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06 de Julio, 2014 · General

Lima: César Gustavo Valcárcel Carnero presenta libro de cuentos


Diálogo entre Gustavo y Rosina
A propósito del lanzamiento de Cuentos desde la Luna Roja 

 
César Gustavo Valcárcel Carnero, mi hermano mayor, nació en Lima, el 24 de octubre de 1945. Día que la ONU fue fundada en San Francisco (California) por 51 países, al finalizar la Segunda Guerra Mundial (con la firma de la Carta de las Naciones Unidas)Gustavo, actualmente le da importancia al arte, antes la ciencia lo tenía jaqueado. Es un magnífico fotógrafo ecologista. Su afición y pasión por la narrativa verá sus frutos el jueves 10 de julio, a las 7 de la noche, cuando  se realice la presentación de su libro CUENTOS DESDE LA LUNA ROJA, que Summa Editores lanza este año 2014.
 
1)   ¿Qué remembranzas alegres y tristes evocas de la infancia en México?
Remembranzas tristes, sustancialmente no tengo, salvo el dejar ese hermano país (nuestra segunda patria, luego de seis años de destierro de papá), despedida de los amigos y el desprendimiento de nuestro adorado perro “Palomo”.
 En cambio, la alegría brota en mis recuerdos con cada pasaje que nos hicieron vivir nuestros padres. El bosque de Chapultepec y su gigante castillo,  donde se inmolaron niños cadetes defendiendo su territorio de la invasión francesa. El Club Deportivo Hacienda donde nos bañábamos en pleno invierno. Los viajes a Palo Bolero, a Cuernavaca, Veracruz, las películas infantiles soviéticas que veíamos de vez en cuando, etc. Las reuniones en casa con los “tíos” que queríamos: Luis de la Puente Uceda, Juan Gonzalo Rose, Manuel Scorza, el tío Willy Carnero Hoke, el tío Genaro Carnero Checa con nuestros primos (Genarito y Nuri), Jacobo Hurwitz (y Anita); Teodoro Azpilcueta y familia, etc.; eran reuniones de desterrados para armar la Revolución, leer, platicar, escuchar música criolla con sollozos y expresiones de alegría y soñar con el retorno al Perú Son innumerables los recuerdos que fluyen como cataratas al lado de nuestros padres, incluyendo nuestras “nanas queridas” Matilde y Dolores, que nos dieron su ternura en la compañía y crianza.
 
2) --Cuando eras adolescente te gustaba escuchar música clásica, por ejemplo El Lago de los Cisnes, ¿qué otras piezas fueron de tu agrado y por qué?
En casa papá oía exquisita música, pero no era pedagogo con nosotros; siempre lo veía en un pedestal alto que no podía alcanzar. Pero, quien me empujó al mundo de la música clásica fue nuestro amigo de la adolescencia Enrique Romero Chigne (“Quique”). Con él escuchaba su colección de discos LP de los grandes clásicos universales. Me impresionó excesivamente la potencia de la 5ta. y la 9na; tronaron sus notas en mi caja toráxica. Sinfonías de Ludwing van Beethoven; además de la dulzura de“Para Elisa” y “Claro de luna”. La suavidad de clásicos con Tchaikovsky, Mussorgsky, Rimsky Korsakov, Chopin y otros. Fue mi inicio en la modesta cultura musical que sigo arrastrando, a mi lado más allá del tiempo.
 La música imprime dulzura en el alma, te da calma o furor, te aísla del mundano quehacer que te rodea y te transportas a otras latitudes inimaginables. Además, te acondiciona la mente para producir como si estuvieras con la quietud del mar por las mañanas. En la actualidad, acercándome a los 69 años, mi ambiente laboral lo rodeo de clásicos y de música instrumental ligera. En Moscú, siendo estudiante universitario, asistí a varios conciertos y ballets en el Teatro Bolshoi: vi Giselle, El Lago de los CisnesLa Bella Durmiente y otras obras.
 
3) ¿Qué rescatas de tu viaje a Europa del Este, de la universidad Lumumba, de su enseñanza, de tus condiscípulos?
De los extintos países socialistas conocí, aparte de ciudades importantes de la URSS: Polonia, Checoslovaquia, Rumanía y Bulgaria. Dentro de la URSS estuve varias veces en Leningrado, visité Bakú, Moldavia, Sochi, Bielorusia, Ucrania y ciudades menores. El común denominador de ellos fue la solidaridad, la amistad y la ausencia de lacra del capitalismo (robos, prostitución, etc.). No puedo negar que, eventualmente, encontré personas insatisfechas o frustradas, pero no era lo usual. Tampoco les di mayor importancia, pues era tanta mi pasión por el socialismo, que hacía oídos sordos a cualquier “raje”.
 
Mi universidad fue una de las mejores, pues las exigencias en el estudio eran altas. Quien salía mal en sus notas, lo regresaban a su país. Todos los fines de semana habían controles escritos de cada materia y exámenes los fines de mes. Así que la pasábamos estudiando. Contrariamente a lo que se dice o piensa la gente, el adoctrinamiento no se practicaba, pero –obviamente- sí nos enseñaban historia, geografía y cultura general del país. También teníamos prácticas pre-profesionales. Todo lo subsidió el pueblo ruso.
 
Mi mayor logro (porque no pude ejercer mi profesión a cabalidad) fue obtener una férrea disciplina en mi formación y, creo, una amplitud de criterio para tomar decisiones. Eso me ha permitido trabajar en disímiles puestos: traductor, jefe de proyectos ambientalistas, funcionario municipal, asesor y consultor en diferentes instituciones del Estado.
 
De mis amigos no sé nada, y me apena un poco. Cada quien marchó a su país de origen y jamás me carteé con nadie. No había Internet. Pero, sus rostros los llevo guardados en mi espíritu.
 
4)    Qué libros marcaron tu primera juventud?
Definitivamente, la avidez por la aventura, el conocimiento de la naturaleza, me la dieron las obras de Julio Verne y la Teoría de la Evolución de las Especies de Charles Darwin. Ambos escritores marcaron la huella que sigo en vida. Posteriormente, la serie televisiva de Jacques Cousteau me arrimó eternamente hacia el mar y la fascinación del mundo submarino con sus sistemas ecológicos, el dijo: “La felicidad de la abeja y la del delfín es existir. La del hombre es descubrir esto y maravillarse por ello”. Gran frase! Mi vocación ha sido siempre la naturaleza, la ciencia y la investigación. Las novelas de autores rusos. Libros como La Guerra y la Paz, Así se templó el acero. También, el Lobo Estepario de Hermann Hesse: ”Lo que más odiaba era todo lo mediocre, normal y corriente”El Viejo y el Mar de Ernest Hemingway; las aventuras de Tom Swayer de Mark Twain; Robison Crusoe, la obra más conocida de Daniel Defoe (1719), considerada la primera novela inglesa. Más adelante, del cine extraigo filmes que participaron en mi formación: El Acorazado Potemkin,El 41Pasaron las Grullas, películas sobre la Gran Guerra Patria (así denominan los rusos a la Segunda Guerra Mundial).
 
5) Desde hace dos décadas esbozas narraciones, ¿cómo así decidiste armar un libro finalmente?
Vaya, vaya, sí que te gusta rasquetear el alma.
Comencé escribiendo un poema dedicado al Che Guevara, cuando el mundo quedó conmocionado con su asesinato: “Los poetas no deben escribir hoy día que han matado al Che/ porque su muerte no es causa de congoja/ Los poetas sí deben escribir esgrimiendo sus fusiles cotidianos…”. El tiempo se encargó de perderlo. Estaba yo en Moscú y desde ese entonces comencé a garabatear hojas en blanco, todas llenas de versos que finalmente iban a su destino: el basurero; pero me ejercitaba en la redacción, corrección y constancia. Cuando viví en Chiclayo se produjo el fenómeno de El Niño de 1982, no tenía trabajo fijo y el tiempo sobraba. Nació la curiosidad de anotar mis anécdotas, que he venido puliendo más de treinta años. Tengo de esa época a “Don José Suclupe”, “La enferma”, “El sueño de Angelina”, “Luna de miel” y “El brujo de Pichanaqui”. Los tres últimos, corregidos, integran mi libro, que saldrá a las calles en estos días, a ver quién se interesa, lo adquiere y lee.
 
Hace cuatro meses, aproximadamente, me puse a pensar en la vida. Me di cuenta que si no dejaba algo publicado, mi existencia por la Tierra iba a ser efímera Me puse las pilas, hablando en romance criollo, revisé lo que tenía y elegí a los tres cuentos citados. Ahora sí podré pasar a otra dimensión, pero con un libro que podría hacerme durar más de dos generaciones; al menos, así lo anhelo.
 
6)    Tu labor en el Ministerio de Pesquería, ¿cuando trabajaste en el Proyecto Bayóvar, qué experiencias te dejó?
Tuve a mi cargo a un grupo de 40 científicos, profesionales y técnicos que en 1975 partimos a Piura para ejecutar un proyecto que yo había concebido “Evaluación de la Bahía de Sechura para prevenir la contaminación ambiental”. Corría el Gobierno Reformista del General EP Juan Velasco Alvarado. Ministro de Pesquería era el General EP Javier Tantaleán Vanini y –luego- el General Guillermo Arbulú Galliani. Entre químicos, oceanógrafos, meteorólogos, biólogos marinos, ingenieros pequeros, analistas de laboratorio, etc., montamos un centro de investigación, pionero en la historia de la evaluación de sistemas ecológicos del Perú. Pudimos cuantificar e identificar a las especies marinas originarias del lugar. Evaluamos las complejas corrientes de la bahía, registramos las condiciones meteorológicas, etc. Se publicaron tres artículos científicos, sentando las bases de cómo se hallaba el lugar antes del boom petroquímico, minero y pesquero de Bayóvar.
 
Un General infausto, cuyo nombre no deseo mencionar, dio golpe de Estado y a los pocos días nos quedamos sin el nuevo Gobierno, sin trabajo, sin pan, sin explicación alguna. Volvía al Perú el prejuicio anticomunista, con sabor macartista. Al poco tiempo mis compañeros tuvieron que partir a distintos lugares y el sueño, la inversión, quedaron truncas. Eso sí dolió en lo más profundo de mi ser. Sentí que, injustamente, me mutilaron, pues el gran trabajo planificado ambientalista, fue tirado al basurero.
 
7)    ¿Amas la naturaleza de modo singular?
Sí, hermanita. Las especies animales y vegetales, la preservación de los ecosistemas, principalmente el marino, han sido mi pasión por años. Como ya el rigor de los años no me permite tener aventuras en el campo, me conformo y distraigo viendo todas las noches “Animal Planet” y los canales del Discovery, History, Nat Geo; además de los interesantes documentales del Canal 7 del Estado sobre el Perú. Felizmente, en la actualidad estoy conectado vía Inernet (Facebook) con centros de investigación ambiental de quienes recibo información y me mantengo actualizado.
 
8) ¿La figura paterna-literaria debe ser motivo de inspiración, pero también debe resultar una suerte de carga?
Eres medio brujita, hermana.
Debe haber algo en la naturaleza que se transmite a través de los genes, llamado factor hereditario, como gigantes moléculas que pasan a tu torrente sanguíneo y se depositan en celdas dentro del cerebro. Yo debo haber recibido de papá una dosis de esas asombrosas moléculas, porque me apasiona escribir, desde una simple carta versos desentonados hasta relatos y cuanta colección de letras pueda juntar en un párrafo. Pero, te acuerdas que nunca tuve muy buena ortografía y me daba flojera buscar en el diccionario, ese gigantesco “burro” (a decir de papá) que había en casa, de la Real Academia de la Lengua Española. Sí que pesaba el condenado ese. Creo que ha terminado en tu biblioteca.
Un cambio radical y fascinante ha sido la incorporación del diccionario con corrector automático en el procesador de textos “Word”. Si te equivocas aparece un subrayado rojo, verde o celeste, según el tipo de equivocación tengas. Ahora es más fácil escribir y aprender ortografía. Desde ese instante mi dedicación a la escritura literaria se ha incrementado. A veces no sé lo que voy a escribir, pero pongo las yemas de los dedos sobre el teclado y se van solitas, apretando letra por letra para formar palabras, oraciones y párrafos. “¡Mostro!” como dicen los hijos y los queridos nietos.
En cuanto a la “carga” que ha significado la reputación de papá como literato ganador del Premio Nacional de Poesía y los Juegos Flores de San Marcos en 1947; y, después, tu imagen poética  y de historiadora han sido (y son) una barrera muy dura de flanquear. Creo que esa es la causa principal por la que no he publicado antes. Razón por la cual me he esmerado en presentar al público un trabajo pulido y revisado. En fin, si no gusta, será porque no soy buen escritor, pero… eso sí, un aficionado apasionado o “un mal escritor sin errores”, (jajaja).
Ya tengo en mente mi siguiente cuento: “¿Quién mató a Blanca Estela Bisett?”. Iniciaré próximamente el trabajo de investigación, esbozo y redacción por fragmentos. Va a ser interesante, de suspenso, en ambiente moderno, que, considero, a más de uno le va a interesar y gustar.
 
9)    ¿Qué virtudes y limitaciones rememoras de Violeta?
No creo distinguir ninguna limitación en mamá. Ella lo podía todo. Era muy resuelta para ejecutar sus decisiones. En mi memoria sólo he acumulado sus virtudes: Recibir el título honorífico de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos como Periodista, por su gran contribución en este campo, sin haber terminado sus estudios secundarios. Tenía nobleza, amor inconmensurable, amplia solidaridad con todas las personas. Su sensibilidad y relatos de tristeza no podía aguantarlos, se me exprimían lágrimas de los ojos. Y, fue una persona muy estoica, con principios morales, éticos, políticos y revolucionarios. En suma, una gran luchadora social y musa de la poesía romántica de nuestro padre. Violeta, como ella anunciaba, es inmortal, al menos para mí.
 
10) ¿”Cuentos desde la luna roja” resulta un proyecto cuyas intenciones devienen un tanto íntimas, algo musicales y un poco extrañas, más que rigurosamente literarios? ¿Por ello, en todos sus matices bebiste del testimonio, de la crónica, de la poesía, de los sueños, del periodismo, y, acaso un poco del ensayo, también? ¿O me equivoco?
¡Carambas!, ahora sí te graduaste de Maga.
Tú sabes que jamás he estudiado Literatura. Tampoco, redacción (salvo el efímero curso de Legua Española en Secundaria), ni he asistido a círculos literarios. Por lo tanto, soy un lunar en medio del lado visible de la luna. Mi formación personal es científica y tengo experiencia en administración pública, sobre todo municipal.
Me retiré de dos círculos de “escritores” en la Web, porque me puse a corregir ortografía (¡yo corrigiendo ortografía!) y redacción a personas que se vanagloriaban y sentían grandes escritores y se tiraban flores y alabanzas entre sí. Terminé “metiendo la pata” y me retiré. Esa es mi “formación” en este campo, que le voy tomando el gusto poco a poco. He redactado artículos periodísticos de modo autodidacta; he escrito versos y cuentos, sin ser literato; es decir, me estoy metiendo a la piscina sin haber aprendido a nadar bien. Ojalá que no salga maltrecho…
 
“Cuentos desde la luna roja” es la suma de tres narraciones fantasiosas de episodios que me han sucedido en la vida y las he trasladado a cuentos con personajes mestizos, algo reales, algo inventados. Todas las escenas son creadas sobre la base de ciertas ocurrencias que me han sucedido. Evidentemente no son cuentos 100% puros, nacidos de mi capacidad y conocimientos literarios. No lo tengo, como ya lo confesé. Sin embargo, me esmero en darle identidad a los personajes, veracidad circunstancial a las escenas y organización de una trama que atraiga al lector. Vamos, pues, no recibiré un Premio pero –de repente- algún comentario alentador en algún medio de comunicación. Me interesa que la gente lea mi trabajo y se emocione. A ello apunto.
 
11)  A nivel nacional, ¿con qué autor te sientes más identificado? O con ninguno?
Definitivamente de quien fuera amigos de nuestros padres: Julio Ramón Ribeyro, el maestro del cuento y su técnica. Lo admiro, algo de él he tratado de asimilar. De antaño, Don Ricardo Palma y sus inagotables “Tradiciones Peruanas”.
La poesía nacional con la que más me identifico es la de César Vallejo, nuestro paradigma. De ahí salto a Gustavo Valcárcel, Gonzalo Rose, César Calvo, Javier Heraud, Arturo Corcuera, Reynaldo Naranjo, Gladys Basagoitia, de las promociones del 50 y 60.  Sabemos que en narrativa destacan Eduardo González Viaña, Carlos Calderón Fajardo, Jorge Nájar, Óscar Málaga, por ejemplo. He leído algunos libros suyos recientemente.
 
12) ¿Qué punto ha sido el más frustrante durante esta experiencia?
No tener dinero para aprender más de nuestro rico idioma y poder seguir escribiendo a dedicación exclusiva. En una sociedad más avanzada el Estado debería subvencionar a quienes se dediquen a la cultura, a la creación artística. Pero, ahora, ni César Vallejo podría vivir de la poesía sin trabajar como ayudante de contaduría. Hay que trabajar durísimo, sacrificar la vida personal, a la familia meterla en las limitaciones económicas hasta (si tienes cierto éxito) ser reconocido por las editoras para que “aflojen” dinero por adelantado. Ahora, dejas tu vocación a un lado para conseguir recursos económicos. Sólo tienes las noches, madrugadas, algo de los sábados y domingo, para dedicar unas horas a lo que te apasiona.
 
13)  ¿Qué aspecto te está dando más alegría?
La satisfacción de haber cumplido con una de mis grandes aspiraciones en la vida: la de publicar un libro en el campo de la literatura. (Tengo en la rama de la ciencia y de la administración municipal). También, la expectativa, y la adelantada respuesta de parabienes de familiares y amigos que recibo vía el Facebook. Es muy grato sentir el reconocimiento de familiares y amigos. Es saludable. Es una suerte de compensación a la dedicación, sacrificio, atrevimiento y riesgo personal.
 
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publicado por islanegra a las 15:53 · 2 Comentarios  ·  Recomendar
 
22 de Junio, 2013 · General

Ricardo Rubio: sus respuestas y textos literarios

 

Entre-vista en tramos-e, realizada por Rolando Revagliatti

 

 

Ricardo Rubio nació el 11 de mayo de 1951 en el barrio de Mataderos, ciudad de Buenos Aires, la Argentina, y tiene su estudio a pocas cuadras de dicha ciudad, en Lomas del Mirador, provincia de Buenos Aires. Adoptó la nacionalidad española. Concluyó en 1967 el  profesorado de idioma inglés, así como en 1972 sus estudios en filosofía oriental, en 1973 los de analista programador, en 1974 los de sofrología y parapsicología. Realizó cursos de idioma italiano, tecnicatura en electrónica, narrativa fílmica, dirección teatral, etc. En innumerables medios gráficos nacionales y del exterior se han publicado textos de su autoría, algunos en italiano, alemán, francés, catalán, gallego, inglés y ruso. De sus poemarios,  mencionamos “Clave de mí” (1980), “Pueblos repentinos” (1986), “Historias de la flor” (1988), “Árbol con pájaros” (1996), “Simulación de la rosa” (1998), “El color con que atardece” (2002), “Entre líneas de agua” (2007), “Tercinas” (2011). En narrativa se editaron los volúmenes “Calumex”, novela, 1984, “Crónicas de un legado hermético”, novela, 2011, “Minicuentos grises” (2009), entre otros. En ensayo elegimos citar “Elvio Romero, la fuerza de la realidad” (Ediciones Servilibro, Asunción, Paraguay, 2003) y “Elvio Romero – De la tierra intensa” (2007). Y en dramaturgia “Los remolinos” (1997), “La trama del silencio” (1998), “El escriba nocturno” (2002). Integró, por ejemplo, las siguientes antologías: “17 Poetas entre la utopía y el compromiso” (compiladores: Antonio Aliberti y Amadeo Gravino, 1997), “Esquina sin ochava” (compilador: Omar Cao, 2000), “El verbo de los tiempos” (antología de poesía universal, en ruso; compilador: Andrei Rodossky, Universidad de San Petersburgo, Rusia, 2004), “Dársena sur” (Asunción, Paraguay, 2004), “MeloPoeFant Internacional” (bilingüe: castellano-alemán; compilador: José Pablo Quevedo; edición conjunta de sellos de Berlín, Alemania y  Lima, Perú), “Breve polifonía hispanoamericana” (compilador: Alfonso Larrahona Kasten, México, 2005), “Eufonía” (2009). En carácter de antologador tuvo a su cargo los tomos I, II y IV de “Poesía para el nuevo milenio” (1999, 2000, 2001), “Emilse Anzoátegui, Antología poética (1956-1999)” y otros volúmenes de poesía argentina contemporánea. A través de Editorial Sagital se publicó en 2004: “La palabra revelatoria: el recorrido poético de Ricardo Rubio” por Graciela Maturo. Once piezas teatrales suyas fueron estrenadas, una de ellas en Madrid, España, con la dirección de Juan Ruiz de Torres. Desde 1980 dirige el Grupo Literario “La Luna Que”, que integraba desde 1978, y también la editorial del mismo nombre. Entre otros cargos, ha sido secretario general de la Asociación Americana de Poesía, miembro del comité de organización de la Fundación Argentina para la Poesía, secretario de cultura primero, y luego presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (Oeste Bonaerense), co-director, con Carlos Kuraiem, de la “Muestra Itinerante de Revistas Culturales y Literarias”. Además de coordinar talleres de escritura desde 1980, es el responsable de http://minicuentos.blogia.com, http://epanadiplosis.wordpress.com, http://lalunaque.wordpress.com. Entre 1980 y 2005 dirigió la revista literaria “La Luna Que” (33 números) y entre 1997 a 2000 el boletín de literatura contemporánea “Tuxmil” (21 números). Con Antonio Aliberti fundó “Universo Sur”, revista bilingüe (castellano-italiano) que difundió a poetas argentinos en Italia (4 números). Ha sido integrante de jurados en más de veinte certámenes. Desde 1986 ha obtenido diversos premios y reconocimientos por su quehacer. Innumerables son también sus participaciones públicas en presentaciones de libros, festivales de poesía, mesas de lectura, eventos culturales.

 

 

 -“Adoptó la nacionalidad española.” Y tu apellido “viene de España”. ¿Abuelos, padres...?, ¿quiénes, antes de tu nacimiento, vinieron de España? (Y quiénes de otros países...) ¿Cómo se conformaba tu familia nuclear? Sé que conociste España hace pocos años. Y que tu hija reside, o ha residido, allí.

 

Soy hijo de campesinos gallegos, lucenses (Provincia de Lugo, a terra dos nabos). Mi madre es de Alence, una aldea de nueve casas (“Casa de Rubio”), y mi padre, de Forcas, de once casas (“Casa de Valdolago”). Soy nieto, bisnieto y tataranieto de gallegos, y no sé más allá, pero nací en Buenos Aires, dos años después de que mis padres llegaran de España y se casaran aquí.

 

Hasta cuarto grado mi pronunciación fue española: el cantito, la “c” sin sesear, la sibilancia de la “s” y las tablas de multiplicar cantadas, por lo cual recibía correcciones de los maestros y mofes de mis compañeros.

 

Al tiempo de estas palabras, mi madre tiene 92 años, toda su rama ha sido longeva. Casi toda mi familia gallega -lo que queda de ella- reside en España (Lugo, Madrid, Barcelona, Málaga) y dos primas hermanas que están en La Habana, Cuba -donde nacieron-; ellas tienen una numerosa descendencia, a diferencia de los que quedaron en Galicia. Sé que uno de mis primos fue escritor, casi con el mismo “éxito” que yo, y otro, cura.

Detento el apellido Rubio por parte de padre y madre -nacidos de familias diferentes-, razón por la que mi nombre español es Ricardo Alfonso Rubio Rubio. Este apellido proviene del apelativo “rubeo”, que era la menta que los romanos hacían de los pobladores cercanos a Finisterre, dados su color de piel y de cabellos. La significación de “rubeo” es “rojo”, y, por ende, el apellido que más atañe a Galicia. Mi madre, hasta encanecer, fue “roja”. Valga aclarar que hay un distingo entre rojos y pelirrojos, que también los hay, o los había; el “rubeo” se dio por el color rubio tostado y no precisamente por el pelirrojo.

 

Me casé en 1984 con Graciela Ferrer, abogada y Licenciada en Historia, quien es una eterna estudiante de las ciencias sociales. Tenemos dos hijos, Lucas y Laura. Lucas es Técnico Vial pero trabaja conmigo como imprentero (estudia la carrera de Edición en la UBA) y empezó a escribir creativamente desde muy chico, pero lo hace por épocas. Mi hija reside en Madrid desde hace siete años, hacia donde partió por primera vez a los diecinueve. Es Bachiller Pedagógico y estudia Ciencias Políticas en la UNEAD de Madrid. Debo agradecer los progresos técnico-cibernéticos que permiten, a mí y a mi esposa, hablar casi todos los días con ella. Viene de visita dos veces por año; y sí, en una oportunidad he sido yo quien fue a visitarla. Tiene hoy veintisiete. No le gusta escribir creativamente, pero es una buena lectora.

 

-Trasladémonos, Ricardo, a tus sensaciones tras cada texto tuyo difundido en medios gráficos bien al principio de que comenzara a sucederte; y a qué te pasaba antes, durante y después de tus primeras lecturas públicas; y cómo fue cuando accediste al objeto constituido por tu primera obra autónoma. Y si querés ligar mi inquietud a otras primeras apariciones tuyas en el ámbito literario o teatral -tu primera pieza estrenada, tu primer reconocimiento, tu primera inclusión en algo que te haya dado en el centro de tu deseo-, dale, danos a conocer cómo creés que te impregnaron, qué promovieron, qué deslizaron, qué descubrieron.

 

Por problemas, no sé si políticos o de aberraciones castrenses, me volví taciturno y me acostumbré al bajo perfil; publiqué un poco tarde, porque hacía más de una década que había escrito los libros que vieron la luz en 1979 y en la década del ochenta. 

En 1978 aparece, de la mano de Omar Cao, un díptico con trece poemas de trinchera, y en 1979 el primer libro de poemas que recogía textos no comprometidos, escritos entre 1969 y 1978, que eran los únicos que tenía fuera del tema social. No fue emocionante, quizás porque soy de emociones moderadas o tal vez porque el proceso militar había mellado mi alegría.

El golpe de estado de 1976 me declaró prescindible por el famoso inciso 11 (Ley 21274) y me envió a la penumbra de los escondrijos y a los trabajos eventuales, en los cuales no se requería ni mi nombre ni mi documento. Me vi obligado a no volver a la universidad (cursaba la carrera de Antropología) ni a frecuentar los ambientes céntricos. Mi vida cambió por completo y mi poesía empezó a escurrirse por los terrenos antropológicos y metafísicos, previa quema de libros y papeles supuestamente comprometedores.

 

Durante el proceso militar elaboré los poemarios “Pueblos repentinos” e “Historias de la flor”, que publiqué en 1986 y 1988, posteriores a la novela “Calumex”, en 1984. “Pueblos repentinos” refleja mi anterior forma de encarar el canto, tiene aún vestigios sociales, por entonces creía que estaban bien disimulados. “Historias de la flor” es mi primer trabajo metafísico en poesía, pese a que “Clave de mí” (1980) lo anunciaba.

Durante la mala época es cuando me acerco a los ambientes vernáculos. Mis sensaciones estaban trastocadas y me incomodaba la presencia de personas desconocidas, me resultaban sospechosas de ocultar uniformes, de modo que no tenía más que la permanente atención por ver las probables salidas de escape. Siempre me acompañaba la misma pregunta: “¿Qué hago acá?”

A redimirme, llega el grupo La Luna Que Se Cortó Con La Botella, dirigida por Omar Cao y Hugo Enrique Salerno, dos años después del golpe de estado. Hacían recitales y me compelían a editar, a dar conferencias (el lema de mis conferencias era “Magia Negra y Magia Blanca”, un pastiche acerca de las prácticas de sectas y religiones; también pude participar con mis libretos en las obras que dirigía José Luis Lamela, y mi primera emoción fuerte se dio precisamente con la obra para niños “La reina dorada”, que escribí en verso formal, y que fue representada en teatro de títeres de la Biblioteca Popular José Enrique Rodó, un año antes de que el “ejército argentino” -así se presentaron- la quemara.

 

Pocas veces la poesía me dio satisfacciones en vivo. Lo críptico que me caracteriza y que ocupa gran parte de lo que he escrito, no es apto para una fugaz oralidad; pero sí me la dio el teatro. Venía yo de escribir y dirigir cortometrajes en S8 y el paso al escenario me pareció natural. Mi mayor satisfacción eran los ensayos, los pequeños logros que creía ver en los actores, la formación de una obra, los retoques de texto, las señas gestuales, las locuras escenográficas... Solían decirme que tenía una estética cinematográfica, cómo no tenerla si de allí había partido; pese a la solapada crítica que encierra la frase “estética cinematográfica” referida al teatro, agradecía que dijeran que tenía una. Fueron veinte años de maravilla.

La única presentación de libro propio que me conmovió profundamente fue la del poemario “Simulación de la rosa” (1998), en la Librería Hernández, a la que concurrieron resonantes nombres de las letras, la sala se desbordó largamente y vendí una cincuentena de libros. Ese día creo que sentí que estaba logrando alguna cosa, que nunca sabré qué es.

El intercambio de cartas tuvo sus alegrías. Por entonces me emocionaba recibir cartas de quienes consideraba (y considero en muchos casos) maestros: Aliberti, Ponzo, Petit de Murat, Aguirre, Denevi, Bajarlía, Jaramillo Ángel, Alonso, Peltzer, Izaguirre, Larrahona Kasten, Susana Sumer (esposa de Romilio Ribero), Lahitte y muchos otros; y también me emocionaba recibir revistas de todas partes, me publicasen o no, y que ocasionalmente lo hacían. Nadie como vos, Rolando, conoce tanto estas circunstancias.

 

Te cuento una anécdota: en un número de la revista “Repertorio Americano”, una de sus notas aludía al poeta sueco Harry Martinson; como era un bardo de mi interés, la leí con cierta fruición, pero al llegar a la última línea vi que estaba firmada con mi nombre. Sorpresa, era una apostilla que había escrito y publicado en la revista La Luna Que algunos años antes. El caso es que pude leerme desde “otro”, advirtiendo tono, vocabulario, estructura, opinión, sin que pesasen lo subjetivo y el prejuicio de la autocorrección. Como pensaba, y pienso, que soy mejor lector que escritor, desde ese momento comencé a tener un poco de fe en lo que hago y a largarme con el ensayo.

Los premios y reconocimientos, que no son muchos, no mellaron mi carácter, apenas lo acariciaron. “El color con que atardece”, que considero largamente mi mejor poemario, fue reconocido en más de una oportunidad, por lo que infiero que el camino previo mereció la pena; pero en la vorágine no he tenido tiempo de sentarme a ser feliz. 

 

-Tantos libros y revistas y boletines y plaquetas -miles y miles los cientos de cada edición- han pasado por tus manos -y hasta podría aseverar que literalmente ha pasado por tus manos cada ejemplar, ¿no?- en tu condición de diseñador, impresor, editor. Tantas cartulinas habrás sugerido para las tapas, tanto habrás aconsejado a autores que publicaban libro propio por primera vez. ¿Nos trasladarías algunas anécdotas, algún cruce inefable, sorprendente, inopinado? (Asocio con el poeta y librero argentino ya fallecido, Héctor Yánover (ex-director de la Biblioteca Nacional), quien socializó un ameno volumen en el que vuelca su larga experiencia como librero.)

 

Infinitas anécdotas, Rolando, como la de un libro que tuvo un título y un nombre de autor en la portada y otros muy distintos en el lomo; o el interior de un libro con la tapa de otro; o tapas a la mitad del tamaño del interior; que cuando la imprenta con la que trabajaba suspendió las impresiones de un día para otro porque no daban abasto con sus propios trabajos, debí recurrir a impresoras de chorro de tinta que fulminaba cada semana, a mi pequeño taller vinieron a morir treinta y dos impresoras de escritorio, hasta que pude acceder a una máquina de imprenta propia.

 

El tenor de las anécdotas no pasa de las dramáticas, ya que lo editorial es en mi caso un trabajo solitario que no da para el humor. Lo único gracioso es que soy Profesor de Inglés y Analista Programador, materias que dicté como docente por largos períodos, pero hoy uso la PC sólo para diseño y edición de libros. 

Y sí, es cierto, cada página de 476 títulos pasó por mis manos o por las manos de mis compañeros de grupo, mis hijos o mi esposa, sin contar miles de plaquetas, salvo aquellas que hiciera el Gobierno de la Ciudad en los 90’. 

 

-¿Qué preguntarle a alguien que como Ricardo Rubio ha prologado y redactado comentarios críticos a modo de epílogos a más de setenta volúmenes?: ¿Tenés –tendrás, probablemente, más de un modo –inquiere alguien que jamás se animó a pergeñar introducciones o epílogos o breves textos para contratapa, ni siquiera para libros de su autoría- de involucrarte en estas tareas? ¿A qué prologuistas admirás (además de Borges, me imagino)? ¿Recordás prólogos o epílogos que te hayan impactado (acaso hasta de esos en los que podés llegar a estimar que son superiores al corpus del libro)? ¿Lo considerás un género, un sub-género, un ensayo o estudio de la obra (interrogo olvidándome de los meros textos laudatorios, machacones, remanidos, “cariñosos” con la persona del autor, o de los que, en ediciones colectivas, elogian la promisoria juventud o lo que sea que los reúna a los autores)?

 

Prologar, comentar, hacer la crítica de una obra de amigos o de un poeta o narrador lejano en tiempo y espacio no me resulta sencillo hasta encontrar las primeras palabras que sean fieles a lo que siento frente a los textos. De cualquiera de ellos, me interesan, por sobre todo, el concepto y el hilo emocional que lo provoca y justifica, luego me tomo la atribución de creer en lo que percibo y paso al intento de objetividad. Una vez dado ese paso, unas primeras palabras, y de atisbar la intención creativa de la obra, el trámite se facilita. Es entonces cuando rebusco entre las estéticas, estilos, concordancias -me gusta nombrarlas-, sea por forma o semántica. Y siempre las hay.

 

Creo que no tengo modos -al menos conscientemente- de encarar un comentario, pero debo reconocer que no me provoca lo mismo analizar textos de Reinaldo Arenas o Romilio Ribero que la obra de un amigo, para la cual, infiero, tengo una “colocación” distinta por cercanía o amistad y por ende un discurso diferente, que creo más cálido y menos preceptivo.

Me agradan mucho los prólogos, pero mucho más los análisis preliminares; extraño aquellas ediciones económicas de Kapelusz. Me divierten los esfuerzos que se hacen para ensalzar la obra que procede o precede al comentario y que muchas veces, como mentás, son superiores a la obra en sí; también me divierten las observaciones equívocas de algún prologuista o analista. Para el caso cito el extenso análisis que hizo Rama Prasad del texto anónimo “Zivagama” (“Las fuerzas sutiles de la naturaleza”), en donde se desatina en un vano esfuerzo por traducir una idea oriental milenaria al mundo occidental actual.

No considero los prólogos como subgénero, me parecen simples alusiones sobre la verdadera obra artística, creo que un prólogo es a un libro como un sombrero a la cabeza, cuando es de noche y no llueve (dejo abierta la posibilidad al frío). Claro que a todos nos gusta elegir un nombre que nos haga quedar bien, que nos ayude a ser mejor “mirados” a la hora de ser leídos. Yo he recurrido a ese embeleco varias veces y no lo menosprecio. Desde hace unos años, hago mis propios preliminares.

 

Son muchos los prólogos que me han impactado y enseñado, pero los de Borges, sin duda, resultan insuperables por síntesis y profundidad, y siento la rara felicidad de su relectura, sus torsiones sintácticas, con muy pocas y precisas palabras, lo dicen todo de un modo inesperado, tal como lo hizo en sus conferencias de Siete noches, que son prólogos para libros que no existen. Quizás en el caso de Borges pueda hablarse de subgénero literario, acaso del mismo orden que los ensayos de Maeterlinck.

Un prólogo que me impactó particularmente fue el del libro “Antes que anochezca”, de Reinaldo Arenas, escrito por Mario Vargas Llosa -escritor con el que nada comparto-. No puedo negar que la presentación es de excelencia, aun considerando que esta obra de Arenas fue tomada, en ese caso, como baluarte anticastrista.

Entre los nuestros, y desde el punto de vista analítico de fondo y forma, no puedo soslayar a Anderson Imbert ni a Manuel Gálvez, tampoco a Graciela Maturo, que “ve” las obras filosóficamente, ni a Antonio Aliberti, que hizo tantos, y “veía” las entrelíneas como si estuvieran escritas.

 

No me gustan los prologuistas que simplemente tienen facilidad de palabra (más vanidad que carne, y son muchos nombres resonantes que no citaré aquí), que suben las ramas de un árbol ilusorio; quienes, subliminalmente, nos dicen “miren lo que soy capaz de pensar y decir”; tampoco me agradan los academicistas que dividen palabras (de-canta, re-clama, re-viste, etcétera) y establecen paralelismos incomprensibles con asuntos de la mítica profunda o que encuentran torres de cristal donde sólo hay un amor frustrado (siempre hay un amor frustrado, y mencionar en algunos casos una torre de cristal es como decir que es mejor pasarla bien que pasarla mal). Creo que cuando aparece una verdadera cosmogonía, recién entonces se puede hablar de una torre de cristal.

 

-Es de lo más probable que te hayas referido aquí o allá, muchas veces, al grupo literario “La Luna Que”. Te propongo que a nuestros lectores en la Red -a los más alejados de nosotros, a los cercanos pero que no lo conocen, a los que lo conocen hasta por ahí nomás- les trasmitas qué ha sido el grupo en su instancia fundacional, cómo se ha ido transformando, cómo subsiste? Y, claro, ¿qué cosas te han ido sucediendo a lo largo de esos lustros de pertenencia? Podés abundar. Y más allá de la “importancia” de uno o más actos literarios del Grupo, ¿cuál ha sido el que te produjo mayor emoción?...

 

El Grupo Literario La Luna Que Se Cortó Con La Botella (LLQSCCLB) fue creado por los poetas Omar Cao y Hugo Enrique Salerno a la salida de la presentación del poemario “Uno de dos”, que era de ambos, en febrero de 1975. Al poco tiempo se le unió la que era por entonces esposa de Salerno, Isabel Corina Ortiz. En 1976 editan el primer número de LLQSCCLB, una revista-libro de 72 páginas.

 

Llegué al grupo en 1978, cuando se ideaban unos dípticos de gran tamaño que podían contener varios poemas. El número uno fue de Isabel Corina Ortiz y el segundo, el mío.

El revés que sufrió el grupo, por entonces numeroso, al ser incendiada la Biblioteca Popular José Enrique Rodó, nos dispersó a todos: tiempo de miedo, de preguntas sin respuestas, de pequeñas reuniones celebradas aquí o allá y sin periodicidad. En 1980, Cao me dijo que dejaba el grupo, Salerno ya no nos frecuentaba. Decidí seguir con aquellos compinches que quedaban y, poco a poco, se fueron sumando otros. En esa década (80’) hicimos varias presentaciones de libros y recitales en el CCGSM, en Oliverio Mate Bar, en La bodega del Café Tortoni, en Bibliotecas Populares, etcétera.

El grupo siguió creciendo y ampliándose más y más. Pero es a mediados de los noventas cuando cobra el mayor espectro, la continuidad se nos hizo costumbre: recitales, encuentros, cenas literarias, el café literario “Tinta Buenos Aires”, presentaciones y numerosas ediciones de libros, en las que participaste. Según creo, el único libro de tu autoría que presentaste alguna vez, tuvo lugar en una cena literaria del grupo.  En 1996 se redujo LLQSCCLB  a La Luna Que.

 

Salimos a la caza de otros horizontes por distintos barrios de la ciudad y de las provincias; centros culturales, clubes, salones para leer, exponer y difundir nuestras obras, acompañados por libros, revistas y plaquetas hechas con nuestras manos en ediciones económicas, que luego extendimos a Paraguay y a Uruguay; logramos presencia de integrantes en congresos internacionales, exposiciones de poesía ilustrada y revistas literarias (la exposición itinerante de revistas que dirigí luego con Carlos Kuraiem); apariciones de nuevas revistas que se sumaban a la ya existente “La Luna Que”: “Universo Sur”, bilingüe italiano-castellano, codirigida por Antonio Aliberti; el cuaderno “Tuxmil”, el boletín informativo; “Pormenores”; los cuadernos de poesía “Squeo - Sacronte cisandino”. La revista “La Luna Que”, luego de sus 33 números, reapareció en tabloide como suplemento del diario “Ego” en solo dos números. Pasaron otros intentos de continuidad: “Crisol”, “Considerando en frío”, de críticas; “Tinta Buenos Aires”; participaciones en “Emergiendo”, “Cultura con todos” y “El mirador de la cultura”.

Hubo, sí, en los actos del grupo, momentos de emotividad y felicidad. En primer lugar, la concurrencia, que contó varias veces con autores que no era común encontrar en otros actos, tales como Nira Etchenique, Juan-Jacobo Bajarlía, Rodolfo Modern, que apenas circulaban por los ambientes vernáculos; en segundo lugar, las frases: un diálogo con Antonio Aliberti, en una reunión en la que no podría estar presente por otra cita a la que se debía y luego desestimó, dijo: “Siempre voy a estar donde esté La Luna”; y tercero, las palabras de Elvio Romero, cuando expresó desde el micrófono: “La Luna Que es lo mejor que me ha pasado en los últimos años”.

 

De la camada que nos precedía, creo que son muy pocos los que no han estado alguna vez entre nosotros. En cierta oportunidad, pedí disculpas a Atilio Jorge Castelpoggi porque, mientras él leía, desde el fondo se escuchaban los susurros de quienes nunca faltan, y el poeta me dijo: “No les des bola, son parte de la fiesta”. También han concurrido, leído y presentado libros poetas de generaciones más nuevas.

El año pasado (2012) nos reunimos con cierta regularidad, pero este año estamos más remolones. Ya no organizamos ni encuentros ni lecturas, salvo las presentaciones de libros, en las que cada uno se ocupa del propio y los demás invitan, concurren y acaso intervienen en la mesa de lectura.

 

Actualmente participo en un nuevo grupo, “Arte con todos”. Trabajamos sobre todo en escuelas secundarias con charlas y presentaciones de orden literario y de artes visuales.

 

-¿Me equivoco o habrá sido hacia el 2005 que te “aventuraste” hacia ese campo que delata, en 2007, la socialización de tu “Aliteraciones, Sonsonetes y otros juegos”? Sea en 2005 o antes o después: ¿Cómo percibiste que necesitabas probarte en esos formatos, en los minicuentos? ¿Súbita fascinación ante la obra de uno o más expertos en esas búsquedas? ¿Una transición o reacomodamiento de tu ser íntimo?

 

Los minicuentos llegaron para darme solaz en una etapa en que la novela que estaba escribiendo empezó a darme dudas. Escribir novela produce un agotamiento que no conozco en los otros géneros, más aún cuando no es lineal y su estructura se escalona en varios estadios temporales. Los minicuentos, en cambio, son rápidos, y en ellos no hay que cuidarse de caer en invasiones poéticas; por lo general es de una sola dirección y permite llegar a fin de un plumazo; se corrige un poco y ya. El primero de los nuevos surgió de las nefastas noticias judeo-palestinas, y traspuse el problema a dos tribus vecinas que jugaban con misiles. Como la idea escritural se basó en el absurdo, comencé a jugar también con aliteraciones, antítesis, paradojas, sinestesias, etcétera. Me gustó mucho cómo había quedado y decidí escribir algunos más. Sucedió que, en poco tiempo, había logrado un buen número de relatos que me agradaba leer a ocasionales escuchas. Si bien algunos decían que se trataba de una “literatura menor”, no era para mí nada desdeñable, ya que les cobré enorme afecto, habida cuenta de que, además, mi gusto por construirlos me había devuelto algunas sensaciones antiguas de la escritura, es decir, volví a los primeros sentimientos de placer al escribir; de pronto, empezaba de nuevo. Tu pregunta lleva mi respuesta.

 

Mis primeros escritos no fueron de poesía sino de cuentos. Nunca he dejado la narrativa a pesar de tantos poemarios editados. “Minicuentos grises” recoge uno solo de los viejos trabajos de microficción que escribí (“La fiera y el cazador inexperto”), publicado en la revista La Luna Que en los ochentas, los demás son todos de 2004/2005.

Si bien el formato ya me había impresionado en “Los relámpagos lentos” y “Chinchina busca el tiempo”, de Manuel del Cabral; “Falsificaciones”, de Marco Denevi; en “La letra e”, de Augusto Monterroso; y en sueltos de otros muchos autores, ignoro cómo, repentinamente, escribí un seguidilla, fascinado por el juego que me permitía decir cuanta cosa oscura sucede en las personas, apuntando a lo individual, cuando en los otros géneros mis objetivos siempre buscan el panorama antropológico, salvo pocas excepciones, donde prima el intimismo. No sentí estar probándome, sentí que jugaba con las palabras y los sucesos del periódico, la síntesis y las figuras del lenguaje, cada nueva línea me da satisfacción y me provoca la sonrisa. Pese a los temas, claro.

 

El libro y el blog que lo repite me brindaron muchas sonrisas y aprobaciones. Un grupo de México se impresionó con ellos y un especialista guatemalteco me invitó a una antología que ignoro si se editó alguna vez, además de una buena cantidad de sitios de Internet que me pidieron participar.  

El libro que publiqué en 2009 se iba a llamar Minicuentos grises – Aliteraciones, sonsonetes y otros juegos con la lengua, pero me pareció demasiado. Estoy preparando el que por ahora se llama “Minicuentos cromáticos”, aunque la esdrújula no me agrada demasiado.

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     -Se me hace que no abundan los testimonios de escritores que hayan tenido la responsabilidad de ser jurados en certámenes literarios. Y acaso no te hayas referido públicamente a esas experiencias. Dejo picando la pelota de goma -¿por qué no de cuero o de trapo o de alambre o de plástico, por qué irrumpió de una en mí el vocablo goma?- cerca de tus pies -por decir de tus pies, ya que pienso en el fútbol-?

 

Ser jurado no es agradable, salvo el aparente crédito implícito en la solicitud y el eventual subsidio. Conozco muchos entuertos, prebendas, “devoluciones”; inclusive los dictaminados antes de que el jurado se reúna. Tenemos numerosos casos non sanctos en nuestra historia reciente. Razón por la que soy poco afecto a los concursos. Envío mis libros editados al premio de la ciudad por si se equivocan, como solía decir Antonio Aliberti.

 

Como miembro de jurados he pasado algunas penurias. Creo que para ser un buen juez no hace falta ser un buen escritor sino un buen lector, aunque muy avisado de estéticas. Creo que un miembro de selección no debe dejarse llevar por la comunión particular con un estilo, porque desechará todo lo que no camine por allí; debe tener un copioso bagaje de lectura, que no se acote a una sola forma ni a un solo tema; un buen conocimiento del idioma en tanto ortografía y sintaxis (suelo apartar trabajos mal escritos ya que es imperdonable que se ignoren las herramientas de un oficio, nadie iría a quitarse el apéndice con un jardinero); estar al tanto de las distintas corrientes poéticas o narrativas y abierto a novedades; y, lo más difícil, debe sustraerse de los afectos. Para mi fortuna, pocas veces he tenido que reñir con ese punto. En cierto concurso reconocí un cuento de Daniel Battilana -era con seudónimo-, bien sabemos cómo escribe y la novedad de su formato, y en mi nómina lo ubiqué segundo o tercero o cuarto, no recuerdo, dado que el primero estaba muy por encima del resto en todos los órdenes; mis dos compañeros de mesa, que eran un matrimonio de docentes, ni tomaron al primero ni a Battilana, sino un texto que tenía errores sintácticos, de tema adocenado y remate impreciso; ninguno de los que propuse figuró dentro de los seis primeros puestos. No pude defender mi postura ante ellos porque había dejado la resolución por escrito (debí viajar a la ciudad de Azul), nunca los vi, e hicieron lo que quisieron. He lamentado los odiosos desniveles de miembros en varias oportunidades; se supone que deben tener experiencia literaria de todo orden y advertir que no basta con ser profesores de lengua devenidos a incipientes escritores o poetas.    

 

La pelota está picando y sé muy bien que lo que estoy diciendo pica de otra manera. Habrás notado, Rolando, que ningún jurado habla de su mesa o, si lo hace, dice en voz baja: “No es así... Se lo merecía.” Jamás dirá “se lo dimos a él, o ella, porque le tocaba”, o “necesita la plata porque tiene que operarse”, y aun: “y bueno, pero me voy al hotel con ella”, “a ésta/éste no se lo vamos a dar porque es peronista/comunista/radical...”; o: “repartió muchos subsidios, se lo merece”. Después nos preguntamos porqué los niños pierden la inocencia.

La pelota duerme en el punto del penal: están los concursos comerciales que obtienen un rédito en metálico, los concursos editoriales usados para la publicidad de un libro ya designado a primer premio, los certámenes mediocres que ignoran por completo la calidad de un texto, y los inocentes: uno que otro que reparten, equivocadamente o no, un poco de justicia. En su mayoría, fuera del país.

 

     -Además de ser, entre 2004 y 2007,  en la zona Oeste Bonaerense, Secretario de Cultura de la S. A. D. E. (Sociedad Argentina de Escritores),  fuiste el Presidente en el lapso 2007-2010. ¿Te sentís conforme con tu actuación, lograste consumar o impulsar iniciativas, prevaleció la decepción a la hora de sopesar? ¿Qué S. A. D. E. es posible, esperable?  

 

Creo que hice lo que pude hacer. La cuota era muy baja para grandes emprendimientos (la aumenté de 3 a 5 pesos) y es una entidad a la que no se acercan los jóvenes; pese a ello, tuvimos un alza de inscriptos, llegamos a los cien. Implementé una revista, “Laberintos”, una colección de plaquetas, una serie de actos con presencias de autores experimentados, dos antologías de miembros, “Oeste” (como Secretario de Cultura) y “Eufonía” (como Presidente) que incluye a quienes nos visitaron como disertantes, una exposición de revistas, una obra de teatro en “La panadería” y lecturas varias. También planificamos pasar la sede desde “El Club de la Raza” a las instalaciones de la “Universidad de Morón”, pero nos agobiaron los trámites burocráticos durante un año y medio. Se cumplió mi mandato y el trámite no estaba terminado. No tuve voluntad para seguir en el cargo por otro período; además el estatuto social indica que no se pueden sobrepasar dos períodos correlativos como miembro de la comisión.

De la experiencia, recogí una gran cantidad de amigos, el exiguo conocimiento acerca del manejo de una entidad como tal, sus obligaciones y derechos, las normas estatutarias y todas aquellas cosas que como simple afiliado ignoraba. Al cese de mis funciones, como todo presidente de SADE OB, fui nombrado Socio Honorario.

 

Dos veces fui candidato al cargo de secretario de SADE central. Fue en la peor de las épocas de la entidad: desapariciones de cuadros, de libros, de picaportes de bronce; reuniones de fiestas particulares; estafas editoriales, solicitud de préstamos a Argentores que no se devolvían y cuyo destino era incierto; el teléfono había sido cortado y muchos empleados de la casa fueron despedidos después de añares. Ni siquiera Víctor Redondo pudo con ellos; se fue de SADE y fundó la SEA. Las elecciones que celebraron provocarían la envidia de los caudillos de antaño, el propio Guzmán (no recuerdo el nombre de pila, por entonces presidente de la entidad) se hizo acompañar por un grupo de matones cuando la Junta Electoral -presidida por un actor (¿?) al que le habían prometido junto a su esposa un puesto de no sé qué- lo declaró triunfante en los comicios, cuando en realidad ocupaba un cómodo y último tercer puesto. La Inspección de Justicia... bien, gracias.

 

Por todas estas cosas, precedidas por Carlos Paz -no el escritor, sino el político ya fallecido-, la entidad tocó fondo con una deuda que hizo peligrar las propiedades de la calle Uruguay y la de calle México. No sé de qué modo se resolvió, ni si se ha resuelto aún. Qué se puede esperar entonces de SADE es un misterio; mientras no lleguen autoridades honorables, fuertes, limpias, vocacionales, que no jueguen al señor presidente o al señor secretario, o al “¿me nombran en la Comisión a la Feria del Libro?”, creo que poco.

 

-No sé si he visto a Elvio Romero, ese insoslayable poeta paraguayo,  más de una vez. Fue en un evento organizado por La Luna Que. Nos atrajo a mi esposa y a mí el modo de recitar. Y nos presentamos, lo saludamos, nos quedamos con él comentando. Y pocos años después lo llamé por teléfono, invitándolo a participar en uno de los Ciclos de Poesía que he coordinado. No se consumó mi cometido porque no andaba bien de salud. Si a mí, con mínimo contacto con Romero, me reconforta recordarlo, nada me cuesta inferir que a vos, que lo has tratado, y que te has ocupado a fondo de su obra, te habrá dejado una huella significativa. Me agradaría que nos trasmitas cómo era, qué trasuntaba y si sabés que haya dejado obra aún inédita.

 

Ha dejado, seguramente, muchos comentarios sobre obras de poetas españoles que lo conmovían, Antonio Machado, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Rafael Alberti y León Felipe. De sus poemas, el libro inédito que me había dado a leer, “Cantar de caminante”, fue editado en 2007 póstumamente. No le conocí otros trabajos.

Era un hombre de buen humor, cabal, honorable, respetuoso de todas las ideas, comportamientos y tendencias de los demás, pero estaba muy seguro de sus preferencias. También su esposa, Élida Vallejo, irradia bonhomía y generosidad, proyectadas en sus hijos Ariel y Zulma en gran espectro.

 

La palabra de Elvio siempre era de aliento e intentaba encontrar explicaciones para justificar las cosas que no resultaban como era esperado. No era vehemente ni con sus ideas políticas ni con la literatura, aunque las tenía fuertemente arraigadas. Todo en él era moderado, comprensivo pero firme. Era un hombre de  temperamento seguro, afable, y solo se me ocurren ponderaciones ya que, en los casi diez años en que fuimos amigos, nunca fue necesaria una porfía. Que yo me manejase con tacto ante una figura de las letras como él resulta casi lógico, pero que él respondiera del mismo modo, no hace más que hablar bien de su conducta. Lo preocupaba la situación del mundo y de él tomé la frase “la dispersión de la coherencia” que mencionó alguna vez para calificar estos tiempos.

 

En 2000 empezó con las mayores molestias físicas y debía salir a caminar por las inmediaciones de Once, donde vivía y aún vive su familia; lo acompañé en varias de esas caminatas que recalaban en uno de los bares de Yrigoyen y Urquiza, en la esquina de su casa. En esas travesías conocí más profundamente a Elvio Romero, al hombre cotidiano, no ya si este o aquel autor sino sus pensamientos de vida, y me siento orgulloso de que compartiera conmigo sus confidencias.

 

     -He advertido en tu casa, en todo ese primer piso de tu casa, donde hay metros y metros de estanterías con miles de libros y revistas y varias computadoras y máquinas de impresión y un televisor, también cientos de videos (en otra época), y ahora, devedés. Este lector, escritor, editor que tengo como amigo -aunque no de los que se encuentran con frecuencia en ámbitos puramente festivos- es un cinéfilo que inclusive mientras realiza determinadas tareas de su quehacer remunerado, ve, oye, pispea largometrajes. Vos, Ricardo, ¿de qué películas hubieras querido ser el director? Estrictísimo: ¿de qué películas te sentirías orgulloso de haber sido el autor?

 

Supongo que la pregunta alude a qué películas me agradaron y agradan. Las películas que no me gustan es porque no me atrae nada de ellas y las que me gustan derivan por todas las líneas, a casi todas les encuentro algo ponderable. Como en cualquier orden de la vida, el gusto es muy subjetivo, depende de intereses particulares. Creo que sé reconocer una buena película aunque no vaya conmigo, y también lo contrario. Los ingredientes del cocido son muchos: libro, dirección, fotografía, narrativa fílmica, elenco, actuación, producción, utilería y toda la larga lista técnica que aparece en los créditos, pero como suma de arte vario, hay productos realmente buenos. Me interesa la ciencia ficción, la fantasía, el policial negro, las que llamo obras de teatro filmadas -sobre todo las que suelen hacer los ingleses-, las de historia y mitos clásicos; el realismo español, el neorrealismo social italiano. No me gustan las películas psicológicas de los franceses, ni las violentas por la violencia misma, ni el terror, ni las comedias norteamericanas -salvo muy pocas excepciones-; tampoco me agradan la inocencia hindú ni las imitaciones de Hollywood que suelen hacerse en Japón, ni las románticas de cualquier parte del mundo, ni las de estudiantes, ni las musicales, ni las deportivas, ni las absurdas, ni el poco cuidado que tiene gran parte del cine argentino en la conformación de elencos y en el descuidado tratamiento de los diálogos, donde omite lo que debe decir y dice lo que no debe. El elenco puede depender de las capacidades de producción, pero el descuido del libro es imperdonable. Hoy, creo que tenemos buenos directores jóvenes que cuidan un poco más la palabra y manejan bien los tiempos; un par de décadas atrás se arruinaron historias que hubieran sido buenas películas por el fluir discontinuo de la narrativa; pese a ello obtuvimos algunos premios, cosa que nunca entendí. Leonardo Favio también sufría de este síntoma. “El secreto de tus ojos” me gustó sobremanera, pero por fondo y por las amplias alternativas de la historia hubiera dado para una superproducción. ¿Cómo hacerlo en Argentina? 

   

Soy simple público de cine y me apoyo mucho en los actores: Ugo Tognazzi, Marcello Mastroianni, Giancarlo Giannini, Marlon Brando, Natalie Portman, Dustin Hoffman, Al Pacino, Johnny Depp, Collin Farrell, Peter O’Toole, Ray Winstone, Ralph Fiennes, Michel Serrault, Lambert Wilson, Jean Reno, Ben Kingsley, Madeleine Stowe, Robin Williams, Uma Thurman, Christina Ricci, Dakota Fanning, José Sacristán, y muchos etcéteras. De los nuestros, destaco a Julio Chávez, Germán Palacios, Arturo Bonín, Darío Grandinetti, Leonardo Sbaraglia, por no ir más atrás. También busco a ciertos directores, por citar a algunos: Tim Burton, Ridley Scott, Sam Peckinpah, Peter Jackson, Martín Scorsese, los hermanos Cohen, Luis Buñuel, Zack Snyder, Alex de la Iglesia, los hermanos Bertolucci, Federico Fellini, Francis Ford Coppola, Luchino Visconti, Jean-Pierre Melville, Costa Gavras, Win Wenders... La lista, me doy cuenta ahora, sería enorme.

 

Sí me gustaría dirigir una película de mi última novela, “Crónicas de un legado hermético”, donde Collin Farrell fuera el protagonista, acompañado por Ray Winstone, Michael Nyqvist,  Brendan Gleeson, Stellan Skarsgard, Max von Sydow, John Turturro, Paul Bettany, Jean Reno, Peter Stormare y los argentinos Ricardo Darín y Héctor Alterio, este último para el papel de Yabo Numac. Es un chiste, claro, pero si Mercedes Sosa viviera, haría el papel de Carmen Tulián.

 

 

***

 

Ricardo Rubio selecciona en 2013 textos de sus libros publicados:

 

Poesía:

 

LA RUECA

 

Hay un reclamo de lógica perdida en la espalda del viento.

Un reclamo de espacios y de ciencias

     en la infinita sabiduría de las rocas.

Como nave cristalina

el tiempo reviste la desnudez de la tierra

y los profanos hijos del ancestro se pintan de colores

y se visten de espejos nunca vistos.

 

Y hay otras tantas formas de huir

 

Hay un llanto esmeralda

     acariciando la mansedad de la montaña

donde yace el mineral con su verdad dormida.

Alguien descompuso esas semillas

y creyéndose sabio les dio una cifra,

y cifra y letra formaron extraños parásitos de papel

que no sacian nuestra honda sed de invitados sin regalo.

La claridad brota de viejas filosofías no escritas aún,

los astros nada saben de palomas ni de credos,

pero el suelo ha dado flores e insectos

y sin contarnos nos envuelve en silencio y a él volvemos.

 

Hay otras tantas formas de huir.

 

Objeto de insignes pensadores

     con grandes cerebros y fortunas

y profetas, magos, monjes e ingenieros;

objeto de inútiles pisadas, de invasiones, de colonización

de intrépidos periplos alrededor de qué o de quién,

de formas y dibujos, de forzados cambios

y de lluvias atómicas que nada saben de núcleo ni de átomo.

Por eso el suelo aguantando no es sed y es amparo,

sin embargo el gemido asoma en el desierto

y el grito en el volcán.

¿Quién me dará una almeja y un balde de arena?

¿Quién me enseñará a no saber nada?

 

Y otras tantas formas de huir.

 

                                                                                          de “Pueblos repentinos” (1986)

 

 

El color con que atardece

(frag.)

 

—Sobra tiempo para dejar de rechinar,

para olvidar los temores, para dejarse vivir.

 

—A pesar de las arenas que caen de las manos,

no hay entre los dedos más que fantasmas.

Si late el corazón

    los días que restan se ahogan de alegría.

 

—Ignorar el proyecto

    es formar parte del espanto,

es deseo de ausencia, rechazo de ya.

 

...

 

Cuando los bosques en tierras aún indecibles

    no imaginaban su follaje,

cuando el sol era un punto

    con todos los puntos encendidos,

cuando los astros eran fragmentos

    de un único astro incomprensible y loco,

y la molécula vibraba en la insistencia,

    el escriba ya era parte de un recuerdo

    en la materia,

y aunque sus ojos no atinaban ni el espíritu

    ni el hueso, ni el calor, ni la intemperie,

en su inercia la vida planeaba la risa de la pasión

    y el cuarto oscuro de la ciencia.

 

Luego un hombre entrevió el roce, la fisura,

    el músculo partido

    por la simple disolución de la franqueza.

 

Y gimió.

 

 

                                                                                  de “El color con que atardece” (2002)

 

**

 

 

LA LLEGADA

 

Del mes de mayo, del ámbar,

bajo la sombra de avellanos ungidos al amanecer,

a once pasos del pasmo que la noche extiende detrás

   de gravísimas voces en pregunta,

urdido entre sueños por la fiera del instinto

   cuando rebate páginas en la fronda de sal,

nací al sol de una diosa blanca

y de tres mujeres de mi estirpe

   coronadas por los signos,

donde tres veces tres es el pan de la armonía.

 

Dejé en el umbral los collares húmedos,

la costumbre del silencio y mi condición de pez.

Eduqué la mirada en los ojos de mi madre

y crecí con las friegas del roble entre los vivos.

 

Repetí los versos que agitan el fuego

y bebí la miel de las bellotas con jarabe de muérdago

   entre paños blancos.

La Dama Encantada disipó la bruma

y entre aromas de moras silvestres,

palán palán y azafranes intensos,

las olas de purificación ordenaron las esferas.

 

No fui un ángel entonces sino un simio desnudo

   a orillas del mar.

 

 

                                                                                      de “Entre líneas de agua” (2007)

 

 

 

Minicuentos (de “Minicuentos Grises”, 2009):

 

LA OTRA TIERRA

 

Sentía rechazo por las ideas de los adultos de las que no quería saber nada. Sus diecisiete lo vestían de huesos largos, buena nariz y barba rala. Pensaba o creía que pensaba en la estafa de sus mayores y en la de los mayores de sus mayores, y esa mañana decidió cambiar para seguir siendo el mismo.

 

Dejó una carta a su madre, con la que intentó superar el miedo a necesitarla; pensó que a su padre no le importarían dos manos menos, después de todo, también se llevaría la boca. Para sus hermanos, no tuvo ni el destello del desgano.

 

Partió hacia las aventuras del ruido y la melancolía; durmió en lechos de silencio y extrañó las tibias manos con tisana y las madrugadas con labios y sonrisas. Supo entonces que sólo el acto destina, pero ya tenía treinta y no sabía aún si las voces de los hombres concordaban con sus manos.

 

Capituló la dicha, capituló la pena; y la pena y la dicha se fueron con él, tiempo después, cuando lo crucificaron.

 

 

 

LA VISITA

 

En 2050 entré a la casa y la presencia de las moscas no podía más que predecir una desgracia. La puerta estaba abierta, pero el residuo de antiguas alegrías se había diluido como el sopor de la sopa lejana que era ahora el recuerdo de un vaho húmedo y musgoso. Sólo había cáscaras olvidadas por la Parca, que siempre recuerda.

 

La que fuera una mano yacía despojada de sus nervios, de sus poros, de sus líneas premonitorias que acaso presagiaran mi presencia, la extinción del viejo y las moscas que sobrevolaban los huesos, tal vez hasta el anillo que jugaba en la falange, oscurecido a pura sombra. Las cerdas grises, largas y ralas, vueltas sobre sí, se escurrían sobre las baldosas también grises. Un libro de Anohuil hundía las costillas; recuerdo ese libro que aún no leí. Las moscas no tenían un pretexto salvo el cuchicheo, ningún propósito más que la curiosidad múltiple de sus múltiples ojos.

 

La podredumbre había terminado años atrás, cuando la soledad del anciano empezó a disimularse en una masa quieta, primero esponjosa, brillante después y finalmente cenicienta y seca.

 

Ni rastros de los sueños de aquel hombre ni trazas de sus trazos ni visos de sus vicios; ninguna pista de la dicha de los posteriores gusanos, sólo la presunción de algunas bacterias inertes entre olores muertos.

 

Y las moscas siguieron riendo mientras me iba, ignorando la futilidad del futuro, diluido, sí, pero tejiéndose sin fin.

 

Salí de mi casa y volví a 2010.

 

 

BIENES GANANCIALES

 

El fotógrafo congeló los ángulos de la escena; la casera gorda gimoteaba ya cansada de gritar. Mi superior era un cretino que repetía las palabras de un folleto, como creyéndolo. Me miró, yo miré a los agentes, y estos a la gente amontonada del otro lado del cordón.

 

El muerto interrumpía el paso por la vereda y lo que fuera su vida se secaba lentamente sobre las baldosas amarillas. El forense se calzó los guantes, alzó los anteojos y revisó el cadáver mientras sorbía un resto de café. En el tajo del extinto se leía cierto rigor, una hendidura tranquila, una profundidad económica y precisa. Pusieron una cinta alrededor del tugurio, una línea en torno al cuerpo y un título al expediente.

 

El finado tenía tres garitos en Belgrano, un sauna en Flores y una venta de fatay en La Salada; todos sabíamos que dejaba sin trabajo a una docena de matones y un lugar vacío en la cama de una rubia de edad imprecisa que años atrás expusiera sus cuartos en publicaciones baratas.

 

El esbirro principal del fiambre, su espalda, su “sí señor” y su probable asesino, estaba entre los curiosos. Era un punto conocido que me debía una; lo miré a los ojos y me devolvió el gesto con el vago vacío de los gatos tranquilos. Supe inmediatamente que él supo lo que había hecho. Giró sobre sí y a paso apacible se alejó por la avenida girando en la bocacalle.

 

Salí sobre su espalda ignorando los gritos del oficial. Al llegar al cruce, ya no estaba, o quizá sólo dije que no estaba. Si encontraran el potrero y lo desenterrasen, verían que su garganta tiene un tajo en el que se lee cierto rigor, una hendidura tranquila, una profundidad económica y precisa. Yo, en cambio, ahora tengo tres garitos, un sauna, una rubia sin prejuicios y una venta de fatay. Ah, y conservo un rango al que se le hace la venia.

 

 

 

 

Lomas del Mirador y ciudad de Buenos Aires, Ricardo Rubio y R. R., junio de 2013.
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28 de Agosto, 2012 · General

En memoria de los mártires de Ponce

 

El permiso

cuento

 
Eran las 3: de la tarde después de la revocación del permiso. El
Alcalde de Ponce José Tormos Diego cruzó la Plaza de Recreo, contó los
pasos en la calle  desde Muñoz Rivera a Degetau. Ahora se culpa. Pesa
como un fardo de carrañas y remordimiento. Habría sido mejor, desde el
inicio, no dar esperanza al grupo de patriotas. Denegar el permiso al
Partido Nacionalista. Pero la orden de suspender la Marcha y revocar
el permiso, ya dado, vino directamente del Gobernador.

«Uno no le puede decir no a Blanton Winship. Es el Candelero Grande
que a todos nos alumbra y guía. Es como la Biblia o las Tablas que
trajo Nelson Miles, el Almirante de las flotas invasoras  Nosotros,
pueblo, siempre dócil, más perdido que un pez en la camaya», dijo con
angustia.

A última hora, José Tormos revocó el permiso y el jefe de la policía
no dijo, «cancela ese evento, so pena de sangre». Más bien, el capitán
Felipe Blanco tomó de su tropel, un buen contingente que incluyó
poilcías armados con fusiles y subametralladoras, macanas y revóveres.
Lo encaró represivamente a una marcha de índole pacífica, desarmada y
la marcha del Domingo de Ramos terminó siendo, al cabo de
investigaciones y la Comisión Hays, adscrita a la Comisión Federal de
Derechos Cviles, la Masacre de Ponce.

El nacionalista Tomás López de Victoria fue quien le contó lo sucedido
a las 3L00 de la tarde del día anterior en la Plaza de Recreo:
«Cantamos el Himno La Borinqueña, dijimos Viva Puerto Rico Libre, como
enseñó Betances y Albizu. De pronto, el guardia Soldevila me puso una
fusta en el pecho y gritó a todos: ¡Ni un paso más! Que el que se
mueva lo mato».

Oyéndolo el Alcalde José Tormos, piensa si es conveniente que deje las
funciones e su cargo. Blanton, cara pálida de puñeta, decide lo que
ocurra en el pueblo. Cualquiera se llena de enojo y carraña, con el
exceso de poder y de fuerza. Disparon a centenares, mataron hombres,
mujeres y niños. Entre los muertos, hubo adolescentes y adultos. Hoy,
en el Dispensario Médico, le informaron que varios heridos de bala han
muerto.

«Y mire si había odio en ellos, odio de la mala policía y malas
entrañas del capitán Felipe Blanco, que cuando se suscitó la balacera,
los que marcharon y otros del público que miraba los actos, buscaron
refugio en casas cercanas y en las oficinas del Partido, pero, de
allí, la policía yendo a residencias como asaltadores y al Comité
Nacionalista,  nos siguió. Fuimos sacados por la fuerza. Nos tiraban
de las greñas y nos dieron de palos», contaba  Tomás López..

«No es que usted sea incompetente, alcalde. Es que como dice. Usted es
un pez cautivo, aún vivo, en la camaya. Y el bizarrón que alumbra,
según dice, es lámpara oscura, candelero indigno y sin luces», le
decía el cura. «Tenemos que dejar este análisis bizantino de las
culpas y entenderlo de una vez: Esta es la colonia de Blanton Winship,
la Vela apagada. La colonia es la noche oscura, aunque sean las 3:00
de la tarde o las 12:00 del día».

José Tormos se echa la culpa de la Matanza. Quiere renunciar y no lo
dejan. Necesitan su testimonio en el juicio y que niegue que haya
tenido presiones de La Fortaleza para cancelar, a última hora, el
permiso que concediera para dar muestras de inclusión, tolerancia y
respeto por el Domingo de Ramos.

      16-02-2000

*
Del libro «Cuentos sediciosos y bolivarianos»
de CARLOS LOPEZ DZUR

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14 de Agosto, 2012 · General

Juan Almendarez

 

SINIESTRA

Es difícil precisar cual es la diferencia entre la realidad
y la ficción si en ambas existen la verdad y la mentira.
El problema es descubrir quién y qué poder las define
y las pone en movimiento


Era el 17 de septiembre de 1974, mes de los huracanes.   Choloma es
destruida por el Fifí, con el  impacto dramático de siete mil muertos.
La jornada de Manuel casi había concluido. El atardecer estaba nublado
y empezaba a dormirse en el comienzo de la noche, cuando alguien tocó
a la puerta de aquella choza de bahareque. Luego escuchó un grito:
¡Salven a mi hija!. Manuel abrió la puerta y  vio a una mujer
desvalida que aparentaba estar más enferma que la tierna que cargaba
en sus brazos. “¡Doctorcito, por favor, atienda  a mi hija que es la
única que tengo, pues  mis cinco hijos fueron devorados por el
huracán!”.

Después de examinar a la niña Manuel dirigió una  mirada piadosa a la
mujer y, luego de una breve pausa, le dijo: “usted se parece a la
campesina de la aldea La Jutosa” Ella respondió, “sí, soy  María
Cicumba.  Doctorcito por favor  dígame cómo está mi tierna…”;  y
mientras hablaba de manera  entrecortada y con la respiración
acelerada, se desmayaba en la silla. Manuel con la ayuda de Eva
traslado a María Cicumba a la  banca,  como cama.  Una mochila, varios
libros y una almohada sirvieron de respaldo para  mejorar la
respiración…

La hidrataron con una bebida a base de agua, azúcar, gotas de limón y
una pizca de sal  a lo cual se sumó la  medicina del  cariño. Sin
embargo, la situación  era crítica;  estaba sudorosa, febril,
delirante y pálida. El médico la examinó y auscultó los pulmones. El
diagnostico fue neumonía severa  y anemia por desnutrición.

“He caminado tres leguas, agregó María, sólo el amor a mi hija me ha
dado las  fuerzas necesarias para poder llegar a este lugar;   sé que
me voy a morir pronto; vine porque tengo confianza en usted y siempre
lo recuerdo con gratitud por la solidaridad que nos brindó.  Cuando
tenía dos meses de embarazo de esta niña, las fuerzas militares nos
desalojaron en forma violenta. Seis compañeros fueron  heridos de
gravedad; uno de ellos era el padre de mis hijos,  se llamaba Pedro
Cabañas; usted debe recordarlo…”

Con mucha dificultad, continuó su relato: “He sufrido como viuda y
como ser desamparado que miró ahogarse a sus cinco hijos  sin poder
salvarlos. Visité todas las  fosas,  observé centenares de muertos
amontonados  y no pude encontrar los cadáveres de mis tres niñas y mis
dos niños… Regresé a la calle sin casa ni hogar y no pude comprar ni
una candela para rezarles una oración; ahora   sólo esta niña es  mi
esperanza…

“Llegué a esta clínica y a pesar  de mi gravedad me siento más
tranquila porque usted es la única persona en quien puedo  dejar mi
testamento de sufrimiento, que es mi hijita que  ahora tiene en sus
brazos.  Ella estará tranquila y bien protegida por usted…

“Le dejo a este tesoro con la condición que me jure ante Dios y ante
Eva, su enfermera, que  usted le pondrá el nombre de “Siniestra”. La
razón de este nombre es porque su nacimiento ocurrió durante el
siniestro huracán… y con la promesa de no cambiarle de nombre para que
ella  recuerde que debe  ser generosa y solidaria con las personas
humildes”.

“María Cicum, ahora debe reposar”, Le dijo Manuel.

“Perdone  doctor, pero me llamo   María Cicumba, mi primer nombre por
mi madre, que fue dirigente campesina, y llevo  el apellido de mi
padre quien  era antepasado del héroe indígena  Cicumba,  mártir
fusilado por el colonizador  Pedro de Alvarado. Tengo por origen   la
sangre de los rebeldes… Júreme doctor que recibirá a mi hija y le
pondrá el nombre de  Siniestra”.

La enfermera le dirigió la mirada a Manuel y él asintió con la cabeza,
en señal de  cumplir la promesa:   “Ese nombre -expresó el doctor- no
es  adecuado para  una niña tan linda”…  Pero María Cicumba  insistió:
“Es para que nunca olvide a los pobres”.

Al día siguiente María Cicumba expiró. No había ataúdes y los vecinos
la envolvieron en un petate para enterrarla en un lugar lejos de las
aguas que inundaban Choloma.

Decidido a cumplir su promesa, y siguiendo la tradición, Manuel fue
donde el párroco a bautizar a la niña. Al escuchar la palabra
“Siniestra”, el cura hizo el  gesto  de rechazo y se negó a
bautizarla... Muy pronto corrió el rumor en el pueblo de que la niña
era diabólica, porque se le había negado la bendición bautismal.

El Alcalde de Choloma, no obstante el haber mostrado su desacuerdo
con el nombre tuvo que registrarla a regañadientes, como era su
obligación  y la de entregarle a Manuel la certificación de nacimiento
como hija de Manuel Campos y Hortensia Ríos  de Campos.

Desde muy niña Siniestra había mostrado  sensibilidad y ternura hacia
las personas humildes. Sus padres adoptivos se trasladaron a
Tegucigalpa  y no fue informada de que era hija adoptiva ni sobre el
origen real  de sus padres.

No obstante de ser sus padres cariñosos, confrontaba la hostilidad de
sus compañeros escolares, quienes se burlaban con frecuencia acerca de
su fatídico  nombre. En el marco de aquella hostilidad, con el tiempo,
fue generando rechazo por sus padres a quienes culpaba de llevar ese
nombre que aborrecía tanto y que tantos males le acarreaba aun siendo
tan joven…

Se convirtió en una lectora incansable y de asimilación productiva. A
través de sus reflexiones llegó a la conclusión de que debía estudiar
la carrera del derecho con el fin de encontrar  los mecanismos legales
necesarios para poder cambiar su nombre. Fue brillante en el Escuela
de Derecho y al determinar que no podía cambiar legalmente su nombre,
se bautizó en la iglesia católica con el nombre de  “Bendita”. En los
documentos legales aparecía con la firma Bendita  S. Campos y Ríos.
Los estudios jurídicos  le enseñaron que si bien no podría cambiarse
el nombre a las personas naturales; lo contrario ocurría con las
personas jurídicas tales  como las empresas extranjeras que en forma
usual cambian de nombre o dueño para evadir responsabilidades fiscales
y derechos laborales.

El haber sido  alumna brillante en Derecho Mercantil y profesional
trilingüe: dominio del español, inglés y francés, le  permitió ser
nombrada asesora legal de la empresa  minera Oro Corporativo de
Canadá. Pertenecía a la élite de la excelencia académica cuya ética es
la protección de la propiedad privada y la defensa  a toda costa los
derechos de su cliente, aun cuando estaba muy bien informada  de los
sobornos y manipulación de las mineras hacia funcionarios del Estado
para lograr los objetivos de aumentar la acumulación de las riquezas,
sin importar los daños ambientales y  a la salud humana.

El resentimiento contra Manuel y el alejamiento con Hortensia  se
había acentuado por el desacuerdo que tenían sus padres adoptivos
sobre el trabajo de ella  a favor de la industria extractiva minera.
Sin embargo, Siniestra mantenía contacto con Eva, la enfermera que
trabajó con Manuel. Por eso no le fue extraño que, cuando se
encontraba preparando la propuesta de la nueva Ley de Minería que
sería consensuada entre Oro Corporativo y los diputados del Congreso,
recibió una llamada de emergencia, de Eva quien  estaba muy enferma y
deseaba conversar con ella antes de morir.

Siniestra se desplazó inmediatamente al hospital del Seguro Social.
Eva estaba ansiosa y expresó: “sólo cuando uno presiente la muerte es
capaz de contar los secretos, para que la verdad no quede enterrada.
La agonía sirve para liberar la verdad reprimida… Tu padre Manuel es
un ser especial y de quien estuve enamorada toda mi vida sin poder
decirlo nunca por respeto a él y a su familia. Pero tienes que saber
que  no es tu padre verdadero, ni tu madre es Hortensia… Tu madre fue
María Cicumba, líder campesina  cuyos ancestros provienen del héroe
Cicumba que fue fusilado en Choloma, por los colonizadores. Naciste en
tiempo del siniestro  Huracán Fifí y tu verdadero padre murió
asesinado por militares que cuidaban los intereses de las empresas
bananeras y mineras. Manuel ha sido el médico de los pobres y
explotados y su militante misericordia le hizo adoptarte...

El nombre “Siniestra” te fue dado por designio de tu madre quien dijo
que deberías llevarlo para que no olvidaras tu origen y lo siniestro
que es el sistema capitalista…

Siniestra lloró profundamente. Beso la frente de Eva y la abrazó... La
verdad es siempre solidaria con el sufrimiento. El comienzo del camino
de la justicia principia y termina con la verdad.

La propuesta de la nueva Ley Minera  y el desarrollo de la estrategia
persuasiva con los diputados,  altos funcionarios del Estado y la
opinión pública requería de la manipulación  mediática por medio de la
cual se ofrecía trabajo, riqueza y desarrollo a las comunidades.
Siniestra recogió las opiniones; hizo el memorándum respectivo; y como
funcionaria de máxima confianza de la Corporación, fue designada para
representar a  la empresa en el Congreso de la República de Honduras.

Cuando llegó al Congreso,  ataviada con: aretes,, anillos, pulseras y
un collar del cual pendía el Cristo de Oro fue reconocida su
acreditación como vocera de la minera Corporación de Oro… Tuvo,
entonces, puerta abierta y la oportunidad de hablar ante los
diputados,  antes de ser aprobada la nueva ley de minería. Llena de
una seguridad nunca antes sentida, dirigió la mirada a cada uno de los
presentes como si su alocución habría de ser para  él o para ella
especialmente. He aquí su histórico discurso.

“Honorables Junta Directiva  y Honorables  Diputados y Diputadas:

“Al analizar la historia de Honduras me di cuenta de que desde la
colonia hasta el siglo XXI estuvimos siendo depredados como pueblo
minero. A pesar de los quinientos años de explotación minera, nunca se
formaron a nivel nacional técnicos ni profesionales en este campo.

“Las huellas históricas  de la industria extractiva minera están en
los huecos , cuevas antiguas, ríos contaminados de plomo, arsénico,
cadmio, mercurio y drenajes ácidos que retroalimentan  la liberación
de metales pesados por  más de un siglo; pueblos desaparecidos,
cuerpos humanos enfermos; mayores desastres de los huracanes,
tormentas tropicales , inundaciones y fenómenos sísmicos…

“Visité  todo el país y otras naciones. Observé  detenidamente si las
empresas mineras  son responsables y sostenibles. Pasé, en nuestro
país, por el lago de Yojoa y el río que el pueblo ha denominado “Río
cianuro”, donde existe una mina subterránea que contamina el lago.
Viajé a Copán, Ocotepeque, Comayagua, La Paz, Santa Bárbara, El Sur,
Tocoa , Olancho, el Valle de Siria, Agalteca, Valle de Ángeles y
comprobé que, de cada 100 kilómetros del territorio hondureño,
¡treinta están ocupados por las concesiones mineras!

“Mis observaciones  me condujeron a pensar que el Banco Mundial, el
Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo,
cuyos discursos siempre se refieren a la  reducción  de la pobreza y
al apoyo a la mujer y a  la niñez, son también responsables de la
depredación ambiental y de las enfermedades de las mujeres; porque
nosotras, aunque no trabajemos en la minería, somos las que utilizamos
el agua, que es la más afectada tanto en su cantidad  como calidad,
por la industria extractiva minera… ¡Entonces empecé a preguntarme si
un país de desnutridos puede comerse el oro para mejorar su salud!

“El desarrollo tecnológico siempre ha estado en función de la tasa de
ganancia, o de la violencia e incluso de la guerra. El procedimiento
extractivo a cielo abierto a base de cianuro es uno de los mejores
ejemplos porque tiene más bajo costo. Se emplea en los lugares donde
existe oro u otros metales en  cantidades menores. Sin embargo es más
toxico  para el ambiente porque  produce la polución de las aguas,
envenena los suelos y hasta el aire y despoja de aguas, bosques y
territorios a las comunidades donde tiene la desgracia de asentar sus
siniestras operaciones…

“He estado en las negociaciones durante las cuales  la empresa ha
ofrecido regalías, sobornos  a ciertos alcaldes; a algunos diputados y
a altos funcionarios. Ha invertido millones en una estrategia de
comunicación  y antes de excavar las montañas y derribar las rocas ha
excavado las conciencias y derribado todo  principio moral para poner
una tecnología al servicio de la enfermedad y de la muerte, sin
menoscabo de  aumentar la tasa de ganancia. Si en el año 2009 una onza
de oro costaba 400 dólares en el 2012, el valor excede a 1500
dólares... Sin embargo para extraer una onza se requieres 20 toneladas
de roca y 20 toneladas de sufrimiento. No hay duda de que las mineras
son sostenibles y responsables con ellas mismas pero  no son
sustentables ni responsables con las generaciones presentes y futuras
de los seres humanos ni con la vida planetaria.

Mientras continuaba su discurso, con desprecio tiraba las joyas al
suelo  y se despojada del elegante abrigo para quedarse con el vestido
de manta  de una humilde campesina.

“Similar  al desastre minero  en Honduras  -continuó-  ha ocurrido en
México, en  Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y  Panamá.
Cabe destacar que en El Carrizalillo, México,  existe  una acelerada
explotación minera que opera produciendo partos prematuros, abortos,
malformaciones congénitas y  cáncer.

“Señores cancelemos esta farsa de la Nueva Ley que ha sido engendrada
en forma maligna por   Oro Corporativo de Canadá,  en alianza con
otras empresas estadounidenses, europeas, asiáticas…  Sé que puedo ser
objeto de atentados e incluso de ser asesinada por este testimonio que
está basado en documentos, grabaciones y videos  que saldrán a la luz
pública en caso de que algo siniestro llegue a sucederme...

“Aclaro que no me llamo Bendita, que llevo como nombre de pila. Mi
nombre a mucho orgullo es “Siniestra“,    hija de dos líderes
campesinos: María Cicumba y Pedro Cabañas, sangre de mártires.
“Agradezco a Manuel y Hortensia, dos seres generosos que me adoptaron
y al final de cuentas fueron un ejemplo vivo de honestidad y
compromiso con los seres humanos…

“La nueva ley minera  no se debe  aprobar. ¡Es  producto de la
corrupción y de la mentira!    Para que conste en el Acta del Congreso
de esta fecha presento denuncia formal contra esta ley, que representa
    al  verdadero crimen contra los pueblos de la humanidad y del
planeta…

“¡Desde este momento renuncio a mi cargo de abogada de Oro Corporativo
y me sumo a la condena contra esta empresa, por parte del Tribunal de
Salud de los Pueblos que se celebró en  San Miguel Ixtahuacán,
Guatemala, en el recién pasado mes de julio de este 2012; y me sumo
al  Movimiento Mesoamericano contra la minería!…”

Al terminar su discurso se hizo sobre la Cámara un pesado y largo silencio.

Y de pronto, desde uno de los rincones donde se habían casi escondido
algunos diputados partidarios de Oro Corporativo, se escuchó de manera
clarísima, pese a haber sido dicho en voz baja y temblorosa:

“¡Ya nos jodió el negocio esta  Bendita   Siniestra!”...


Tegucigalpa, agosto de 2012.
Mes de la discusión de la siniestra Ley de Minería.

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14 de Septiembre, 2011 · General

En las letras, desde Puerto Rico:

 

 

                                                  invitación a la nueva temporada

 

por Carlos Esteban Cana

 

Hay personas y medios que no le dan verdadero valor al periodismo que se ocupa del panorama creativo de un país. Sin embargo, estoy seguro que ejercer el oficio de periodista cultural, por mi parte, ha sido la mejor inversión que he realizado en mi vida. De una u otra forma el creador, el narrador, el poeta, el lector que intento ser ha sido fortalecido con las múltiples conversaciones que he tenido a lo largo de los años con cuentistas y novelistas, con poetas o ensayistas, humanistas o académicos, editores o libreros. Ya fuera desde las sencillas ediciones de Senderos en 1988 (¡Gracias por la oportunidad, Ángelo!) en Cataño, en Taller Literario durante los 90’s, en la Oficina de Revistas del Instituto de Cultura Puertorriqueña después, como invitado a El Sótano 00931, en las páginas de Diálogo y otras publicaciones, impresas y cibernéticas, que esporádicamente reproducen mis colaboraciones, he sentido el placer de colaborar con la crónica cotidiana que ilustra el universo amplio y diverso de las letras dentro y fuera de Puerto Rico.

 

Asalariado o no, agradecido de la remuneración cuando la hubo o desde esta vocación que no se mueve por el lucro. Incluso cuando fui parte del proyecto San Juan en Comunidad, precedente de lo que hoy es ese valioso medio que conocemos como Prensa Comunitaria. Tampoco puedo pasar por alto los años que pasé detrás de los controles de canales televisivos especializados en oferta cultural. Por lo antes mencionado puedo asegurar que nada era ripio, nada era pérdida de tiempo o conformismo ante las circunstancias imperantes. En algún lugar leí, creo que de Roger Chartier, que la inversión que hace un sujeto cuando se acerca e interesa en la cultura es difícil de ver y de palpar, pero está ahí, más allá de lo que a simple vista se observa.

 

El radio de acción del periodista cultural es amplio y vasto, por eso las entrevistas, por eso las reseñas, por eso el análisis, por eso el deseo de darle voz a los que aún teniendo una propuesta de valía se les excluye con pretextos cargados de prejuicios o por otros accidentes ajenos a la obra. Afortunadamente, desde la periferia y la distancia, incluso desde el margen, uno ve mejor. Por otro lado (y esto le ocurre a muchos y muchas colegas de cuyos nombres no quiero acordarme) es difícil servir cuando uno se cree el centro permanente alrededor de cual giran todos los demás. Creo, eso sí, en la mesa redonda, amplia, en la polifonía de voces que devela el perfil macro con cada uno de sus matices. El periodismo cultural que intento hacer aspira a esos horizontes.

 

Puntualizado lo anterior, les doy la bienvenida a un nuevo ciclo de En las letras, desde Puerto Rico. En esta nueva etapa desarrollaremos diferentes series, unas que abarcan acontecimientos importantes en la cultura puertorriqueña, otras que se ocupan de escritores y escritoras internacionales, o en la trayectoria de algún autor particular. Algunos escritores conversarán sobre sus libros, otros sobre su vida, unos lo harán con discreción, otros con un susurro cercano al silencio. Pero todos, de una forma u otra, dialogarán, ya sea mediante entrevista, a través de un fragmento de conferencia o desde una reseña lírica de lo que se transcribió de las ondas mediáticas. Aquí los invitados, los que invito a formar parte de nuestra crónica cultural no integran un club homogéneo. La diversidad creativa es la energía que mueve la aguja de la brújula.

 

A continuación una muestra de lo que viene. No están todos los que son, ni son todos los que están, pero este inventario puede darle idea a usted de la infinidad de personalidades que conversarán con nosotros desde este boletín. Póngase cómodo en su butaca que viajaremos por el amplio universo de la creación literaria.

****

En el 2011 se cumple una década del fallecimiento de la escritora Olga Nolla, y nosotros hemos querido rendirle homenaje recordándola en su propia voz, con su sonrisa a flor de piel, escuchándole hablar de su obra, en sus propias palabras.

 

Olga Nolla: Ramón Luis Acevedo ha dicho que utilizo la narrativa como recurso poético. Digo, ésa es mi intención. Mi intención es utilizar en poesía la narrativa como un recurso adicional, de la misma manera en que utilizo la historia en la narrativa como un recurso literario. Porque cuando yo me acerco al mito de la fuente de la juventud en El Castillo de la Memoria y tomo a Juan Ponce de León, con su propio nombre (no cambio nombres ni nada, es el mismo personaje histórico), pero asumo que encuentra la fuente de la juventud, estoy violando la historia porque sabemos que nunca la encontró. Se murió como se murieron todos, pero yo asumo que la encuentra. Mi propósito es asumir el mito y violarlo como una excusa para hacer un recorrido por la historia de Puerto Rico por 400 años. El lector me sigue con ese personaje que no muere y regresa a Puerto Rico donde vivió por 400 años. Así puedo entonces unir un poco, a manera de atar cabos sueltos, la historia e intrahistoria y nuestro proceso como pueblo, nuestra formación nacional. Estoy usando la historia literariamente para construir literatura.

 

Che Melendes, por su parte, ha conversado con este servidor en varias oportunidades. Recuerdo muy bien la primera ocasión cuando los humanistas Eugenio García Cuevas y Rubén Soto organizaron un magno homenaje a su obra. Este fragmento, sin embargo, fue fruto de una entrevista que le cursé en la Librería Isla. En la misma hacía comentarios acerca de su libro Senotafio.

 

Che Melendes: Senotafio es un sepulcro para la ausencia de algo, es algo, un homenaje a una ausencia, y estos poemas que se han acumulado son un canto a los poetas hacedores de eso que es la poesía, que para nosotros es impactante.

 

Néstor Barreto, quien acaba de inaugurar una nueva editorial que lleva el nombre de Colección Maravilla con un flamante catálogo de nuevas y veteranas voces como lo son Carlos López Dzur, Neysa Jordán y Bruno Soreno, hizo lo propio cuando nos habló de su libro :

 

Néstor Barreto: La metáfora dominante en es la espesura, el matorral. Yo le llamo la asimetría atrópica o también le digo anatropía, y su animal emblemático, totémico, es el ruiseñor.

 

Magaly Quiñones es una de las principales poetas del País. Cuarenta y dos años han pasado desde la publicación de su primer poemario Entre mi voz y el tiempo. Con una producción activa y consistente, creyendo cabalmente en su oficio, Quiñones se ha colocado como un referente obligatorio cuando de la poesía contemporánea se trata. En este fragmento seleccionado nos habla de sus inicios.

 

Magaly Quiñones: Yo empecé a escribir desde bien pequeña. Ya a los ocho años  tenía mi libretita de poemas escondidita en las gavetas. Cuando estaba ya en escuela superior conocí a una poeta arecibeña que se llamó Carmen Alicia Cadilla. Carmen Alicia me dio la confianza de que lo que había escrito tenía valor.

 

A través de los años, infinidad de escritores internacionales han visitado las costas boricuas por diferentes motivos, unos para promocionar sus libros, otros para ofrecer seminarios y talleres. A continuación adelantamos algunos comentarios de varias de esas personalidades.

 

Nunca se me olvida una frase lapidaria de Laura Restrepo acerca de que no hace a la tarea del escritor acercarse al poder. Decía la autora colombiana: “Hay que mantenerse lo más alejado posible”. Cuando promocionaba su novela La isla de la pasión, reflexionaba sobre el arte de escribir y apuntó lo siguiente:

 

Laura Restrepo: Tú escribes para las tripas, con toda la pasión y le dedicas horas. Yo me tardo tres años de investigación, de cuántas horas de trabajo que da hasta pena confesar. Yo escribo y escribo. Yo no le quiero poner adjetivo a su propia cosa. La literatura es escribir.

 

La española Rosa Montero visitó la Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico (de donde soy egresado) y conversó sobre el arte de la novela.

 

Rosa Montero: Las novelas son como los sueños de la humanidad y la relación del escritor con la novela es como la del durmiente con el sueño. Tú cuando sueñas por la noche, de repente puedes soñar que te salen unas alas rojas en la espalda y que vuelas por encima de Pekín. ¿No? Bueno, eso no tiene nada que ver con tu vida. Ahora bien, durante ese sueño, tú sientes unas emociones poderosísimas. Puedes tener ese sueño y estar llorando a lágrima viva con una angustia enorme o puedes estar felicísimo, muerto de risa o puedes estar con miedo. ¿Por qué son esas emociones tan fuertes? Porque verdaderamente ese sueño significa algo muy profundo tuyo. Es una parte de tu psiquis más profunda que está saliendo a la luz bajo esa forma metafórica. Pues con las novelas pasa igual. O sea, que lo que yo cuento tú lo lees, y, desde luego, harás muy mal si adjudicas eso que cuento a mi vida, en la superficie, en el detalle, en la anécdota. Ahora en el significado profundo metafórico, simbólico, nos desnudamos todos, muchísimo. Escribir una novela para todo escritor es como sacarte un pedazo de hígado. Absolutamente. Es algo que viene de la parte más profunda tuya.

 

La mexicana Elena Poniatowska es una de esas escritoras que siempre son necesarias para todo un pueblo, para toda una nación. En varias ocasiones, en la última década, a visitado el país, y en todos esos eventos ha dejado una huella inolvidable entre quienes la escucharon. Aquí, cuando resumía parte del asunto de su novela La piel del cielo y reflexionaba acerca de la situación de la mujer.  

 

Elena Poniatowska: Las mujeres se completan a sí mismas ¿no? No necesitan a nadie más para ser, y eso yo creo que es una de las grandes victorias, no del feminismo, pero sí de la grandes victorias de la evolución de las mujeres, ¿no?, que la mujer vale por sí sola, se completa sola y le da un sentido a su vida que no es de dependencia, es de libertad. Y eso es importante, porque un ser libre, realmente, es un ser que merece el respeto de todos.

 

Pero volvamos a los escritores nacionales, aquellos que nutren las arterias de este boletín. Sin lugar a dudas Marta Aponte Alsina va construyendo una obra que sobrevivirá el paso del tiempo (aseguro que no necesita de agentes literarios). Sexto Sueño es una prueba de lo anterior. Una novela en la que los personajes se apoderan de los espacios y hablan por sí mismos. Sexto Sueño, su penúltima entrega editorial, es la historia de un criminal que trata de domesticar la violencia que le habita. Fue precisamente en una sesión del Taller de Apreciación Literaria que ofreció la poeta y narradora Marithelma Costa, donde Aponte Alsina conversó sobre esta novela. En este pequeño fragmento escuchamos a la autora referirse al proceso de documentación:     

 

Marta Aponte Alsina: En la documentación todo sirve, la experiencia de una compañera de trabajo, algo que se ve en la calle. Todo de alguna manera sirve, es como algo aleatorio. Tú encuentras objetos y lo vas integrando ahí, después que tengas como el río, como la trama, como algo que está encaminado en la narración. Y son etapas que pueden ser o sucesivas o simultáneas porque uno realmente nunca termina de investigar hasta que dice: ‘¡Ya! ¡Ya tengo esto y ya no me importa lo que haya pasado! No me importa que sea cierto o falso. Yo voy a escribir las cosas como las ve el narrador o la narradora que inventé.’

 

Durante ese mismo evento, auspiciado por el Proyecto para el Fomento del Quehacer Literario, los talleristas escucharon además a la escritora de literatura infantil Rocío Costa, quien habló de las particularidades del género.

 

Rocío Costa: Lo que pasa por lo regular es que a los niños se les ve como menores, toda esa cuestión de la palabra pueril. Mucha literatura trata a los niños como que no saben. Y, sin embargo, son maravillosas las cosas que nos dicen. A veces hay gente que plantea que a los niños se les debe tener como protegidos de los problemas, pero los niños se dan cuenta de todo, absolutamente de todo. Y una de las cosas que yo creo que debía hacer la literatura es hablar de los problemas que tienen los niños.

 

Lo refrescante y curioso de muchas de estas conversaciones es que no pierden vigencia. Las complejidades inherentes a nuestro ambiente editorial provocan que los escritores intenten trascender lo inmediato en sus propuestas porque, en ocasiones, se puede morir en el intento de publicar el libro de turno. Sucede entonces que algunos autores desarrollan una capacidad inmensa para esperar, esperar y esperar a que el editor le atienda. Hace varios años cuando Ángel Matos, poeta y gestor cultural, concertaba el junte de los amurallados en la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular en el Viejo San Juan, conversó conmigo acerca de lo que con el tiempo sería Barcos de papel, libro que actualmente circula en las librerías del patio. Con su forma característica de comunicarse, apuntó cuando le preguntamos qué le ocupaba en esos momentos:

 

Ángel Matos: Me ocupa el mar, me ocupan mis crisis existenciales que están a flor de piel. Todo para mí es una excusa para crear. Así que ahora yo estoy gozando con mis crisis existenciales.

 

Me une una estrecha amistad con la escritora Iris Mónica Vargas. Ella me dio el privilegio de formar parte de la publicación cibernética El viaje del poeta. Una complicidad creativa que, sin duda, me ha permitido crecer en el oficio. El fragmento de entrevista que comparto a continuación me trae su nombre a la memoria. Quien hablará no será ella, sino el escritor Juan Carlos Rodríguez, autor del excelente poemario Rehén de otro reino, de la Editorial Tiempo Nuevo. En esa ocasión él ofrecía un recital junto a Noel Luna y Javier Ávila en la librería Cronopios. En ese evento, con grabadora en mano, fue que conocí a la poeta. Aquí un extracto de lo que me comentó Juan Carlos en aquel recital.   

 

Juan Carlos Rodríguez: Hay poetas en el pasado de los que nos hemos estado nutriendo, algo evidente en las conversaciones con los compañeros Noel (Luna) y Javier (Ávila); estamos hablando quizás de Aurea María (Sotomayor) que había llegado a esa síntesis, a poetas como Hjalmar Flax, ciertamente.

 

Por su parte, Noel Luna, autor de poemarios como Teoría del olvido y Música de cámara se ha ganado el respeto de la crítica especializada por el cuidadoso cultivo de las formas clásicas. En esa misma velada, que fue auspiciada por los organizadores del Certamen de Poesía del periódico El Nuevo Día, Luna nos comentó:

 

Noel Luna: Por lo regular se piensa en las formas clásicas justamente como formas agotadas, en la medida en que han sido trabajadas largamente. Sin embargo, las formas, más allá de ser límites estrechos, aunque lo son, son más que nada máquinas de hacer literatura.

 

El catálogo editorial de Isla Negra Editores representa parte de lo más granado de las últimas dos décadas de cultura literaria en Puerto Rico. El editor y también poeta Carlos Roberto Gómez ha realizado en sus páginas una especie de confederación donde convergen escritores de las tres Antillas Mayores. Dentro de ese catalogo resalta Cada vez te despides mejor, de José Pepe Liboy, como uno de los libros más importantes de la pasada década, título que demandó lo mejor de la capacidad de Gómez como editor.

 

Carlos Roberto Gómez: Un comentario que voy a hacer sobre lo que es la edición de una obra dispersa. Recolectar a duras penas la obra dispersa de Pepe Liboy nos tomó dos años. Y todavía hay cosas por ahí que me imagino que él ni sabe donde las puso.

 

Al igual que Liboy, otro autor que goza de un prestigio destilado a través de los años es Antonio Aguado Charneco. Sin prisa pero sin pausa este escritor arecibeño es creador de la primera trilogía tainista del Caribe. La triada Bajarí Baracutey, Anacahuita, y Guarocuya ha sido premiada en diversos certámenes por su excelencia. A partir de este mes de agosto, y comenzando con LuzAzul, novela que tiene como telón de fondo una huelga universitaria, varios títulos de Aguado Charneco circularán en las librerías. En una de nuestras múltiples conversaciones, a las que por tácito acuerdo nunca ponemos punto final (una especia de conjura contra el destino), Tony, como se le conoce, nos habló de la confección de los personajes.

 

Antonio Aguado Charneco: Cuando uno construye un personaje, como escritor uno aspira y procura que de las páginas salga esa mano que agarre el corazón del lector.

 

Antes de Casquillos existió un libro más discreto titulado Comunión antropoética. Poesías como Panes y peces, Pequeños bodigos, Corbatas y Si te digo niña, entre otras, se han desprendido con facilidad de sus páginas y han quedado impregnadas en la memoria del lector. Este libro fue la excusa que nos permitió conversar con David Capiello Ortiz acerca del proceso que define a un escritor. Con una muestra basta.

 

David Capiello Ortiz: No hay escritores si primero no son lectores, y los espacios se leen, las personas se leen, las situaciones se leen. Como parte de mi trabajo como lector yo tengo que ir a esos espacios y leer esos espacios. Algo tan sencillo como vivirlo, leerlo, es parte de mi proceso y mi responsabilidad como escritor.

 

Si existe un poeta capaz de hacer belleza del ejercicio de la lectura lo es Mario Antonio Rosa. Hace tiempo que este autor nos debe una recopilación de las reseñas y prólogos que ha realizado a lo largo de los años. Ya sea en la prensa escrita, en el internet, o en las páginas de un libro, la reflexión sagaz de este escritor ha focalizado su mirada en la obra de los escritores que emergen durante los últimos 20 años. Dejemos que el propio Mario nos hable del placer que le provoca la lectura.

 

Mario Antonio Rosa: Es como cuando tú lees el poema que le escribe Federico a Ignacio Sánchez Mejía, La sangre derramada. Tú cierras los ojos y lo puedes sentir, y puedes ver toda esa situación cuando el toro, prácticamente, masacra a Ignacio, lo mata en la cornada. Entonces tú ves todas esas imágenes como en una película. Siempre se da una situación de que tocas el libro y sientes lo que te puede decir. Si no te dice nada no lo abandonas, lo pospones hasta que llega el momento que ese autor, ese libro, te puede decir algo.

 

Otro escritor que destiló con entusiasmo su pasión por la lectura lo fue Salvador Villanueva. Radicado en Nueva York este poeta boricua ha impactado la Gran Manzana desde 1985 con títulos de contundencia como lo son El imperio de la papa frita, Pato salvaje o Mala leche.

 

Salvador Villanueva: Siempre he dicho, nadie se acuerda de un poema completo pero se acuerda de un fragmento de un poema. Y ese fragmento del poema le estalla una y otra vez. Tú puedes estar 20 años después de haber leído lo que llamo un poema cursi Este domingo triste pienso en ti y de repente llega un domingo que estás triste, piensas dulcemente en alguien, y ese poema te vuelve a salir, y tú te quedas como ¡Auch! te duele. Porque la poesía que es buena duele, duele por que es como un cuchillazo que le dan a uno, porque la memoria hace que uno recupere. Yo vivo obsesionado por fragmentos de poemas. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. La noche está estrellada y ya no está conmigo. No tiene que ver con el idioma, es cualquier poema que tú hayas podido leer en el original. Tú te quedas con una de esas líneas y la llevas toda la vida contigo. Cuando menos tú lo esperas salta de nuevo y vuelve a ser vigente.

 

Si de críticos académicos hablamos, Luis Felipe Díaz tiene un lugar destacado en nuestro panorama cultural. Sus libros Modernidad literaria puertorriqueña y La na(rra)ción en la literatura puertorriqueña , entre otros, son referencia obligada para quienes quieren profundizar en el conocimiento de la literatura puertorriqueña. Podríamos hablar largo y tendido sobre su obra, pero hagamos pausa para escucharle.

 

Luis Felipe Díaz: El texto crítico también es un texto poético. No deja de ser poético. Ahora, ¿hay más poesía y menos poesía? ¿hay más conciencia de metáfora y menos conciencia de metáfora? Mientras menos conciencia de metáfora hay en cuanto a contenido e ideología, más poético se es. La poética, creo yo, es bien subliminal.

 

Es inevitable no ser consecuente, insistir con las mismas preguntas, debido a que las respuestas que dan los escritores son diversas y múltiples, incluso sobre un mismo tópico. La poeta Mayda Colón publicó en el 2008 un texto ambicioso en lo que a propuesta estructural se refiere. Dosis es el título del libro que provocó nuestra conversación. Y en esa oportunidad le pregunté sobre aquello que le definía.

 

Mayda Colón: Tú me das a escribir un poema de amor y a mí se me cuelan las calles en él. Yo no tengo opción. Yo no tengo alternativa. Yo creo que si algo me puede definir a mí misma sería la escritura social.

 

No importa lo que el sujeto, ese que siente pasión por la creación apalabrada ejecute como oficio para sobrevivir, siempre esa vocación de escritor se rebela y revela como algo central y no subordinado en su propia vida. Acerca de eso comenta el poeta y fundador del Sótano 00931, Julio César Pol.

 

Julio César Pol: La vocación mía de escritor es igual de importante como la mía de economista. Una vez, en una entrevista de radio, me lo preguntaron y contesté que me parecen dos partes indispensables de lo que yo soy, de lo que me constituye.

 

En esa misma dirección escuchamos al novelista Antonio Skármeta reflexionar acerca de su rol como intelectual. Apreciado en Puerto Rico, este narrador chileno es recordado por su participación en diversos programas de la serie En la punta de la lengua, que producen de manera encomiable Caridad Sorondo y Gil Raldiris. En una de sus visitas, Skármeta presentó en la Universidad de Puerto Rico el libro Vía crucis y redención del calvo del poeta Eric Landrón, en otra ocasión fue el invitado especial en el relanzamiento de un disco compacto de Silvia Rexach, en el que la compositora interpretaba sus propias creaciones. En esa ocasión nos dijo:

 

Antonio Skármeta: Soy un intelectual que le gusta la gente, que le gusta acercarse a los lectores. Y mi tarea como intelectual, como hombre latinoamericano, como una persona chilena política, es justamente ampliar los horizontes. Ampliar los horizontes de imágenes que se le ofrecen a la gente para mantener alerta su sensibilidad, despierta su imaginación, y eso la literatura lo puede lograr de maravillas.

 

Y para quien piensa que hacer periodismo cultural no conlleva riesgos, comparto con ustedes parte de una amena conversación que sostuve con la conocida narradora argentina Angélica Gorosdicher.

 

Angélica Gorosdicher: Todos mis libros son distintos. Lo que pasa es que la marca de la ciencia ficción es muy fuerte. Yo no escribo literatura realista. No puedo. No me sale. Siempre pasa algo. Siempre empieza todo muy suavemente y, de repente, le doy con el fierro al lector en la cabeza. Y bueno, lo jodo. ¿Qué quieres que le haga? Porque hay algo que interviene allí que no tiene nada que ver. Y Dios me libre y me guarde, no me vayas a hablar de realismo mágico porque te pego.

 

Son muchas las experiencias que atesoro de esas y otras conversaciones. Y repito, no son todos los que son ni son todos los que están. En las próximas semanas los lectores del boletín En las letras, desde Puerto Rico, si lo permite el Universo, podrán disfrutar de forma íntegra lo que hemos presentado a modo de muestra, y escucharán, sorpresivamente, otras voces que por razón de espacio no hemos incluido. Nos vemos pronto y salud para todos.

 

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03 de Agosto, 2011 · General

John Fante. Entre la niebla y el polvo

Edición argentina de ensayo sobre el norteamericano John Fante

 

La editorial argentina El Fin de la Noche publicó a comienzos de agosto de 2011 el ensayo titulado “John Fante. Entre la niebla y el polvo”  (ISBN: 9789871491346), del autor Juan Arabia (Buenos Aires, 1983).

 

El estudio, de 92 páginas, reseña inteligentemente la vida y la obra del gran narrador norteamericano. Fante (1909-1983) fue reconocido como maestro literario por Charles Bukowski (1920-1994) y su obra más conocida es la que se conoce como la "saga de Arturo Bandini", serie de cuatro novelas protagonizadas por un álter ego del escritor. El ensayo de Juan Arabia se cierra con una entrevista realizada por el estudioso argentino a Dan Fante, hijo del célebre narrador, quien brinda detalles de la compleja relación con su padre.

 

El libro puede adquirirse en formato papel y electrónico a través de la página de la editorial El Fin de la Noche y también se lo puede leer gratis desde ella (ver: http://elfindelanoche.com.ar).

 

Juan Arabia nació en Buenos Aires en 1983. Estudió Ciencias Sociales en la U.B.A., y pintura con Ricardo Garabito. Es fundador y director de la Revista Literaria Megafón, editada en formato digital y papel hasta 2009. Actualmente edita la revista de poesía Buenosairespoetry (www.buenosairespoetry.com). Señala Arabia en el prólogo a su ensayo: ““Sabemos que a la corrupción del hombre le sigue la corrupción de las formas de vida y su lenguaje; y que el precio de llevar una forma de vida distinta, una vida que amenace a los valores divulgados para hacer temblar al paralítico idioma, pueden valerle a un hombre el reconocimiento que merece. John Fante no conoció éxito alguno durante toda su vida que, en gran parte, estuvo dedicada a la literatura. Terminó escribiendo guiones de cine, un arte en el que las palabras suelen amansarse en su transposición a imágenes. Creo que escribió para cambiar al mundo, para cambiar a las personas, acaso para preservar su identidad y su experiencia. Y que si nada ha cambiado todavía, al menos para nosotros existe esa posibilidad en su literatura llena de amor, honestidad y valentía. Testigo último pero suficiente, capaz –como a él mismo le gustaba decir– de poner de punta los pelos del culo de un lobo.”
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