noche lo asaltan imágenes compactas

que pueden provocarle taquicardia a un dinosaurio)

y camina derecho por lugares torcidos

se busca buenos tragos los malos vienen solos

sigue fiel al Azar que lo guía desvía recombina

empieza a salirse de la ví(d)a a pesar de todos y de todo

de lo que informan estos laboratorios alcahuetes

porque la máquina ha comenzado a ratear

es el momento justo de tomar esa curva

(me parece que ya tomaste demasiado).

Resultas de lo cual lo felicitan por haber elegido

morir saludable en buen estado con el humor erecto

de cara a tan adversas circunstancias convencido

de que fue bueno rebajar las grasas los empachos

las borracheras y resacas aquellas dos mujeres en un día

los ratos de mirar nomás mirar hasta perderse

el horizonte los devastados espacios interiores.

Lo felicitan –reitero y no es una ironía-

porque ha llegado al cruce de caminos saludable

ni se le nota el austero carcinoma que lo convierte

en candidato seguro en colaborador anticipado

de la página oscura del Gran Diario donde otrora

incluyeran artículos suyos a veces ponderados

sesudas bibliográficas anónimas o nomás discutibles

que con los vientos light se disiparon.

Algún periodista apresurado querrá corroborar

si es cierto que escribía fascículos seriados

escritores de acá de ahí de más al fondo

para el sueño de Boris en el saber distributivo

si compartió con Paco los destinos de una carrera

donde enseñaban las formas de las letras

que nunca coincidieron pero igual dialogaban

si una vez despertó con la que hubiera amado

entre los brazos prefirió que durmiera tan cansada.

Igual se irá pensando por el viaje –algunos gurúes afirman

que no es largo- las mejores respuestas las posibles

al máximo misterio de este confuso crucigrama.

 

 

      (de “Puro biógrafo y otras inconveniencias”)

 

 

 

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Eduardo Romano y R. R., agosto 2014.

http://www.revagliatti.com.ar/010822.html 

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05 de Agosto, 2014 · General

Francisco Alberto Chiroleu: sus respuestas y poemas

 

Entre-vista en tramos-e realizada por Rolando Revagliatti

 

 

Francisco Alberto Chiroleu nació el 27 de marzo de 1950 en Rosario (ciudad en la que reside), provincia de Santa Fe, la Argentina. Es Maestro Normal Nacional, Maestro de Música, creativo publicitario, webmaster, fotógrafo, redactor independiente. Desde 1980 se desempeña como editor no lineal y soporte técnico en Canal 5 de la empresa Telefé. Es secretario de actas de SATSAID (Sindicato Argentino de Televisión) en la seccional de su ciudad. Entre 1971 y 1976 editó la revista “El Vidente Ciego” (nueve números). En esos años participó en diversas actividades culturales, así como en cuatro festivales de poesía en la ciudad de Villa Dolores, provincia de Córdoba. Fue jurado en concursos y disertante en mesas redondas articuladas a partir de temas afines al universo poético. En 1981-1982 coordinó la sección literaria de la publicación “Todo Río” y en 1982-1983  de “Lo Mejor de Rosario y su Gente”. Fue incluido, entre otras, en la antología “El Verbo Descerrajado” -poemas en solidaridad con los presos políticos de Chile- (Apostrophes Ediciones, Santiago de Chile, 2005). Colaboró en diarios y revistas del país y del extranjero y parte de su quehacer se tradujo al italiano y al catalán. Participó en el  Dossier Roberto J. Santoro (Nº 20 de “El Colectivo”, Paraná, provincia de Entre Ríos, 2008). En 2003 su relato documental “Carrera contra el destino” fue seleccionado por el Movimiento Argentino de Documentalistas en el certamen “Rodolfo Walsh”, publicado en “Escritos Documentales” en 2004 y presentado en la ciudad de Buenos Aires y en Rosario (en ocasión del “Congreso de las Lenguas”). Además de ser sus textos divulgados en blogs y revistas electrónicas, desde 2001 es el responsable de www.lexia.com.ar. Es miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina y de la Asociación de Poetas Argentinos. En reconocimiento a su trayectoria, el 22 de noviembre de 2011 le fue otorgado por COSITMECOS (Confederación Sindical de Trabajadores de los Medios de Comunicación Social de la República Argentina) el Premio “Alberto Olmedo”. En 1974 se edita el volumen antológico (1969-1974) “El reloj de humo”; dos años después su poemario “Memorias de la estación de las lluvias”; y en 2011, “Blues del Desarmadero”.

 

 

 

 

          1 – Acaso pudiéramos comenzar este reportaje con tu trasmisión de cómo estuvo conformada tu familia nuclear, de qué visión tenés, Francisco, de tu niñez y adolescencia, de tu formación docente, de tus derivas laborales, de tus búsquedas artísticas, de tus logros y vicisitudes en las diversas áreas, de tus compromisos a través del tiempo, de tu actualidad.

 

          FCH – Bueno, podríamos decir que tres de mis abuelos eran piamonteses y el paterno, francés. Esa sensación de extranjeridad, de no estar ni aquí ni allá fue un poco la constante de la familia. Mis padres eran gente de “trabajo” que se desvivieron para que a mis dos hermanas y a mí no nos faltaran ni educación ni las cosas elementales. Yo siempre me incliné por lo técnico y electrónico, pero el mandato familiar prevaleció y terminé de maestro normal; y de piano, teoría y solfeo (como se decía en esa época): de hecho, estuve trabajando tres años de maestro de música en una escuela de extramuros. Comencé medicina y psicología pero no las seguí, siempre la vida planteaba alguna excusa. Paralelamente empezaba a desarrollar esa relación tan extraña con la palabra y con las imágenes que se esconden tras sus infinitas combinaciones. Es decir, leer todo lo que pasaba por mis manos y tratar de expresar un montón de ideas con lo escrito. Primero había conseguido un puesto en Sanidad Municipal, sección vacunas, donde estuve siete años. El sueldo era ínfimo, pero me permitía vivir la “bohemia” de esa época. De ahí salté a la etapa  de maestro, después fui cuentapropista y terminé hace mas de treinta años ingresando al actual trabajo. En honor a la verdad, ingresé como “creativo publicitario”. Puedo decir que viví del “verso” durante mucho tiempo, hasta que migré al área informática en la que me muevo bastante bien.

          En medio de todo esto estuvo el proyecto del Vidente y el vendaval de un mundo que podría haber cambiado. El golpe cívico-militar de 1976 se encargó de eliminar todo atisbo de inteligencia. Cualquier persona que pensaba era peligrosa. Allí empezó una etapa de muertes, desapariciones y el exilio para otros, los mas afortunados. Otros padecimos el exilio interior… Desarticuló nuestra generación. Higa, Santoro, Haroldo Conti entre otros colegas, fueron secuestrados y desaparecidos. Las derrotas se superan, los amigos perdidos, no…; para colmo, hace unos años me enteré de la muerte de Tito Gigli, otro entrañable –un poeta enorme-. A pesar de todo, con mi pequeño aporte siento que hice numerosos amigos (entre los que te cuento) con los que compartir esta tarea.

          En mi actual trabajo comencé a desarrollar una actividad sindical en la que hay un fuerte compromiso. Entre todas las actividades me hago un tiempo para lo que realmente me gusta -jugar con las palabras-, trabajar en la web, y a veces sigo buceando como antes en ese interminable viaje hasta el final de la noche.

 

 

 

          2 – ¿Tendrás presente que en nunca supe qué número de 1975 de “El Vidente Ciego” me publicaste un poema?... En verdad, no sé cómo lo sé, pero lo tengo anotado… ¿Me habrán informado bien? Y es de este modo que te instalo en aquella propuesta. Y que te invito a que te refieras a ella. Es consultando el volumen “30 Años de Revistas Literarias Argentinas” (1960-1989), cuyo autor es el fallecido investigador  de estos temas, José M. Otero, médico de profesión y vecino mío, que me entero que, entre otros, se han difundido en “El Vidente Ciego” a María del Carmen Vitullo, Homero Manzi, Amaro Nay, Enrique D. Záttara, Fernando M. Martínez, Juan Carlos Higa y Eduardo A. Vergara.

 

          FCH – Podría asegurar que fuiste publicado en el número 8. El proyecto del Vidente motivó que un grupo de jóvenes entusiastas nos reuniéramos a discutir y analizar poesía. Todos estábamos empezando. Fue una satisfacción que Záttara, Vedovaldi y Vitullo fueran colaboradores. No puedo dejar de mencionar al periodista Zoilo García Quiroga, que aportaba no sólo sus poemas sino su experiencia en los medios gráficos. Tito Gigli trasmitía su vasta cultura. También Rubén Sevlever, Alberto Luis Ponzo, Martha Isa y muchos más pasaron por nuestro proyecto. Sin olvidar el lado audiovisual: “El Vidente Ciego Cuenta” y “Aries la espalda llena de luces”, nuestro segundo proyecto en el cual nada menos que Daniel Querol interpretó los textos y que fue pasado durante bastante tiempo en “La Sala de Bolsillo”, además de la Galería “Meridiana” en tu ciudad -toda una aventura-. Combinábamos las presentaciones con poemas ilustrados, cantautores locales y hasta proyecciones de cine español de vanguardia.

          Estaban los viajes a los encuentros de escritores (Villa Dolores) y las participaciones

en los mismos. Presentamos en Rosario el último número de la Revista “Barrilete” con sus autores y todo en “La Pequeña Muestra” del poeta Armando Santillán, que siempre colaboraba con la “causa”. El artista plástico Aldo Ciccione (Chacal) nos acompañó en nuestra última etapa. Publicamos y difundimos cuatro libros  y numerosas plaquetas y separatas. Por un tema de costos la imprenta siempre estuvo lejana. Cuando pretendimos cambiar de soporte, ya el mundo se caía a pedazos y nosotros con él.

          La experiencia llegó un poco tarde, pero dicen que al hecho consumado nunca hay que negarlo. He notado con sorpresa que siempre hay gente que se acuerda cálidamente del Vidente, parece que tan malo no ha sido el intento. Celebro la mención en el estudio de Otero. La gente de la Revista “Amaru” también ha hecho lo propio en otro artículo.

 

 

 

          3 – Diría que “El Verbo Descerrajado” –propuesta de la que he sabido cuando se gestaba- merecería que nos refirieras, Francisco, cuáles fueron sus características, qué repercusión obtuvo, si es hallable en la Red.

 

          FCH – En el año 2005, a través de www.poetasdelmundo.com recibí la noticia de que se estaba seleccionando material poético para apoyar la resistencia de un grupo de presos políticos chilenos, que había iniciado una huelga de hambre en la Cárcel de Alta Seguridad, pidiendo por su libertad. Eso había sucedido durante el primer gobierno democrático post Pinochet. Poetas del Mundo es otra de las experiencias que comparto; es un movimiento internacional que nuclea a numerosos “trabajadores de la palabra” alrededor de postulados universales como la paz, la libertad y el respeto entre los pueblos. El material fue publicado por  Ediciones Apostrophes en Santiago de Chile, compilado por Luis Arias Manso. Una excelente edición. Por lo que sé la distribución fue un éxito, tuve que esperar una reedición para poder conseguir otros ejemplares.  En estos momentos habría que pedirlo a la editorial o consultar a los sitios de venta on-line en internet que lo tengan.  Participaron más de ochenta poetas de la Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Nicaragua, España, Portugal, entre otros países. Desconozco si existe una versión en PDF.

 

 

          4 –“Carrera contra el destino”, relato documental: he aquí una obra que también estaría bueno que nos la “muestres”.

 

          FCH – Cuando en 1975 desapareció por primera vez Juan Carlos Higa, yo estaba a la sazón en tu ciudad, con Santoro, Humberto Costantini, Vicente Zito Lema, Conti, etc.: teníamos una reunión con gente de Cultura. Al pasar el tiempo y no encontrarlo, primó la solidaridad y se organizaron diversas búsquedas, hubo falsos datos, dinero dado a informantes… A mí me tocó ir con Haroldo es su auto hacia uno de esos supuestos contactos. Como él no veía bien o tenía la vista cansada, no recuerdo bien, me pedía que lo guiara. Imaginate la situación –un ciego guiando a otro ciego-, yo no conocía los lugares. Le informaba lo que veía, pero no sabía hacia donde íbamos y él me contaba de sus viajes y el río. Pero llegamos a buen puerto. Hubo después otros eventos, una mujer, golpes de la vida y un final triste. De eso se nutrió  “Carrera contra el destino”; se fue armando como antídoto contra el olvido. Y cuando el Movimiento de Documentalistas convocó en 2003 al “Primer Concurso Internacional de Escritos Documentales Rodolfo Walsh” y vi las bases, no lo dudé. Cuando empecé a darle forma salió casi de un tirón. Después vinieron las correcciones. Pero me gusta como quedó. “Escritos Documentales” fue publicado en 2004 y allí figura junto a otros quince relatos  finalistas. Nunca fue un “cuento”; es un relato documental, con sus verdades y sus ficciones, pero es mi pequeño homenaje a Haroldo Conti. De paso te cuento que siempre conservé como una reliquia un trozo de la carta escrita a máquina y firmada, en la que él me autorizaba a usar una cita de su cuento “Tristezas de la Otra Banda” para un epígrafe de uno de mis libros.

 

 

 

          5 – Desde luego, pinchando sobre www.lexia.com.ar quienquiera puede de inmediato dar con cuantiosos materiales de diversas fuentes. Tras más de una década como único responsable del Sitio, te propongo que compartas con nosotros cómo te has ido sintiendo –entusiasmos y decaimientos-, qué satisfacciones y qué decepciones te dieron alcance, cómo prevés proseguir.

 

          FCH – Sabés que siempre me interesó la difusión del trabajo de los otros. Mi sueño hubiera sido tener una editorial. El soporte virtual es excelente para nuestro trabajo en cuanto permite una comunicación rápida y aceitada con los lectores y/o autores. Empecé el sitio como algo personal y se transformó por esa interrelación con los otros . Siempre dentro de las normas legales de registro nacional e internacional, por supuesto. Todos los costos de alojamiento y mantenimiento están a mi cargo. A veces algún autor preguntaba si la colaboración se pagaba…  No: quien lo desee, ofrece sus materiales y luego de un proceso de selección, se publica. Hay autores que agradecían emocionados la publicación y otros que nunca “acusaron recibo”. Se mantiene una constante de 500 visitas mensuales, con altos picos ocasionales. Con el tiempo se ha formado un grupo de gente con los que mantengo una fluida relación vía correo electrónico. Muchas veces tuve ganas de cerrarlo, sobre todo cuando se armaban polémicas en torno a poetas publicados o ciertos hechos políticos. Polémicas inútiles porque no se sacaba nada en limpio. Pero puede más el optimismo y es así que ahora estoy en una etapa en la que lo migraré a un servidor local mas potente y con más prestaciones. Lo que me permitirá “lavarle la cara”, sacar las hojas secas y revitalizarlo. Hay alrededor de veinte poetas esperando que los suba y estoy preparando sus colaboraciones. Es un trabajo que no se puede detener. Hay que hacerlo todos los días. El diseño web lleva su tiempo, la ventaja es que siempre es perfeccionable. Todo se puede modificar o corregir.

 

 

 

          6 – En “Preliminares de un juego canibalístico”, título del prólogo que el poeta santafesino Rubén Vedovaldi concibiera para tu último poemario, afirma: “Entro a estas páginas con las resistencias de quien tiene que ir a la morgue a reconocer cadáveres queridos.”  Para quienes no han entrado a esas páginas: ¿Por qué Blues, por qué Desarmadero? ¿Por qué esas ilustraciones (técnicas mixtas) en tapa e interior creadas por Bruno Chiroleu? ¿Por qué una de las citas que constan en la página 5, tomada de “El siglo de las luces” de Alejo Carpentier, expresa que “Hay épocas hechas para diezmar los rebaños, confundir las lenguas y dispersar las tribus”?

 

          FCH – Cuando le encargué a mi hijo Bruno que me ilustrara el poema “Blues del Desarmadero”, no sabía que allí se iba a terminar de armar el libro. No le sugerí nada, tenía total independencia para desarrollar su trabajo. (Te aclaro que  hace tiempo que es historietista y tiene su propio proyecto editorial, “Términus”, que ya va por el quinto número). Cuando me mostró el resultado entendí que esa sería la tapa del libro. El desarmadero puede ser la metáfora siniestra de un país que se devoró a lo mejor de su futuro. Sus hijos…. También el rebaño es eso, un grupo, una clase, una generación. Los que no pueden elegir. Los que no pueden levantar la cabeza y solo les queda aceptar una muerte o un escape a otro prado.

          El querido prologuista entró a las paginas del “Blues…” sabiendo que iba encontrar cadáveres. Su interpretación en perfecta: nadie quiere entrar a una morgue, pero alguien tiene que hacerlo, es de cristiano el cerrarle los ojos al compañero muerto y efectuar ese ritual –si se puede- del último saludo. El libro se fue gestando a través de los años de silencio; la selección final y los retoques obsesivos permitieron armar en menos de una semana el “muestrario de atrocidades”. Entiendo, soy conciente de que a mucha gente le molesta esa temática. Tengo la sensación de que hacen como que no saben de qué se habla, pero sí, se irritan y algo se les remueve en sus pequeños mundos de falso confort . Pero tenía que hacerlo. Por mis amigos, por el recuerdo de mis amigos, como testimonio de una época. Por el recuerdo de los ideales perdidos. Por todo eso.

 

 

 

 

          7 - ¿Tenés en lista de espera, Francisco, otros poemarios, o inéditos en algún otro género? ¿Y qué libros, o qué autores, tenés en lista de espera para ser leídos?

 

          FCH – Estoy embarcado en el proyecto de Libros Fractales que organiza  Rubén Eduardo Gómez en sus ediciones patagónicas de “Vela al Viento”. El mío sería el libro décimo segundo. Ya tengo casi todos los poemas y la duda es el armado temático. Estoy trabajando otros materiales con los cuales terminaría otro para este año. Y ando concluyendo una especie de novela policial, que como diría Reynaldo Sietecase, es un género que lo permite todo.

          Siempre he leído y leo en cualquier circunstancia. Me adapté a hacerlo desde la pantalla, lo que me da un margen extra. Aunque me fascina el sustrato “libro” y creo que moriré con él. Estoy leyendo el volumen tres de la correspondencia de Cortázar.  Releyendo “Fragmentos de un discurso amoroso” de Roland Barthes, junto al  manual del Photoshop Cloud, un clásico de la gráfica. Y ahora me reencontré con “El lugar” de Mario Levrero.

En lista de espera por tercera vez, José Lezama Lima y su “Paradiso” y la edición bilingüe de la poesía completa de Walt Whitman.

 

 

 

          8 - ¿Qué es un poema?... ¿En qué consiste la vivencia poética?

 

          FCH – No sé si alguien lo dijo o lo imaginé…: “hacemos poesía por lo que nos falta”; siempre pensé de esa forma, desde el momento en que el mundo puede ordenarse mágicamente. Como que todo es posible dentro del poema, siempre por obra y gracia de la palabra. Es un cable a tierra donde no siempre lo que se dice es lo que se quiere decir. Aunque un verso mejora al otro, lo complementa, lo completa. Muchas veces he leído en público, tímidamente, un poema mío y de pronto los gestos humanos de los que escuchan me revelan que una imagen llegó, que ese instante que se congeló en el poema fue entendido. Que todavía se puede compartir algo, a pesar del tiempo.  Hay algunos que salieron “redondos”, se gestaron así  y no se tocaron. Y gustan y ME gustan.

 

 

 

          9 - Es de un ensayo sobre poesía que sustraigo de un párrafo “la visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. ¿Cómo reordenarías a tu gusto, parcial o totalmente, esta serie? Y puede ser más de un reordenamiento.

 

          FCH – Las miniaturas, la visión, el bosque, el sacrificio, el sufrimiento, el desajuste, la ciudad, la danza, el azar, la autenticidad, el pensamiento, la lengua, la muerte.

          La ciudad, el bosque, las miniaturas, el azar, el desajuste, la visión, la danza, el sufrimiento, el pensamiento, la lengua, la autenticidad, la muerte.

          Estos elementos dan como para un relato breve: “En el bosque de las miniaturas, la única visión de la autenticidad era la muerte. El sacrificio en la ceremonia impedía el pensamiento. En la ciudad solo el azar y el desajuste eran los aliados de la lengua…”: salió medio borgiano.

 

 

 

          10 - ¿Qué es más importante en poesía, suscitar imágenes o conseguir cadencias musicales?

 

          FCH – Hablo por mí, me encanta el proceso de creación, si es que se puede crear algo todavía. El armado y la combinación de las palabras para que la imagen sea justa. O al revés, darle forma a esa imagen que apareció de pronto sobre la hoja en blanco, o en la pantalla. El armado de las imágenes inevitablemente lleva a una cadencia musical, si entendemos como que hay todo un hilo musical que atraviesa las palabras, sube y baja en escalas y que cierra todo ese desarrollo con un acorde perfecto (si aparece). Gaston Bachelard decía: “Se renueva el sueño de un soñador en la contemplación de una llama solitaria”; y el soñador se introduce en el mundo de los poetas. Y la poesía es y no es un sueño. Es un suicida que no se mata porque la muerte existe (Cioran dixit). Es un ser que hay que cuidar, acompañar, sentir, es algo más que el amor, es algo más que un todo perfecto.

 

 

 

          11 - ¿Cuál debe ser la postura del escritor ante la injusticia de una situación política?

 

          FCH – El escritor hace su trabajo en la soledad. El mundo exterior a veces lo golpea y entonces es que reacciona. De cualquier forma lo único que tenemos es la palabra y con ella hay que moverse. La contradicción entre obra y acción ha llenado bibliotecas. Desde que Jean Paul Sartre sentenció “De qué sirve la literatura en un mundo que tiene hambre…”

corrió mucha tinta y mucha sangre. Una cosa es lo que se pueda hacer como escritor y otra como ciudadano. El hombre en su tiempo es algo que hay que contemplar porque de alguna forma también condiciona la obra. Y ante la injusticia nos queda la denuncia, la difusión, la organización. Por ejemplo ahora, el crimen y la injusticia siguen asesinando al pueblo palestino.

 

 

 

          12 - ¿Qué opinás de la poesía de tu generación? ¿Te sentís identificado con una generación literaria?

 

          FCH - Tengo dos identificaciones “mortales”: el surrealismo y la  Beat Generation.

Sin olvidar los clásicos Pablo Neruda, Amado Nervo, Gustavo Adolfo Bécquer, César Vallejo… El inmenso Raúl González Tuñón. Paul Eluard, Charles Bukowski, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg… En cuanto a “mi generación”, reconozco la obra de Eduardo Dalter, Amaro Nay, Jorge Boccanera, Alejandro Schmidt, Guillermo Ibáñez, Celia Fontán, Gustavo Tissoco, María Teresa Andruetto, Rubén Vedovaldi, Lina Caffarello, la tuya, por supuesto. Todos con sus luces y sombras. Se me escapan ahora un montón de  nombres que aportaron lo suyo a esta odisea terrestre.

 

 

 

          13 - ¿Qué agrupamientos de poetas de Rosario, de las últimas seis décadas,  podrías rememorar para nosotros?

 

          FCH - ¡Ay!, es complicado… “El Lagrimal Trifurca” de los Gandolfo (padre e hijo, Francisco y Elvio), que marcó un parámetro de calidad cultural. Estaba “Runa”, dirigida por  Guillermo Ibáñez, que más tarde iba a generar “Poesía de Rosario”, publicación que sigue activa. “La Ventana” de Orlando Calgaro, que devenida en editorial destacó por su labor entre los 60 y 70. ”Juglaría”, con el recordado Reynaldo Uribe, fallecido el 12 de enero de este año. Ediciones “Ciudad Gótica”, con su más que interesante revista. Sin olvidar lo que fue el proyecto de la Biblioteca Constancio C. Vigil con su editorial.

 

 

*

Francisco Alberto Chiroleu selecciona para esta entrevista, en agosto de 2014, seis poemas de su autoría:

 

  

POEMA 10

                                                       (al gorrión



Sabés ese es el problema

cuando se toma agua

de un pozo en la noche estrellada

Se tragan algunas estrellas

y duelen

Caminan por el cuerpo

se clavan en el corazón

salen por los ojos

brillan en la boina

 

(también hay otras tiernas cuando me miras y te miro)

 

Y entonces no importa

que la mesa tenga tres patas

si querés hacer un barco de azúcar

que navegue en un mar de café

aunque la gente haga ruido

y vos  tomés una ginebra y te marees

marinera en tierra

                             y las estrellas se mareen también

Y al final sos una mezcla rara

de estrellas con ginebra

que se agitan

                   ríen

                         hablan

                                   brillan

                                              y suenan...

 

 

                                                                         26/06/73 ( De “El Reloj de Humo”)

 

*

 

 

 

El notario

 

Salta los charcos

bajo la lluvia de febrero

Lleva la historia de su vida

bajo el brazo izquierdo.

Febril manuscrito

de noches sin sueño

Hojas numeradas,

cientos de papeles

Pesados testigos

de una inexistente vida exterior

 

No sabe porqué

la lluvia no lo moja,

ni humedece su doloroso tesoro

Pasa entre las gotas

sin involucrarse con ellas

Como su corazón

que de tanto equivocarse

despertó una mañana

en otro pecho.

                                                                                                                                (De “Ceremonia’s”- inédito)

 

 

 

*

 

Réquiem por Polosecki

 

 

La diesel ligera avanza

en el mediodía

de la estación de Santos Lugares

En la noche del hombre

que había visto demasiadas cosas

A ese hombre

al que ya no le cabía ni siquiera su nombre

Había visto su pesadilla una y otra vez

en los ojos de sus entrevistados

los ignorados/marginados/usados

/deshechos del sistema

Ellos también tuvieron su instante de gloria

mientras el grababa en su cabeza esas historias

Las manchas de sangre en las ruedas motrices

de la locomotora se van secando lentamente

Se desvanece una ilusión de vida

en el otro lado del espejo

Molesto testigo del sistema

el periodista rubricó su mejor reportaje

Sus verdaderos compañeros de ruta

murieron con él ese fatídico 3 de diciembre.

 

                                                                                                                                                       (Inédito)

 

 

*

  

 CHANI

 

 ¿En qué rincón olvidé el brillo de tus ojos

y la ternura del beso clandestino?

¿En qué veleta el viento de la historia

señaló ese primero de Mayo

en que nos vimos frente a frente,

en la ciudad extraña y sus lloviznas,

por esas raras paradojas de los trenes

Entre tanto desamparo tu mano

fue el único puerto conocido

Esa vez fuimos dos/tal vez uno

solo vos y yo podríamos decir qué

Tu pequeño nombre se dibuja entre mis sueños

busco rastros de tus cabellos cortos/

encuentro paisajes desolados

La risa de ayer es un grito vacío/tu mundo convertido/

en andenes sucios/miseria suburbana/

con sicarios de la muerte en todas las plazas

No me queda nada por llorar/ni piel que recordar/

acudo al rincón de mi cerebro/donde siempre estás

No sirve

Es inútil hablar con las paredes

Recrear una ceremonia nocturna de adioses/

Negar por tercera vez una certeza/

que se ha vuelto tan real como tu ausencia.

 

                                                                                                                           (de “Blues del desarmadero”)

 

 

 

 *

“Jack The Ripper”

 

 

Jack

artesano incomprendido

Entre niebla y ladillas

en los bajos fondos del deseo

Las chicas de la vida

extrañan

tu visita inesperada.

 

                                                                                                                                            (de “Ceremonia’s”- inédito)

 

 

*

 

 

Ceremonia Secreta

 

 

En el viejo café

hormigas alborotadas

alimentadas con trozos de piel

Silbando aires de Mingus

Diarios fotografiando peces

impregnados de venenos industriales

Nadie recordaba

el barco perdido del almirante Cook

Tu índice recorría

el borde de mis labios

El deseo nos llevaba

a una zona defoliada

 

Tu piel

          interminable

                             leyenda

La brevedad de una rosa negra

sumergida

en oxígeno líquido.

 

                                                                                                                                    (de “Ceremonia’s” –inédito)

 

*

 

Ciudades de Rosario y Buenos Aires, distantes entre sí unos 300 kilómetros, Francisco Alberto Chiroleu y R. R., agosto 2014.

 

*

http://www.revagliatti.com.ar/050512_chiroleu.html  

www.about.me/rrevagliatti

 

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24 de Julio, 2014 · General

Silvia Guiard: sus respuestas y poemas


Entre-vista en tramos-e realizada por Rolando Revagliatti

 

Silvia Guiard nació el  5 de  noviembre de 1957 en Buenos Aires (ciudad en la que reside), la Argentina. Es Profesora para la Enseñanza Primaria y Bibliotecaria Escolar. Desde hace treinta y cinco años se desempeña en escuela primarias dependientes del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, inicialmente como maestra de grado y en la actualidad como bibliotecaria. Es Profesora de Español para Extranjeros (durante algunos años en distintos institutos y en el Laboratorio de Idiomas de la Universidad de Buenos Aires). Entre 1979 y 1992 formó parte del grupo surrealista que editó las revistas “Poddema”  (números 1 y 2) y “Signo Ascendente” (1 y 2-3) y de la continuación del mismo como Grupo Surrealista de Buenos Aires. Desde entonces se difunden versiones suyas al francés de artículos y poemas. Coordinó la traducción del libro “La estrella de la mañana: surrealismo y marxismo” de Michael Löwy, aparecido en 2006 a través de Ediciones El Cielo por Asalto. 

Por invitación de su autor, en el volumen se incluye un apéndice de su autoría: “Buenos Aires, el surrealismo en la lucha contra la dictadura”, disponible en http://www.signosdeltopo.com.ar/SitioAnterior/surrealismovsdictadura.htm  . 

Realizó diversas presentaciones o performances o creaciones poético-musicales con Oscar Pablo Baldomá, Luis Conde y otros músicos: uno de esos espectáculos ha sido “Pájaro de toque” en 1996. Dos son las obras para chicos ya publicadas: “Lombrices” (Libros del Quirquincho, 1997), “Cantos de dinosaurios” (Editorial Amauta, 2011), y dos las que permanecen inéditas: “Chantilly, el gato negro” y “El duende del chaparrón”. Además de colaborar en revistas y blogs, lo hizo en publicaciones del movimiento surrealista: “Surr” (de París, Francia), “A phala 2” (de San Pablo, Brasil), con su ensayo “Tierra adentro” en “Salamandra” (de Madrid, España). También en los libros colectivos “The exteriority crisis” (Berkeley, Oyster Moon Press, 2008), “Crisis de la exterioridad” (Madrid, Enclave de Libros, 2012), “Ce qui sera / Wht will be / Lo que será” (Amsterdam, Brumes Blondes, 2014). Fue incluida en las antologías “Nueva poesía argentina” (selección de Jorge Santiago Perednik, 1989), “Surrealist women” (selección de Penelope Rosemont, Austin, University of Texas Press, 1998), “Indicios de Salamandra” (Madrid, Ediciones de la Torre Magnética, 2000). En 1999 apareció su plaqueta “Mujer-pájaro en el círculo del sol” y en 2010 la titulada “Relampaguea” (Cuadro de Tiza, Santiago de Chile). Poemarios publicados: “Salomé o la búsqueda del cuerpo” (1983), “Los banquetes errantes: diario de viajes” (1986) (ambos de Ediciones Signo Ascendente y bajo el seudónimo Silvia Grénier). Ya con su propio apellido aparecieron “Quebrada” (1998), “En el reino blanco” (2006), a través del sello Tsé-Tsé.  

  

          1 – Tengo sabido que desde chica intentaste cuentos y poemas. Y que a los 17 años participaste de uno de los grupos del taller de escritura Grafein. Te propongo, Silvia, que evoques aquellos primeros escarceos antes de incorporarte al taller y durante el mismo, quién coordinaba, cómo prosiguió tu evolución en los años que llegaste a cursar en la Facultad de Letras.

 

          SG – Mi experiencia infantil de escritura arranca sin duda de la intensa y muy feliz experiencia de lectura. En mi casa de infancia los libros brotaban de todas las paredes –incluso algunos muy viejos que habían sido de mi abuelo. Era una selva que yo exploraba en total libertad, aparte de mis propios libros y las Fabulandias, aquellas maravillosas publicaciones de Editorial Codex  que religiosamente nos compraban en el el kiosco. Según mi recuerdo, fue una noche que estábamos viajando en auto y mis dos hermanas se habían dormido cuando me fui contando a mí misma un cuento que memoricé y escribí más tarde en casa. Siguieron otros, variaciones del cuento de hadas típico. Como mamá me había enseñado a usar la máquina de escribir –de las negras, altas, con un aro dorado en cada tecla- y me divertía usarla, fue como un juego para mí  pasar los cuentos y poesías y abrocharlos en un librito que dedicaba a algún miembro de mi familia. Desde luego era un juego serio y que me enorgullecía mucho. Hice dos o tres de ellos entre los ocho y los diez años, quizás.

A los once la escritura se convirtió, por el contrario, en mi espacio secreto. Aparte de comenzar a llenar un cuaderno Gloria tras otro con reflexiones y confidencias personales, inauguré uno especial donde iba pasando en limpio poemas ya con una pretensión más “seria” y que no le mostraba a nadie, salvo muy rara vez. Eran mi fortaleza oculta.

Llegué al taller Grafein en 1975 por una amiga de mis padres que estudiaba Letras. Participé durante un año de un grupo coordinado por Mario Tobelem. Yo estaba en 5º año del secundario y era la única adolescente; los demás eran estudiantes universitarios o adultos aun mayores. La propuesta del taller era la acción, la escritura a partir de consignas o juegos colectivos –después supe que muchos de ellos, como los cadáveres exquisitos que experimenté allí por primera vez, tenían su origen en el surrealismo. Fue una experiencia de maduración importante, el inicio de una relación objetiva con la escritura. Y desde luego, como yo era una piba, escribir con adultos que me tomaban en serio era estimulante. Entre los compañeros recuerdo a Fernando De Giovanni, que fue muy afectuoso y me alentó a seguir escribiendo.

Entré a la Facultad de Filosofía y Letras en el 77. En la puerta del viejo edificio de la avenida Independencia al 3000 nos recibía, por supuesto, la policía. Salvo algunas amistades y las lecturas propuestas en la cátedra de Graciela Maturo, lo más importante de mi paso por la facultad ocurrió en el bar de la esquina, “Boliche”. Allí una amiga y yo descubrimos un cartelito convocando a un “Club del Cuentista” que sería coordinado por Abelardo Castillo. Fuimos juntas. Era en un Ateneo Cultural o algo así (no recuerdo el nombre preciso) en un edificio de Corrientes y Suipacha. Castillo nunca apareció y entre los numerosos jóvenes que nos encontramos en torno de esa mesa había más poetas que cuentistas. Dos de ellos serían, con el tiempo, mis primeros compañeros del grupo surrealista. Éste ya estaba en pie cuando, en el 80, abandoné la facultad. La censura y estrechez intelectual que allí se respiraba contrastaba demasiado con la libertad, la creatividad y el interés apasionado de nuestras discusiones y actividades.

 

 2 – En http://lainfanciadelprocedimiento.blogspot.com.ar/2007/08/silvia-guiard.html , respondiendo a una encuesta, en 2007, te referís a “la infancia de la operación de índole mágica”, opino, de un modo excelente. Unos años transcurrieron: ¿te animarías a añadir consideraciones sobre la escritura, y acaso sobre “En el reino blanco”? ¿Hay por allí algún poemario inédito?

 

          SG –  En la encuesta que mencionás me refería a la escritura como operación mágica capaz de transformar el plomo en oro o como fotosíntesis que crea el oxígeno espiritual necesario a la vida. Ambas imágenes se corresponden al modo en que surgieron los poemas de “En el reino blanco”. Aunque editados en 2006, fueron escritos entre 1992 y 1997, en un periodo de gran desolación marcado, en lo personal, por una separación amorosa, el cese de actividades del grupo surrealista, la muerte de familiares, enfermedad,  duelo y soledad; todo ello inscripto en el clima de derrota, disolución,  pérdida de horizonte y retroceso que esos años representaron a nivel político, cultural y social. Recuerdo que entonces caminaba todo el tiempo mirando al suelo. Pero una noche, teniendo frente a mí ese vacío -y mi inolvidable Olivetti- escribí el que sería luego el primer poema del libro, y que no es sino la expansión de una única y obstinada afirmación: “Existe el mar”. Sea lo que sea ese “mar” –el deseo, el principio vital, la propia escritura, el inconsciente, el Eros en su más vasto sentido- puedo decir que, a la larga, en él se originó para mí nuevamente la vida; pero también que su postulación en aquel contexto era un abierto desafío a las circunstancias. Por lo cual, a lo escrito en 2007 cabe agregarle ese carácter de desafío, rebelión, lucha, que entraña la escritura. Rasgo que aparece, de modo explícito, en la introducción o “palabra preliminar” del libro: “En el reino blanco toco mi pelo, súbitamente encanecido y triste. ¿Qué hacer? ¿Tejerlo y destejerlo como una lívida Penélope del aire? ¿Esperar en silencio la llegada de Nadie? / ¡Caramba: no! Toco en mi sueño el talismán azul: mejor trenzar con esos melancólicos cabellos cuerdas blancas. Tensarlas. Levantarse. Cantar. (…)” 

          Estas cuerdas evocan en principio las de un instrumento musical o aun las propias cuerdas vocales, pero sin duda también aluden a la cuerda sobre la que el equilibrista atraviesa el abismo y a aquella que nos saca de un pozo y nos permite impulsarnos para ascender. “Cada poema es una cuerda blanca. Sobre esas cuerdas me sostengo y bailo”, dice el final de la introducción. Hace poco y por casualidad me topé en un viejo libro sobre la India con una descripción de la llamada “prueba de la cuerda”. Un tradicional acto de magia yogui en el cual el mago lanza hacia el cielo el extremo de una gruesa cuerda de varios metros, cuya punta opuesta retiene en una canasta. La soga queda tensa, erguida y rígida como una vara y el mago hace trepar por ella, como por un árbol, a un muchachito que se pierde en las nubes. Desde que leí esta curiosa historia no dejo de pensar que su dinámica subyacía de algún modo en la imagen que me formaba entonces de esos “poemas-cuerda” que,  partiendo de la áspera tierra, ascienden impulsados por el propio deseo y permiten alcanzar un plano superior –superador- de emoción o conciencia, experiencia, expresión, comprensión, etc.

          Me doy cuenta ahora de que esa cuerda que une la tierra y el cielo aparece explícitamente en el libro. En el poema “Fugas” se evoca en un momento un mito chaqueño según el cual las primeras mujeres vivían solas en el Mundo de Arriba y bajaban de noche por una cuerda a robar la comida de los varones. El poema invierte el sentido del movimiento, en una suerte de “huida hacia arriba”, diciendo: “O bien ir hacia el Chaco / redescubrir en medio de la selva la cuerda legendaria que una vez fue cortada / y trepar otra vez hacia el Mundo de Arriba / donde habitaron / solas / las primeras mujeres / Criaturas del Cielo / poderosas hechiceras del aire / extenderme de galaxia a galaxia sosteniendo en mi mano las tormentas / y acostada entre las constelaciones / soltar mi baba blanca sobre el mundo / para crear las flores y las telas de araña / y la almohadilla del rocío”. Quizás esta cuerda hacia el cielo es condición o columna vertebral de toda creación o acto poético en general.

          Con respecto a poemarios inéditos, lo próximo que espero publicar tiene también un sentido ascendente pero más literal: lo que asciende allí es en verdad un árbol y la mirada y el pensamiento que lo acompañan. Hace unos años mi compañero y yo acampamos varios días en un lugar a orillas del río Litrán, en la provincia de Neuquén, en medio de un bosque de pehuenes. Tiempo después escribí varios poemas y este verano volvimos para tomar más fotografías de este árbol extraordinario por su antigüedad y por la personalidad y expresividad de su presencia.

  

          3 – Cuenta con un poema-prefacio de tu autoría el poemario “Lilith” (1987), de esa maravillosa poeta argentina, Carmen Bruna, fallecida a los 85 años en este 2014. Ya por teléfono, Silvia, te anticipé hace pocas semanas, que si aceptabas este reportaje, te invitaría a que nos hables de ella. Y eso hago.

 

          SG –  Fui amiga de Carmen Bruna desde 1982, año en el que ella se incorporó al grupo surrealista Signo Ascendente del que yo formaba parte. Ella tenía entonces 54 años y yo unos 24. Nuestra amistad duró tres décadas. Compartimos la pertenencia al grupo tanto como el vínculo personal, aun cuando cesaron las actividades colectivas. Antes del prefacio al que aludís, le dediqué el poema “Señas”, fruto de la emoción de aquel primer encuentro en el que nos reconocimos todos como tripulantes del mismo barco ebrio. Carmen tenía publicado ya su primer libro, “Bodas”, aparecido recién en 1980 pese a que ella había estado ligada al grupo Poesía Buenos Aires en los 50, época en la que había descubierto además el surrealismo. Cuando la conocimos, había dejado atrás una primera etapa de su vida en la que había estudiado Medicina –sobre todo por presión de sus padres, inmigrantes italianos que trabajaron aquí como albañil, el padre, y costurera, la madre- y había partido, ya con su compañero, a trabajar durante doce años en poblados rurales y fronterizos de las provincias de Salta, Misiones y Neuquén. De regreso a Buenos Aires –con tres hijos- había sufrido dos golpes que marcaron su madurez: fue atropellada por un auto en la autopista Panamericana, accidente que le valió meses de postración y consecuencias físicas, como la sordera. El otro golpe fue la ruptura de su matrimonio, que vivió dramáticamente. Para amar sin medida / he convocado a las negras olas de la desesperación” escribió. Pero en su desesperación de amor sintió la de toda la condición humana, todo el dolor de la vida asediada por la muerte. Desde su regreso a Buenos Aires solo se dedicó a escribir. La poesía no era su carrera sino su vida, su manera esencial de respirar, de resistir la condición humana, su búsqueda de un más allá de magia cotidiana.

          Su voz es, como su vida, esencialmente pasional. Sensual, traspasada de aromas, estremecimientos, relámpagos y susurros; acariciadora o violenta, enamorada, rabiosa o melancólica. El turbador desborde de sus imágenes no deja indiferente a nadie. Y aunque para el gran público su obra es desconocida, su difusión no es poca. Provino siempre de aquellos que se apasionaron al leerla. Además de participar en Signo Ascendente –que editó dos de sus libros: “Morgana o el espejismo” y “Lilith”-, Carmen se vinculó y mantuvo correspondencia con muchos poetas que admiraron su poesía y la difundieron en revistas, ciclos de lectura, antologías o blogs e impulsaron la edición de sus otros libros.

          Actualmente se está preparando en Montreal una versión en francés de poemas suyos en la Editorial Sonámbula, a cargo del surrealista mexicano Enrique Lechuga. En enero de este año, Lechuga me propuso escribir la presentación para el libro y me envió la lista de los poemas seleccionados. La noche del 14 de enero, antes de acostarme, desparramé en mi mesa todos los libros de Carmen para ir releyendo cada uno de esos poemas. Y esa noche soñé con ella. En el sueño ella se había mudado y yo iba a conocer su nueva casa. Era una suerte de cabaña en una isla que recordaba el Tigre. Para llegar cruzaba a nado un río y era muy nítida la sensación de la frescura del agua. Todo estaba muy verde, despejado y brillante de sol y Carmen llegaba a la casa rejuvenecida, caminando junto a su compañero. Íbamos a comer, al parecer, un pollo asado que se veía en el centro de una mesa. Lamentablemente, alguien llamó por teléfono y me desperté.

          Esa tarde recibí otro llamado telefónico, esta vez de su hijo: Carmen había muerto un rato antes. Era 15 de enero. Al día siguiente, su velorio fue íntimo y breve. Como en mi sueño, el sol resplandecía en Buenos Aires. Pero también la luna llena se veía todavía en el cielo. Los dos astros estaban así presentes en su despedida.

          Ese mismo día llegó a mi domicilio un ejemplar destinado a ella del Almanaque surrealista “Ce qui sera / What will be / Lo que será”, publicado en Amsterdam, donde se incluye uno de sus poemas inéditos. Otros habían aparecido meses antes en “A phala 2”, en San Pablo. Muchos  permanecen inéditos, organizados en dos volúmenes que ella misma tituló: “Perséfone” y “Los ritos”. Nos esperan, aún.

 

          4 – Mucho valora tu impronta surrealista el escritor colombiano Raúl Henao. Y, en efecto, es muy conocida tu poética por grupos surrealistas de otros países. ¿Nos hablarías de esos otros grupos? ¿Cuál es el entramado vigente del movimiento?

           SG –   Existe efectivamente un entramado vigente –es decir, vivo- vasto y complejo del movimiento surrealista. Hay grupos y revistas con una larga historia y otros surgidos no hace tanto. La relación que tengo con varios de estos grupos deriva de la que entablamos desde el nuestro en la etapa en que se publicaba la revista “Signo Ascendente”. Siempre me resultó asombroso y conmovedor el que hayamos podido, en plena dictadura y en aquellos tiempos previos a internet, vincularnos con el exterior. Contábamos solo con los nombres que figuraban en las revistas editadas en París en los años 60. A partir de ese dato, gracias al viaje de una amiga a Europa y el de dos de nosotros a Brasil, llegamos a contactarnos con Sergio Lima, de San Pablo, y con el grupo de París. Del  intercambio con éste derivó a su vez la conexión con los grupos de Praga, Chicago, Estocolmo y Madrid. En 1982, el número 2-3 de “Signo Ascendente” incluyó materiales enviados por estos grupos y del libro colectivo la “Civilisation Surréaliste” (París, Payot, 1976). Con el tiempo surgió la idea de un Boletín Internacional del Surrealismo. Un primer número apareció en el 91 con la intervención de  los cinco grupos mencionados y el nuestro, entonces integrado por Oscar Pablo Baldomá, Carmen Bruna, Luis Conde, Julio Del Mar y yo. El Nº 2 salió en el 92. Incluía una declaración colectiva firmada en doce países en repudio a las celebraciones del Vº Centenario del “descubrimiento” de América. La versión inicial de la misma fue redactada en París, pero a partir de una propuesta de Buenos Aires -y  debo decir que tomando como base el texto de mi autoría enviado junto a esa propuesta (“Tierra Adentro”). Pablo Baldomá, Luis Conde y yo difundimos esa declaración en la Contramarcha realizada en Buenos Aires para el 12 de Octubre. Poco después, por una conjunción de situaciones, nuestro grupo dejó de funcionar como tal. Cierta impasse se produjo también a nivel internacional, ya que el previsto número 3 de aquel Boletín nunca vio la luz. Sin embargo, esos grupos continuaron activos y vinculándose entre sí. A mi dirección siguió llegando correspondencia y, con el tiempo, retomé el contacto con ellos. Años más tarde los conocí personalmente durante un viaje. Textos o poemas de mi autoría han aparecido en sus revistas, en especial en “Salamandra”, de Madrid, en antologías y libros colectivos. No me resulta fácil, sin embargo, definir mi relación actual con el movimiento surrealista y por ello he optado por no definirla y dejar que acontezca. Cada una de las propuestas o iniciativas a las que decidí sumarme fueron inspiradoras y plenas de sentido.

          En los últimos tiempos se produjo una reanimación de las relaciones entre grupos. Este año 2014 ha visto ya varias iniciativas importantes. Del 5 al 17 de junio, una muestra internacional en Montreal reunió obras de unos 75 participantes de distintos países. En enero de 2014 apareció en Amsterdam el libro  “Ce qui sera / What will be / Lo que será :  Almanac of the International Surrealist Movement”. Presentado por Her de Vries y Laurens Vancrevel, de la revista “Brumes Blondes”, como homenaje a los cincuenta años de la misma, este almanaque incluye material de ciento setenta y tres colaboradores de  veinticinco países. A las imágenes, poemas, textos teóricos, encuestas o reseñas de juegos se suma la cronología realizada por Miguel Pérez Corrales –español residente en Canarias- “Cinquante ans de Surréalisme 1964-2013”. No todos los grupos o individuos representados en este libro se vinculan entre sí de igual manera, ni coinciden en la totalidad de sus posiciones. No hay un centro ni una dirección. Todos comparten la voluntad de considerar al surrealismo, no como la repetición de lo que fue, sino como aquello “que será”. Quiero citar un fragmento de un texto de José Manuel Rojo, de Madrid, que aparece en la pág. 337 de este Almanaque: “(…) hoy en día no hay un estudio mínimamente serio u honesto sobre el surrealismo que pase por alto su dimensión radical y su intervención en el terreno político revolucionario. En efecto ya nadie se asusta ni desconoce el programa subversivo que se escapaba de la littérature para cambiar la vida, pero lo que sin embargo no queda tan claro es que la revolución surrealista no solo combatió a los poderes e ideologías que reprimían la libertad y la imaginación, como la familia, el ejército, la religión o el racionalismo castrador, sino también, y como un componente explícito de sí mismo, al sistema capitalista que está detrás de la civilización burguesa y de su dominación implacable.” Quizás no todos los involucrados en el libro comparten estos conceptos con la misma convicción. Pero sí la gran mayoría. Y en estos tiempos de crisis capitalista, tanto el grupo de Madrid como el muy joven de Atenas,  han tenido una activa participación en las movilizaciones desarrolladas en sus respectivos países.

 

            5 – Sos co-fundadora del Grupo Surrealista de Buenos Aires. Traigamos, Silvia, a estos treinta años después, aquella iniciativa: quiénes fueron tus compañeros fundadores, quiénes se mantuvieron permanentes y quiénes participaban con intermitencias, quiénes eran escritores y quiénes artistas plásticos, durante qué lapso perduró, a qué se abocaron, con qué otros grupos mantuvieron contactos sostenidos, por qué razones algunos integrantes adoptaron apodos temporarios, reagrupamientos...

 

          SG –   Hice una historia pormenorizada del grupo surrealista en el artículo “Buenos Aires: el surrealismo en la lucha contra la dictadura” mencionado entre mis datos biográficos. El lector interesado podrá rastrear en librerías el libro de Michael Löwy que lo contiene o seguir el link (también arriba citado) del Sitio al que fue subido.  Aquí recordaré sólo algunos aspectos de esta historia y algunas presencias.

          Este grupo surgió en plena dictadura y lo primero a destacar es la fuerza aglutinante, centrípeta y creadora que lo impulsaba, en oposición al contexto de dispersión y destrucción cultural, política y social provocado por el terrorismo de estado. Su rasgo principal fue la autonomía y podría incluso decirse que se autogeneró. Aquel  grupo bastante heterogéneo de jóvenes que concurrimos en 1977 al Ateneo Cultural mencionado en la primera respuesta de esta entrevista,  al descubrir que el anunciado Abelardo Castillo no estaba allí, no sólo no nos volvimos a nuestras casas, sino que regresamos semanalmente desde entonces. ¿En busca de qué? Cada cual habrá tenido su respuesta, incluso una tan vaga como: hacer algo con otros. Los más inquietos y politizados propusieron desde el comienzo discusiones que iban más allá de la lectura y comentario de textos propios. Y junto a los debates en voz alta -sobre el sentido de la poesía y el lugar del poeta en la sociedad, por ejemplo- surgieron aquellos que se hacían en voz baja y confidencialmente. De hecho, había allí militantes de dos agrupaciones trotskistas: el Partido Socialista de los Trabajadores y Política Obrera. Pronto se destacó del grupo inicial uno más reducido que se propuso  conformarse como grupo de estudios. El tema elegido por votación fue el surrealismo. Se armó un plan de investigación, una distribución de subtemas, un cronograma, una bibliografía. Me tocaba a mí ocuparme de los antecesores y fue de ese modo que, en una noche de tormenta, descubrí a Lautréamont. Transcurrieron meses intensos de lecturas y puestas en común, rotación por distintos lugares de encuentro, rastreo de libros de André Breton en las librerías, discusiones políticas y poéticas, salidas y otros etcéteras (como sesiones de expresión corporal y los primeros juegos). En la primavera de 1979, la Crecefyl (Comisión por la Reorganización del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras) organizó una peña en el Club Villa Malcolm, en el barrio de Palermo, para la que planeamos una intervención conjunta. Ya entonces había aparecido, por iniciativa personal de Alberto Arias y con mi participación, “Poddema” 1, con la que todos nos sentíamos identificados. Pero fue tras la intervención en Villa Malcolm que pasamos a considerarnos directamente un grupo surrealista. Los cuatro que estábamos allí fuimos el núcleo permanente a lo largo de toda la dictadura: Alberto Arias (firmaba Alberto Valdivia), Julio Del Mar, Alejandro Michel (firmaba Alejandro Mael) y yo, que firmaba Silvia Grénier. Otros compañeros habían tenido una intervención importante en el proceso de formación del grupo pero se alejaron por distintas circunstancias personales. Usábamos seudónimos como un recaudo de seguridad –entre otros- porque conocíamos la gravedad de la situación política. Todos teníamos conocidos o amigos desaparecidos y algunos habíamos padecido en carne propia los embates represivos, aunque con algo más de suerte que tantos otros.

          Dije arriba que el grupo se autogeneró: buscó en la sombra su propio camino para dar a luz una identidad, sin tener “padre” ni “protectores”. Desde luego, existía una conexión subterránea con la rica experiencia cultural y política anterior al golpe, que cada cual había vivido a su modo y de donde traían algunos su interés por el surrealismo. Y también, como he dicho, con las agrupaciones políticas que subsistían clandestinamente. Nuestro grupo fue una expresión singular, muy intensa y consciente de una tendencia más extendida a la resistencia secreta y molecular a la dictadura. En esos años proliferaron, por ejemplo, las revistas culturales y literarias. Algunas, incluida la nuestra, conformaron la Asociación de Revistas Culturales de Argentina que se pronunció contra la censura. Pronto nos vinculamos también con el movimiento de derechos humanos, al que fuimos acompañando en sus crecientes movilizaciones. Uno de nosotros participaba en las reuniones habituales de la subcomisión de familiares de artistas desaparecidos de la Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas y Gremiales. Esto formaba parte de nuestra manera de entender al surrealismo como movimiento revolucionario. Desde el punto de vista propiamente surrealista, no tuvimos al principio conexión alguna con los antecesores locales, salvo un par de visitas al poeta Enrique Molina, quien no mostró interés en vincularse con nosotros. Siendo todos muy jóvenes (entre 21 y 24 años) buscamos nuestra orientación en la fuente original: los textos de Breton, el primer surrealismo.  Pero no queríamos ser meros lectores o difusores de las ideas e imágenes que nos apasionaban, sino actualizarlas en nuestro propio contexto histórico y cultural.

          Encuestas internas, juegos, discusiones y sesiones de escritura automática colectiva moldeaban nuestra vida interna, que encontró su escenario natural cuando, tras la aparición de “Signo Ascendente” 1, conocimos a Josefina Quesada, una pintora que había participado del taller de Juan Battle Planas. Su departamento, en un antiguo edificio de la avenida Belgrano, fue nuestro espacio encantado. Allí se elaboró la revista siguiente -con la suficiente demora como para ser “Signo Ascendente” 2-3- durante meses de debates, juegos y sesiones de automatismo. Nuestras revistas no consignaron nunca un director porque, salvo en el caso de “Poddema” 1 -armada por Alberto Arias- el contenido fue siempre una decisión colectiva. La editorial –así como otros textos o declaraciones comunes- surgían de largos y a veces arduos debates. “Signo Ascendente” 2-3 es la que incluyó más declaraciones y pronunciamientos individuales o colectivos sobre distintas cuestiones. También fue intensa nuestra actividad exterior a lo largo de ese año 1981: en julio editamos para la Comisión de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas y Gremiales, un libro con poemas de detenidos; en diciembre participamos de la primera Marcha de la Resistencia y de un nuevo festival de la Crecefyl, con la lectura de una declaración y de un boletín especial que, adelantándose a la demorada edición de “Signo Ascendente”, incluía material nuestro y de los surrealistas de París y Praga. La revista salió en mayo del turbulento 1982. Nuestro grupo había estado en la calle el 30 de marzo –contándose uno de nosotros entre los cientos de detenidos ese día- y lo estaría de nuevo en las movilizaciones contra el dictador Galtieri, posteriores a la derrota. Mientras tanto, la difusión de la revista nos valió algunos enemigos –por nuestra condena a los concursos Coca-Cola y a quienes participaron como jurados-, pero más que nada valiosas incorporaciones: Carmen Bruna, los jóvenes Gloria Villa y Ricardo Robotnik, Juan Andralis con su compañera Sylvia Valdés y, algunas veces con Mario Pellegrini. Nuestra presencia ese año en el Festival de “Arte Alternativo” organizado por la revista “Pan Caliente” (con una muestra de cuadros y un objeto de exploración táctil), una escandalosa irrupción condenando el mercado del arte en la Velada Surrealista organizada en la galería de  Ruth Benzacar, la participación en un encuentro de revistas culturales en Villa Malcolm y la preparación, junto con otros poetas, del libro “65 poetas por la vida y por la libertad” -que aparecería ya en el 83 en beneficio de Abuelas de Plaza de Mayo- coronan nuestras intervenciones en época dictatorial.

          No podría hacer aquí el relato de los años que siguieron, que figura también con todo detalle en el artículo antes citado. Diré a grandes rasgos que el grupo atravesó momentos de dispersión y reagrupamiento. Entre 1983 y 1988 publicamos libros de poemas. Viajamos varios a San Pablo, invitados por Sergio Lima, para intervenir en una semana surrealista; organizamos un seminario de Sergio Lima en Buenos Aires. Continuamos poniendo nuestro pensamiento y nuestra sensibilidad en común compartiendo lecturas, debates y juegos, y manifestándonos con intervenciones públicas tanto poéticas (muestras y recitales) como políticas, sobre todo en la lucha contra la impunidad, pero también contra los avances del clericalismo, en defensa de los pueblos originarios, contra el mercado del arte. Algunos compañeros se apartaron, nuevos amigos ingresaron y, en función de estos cambios y de la diferencia de contexto, comenzamos a firmar nuestras intervenciones como Grupo Surrealista de Buenos Aires, integrado hasta 1992 por quienes mencioné en la respuesta 3 de esta entrevista.

 

          6 – Dejo asentado acá que me he quedado con ganas de verte leyendo en más videos de los que hasta ahora he encontrado en la Red (en uno un texto de Manuel J. Castilla, en otro algo de tu “Cantos de dinosaurios”…). ¿Prevés poder editar pronto tus inéditos para chicos? ¿Quiénes son tus referentes locales y del exterior en lo concerniente a esa producción literaria, y por qué?

           SG - Son muchos los autores de literatura infantil que admiro y frecuento en mi tarea docente. Pero a la hora de escribir para los chicos la referencia principal son las voces de la propia infancia, aquello que ha quedado profundamente enraizado y resonando en mí. Y allí campea, sin duda, María Elena Walsh. Y cerca de ella las recopilaciones folclóricas de Rafael Jijena Sánchez –su “Don Meñique”. Los dos libros que publiqué se inician con un poema que me parece ser un eco de los limmeriks de María Elena en su “Zoo Loco”. Como si ella me hubiera dado la nota inicial de una melodía que continuó luego siguiendo su tendencia propia. Pero su poesía no solo me atraía por la musicalidad y el humor. Tiene también momentos de un lirismo y una melancolía que me fascinaban, como el poema “Los castillos”, cuyas imágenes me conmovían de chica y me siguen conmoviendo. La oscuridad que para mí implicaba la palabra “alimañas” –aun después de haber averiguado su significado- no restaba nada del encanto, sino al contrario. Desde entonces sé que no todo lo que se lee o escribe para los chicos debe ser inmediatamente asequible por ellos o de digestión rápida. La lejanía, la extrañeza no son necesariamente obstáculos. Cuando la dificultad está, de forma orgánica, integrada a algo significativo y valioso para el chico, cumple un papel importante. Aquello que no se ve con claridad, pero se vislumbra a lo lejos, incita a soñar y abre el horizonte.

          No quiero cerrar esta referencia a la literatura infantil sin resaltar lo emocionante que ha sido para mí descubrir los llamados libros álbum, que despliegan un lenguaje intensamente poético y cuya exploración, en la sección infantil de las librerías,  recomiendo a todo adulto sensible. Encontrará sorpresas.

          Sobre los inéditos, por ahora solo puedo decir que es probable que “El duende del chaparrón” aparezca a través de la Editorial Amauta.  

 

          7 – Estoy seguro de que he llegado a ser espectador de un espectáculo con el poeta Oscar Pablo Baldomá y elenco en algún reducto de un barrio porteño. Ahora la invitación es a que nos “representes” aquellas performances. Desde luego, objetivos, alcances, satisfacciones, generación de propuestas, nuevas iniciativas…

 

          SG –  Fueron varias las presentaciones que armamos desde mediados de los 90 con Baldomá y con Luis Conde, que es músico. Surgieron en principio como juego y por el placer de crear juntos, en algunas sesiones de improvisación casera. Luego fueron apareciendo ocasiones o ideas a desarrollar. Creo que lo que buscamos fue la confluencia de la palabra y la música sin ser una acompañamiento de la otra, sino entretejiendo imágenes sonoras y verbales para crear un cierto clima o paisaje o un espacio-tiempo diferenciado del ordinario,  como en las ceremonias rituales. Cada intervención la fuimos inventando colectivamente, pautando algunas cosas, dejando otras libradas a la improvisación. Una de las más elaboradas y complejas fue “Pájaro de toque”, espectáculo que presentamos en el 96 en la sala teatral “El árbol” con la participación de otros amigos, entre ellos un percusionista que se sumó a los instrumentos de viento tocados por Luis. Recitamos o leímos fragmentos del “Popol-Vuh”, poemas de Manuel J. Castilla, Alejandra Pizarnik, Raúl Gustavo Aguirre, Jacobo Fijman, Benjamín Péret, de Baldomá y míos, incorporando  la expresión gestual y  corporal, máscaras y vestuario, diapositivas y al final, para coronar el poema de Benjamín Péret, la irrupción de la murga Los Quitapenas. En lo personal, disfruté las dos funciones que hicimos y me quedé con ganas de más. En el 98 armamos juntos la presentación de mi libro “Quebrada”, en la que intervino también, cantando  coplas, Mirta López, que ya nos había acompañado desde la murga. En el 2002 armamos algo especial para los festivales asamblearios de Plaza Palermo Viejo y Plaza Martin Fierro. Luis Conde junto al guitarrista Alcides Larrosa intervinieron en 2007 en la presentación de “En el Reino Blanco”. Y hubo otras ocasiones más acotadas o menos planeadas, en sesiones de improvisación musical o en lecturas a las que Baldomá o yo estábamos invitados, en las que entrelazamos sonido y palabra. También cuando Carmen Bruna cumplió 80 años, en el homenaje que le organizamos sus antiguos compañeros del grupo surrealista en el café Monserrat. Creo recordar, Rolando, que fuiste uno de los amigos que estuvo esa noche, a pesar del copioso aguacero que inundaba entonces la ciudad.

 

Silvia Guiard selecciona para acompañar esta entrevista, en julio de 2014, seis poemas de su autoría:

 

Señas

                                                                                          A Carmen Bruna

 

 

En el paso del lobo me reconocerás

cuando las horas muelan su molicie al borde del camino

y las ciudades crezcan como hongos en la bella planicie

todos están borrachos pero el silencio tiene

pestañas abismales para abrirnos la puerta

éramos como piedras en el río de lava

éramos como fuegos en el lecho de piedra

éramos pocos muchos los de rostro velado

éramos vivos muertos los de dientes crecidos

tu mirada de loco me prepara el terreno

éramos los sonámbulos y la vida pasaba

como una tromba roja por el centro  del cielo

éramos los perdidos

                                con nuestras manos-brújula

tocábamos el mundo de las cosas vencidas

hay bailarines locos que atraviesan el cielo

de trapecio en trapecio como fósforos vivos

hay bailarines locos que cruzan el abismo

sobre la cuerda tensa de su propio suicidio

 

 

  De “Salomé o la búsqueda del cuerpo”

 

*

 Fábulas (Fragmento)

 

 “Sobre la arena, dos cuerpos confundidos trazan la primera letra de la palabra AMOR”

(Visión anónima, 1982)

 

 

    Entonces, estaban cerrados los caminos. En los muelles el mar se desataba, persiguiendo a un vagabundo pueblo de delfines. Con qué músicas tristes, con qué banderas tristes avanzaban los restos del amor sobre la playa. Con qué urutaúes desolados se vestía de niebla el horizonte. Entonces, el mundo daba vueltas sobre un punto cansino. Los padres devoraban a sus hijos, los hijos a sus perros, los perros a sus huesos, los huesos a sus flautas, las flautas a sus ramos de violetas. Entonces la guerra era un silbido de tobillos cortados por el viento, el amor un silencio entre dos puertas, la soledad un beso de tiniebla. ¿En qué huevo de piedra silenciosa estábamos entonces; en qué escondite, en qué despeñadero, en qué agujero abierto entre las rocas guardábamos las uvas para el canto, las uvas necesarias? Lo recuerdo: el mar, la piedra blanca, la montaña. En las cumbres abrían las ballenas sus misteriosas fauces y su mugido nos estremecía. ¡Las ballenas azules! ¡Las magníficas reinas en su trono de tiempo! ¡La gigantesca mole de los sueños abriéndonos sus grutas! Lo recuerdo. ¿Qué éramos entonces, colgándonos del viento como niños, urdiendo los columpios y los puentes? Los pasadizos iban y venían como  patinadores sobre el hielo. Me gustan los columpios, su insensatez de péndulos sin hilo, su salto entre dos cejas, su sílaba intermedia resbalando como un chorro de luz entre dos peñas bruscas. ¿Qué éramos entonces, masticando la hierba como vacas videntes? Perdidos en el llano, temblorosos, buscando las ciudades fugitivas, montados en carretas de salitre, devorando raíces de petróleo, trenzando nuestro pelo para montar las tiendas necesarias. Entonces el viento era un cuchillo cortando la vía láctea y el mundo daba vueltas sobre el ojo de un muerto: un ojo seco, que nos arrebataba los espejos y quebraba los dedos de la sombra. Estaban cerrados los caminos. Escuchen: es la sombra que mueve sus escobas, es el viento que lanza sus aullidos sobre el pellejo de un caballo muerto. Escuchen: las ciudades se aproximan. Bellas, con su humareda de petróleo, su corpiño de luces despiadadas, sus fanfarrias grotescas. Bellas, con sus trenzas de brea, su desfile de mierda engalanada, su cortejo de huesos triturados masticando raíces de petróleo. En los muelles el mar se desataba, persiguiendo a un vagabundo pueblo de delfines. Con qué banderas tristes, con qué músicas tristes avanzaban los restos del amor sobre la playa. El mundo daba vueltas sobre un punto cansino. Perdidos en el llano, huyendo –las ciudades nos buscaban- mordíamos la hierba visionaria como vacas rabiosas, ¡y estaban cerrados los caminos!

 

        De “Los banquetes errantes: diario de viajes”

 

*

 

Existe el mar


Existe el mar - he visto su abismo con mis ojos

Existe el mar la multiplicidad de sus sombrillas y de sus cabrilleos y el viento que le alza las polleras buscando el hueco dulce entre los muslos el musgo suave la rodilla lenta de las altas mareas henchidas de dolor y de alegría

existe el mar en medio de mi frente

existe el mar abierto y destemplado

su paso milenario de ballena     su mugido lejano

las repisas del sol    las peinetas del viento                      

el cristal y la luz

Existe el mar en las cuerdas de un piano

desfondado y terrible

ebrio y afónico y doliente

existe el mar sobre ciudades crueles

o bajo

civilizaciones olvidadas

existe el mar bajo la piel

en las axilas

bajo las uñas

entre los colmillos

en las jaulas del circo y en los zoológicos atroces

existe el mar entre leones

sin domesticar

azululantemente indominable

existe el mar después de las tormentas

o más bien

apareado con su propia tormenta

como dos formas grises

gigantescas

contorsionadas en un mismo abrazo

existe el mar feroz

el tragabarcos

el abrecielos   el tragamontañas

el lanzallamas   el rompeportones

el mar-asmo   el mar-aña  y el mar-tillo

el mar-supial relleno de sus hijos

que son ovillos dulces luz y sombra

peces-abismo  peces-acordeón

peces-bruma y peces-escalera

peces-lunas y soles

pez-tañeos

y tañidos profundos de campana

-de campana de buzo sumergido

para siempre entre pulpos-

existe el mar barbudo

salvaje

ceniciento

acróbata de innúmeros espejos

el mar como un tesoro

conservado en toneles y barriles panzudos

el mar negruzco como un pan antiguo

el mar empecinado como un necio

empinado sobre sus tobillos

el mar tozudo como un gran secreto

como un arca que al mismo tiempo es

su diluvio

existe el mar como una sed como una alucinación

como un prodigio

existe como sólo saben existir

los mares

entre glóbulos blancos rojos y ateridos de frío

entre glóbulos sin justificación sin redención y sin

destino

existe de cualquier modo el mar con sus escamas

sus cuerdas de violín

sus lengüetazos de profundidad

sus bombas de oxígeno increíble

su aletazo de monstruo

su hocico prehistórico y mugiente

su aliento de mamut.

 

Lo he visto.

                                 

              7/11/92 - De “En el reino blanco”

 

 

*

 

Se sobrenada

 

 

Grandes oleajes me sostienen

y no obstante

no obstante

sé que hablo con los labios partidos

con la lengua quemada

para estatuas de yeso

 

es decir:

 

hablo con los labios partidos

con la lengua quemada

para estatuas de yeso

y no obstante

no obstante

grandes oleajes me sostienen

lentas vegetaciones me sostienen

largos

hondísimos ramajes agitándome en su estremecimiento

me sostienen

en silencio

las palas misteriosas que acarrean la noche

me sostienen

las lenguas agridulces

moteadas

serpenteantes

y terribles del sueño

me sostienen

la sed y su cortejo de violines con las cuerdas cortadas

el hambre y sus harapos

la garrapata ardiente de cada una de mis incertidumbres

me sostienen

He aquí que se acercan los incendios

veloces

más veloces que el miedo

tiernos como paraguas

y altos como impacientes rascacielos

los incendios me toman en sus brazos

y me acunan hasta hacerme dormir

Aún dormida escucho cloquear a los relojes

aún dormida veo cómo las casas huyen de sus propias paredes

se desprenden de sus propias ventanas como de medias viejas

se sacan el corpiño

los zapatos

los hijos

y bailan como mendigas en inmensos baldíos

saltan de terraplén a terraplén

pierden completamente la memoria

se burlan de los trenes

y se emborrachan en su propio velorio

aún dormida bailo con pies heridos y feroces

entre las casas locas

entre las casas tristes

entre las casas una tras otra derrumbadas

y observo en la piel acre y translúcida del aire

los movimientos casi imperceptibles de los enormes peces de vacío

grandes peces de nada

cruzando lentamente las veredas

estrellando sin ruido las vidrieras

boquiabiertos y torpes

blanquísimos peces de silencio

desovando en las alcantarillas

su maravillosa inexistencia

vastos transatlánticos de nada

atravesando oleadas

oleajes profundos de vacío

me sostienen.

 

    5/12/92 – De “En el reino blanco”

 

 

*

 

                                      “No entres dócilmente en esa noche quieta.

                                       Rabia, rabia, contra la agonía de la luz”

                                                                                    Dylan Thomas.

 

Uñas contra la sombra, pelos, dientes

y el aullido larguísimo en los huesos

 

La rabia con sus perros amarillos

espumarajeando mi saliva

 

La rabia de la luz

y de la sombra

 

La cólera de sangre y de burbuja

reventando en las venas

 

El ácido de luz sobre los dientes

 

La hinchazón de la sangre

Su estallido

de bronca y de dolor golpeando el aire

terriblemente frágil

y desnudo

 

Nudo

           del ansia y del hastío

 

Nudillo de estar harta

 

Desnuda soledad de los tobillos

 

Ácida desnudez

 

Ácido mudo

 

Pica roja el dolor sobre mi frente

Pica roja los dientes abrasivos

 

Pica roja  la sed

Pica roja la rabia del aullido

Pica roja la sangre inexplicada

Pica roja mi cuerpo

contra el cielo

 

Relampaguea:

No habrá sido mudo

 

 

(Dic.’98)  De “Relampaguea” (Poema incluido previamente en la plaqueta “Mujer- pájaro en el círculo del sol”, 1999)

 

                   

*

 

Aquí donde los árboles caminan… (Fragmento)

 

 

Una mujer, un hombre, un río

junto al árbol

 

A veces el árbol es un hombre

el hombre, un río

el río, una mujer

y la mujer, un árbol

 

La mujer en el río, bañándose

y el hombre

bañado en la mujer

y el árbol

bañándose en el cielo

Que es un río

 

Un hombre que es un árbol se baña

en la mujer

que es río

 

Y un hombre que es un río

sueña en la mujer

que es árbol

 

Y la mujer del árbol con el hombre del río

y la mujer del río con el hombre del árbol

se abrazan bajo el amor

y sueñan

cuando un hombre y una mujer se aman

y duermen

junto al árbol

a la orilla del río.

                                                                               (Inédito)

 

 

 

En la ciudad de Buenos Aires, Silvia Guiard y R. R., julio 2014.

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publicado por islanegra a las 14:26 · 3 Comentarios  ·  Recomendar
 
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