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Revista Isla Negra
Casa de Poesía y literaturas
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12 de Octubre, 2012 · General

El compromiso intelectual y el estado actual de la literatura


(Texto leído en la Casa- Museo Pérez Galdós, Las Palmas de Gran Canaria, con motivo de la apertura del Ciclo Nuestra America, VI Encuentro Internacional de Literatura 3 Orillas, 9 de Octubre  2012).


Juan Antonio Delgado Santana

(Sociólogo y escritor)


Puede pretenderse sin exageración que nunca ha estado la civilización humana amenazada de tantos peligros como hoy. (…) Actualmente, es toda la civilización mundial (...) la que vacila bajo amenaza de fuerzas reaccionarias armadas con toda técnica moderna. No sólo tenemos a la vista la guerra que viene. Desde ahora, en tiempo de paz, la situación de la ciencia y el arte se ha hecho absolutamente intolerable.”

Esta palabras corresponden al “Manifiesto por un arte revolucionario e independiente”, escrito por André Breton en 1937. Parecen muy actuales, ¿verdad?. 75 años han transcurrido y la amenaza continúa.

La literatura no es ciencia. Conjuga nuestra interpretación de la realidad con la fabulación, la imaginación, la fantasía, el recuerdo, la nostalgia, el anhelo, el ideal... Sí es ciencia la química, la ingeniería, la vulcanología... con todo el bagaje de acumulación y revisión del saber, con todo el empirismo deductivo que conlleva. Sí es ciencia la dialéctica (o al menos pretende serlo en cuanto descripción de la realidad social y alternativa de cambio estructural).

Pero la literatura no es ciencia: precisa de la subjetividad del creador y de la naturaleza, del mundo como escenario de vivencias. Por eso hay una literatura comprometida que invoca y exige (desde su sí mismo subjetivo) la trascendencia de la escritura más allá del puro entretenimiento, más allá del arte por el arte. Exige la transparencia de lo escrito; es decir, se aparta de la manipulación, del servilismo al poder establecido; sacrifica el ego vanidoso en pos de un “nosotros” emancipador; arrima el hombro por un mundo mejor. La literatura comprometida, pues, precisa aportar sus mejores bríos en la tarea de las responsabilidades cívicas.

La literatura es también elevación, que implica no sólo altura de miras sino el arte de escudriñar el lodo que pisamos y el acto de levantarse como personas, como creadores veraces. Dentro de sus objetivos está situar la condición humana en la más alta dignidad.

¿Cómo lo hace? Unas veces describiendo las atrocidades de la guerra, la pobreza, la penuria cotidiana de las personas que no pueden decidir su futuro, para hacer visibles estos hechos y ponerles solución. Otras veces describiendo cielos límpidos o cuajados de nimbos con motivos antropomorfos; mares bravíos donde la máxima tensión propicia el esfuerzo del héroe o la heroína; campos fértiles donde las miradas de mujeres y hombres se pierden o se encuentran; manantiales de aguas puras donde el paisanaje se solaza y disfruta del ocio arrancado a la labor cotidiana.

La Historia ha conocido escritores de toda condición y comportamiento. A grandes rasgos contemplamos de un lado personajes que sucumben al halago, al crepitar iridiscente de los privilegios y las cuentas corrientes en Liechtenstein o Islas Caimán.

El londinense George Orwell, autor de “1984”, fue miliciano trotskista en contra del fascismo español, y saltó del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) a convertirse en agente de la CIA. Delató entre otros a Michael Redgrave y a Charlie Chaplin. Afortunadamente el primero fue padre de una magnífica actriz con conciencia social y el segundo pudo protagonizar y dirigir “El gran dictador”, entre otras películas, pese a su exilio de Estados Unidos.

El peruano Vargas Llosa pasó de miembro del boom latinoamericano (que muchos consideran erróneamente un fenómeno editorial, cuando fue en realidad una convergencia de mentes lúcidas que no halló facilidades de publicación en su origen) a anticomunista visceral y lacayo imperial. Viajó en el verano del 2003 a Irak, bajo custodia especial del ejército invasor usamericano y de la OTAN, y legitimó con su prosa el genocidio y la destrucción de todo un país.

El premio Nobel de Literatura para este columnista de El País y autor ultra- neoliberal representa la misma dinámica de farsa y escarnio que significó el Premio Nobel de la Paz para Henry Kissinger en 1973 o para Obama en este siglo XXI. El poder imperial necesita al bufón, al escritor encumbrado y hedonista, al artífice de loas para los conciliábulos de la élite. Y lo necesita para aparentar tolerancia, pluralidad, para invisibilizar su discurso único.

En la otra orilla de la condición humana están aquellos autores que han sido fieles a su compromiso vivencial, a su filiación ética, a su convergencia con los más preclaros ideales de la Humanidad. El compromiso intelectual ha adquirido diversas formas y tonalidades, no exentas desde luego de controversia, discrepancia y discusión. Parece que es nuestro sino como seres pensantes y generadores de acción. Sin ánimo de ser exhaustivos pongamos algunos breves ejemplos que pueden resultar paradigmáticos.

El argentino nacido en Bélgica Julio Cortázar, autor de “Rayuela”, está considerado como uno de los autores más originales, innovadores y geniales del siglo XX. Traductor de Edgar Allan Poe y maestro insigne del relato corto, rompió moldes en cuanto a linealidad temporal, urdimbre psicológica, ruptura epistemológica entre sueño y realidad, etc. Declaró que fue la revolución cubana la que le mostró su vacío político, y a partir de esa experiencia pudo añadir un ingrediente de fascinación social en sus escritos, que culminó en su apoyo a la revolución sandinista de 1978 en Nicaragua.

El salvadoreño Roque Dalton, autor de “Taberna y otros lugares” destacó principalmente como poeta clandestino y guerrillero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y acabó siendo asesinado por sus propios camaradas, por orden de la Dirección General del partido que contaba, entre otros, con Joaquín Villalobos, hoy en día articulista neoliberal al servicio del imperio y residente en Londres.

Escribió Roque Dalton: “Un combatiente revolucionario puede hacer magnífica literatura inmediatista, e incluso panfletaria si le viene en gana o si las necesidades de la lucha cotidiana así se lo exigen; pero también sirve a la revolución si es un excelente escritor de ciencia-ficción, ya que la literatura, entre otras funciones, cumple la de ampliar los horizontes del hombre.”

El norteamericano Dashiell Hammett, autor de “Cosecha roja” fue el iniciador de la moderna novela negra. Activo miembro antifascista y amigo de sus amigos, rehusó proporcionar información al Comité inquisidor del senador McCarthy, por lo cual fue encarcelado e incluido en la lista negra del muy “democrático” tribunal. La novela negra (que debe su nombre a que originalmente fue publicada en la revista Black Mask) trata de reflejar la atmósfera de corrupción del poder político, judicial y policial, la violencia implícita y la degradación del alma humana en los habitáculos del capitalismo más depredador y voraz. Junto a Horace McCoy (“¿Acaso no matan a los caballos?”) y Jim Thompson (“1280 almas”) describe ambientes (tanto de luz diamantina como de oscura marginalidad) donde el crimen convive con la alienación, donde el análisis introspectivo importa más que la propia resolución del crimen. Pero en las novelas de Hammett prevalece también --como contrapartida-- la verdadera camaradería, la amistad, el amor, la validez de la palabra dada, la ayuda desinteresada.

André Bretón (que tuvo el privilegio de visitar nuestras Islas, Tenerife concretamente) trató de aplicar sus criterios artísticos al mundo de la política. Entendió el arte como algo rebosante de vida propia e inscrito en un contexto determinado, algo que al fin y al cabo no puede ser ajeno a la realidad cotidiana y estructural de la política. De ahí que hiciera confluir, en su utopía literaria y vital, el deseo de cambiar la vida (de Jean Arthur Rimbaud), con la voluntad de transformar el mundo (de Karl Marx).

Breton recorrió el camino de la indagación y la subversión permanentes, hizo de su obra un faro crítico e imaginativo, en pugna abierta contra los poderes establecidos. Calumniado por sus antiguos compañeros del movimiento surrealista, recibió ataques tanto de quienes concebían la labor creativa como una tarea exclusivamente individualista y rehusaban la solidaridad consciente, como Antonin Artaud; como también de quienes, como Louis Aragon, acataron acriticamente las arengas burocráticas del “socialismo en un solo país”. Pues Breton denunció los procesos de Moscú de los años 30, que supuso el fusilamiento de la vieja guardia bolchevique, aquellos compañeros de Lenin que habían sobrevivido al zarismo y ahora eran considerados rivales u obstáculos al poder omnímodo de Stalin. Por eso fue Breton a México a visitar a Trotski. Años más tarde se posicionó contra el colonialismo francés defendiendo el derecho de los naturales de la tierra de Abd-el Krim a la independencia.

Podríamos citar más nombres: FranÇois Villon, Cervantes, Pablo Neruda, César Vallejo, Otto René Castillo, Miguel Hernández, Antonio Machado, Secundino Delgado, Pedro Salinas, Jean Paul Sartre, Alfonsina Storni, Simone de Beauvoir... La lista es muy larga, afortunadamente.

¿Qué encontramos hoy en los estantes de las grandes superficies o de los comercios más prestigiosos en la llamada sociedad global? Veamos un breve catálogo.

New Age: En tu interior está todo, autoayúdate, el mundo es completo y está bien...; Falsificación histórica: Los golpes fascistas se ensalzan, sobre el islamismo recae la culpabilidad global, se legitima el Nuevo Orden Mundial...; Pensamiento débil re-descubierto: todo vale, vivimos en el mejor de los mundos posibles, ¿transformación para qué?...; Autobiografías de políticos convencionales decadentes, donde la única verdad comprobada es la fecha de nacimiento... Novelas de modas efímeras como el vampirismo ultra- redivivo con estética al estilo James Dean o el erotismo sofisticado con toques de glamour... Pero ¿quien regala hoy libros sobre las aventuras de Harry Potter a niños y niñas de 13 años en sus cumpleaños? ¿Quien recuerda la obligatoriedad (bajo pena de excomunión terrenal) de leer el Código da Vinci u otras obras del mismo estilo?

Al igual que los alimentos transgénicos (productos de la manipulación genética) inundan la alimentación actual (que según investigaciones independientes provocan daños a la tierra e infertilidad en los seres humanos), también existen los transgénicos en literatura. Provocan alienación y adicción a la literatura basura. ¿Y qué decir de los escritores- estrella que contratan escribientes de alquiler, los cuales ponen sus plumas al servicio de apellidos ajenos?; escritores- estrella que publican libros como los alfareros modelan vasijas de barro. ¿Podrían los auténticos escritores publicar con sus verdaderos nombres y apellidos? Difícilmente. Hoy en día la industria publicitaria configura el mercado y dictamina las cifras de venta. La publicación en papel, salvo honrosas excepciones, es asunto de las grandes editoriales, cómplices del poder neoliberal.

Vemos en los muros de las ciudades del mundo, desde Belgrado a Kabul, desde El-Aaiun a Tegucigalpa lo que no podemos leer en las ediciones de papel.

Claro que existen los libros libres en formato virtual PDF que son colgados en webs alternativas y se pueden descargar gratuitamente desde el ordenador personal. También existe el mercado de libros de segunda mano que fomenta el precio barato o proporciona el intercambio a través de redes de contacto cultural. Existe Internet, una fabulosa invitación al futuro, con caminos aún poco transitados o no descubiertos. Pero las leyes represivas, fieles servidoras de las multinacionales, permanecen al acecho para perseguir la disidencia, como la Ley Sinde- Wert en el Estado español. El debate sobre el canon y la remuneración de los escritores sigue vigente.

Escribía Carlo Frabetti, matemático y ensayista, escritor especializado en literatura juvenil: “Soy escritor profesional y vivo fundamentalmente de mis derechos de autor. Pero cada vez que en mis frecuentes viajes a Latinoamérica descubro una edición “pirata” de alguna de mis obras, lejos de indignarme o acongojarme me llevo una gran alegría, pues es una señal de que lo que escribo interesa a quienes no pueden pagar el excesivo precio que se suele cobrar por los libros.”

Resulta muy grato y reconfortante poder hablar aquí, en esta Casa- Museo, donde se percibe la presencia de aquel hombre de admirable generosidad, irreductible timidez y profundas convicciones humanistas que fue don Benito, máximo estandarte de la novela realista en lengua castellana. De bien nacidos es estar orgullosos de ser paisanos de uno de los escritores más destacados de todos los tiempos. Nuestro don Benito fue un firme candidato al Premio Nobel de Literatura en 1912, pero una campaña de desprestigio por parte de una camarilla de personajes ultracatólicos y reaccionarios, disuadió a la Academia sueca de galardonarlo.

Conmemoramos hoy precisamente los 45 años del vil asesinato de Ernesto Che Guevara a manos de la dictadura boliviana en connivencia con el imperio usamericano. Convertido hoy en símbolo perenne de rebeldía lúcida frente a la opresión, su espíritu incorruptible plantea la vigencia insoslayable de la dignidad y el heroísmo, la lucha tenaz por la defensa de la justicia.

El arte verdadero, aquel que se nutre de la experiencia humana y del anhelo de libertad, ha de aspirar a una reconstrucción integral de la sociedad, y para ello precisa de conciencia sin límites y capacidad crítica sin sometimiento. En esa tarea estamos. Gracias.

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12 de Octubre, 2012 · General

Antonio Cisneros

 
Porque fui muerto y soy resucitado
Por Hildebrando Pérez Grande
 
 
La muerte es un escándalo. Más aun cuando nos parte el alma de un hachazo feroz. Y más aun cuando se trata de alguien que, desde diversos códigos y banderas y quehaceres comunes, forma parte de nuestras vidas. Es el caso del poeta y amigo Antonio Cisneros (Lima, 1942 -2012). Como él lo diría con su inconfundible tono burlón: no sé cuanto marca en el debe o el haber de mi vida, pues, desde los inicios de la década del 60’, tuvimos la dicha de conocerlo en las aulas sanmarquinas. Qué se perdió o ganó entre estas aguas. / Acuérdate, Hermelinda, acuérdate de mí.
Desde Destierro (1961) hasta Un crucero a las islas Galápagos (2005), pasando por libros memorables como Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1968), que fue celebrado en todo el ámbito hispanoamericano y que aun mantiene su predicamento poético y Como higuera en un campo de golf (1972), acaso su libro más entrañable, sin postergar ese notable cambio de registro que hace gala en Las inmensas preguntas celestes (1992),  la poesía de Antonio Cisneros  ha sido una fiesta de la palabra, la inteligencia, el humor, la ironía y de una mirada impecable y redentora de la exaltante realidad que nos rodea, con el toque de una irreverencia saludable.
Desde la década de los 70’, la obra lírica de Antonio Cisneros lo perfila como uno de los mayores poetas en lengua española y uno de los más traducidos a otros idiomas modernos,  hecho que lo distingue visiblemente dentro de su marco generacional. Los estudiosos, desde diversas perspectivas críticas, coinciden en alabar  el virtuosismo de su escritura, su temprana maestría con el lenguaje poético contemporáneo, el atinado uso del distanciamiento brechtiano y el rigor crítico con el que rechaza el facilismo, el panfleto, el tono dulzón y melodramático y ejerce más bien la mirada interdisciplinaria, la actitud dialógica, la crítica  puntual de los desmanes de la alienación contemporánea, y la manera cómo verbaliza estremecedoramente–con el lenguaje culto o el vitalísimo lenguaje de la calle-, su sincera reconversión, esa suerte de dar la palabra al hijo pródigo, quien, con la magia de un nuevo lenguaje, distante ya del versículo y la vana actitud iconoclasta, expresa una visión ecuménica con una nueva y espléndida  dicción. Por todo ello, nuestro poeta mereció las más altas distinciones y reconocimientos tanto en el plano nacional como el internacional.
La obra lírica  de Antonio Cisneros no sólo honra a la poesía hispanoamericana sino que también es  un discurso ejemplar que desde hace ya medio siglo batalla de manera transparente por nuestra planetaria  condición humana. Es verdad que ahora estamos tristes, consternados,  más despoblados que nunca, pero por siempre escucharemos su tambor.

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08 de Septiembre, 2012 · General

Antonio Aliberti

 

Messina, Italia – Argentina – 1938 – 2000

Internet

 

No renuncio a entrar a la red
y ser un punto virtual
entre millones de puntos virtuales
de todo el universo. Acepto el juego.
A lo que me opongo es a renunciar
a la caricia, a la palmada en el hombro
y, sobre todo, a prescindir
del antiguo saludo del sol,
los dedos de la lluvia
meciendo mi escasa cabellera.
Adhiero a la ilusión,
pero aspiro a la necesidad
de que el hombre se conmueva por el hombre.

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08 de Septiembre, 2012 · General

Antonio Arroyo Silva

 
Islas Canarias

agosto 1985

 

diario de un poeta recién casado:

no preguntes por qué el ritmo ha de alterarse

desde el primer instante que el verso se vacía

de espinas y se sube a  las jarcias a dolerse a sí mismo

 

los amantes lo ignoran

han bajado el imán de las brújulas

al curso de las manos: 

y galopan el lomo azul del mar

 

                                                                    en “Material de nube” 
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07 de Marzo, 2012 · General

Mario Antonio Rosa: el placer de la lectura o la poética esencial

 

En las letras, desde Puerto Rico (Serie En sus propias palabras)                          

por Carlos Esteban Cana

Este poeta regresó de México, lugar donde participó intensamente de la vida cultural, con un compromiso generacional hacia el País. Sentía, según él mismo lo revela, que en ciertos espacios en Puerto Rico la literatura se estaba convirtiendo en una tarde aburrida del viernes en un salón de fiesta. Por eso se dio a la tarea de salir de recintos académicos y de zonas metropolitanas y buscó, entre la diversidad, excelencia en voces creadoras que trascendían el compadrazgo y la norma.

Después ha viajado al escenario donde Lorca fundamentó el motivo de sus versos, y poco a poco, sin necesidad de padrino alguno, ha desarrollado una firme trayectoria como poeta. Libros como Misivas para los tiempos de paz, Tristezas de la erótica o Duelo a la transparencia deben figurar en la biblioteca de todo amante de la buena poesía. Paralelamente, este escritor ha desarrollado un estilo propio como crítico literario, que lo ha llevado a reseñar la obra de los principales creadores de los últimos 20 años. Oficio que le permite, además, comunicar con belleza y pasión lo que implica el ejercicio de la lectura. Mérito asombroso en una comunidad literaria donde muchos quieren ser leídos, pero en la que casi nadie, muy pocos, se dan al placer de leer y escuchar a los demás.

Su libro más amado le ha tomado 15 años para llevarlo a su punto final. El poeta se confiesa muy revisionista, por lo que no descansa hasta que la palabra exprese con exactitud lo que desea comunicar. Así, bajo esa exigencia autoimpuesta, comenzaron a surgir los poemas de este poemario en Kingston, Jamaica. Libro que desde su nacimiento, a mediados de la década del 90, no dejaba de retarlo una y otra vez. Tres lustros después, Kilometro sur llega a manos del lector. Por tal motivo, En las letras, desde Puerto Rico dedica esta edición al poeta, ensayista y crítico literario Mario Antonio Rosa.

 

Mario Antonio Rosa en sus propias palabras

Comienzos

Mi padre siempre me estimuló desde muy niño a leer. Mi papá era ingeniero pero antes fue maestro normal. La práctica de ingeniería la hizo en Cataño en una fábrica de motores aviones. Sin embargo él era un lector, disfrutaba muchísimo la lectura. Muchas de las asignaciones que me daban en el Colegio Nuestra Señora de Lourdes, las hacíamos juntos, especialmente las de historia y estudios sociales. Recuerdo que un día, que me asignaron buscar información sobre Gabriela Mistral, la gran poeta Premio Nobel, papi me ayudó con la enciclopedia y con unas referencias. Gabriela Mistral fue la primera poeta que me llamó la atención. Papi me dijo: “Sería bueno que transcribieras unos de los poemas”. Mi padre, que siempre me estimuló a que tuviera contacto con la lectura y la vida cultural, consiguió el libro que se titula Desolación, y yo transcribí unos cuantos poemas de ese libro. Y puedo decir que desde ese momento comencé a sentir un apego, una cosa instantánea hacia la poesía y la literatura en general.

Papi, que siempre me traía libros, llegó un día con un libro que se titula Romancero gitano de García Lorca. Y ese primer contacto con el Romancero me llevó a escribir poemas. Era poesía que utilizaba todo el tiempo la estructura del romance. Y ya a los 12 ó 13 años estaba haciendo poemas para mí. Siempre fui algo tímido para exponer mi poesía ante lo demás. A lo único que me atreví fue a escribir el poema de la clase graduanda 1984 en la Escuela Superior Rafael Roca de Naguabo. Si no me equivoco a la pieza le titulé Exodo y encomienda. Durante el transcurso, antes de que pasara eso, llegaron muchos autores a mi mesa de lectura. Llegó Neruda, llegó Rilke, llegó Heaney. Comenzó en mí una particular identificación con la poesía europea, la poesía de vanguardia francesa, la moderna, la poesía simbolista. Esos libros los compraba o papi me los traía, y con otros simplemente aprovechaba la hora de almuerzo y los leía en la biblioteca escolar. Esa biblioteca estaba al día gracias a la Profesora Peña y la misma estaba dotada de una buena colección de poesía. Después llegó también Vallejo, el creacionismo de Huidobro y Leopoldo Lugones.

Los que están inmersos en el placer de la poesía tienen una comunicación muy íntima con los libros. No se lee por leer. Hay mucha gente por ahí que lee por leer. Lo ideal es leer y sentir a la vez. Leer y visualizar lo que estás leyendo. Leer y sentir que no eres tú, sino sentirte el propio poeta y ver qué estaba contemplando, por dónde estaba caminando -lo digo en el plano espiritual y lo digo también en el plano terrenal-. ¿Qué estaba viviendo? ¿Cómo sería eso? Es como cuando tú lees el poema que le escribe Federico a Ignacio Sánchez Mejía, La sangre derramada. Tú cierras los ojos y lo puedes sentir. Puedes ver toda esa situación cuando el toro, prácticamente, masacra a Ignacio, lo mata en la cornada. Entonces tú ves todas esas imágenes como en una película. Siempre se da una situación de que tocas el libro y sientes lo que te puede decir. Si no te dice nada no lo debes abandonar, lo pospones hasta que llega el momento que ese autor, ese libro, te pueda decir algo. Yo digo que yo conozco a los autores, por ejemplo, cuando me encontré con el libro La estación violenta, ya yo conocía a Octavio Paz pero lo conocí mejor a través de ese libro. Es como un diálogo, como si nos sentáramos aquí, el autor y yo, y empezáramos hablar me dijera: “Mira, esto es lo que te quiero decir.” Entonces tú lo sientes, te estremeces, y en algunas ocasiones reflexionas sobre varios momentos de tu propia vida.

Yo crecí, como todo adolescente, con unos conflictos muy profundos, pero papi siempre me alentaba y añadía una cosa muy curiosa. Decía que no siguiera a la mayoría. “Tú nunca sigas la mayoría”, me decía. “Tú siempre lucha por ser de los pocos, porque ahí es que vas a encontrar verdaderamente el conocimiento. Hay muchas cosas que la vida misma te va a enseñar, pero si toda una muchedumbre va por un pasillo corriendo, tú no sigas también corriendo por ese lugar. Vete al pasillo donde menos gente halla y verás que siempre te vas a llevar muchas sorpresas.” Y echo de menos eso, echo de menos a ese hombre que era un sabio, y que en alguna época no supe valorarlo. A mami yo la adoro, de ella aprendí la verdadera filosofía del trabajo. Antes de casarse mami trabajó en el restaurante Bonaire que estaba ubicado, si no me equivoco, en la parada 22 en Santurce. Ella supervisaba a los mozos en el turno de noche, que era hasta la madrugada. A ese restaurante, que estuvo muy de moda, iban artistas como Silvia Rexach. Y ahí fue que ella conoció a Papi y después dejó de trabajar. En cuanto a que yo escribiera poesía mami no quería saber nada. Me decía que dejara esas loqueras, que eso era una porquería, por eso cuando papi y yo hablábamos de poesía lo hacíamos en el patio pero no delante de ella. Él me decía: “Si escribes poemas me los enseñas a mí, no se lo enseñes a tu madre.” Incluso una vez papi me dijo: “Haz una cosa, no tires a la basura esos poemas. Guárdalos y un día de estos, más adelante, siéntate y léelos de nuevo, reevalúalos, y entonces trabájalos. Pero nunca renuncies a eso.”

Mi proceso de seguir caminando en la poesía no fue fácil, se hizo muy difícil porque con la primera persona que tuve que luchar, en una época de mi vida, fue conmigo mismo porque no creía en mi trabajo. Quizás por la dinámica que tuve con mami. No sé. Ya yo me estaba identificando con una primera forma de trabajo que era el poema largo, me gustaban los poemas épicos. Trastocaba a Homero, pero te confieso que aún al principio no lo entendía. Aunque lo veía como una cosa tan maravillosa no lo entendía. Coqueteaba un poco con Paraíso perdido de John Milton, que es una de las propuestas más poderosa que se ha hecho en la historia de la poesía universal; del hombre frente a su yo interno, frente a su alma, y el acercamiento al universo en todos los planos. Entonces empecé a entrar en esos mundos de la observación interior, con una rebeldía que buscaba una liberación. Buscaba una identificación con la plenitud de la vida, con la plenitud del amor, con la plenitud de la libertad. Aquí hablamos de democracia y no somos libres. Vete un día y transita las principales avenidas por la tarde, para que veas que la gente está prisionera de su vida. A veces ni la propia familia proporciona un espacio de libertad y de realización. Y tú ves todo eso y notas que el ser humano no es libre. Por eso pienso que el poeta tiene que ser un ser humano completamente libre y los que estén compartiendo su vida tienen que comprender ese modo de vida, saber que esa libertad no se puede tocar. No es la libertad que conocemos de derechos, sino que es la libertad de acá dentro, de la esencia. Tiene que ser así para que uno, como poeta, pueda alcanzar o pueda aspirar a la cercanía de la excelencia.

La continuación del proceso: lo demoledor de la poesía

En el transcurso de mi liberación poética fueron capitales dos personas. Mi hermano Juan Antonio Rodríguez Pagán fue el primero, aparte de papi, que me dijo: “Esto vale.” Tuvimos mucho pulseo, muchos debates intelectuales, porque yo me resistía a publicar y él insistió, insistió hasta que llegó el momento en que me atreví. Por eso le dedico a él y a unos amigos inolvidables Misivas para los tiempos de paz. Pero fue Juan y Francisco Matos Paoli las dos personas que me enseñaron que yo tenía una labor que hacer y que esa labor conllevaba unos principios. No sólo se trataba de escribir sino que asumir la poesía era en su sentido esencial un acto de compartición y no un acto egoísta. Para asumir la poesía había que hacerlo con humildad. Y es así. No se puede ver la poesía como si fuera un juego de baloncesto, a ver quién mete más canastos de tres puntos, quién defiende mejor y quién es el mejor anotador. No. La poesía no es eso. En la poesía no se compite. La poesía es un proceso de compartición y un proceso de discernimiento continuo. Y cuando tú estás en un País como este, con la situación que estamos viviendo, la poesía tiene que ser un testimonio de verdad y un testimonio que permita despertar conciencias. La poesía no es pretender que me rindan pleitesía y que me hagan una estatua. No. La creación se da mediante un proceso colectivo, un proceso que se da entre todos. Por eso no debe existir esa actitud de egos en la que uno piense que el otro le puede opacar, que es un complejo que tienen muchos escritores aquí. Los egos hay que dejarlos a un lado.

En mi proceso creativo he explorado el ensayo y la dramaturgia pero el primer andamio se da con la poesía. Aunque trabaje en otros géneros siempre permanecen los elementos que nutren al poema. Siendo cartesiano por naturaleza, dudo, pienso y existo. Siempre tengo la duda presente en mis creaciones, esa duda de si el poema  cumple realmente con lo que yo quiero comunicar. Si no es muy hermético o soy demasiado denso. Cosas así. Por eso digo que mi proceso siempre es un proceso de observación. Cada día vivo no mirando, sino observando todo lo que me rodea. Las observaciones se hacen desde el corazón y no desde el intelecto, y esas observaciones te empujan a un título, te dicen un título, te nombran un título: yo quiero llamarme esto. Desde ese título, que es lo mismo que decir toda esa observación diaria, van surgiendo temas que adquieren cuerpo y forma. Temas que piden que hagas luz, que le des forma adecuada para comunicar. Incluso ocurre en el momento de escribir la columna en Claridad, en la que siempre trato de tener la frialdad propia y característica de los periodistas, pero como siempre parto de la poesía es inevitable que esa luz que da el verso y la metáfora no sea parte de la historia. No puedo excluir la poesía del reportaje de turno que esté realizando. El proceso poético esta inherentemente relacionado a la capacidad de observación y se logra cuando a la misma vez se vive lo que estás observando. Siempre lo resumo así. Incluso aunque el poema sea negativo, aunque sea de crítica, siempre hay una aceptación y una exposición de espiritualidad. El poeta es un ser espiritual lo quiera o no. Lo niegue o no lo niegue. En el mismo Nerval, en Rubén Darío, en Vallejo, Huidobro o en Nicanor Parra con toda su antipoesía, está el complemento de cierta unidad espiritual. Tengo una definición muy personal sobre lo que es espiritualidad y para mí es, sencillamente, acercarse a una expresión transparente. No necesariamente tiene que ser pura pero sí transparente, una expresión que permita libertad al propio ser y al ser con respecto a lo que le rodea. No hablo de la libertad que predican los proselitistas, ni la espiritualidad que se conoce de las iglesias. Sino de esa libertad que la misma expresión te permite y te hace capaz de hacerte un humano espiritual. Y esa espiritualidad personal de cada poeta no es algo en la que uno esté como flotando ajeno a todo, sino que también se traduce en la búsqueda de la verdad, por eso la denuncia. Y cuando esa expresión se logra de una manera exacta y perfecta, es demoledora. Por eso ciertos sectores rechazan tajantemente, temen y abominan esa verdad. Por eso para ellos la poesía es inaceptable.

 

Primeros libros

Mi primer libro se titula La soledad despierta, poemario que apenas menciono pero que marca el principio del proceso, cuando salía del caparazón hacia afuera. En ese libro se materializaba la conciencia de que tenía que aceptar mi relación con la escritura. Lo escribí a los 19 ó 20 años y señaló ese destino que teníamos la poesía y yo. Se compuso sin ninguna intención de unidad temática, pero son principalmente poemas de amor, poemas nerudianos completamente. Habita y cohabita el Neruda de Residencia en la tierra, el Neruda de Los sonetos de amor. Bajo el crisol de mi crítica actual, que es como un toro desbocao, yo diría que el poema que cierra y que da título al poemario, sería el único poema que sobreviviría. Incluso he pensado re-escribirlo, pero soy muy cauteloso a la hora de retomar un libro. Sería un proceso hermoso pero, a la vez, es delicado porque si uno le sigue puliendo, puliendo, como dice Miguel Hernández: “¡Dale, dale, ay, hasta la perfección!” podría convertir el libro en algo muy seco, muy estructurado. Por eso estoy alerta para cuando el mismo libro te dice: “¡Déjame!” Y ahí tú tienes que ejercer tu libertad, y decir: “Bueno, está bien, te dejo” Hay que dejarlo ir. Eso es parte del proceso.

Para el primer libro estudiaba humanidades en el Recinto de Humacao, de la Universidad de Puerto Rico. Y también para la época colaboré con Juan en un documental titulado Francisco Matos Paoli: la entrevista esencial. Yo estaba en calidad de libretista y fuimos un sábado a casa de don Paco. Estuvimos desde las diez de la mañana hasta las siete u ocho de la noche, y el impacto fue demasiado, podría nombrarlo como un verdadero acontecimiento en mi vida. A Juan Antonio y a Francisco Matos Paoli les debo mucho.

La amanecida, fue un segundo libro ya de carácter artesanal. Se divide en dos partes, la empírica y la que experimenta con el ars poética. La amanecida es un solo poema en 50 páginas. Versos chiquitos que son como cuenta gotas.  Lo hice bajo Ediciones Cundiamor.

Para esos años había comenzado a leer poemas en público, pero para nada había pensado en publicar de manera formal. Sí me había traslado a finales de los 80’s al Recinto de Rio Piedras y allí me encuentro con poetas como Eric Landrón, el primer Elidio La Torre, jovencito, con sus poemas de Embudo, Angelamaría Dávila. Y, sin embargo, el estar en ese recinto tan enorme, me hacía ser más reservado, aun cuando en Humacao yo había fundado una pequeña revista literaria llamada Aurora. Por eso Juan y don Paco fueron tan importantes en esa época de mi vida. También me inspiraron a seguir adelante los poetas de Guajana, específicamente Vicente Rodríguez Nietzche y Andrés Castro Ríos.

Acuérdate que yo estudié en una época, entre los 80’s y los 90’s, que la poesía era una práctica exclusiva de académicos. Era difícil acercarse a los poetas que ya tenían nombre, y recibir algún estimulo de ellos era casi imposible. Por eso es que muchos de los egresados de la generación del ochenta todavía tienen esa actitud. Y fue esa actitud la que nuestra generación, los que hemos venido después, fuimos rompiendo poco a poco, a marronazos. Esa pared era una pared enorme, y poquito a poco fuimos cambiando la cosa. En aquella época, que alguien que estaba comenzando se les acercara a esos escritores era como decirles malas palabras. Ellos creían, y algunos todavía lo creen, que para ser poeta hay que hacer estudios graduados y conseguir un doctorado. Y algunos de los poetas jóvenes que emergieron después y han logrado un poco de fama también cayeron en esa misma práctica. Por eso siempre tengo presente las palabras de Rosa Montero cuando dice que la fama es la manera más barata del éxito, y yo creo totalmente en eso. También hay otros poetas de los 70’s que son recalcitrantemente indeseables, en el sentido de que uno no se les puedes acercar si antes no te identifican; de no saber quién tú eres te rechazan. Es una mala práctica. El ego no puede nublar una conciencia literaria. O sea, si doy un taller de poesía no es para que me adulen, doy el taller para compartir y brindar el concepto de la poesía, el principio de la poesía. La mejor manera que un poeta tiene para sentirse fiel a sí mismo, sentirse más libre, más pleno, es brindando el conocimiento de libertad que la poesía otorga. Cuando hago un taller literario no lo hago queriendo hacer un club de modelos para pasarelas, y es ahí, en esas “pasarelas” que se adquieren malas actitudes y malas practicas; eso de que quítate tú pa’ ponerme yo, no tiene nada que ver con ser poeta. La competencia no es con nadie sino contigo mismo, con nadie más. Tú haces poesía, yo hago poesía y podemos caminar juntos ese amplio pasillo creativo. Y tú tienes tu estilo y yo tengo mi estilo. Pero pretender que el foco de atención esté todo el tiempo en uno, es algo absurdo. Completamente absurdo.

 

El poeta en pleno curso: Misivas para los tiempos de paz, Tristezas de la erótica y Duelo a la transparencia

Misivas para los tiempos de paz es integrado por poemas que recorren el estado de soledad del poeta, que es un estado necesario. La soledad como un planteamiento existencial del ser es un tema que yo trabajo desde diferentes aspectos. Hablo de la necesidad que tiene el ser de alcanzar esa verdad necesaria que permite al sujeto complementar muchas cosas que rodean su propia vida. Misivas para los tiempos de paz se ocupa del planteamiento político de 1950, en sus páginas también el lector encuentra la fascinación con los mitos bíblicos como el de Jonás y la ballena. Está el planteamiento del héroe en la Epístola para el Ché Guevara. Está el dilema del amor y está el dilema de enamorarse en la línea de piquete en una huelga obrera. Los poemas de este libro son tipo carta. Originalmente las piezas iban a ser todas contra la guerra, pero otros temas fueron ocupando la piel del libro. Vivencias acerca de lecturas y un re-encuentro con ese embrión cristiano, que estaba antes de la bohemia, antes de todo.

Tristezas de la erótica empieza a escribirse en el 2001, aunque se publica en el 2004. Y cuando la gente me pregunta por la razón del título les digo que la erótica aunque la relacionamos generalmente con el placer, con lo que llaman en inglés el glee, también esta asociada a la consumación de todos los sentidos. Son tristezas porque llega la ruptura con la persona amada, se rompe el cauce, se rompe todo y en esa tristeza se recuerdan esos momentos hermosos. Un libro estructurado, escrito con toda la intención de hacer una unidad temática que se da con naturalidad. Yo me propongo esa unidad temática pero después me olvido de que me la había propuesto. Ese libro recrea esos momentos de felicidad del cuerpo y del espíritu pero ya en un plano de completa soledad. Y en ese plano se recuerdan así, con tristeza. Irremediablemente esa es la emoción que te otorga la soledad para observar esos momentos. Tristezas de la erótica se ocupa de la relación que tuve con la que fue mi esposa.

Duelo a la transparencia es una búsqueda de una autenticidad de la palabra. Lo comencé a escribir en Guadalajara en 1997 y lo termino en Puerto Rico. Hasta cierto punto dialoga con el libro anterior. Es una continuación de lo que pasa después. En ese poemario intento retomar unos símbolos que había abandonado. Quería acercarme, a como diera lugar, a una expresión pura. Y tengo que reconocer que aunque en ocasiones esa ambición extrema pueda ser mala es también de deliciosa. Los temas del alma y el ser, el ser humano ante la vida, la soledad y la muerte, habitan las páginas.

Una anécdota curiosa con ese libro fue que tuvo dos portadas. La primera contenía una obra de una artista reconocida, que la editorial había asignado a mi libro sin problema alguno, pero hubo que retirarla porque la artista en cuestión protestó: era ella y no la editorial quien seleccionaba los autores que recibirían su obra. Finalmente se realizó una segunda portada con la obra del pintor dominicano Ezequiel Taveras.

 

El proceso creativo en el poeta o ese lugar fuera de la coordenada terrenal

La poesía en momentos se me da por las tardes. Hay otros momentos en que la plena luz del día me incita a escribir. Tanto Misivas como Tristezas de la erótica, son hijos del medio día y del crepúsculo. Misivas se daba siempre de medio día hasta por la tarde o la noche. Podía estar más de cinco o seis horas escribiendo, por segmentos o fragmentos. Sucede que un fragmento puede estar descansando una semana, dos semanas, o puede que lo siga al otro día. Me la paso haciendo observaciones durante el día y en otros momentos quedo en una especie de mutismo, callado, como si me fuera de la coordenada terrenal. Una cosa como que te hala hacia adentro, pero que cuando estás así vas viendo los versos escritos. Casi siempre hay silencio cuando trabajo la poesía, y también la trabajo con boleros o música clásica. Uno se transporta hacia un mundo interior, y me ocurre cuando estoy solo y también cuando estoy entre la gente. Así me pasa cuando escribo las columnas.

Estoy leyendo a Sylvia Plath. Me encanta. Murió muy joven, en el 1963. A veces estoy leyendo tres libros a la vez. Confieso que todo el tiempo leo poesía. Sí leo prosa, pero soy más selectivo. Por ejemplo, recientemente estaba leyendo un libro de Rosa Montero que se titula La loca de la casa que habla de la situación del escritor hoy. Habla de lo que es la literatura, de las traiciones que esta sociedad puede hacerle a un escritor.

El escritor, el verdadero escritor, volvemos, es un ser espiritual, aunque lo niegue. La moda en los tiempos que nos ha tocado vivir es de escribir y vender. Pero el verdadero escritor siempre tiene que buscar en cada obra que escribe, la navegación de su propia espiritualidad. No lo vacuo o pueril. Incluso es evidente hasta en los casos de aquellos escritores más renegados. La sensibilidad nutre la lectura, la lectura nutre la sensibilidad, la misma lectura incita al ser a la búsqueda. El escritor es una esponja y recibe del mundo exterior visiones que el hombre y la mujer cotidiana no pueden ver. El verdadero creador tiene el gran problema de que es doble y hasta triplemente más sensible que ese otro ser humano que es normal, que se dedica a comprar autos nuevos,  de llevar al detalle las cuentas bancarias, y que cada año termina en Disney con la familia. El escritor tiene el problema de que no puede limitarse a eso. Aunque tenga que sobrevivir haciendo todo tipo de trabajos, jamás podrá instalarse de forma completa. Incluso hasta en la rutina de dar clases se da la abstracción de lo cotidiano; se transporta uno y los estudiantes a otro mundo, a otro estadio, a otra dimensión tan terrenal y tan válida como la del hombre o la mujer que tiene otro oficio.

Siempre supe y me sentí identificado con la reseña crítica, pero no la reseña que enfatiza el elemento que solamente se ocupa de decir qué es feo y que es liviano en una propuesta literaria. Yo, sin embargo, busco una manera de develar al sujeto que está implicado en la propuesta creativa. Busco otras cosas a la hora de acercarme al género. La misión en las columnas es buscar lo que está detrás de esa obra y siempre hay algo que ese poeta, ese narrador o ese dramaturgo dice, comunica, revela con novedad, aunque estemos hablando de temas eternos y transitados en la literatura. No me voy por las vías tradicionales de la crítica. En cambio, trato de sintonizar con lo que expone el artista, y me doy a la tarea de hacer esa búsqueda del sujeto artístico en su propia obra.

Hacer crítica y análisis de una obra casi me susurra al oído cuál será el próximo paso que ese escritor dará en el futuro, y eso es algo maravilloso.

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08 de Febrero, 2012 · General

Gramsci: La fuerza de las ideas


por  Antonio Leal

 
Gramsci: La fuerza de las ideas
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Aspectos que destacan en la búsqueda de Gramsci entre los jóvenes de hoy es seguramente que su elaboración se inscribe en una corriente que coloca de relieve el factor de la subjetividad, de la espiritualidad, de la ética, de la estética, estableciendo un nuevo nexo entre sujeto y objeto, entre medio y fin, que permite descubrir en ellos profundas categorías que no fueron parte de la tradición marxista clásica.

El pensamiento de Antonio Gramsci parece estar de regreso en la reflexión de muchos líderes estudiantiles que han encabezado las protestas en Chile el año 2011. Esto ocurre también en otros lugares del mundo donde se habla por parte de los jóvenes de las revueltas con soltura de “hegemonía”, “sociedad civil”, “catarsis” y otros términos que forman parte del léxico gramsciano. El interés por descubrir el pensamiento de Gramsci se liga a la nueva subjetividad surgida como efecto de la crisis de la economía internacional dominada por el modelo neoliberal, por los efectos de la globalización y el impacto de la revolución digital en las comunicaciones.

Aspectos que destacan en la búsqueda de Gramsci entre los jóvenes de hoy es seguramente que su elaboración se inscribe en una corriente que coloca de relieve el factor de la subjetividad, de la espiritualidad, de la ética, de la estética, estableciendo un nuevo nexo entre sujeto y objeto, entre medio y fin, que permite descubrir en ellos profundas categorías que no fueron parte de la tradición marxista clásica.

Muchos estudiosos han calificado a Gramsci, Bobbio entre ellos, como el “teórico de la superestructura”. Esta calificación es útil pero reductiva ya que Gramsci es el teórico del bloque histórico y siempre subraya el significado de la interrelación entre ambas esferas, es más, se siente incómodo en esta definición, va mas allá y establece que el propio proceso productivo es necesario enmarcarlo no solo en la visión de la economía sino también en el de la filosofía de la praxis. Dicho esto, lo cierto es que Gramsci reconceptualiza y reubica formulaciones filosóficas y políticas anteriores para determinar un nuevo escenario cultural.

Desde el  punto de vista metodológico, Gramsci supera una forma de aproximarse a los problemas que fue típica de una parte de la izquierda marxista: ver la realidad filtrada por un conjunto de pre-supuestos más que como un proceso de descubrimiento de las novedades.  Gramsci es un crítico implacable de las tesis reconstituidas, de los “objetivismos” y de los “determinismos” económicos que caracterizaron una parte importante de la elaboración del marxismo clásico.

El busca desentrañar el saber, el conocimiento, a partir de los procesos y de las complejidades analíticas que detrás de ellos se encierran. Pero, además, busca establecer la supremacía de la razón para comprender la conflictualidad, las contradicciones, los aspectos globales, la visión de conjunto de los fenómenos y su proyección, la  creación de una voluntad colectiva como base de la hegemonía en sus diversas fases, que es justamente lo que permite pensar la “gran política” que es el verdadero objetivo filosófico de Gramsci.

Son notorias las novedades y la flexibilidad de los instrumentos en las categorías gramscianas y la forma no definitiva con que cada una de ellas son presentadas por Gramsci.

La primera está constituida por la dialéctica entre estructura y superestructura, por la importancia de las culturas nacionales, por la fuerza de la subjetividad colectiva, por la acción política de las masas. La segunda, está constituida por la supremacía de la política y por la constitución de los subalternos como fuerza no solo dominante sino dirigente. Nace la valoración de la irrupción de las masas en la historia que se transforman en protagonistas de la construcción de lo nuevo. El tercer núcleo es la constitución de una nueva visión, no catastrofista, de las crisis endógenas del capitalismo y de sus eventuales salidas.

Otro aspecto que subyace dentro de la originalidad del pensamiento gramsciano es su realismo historicista como una visión integral de la vida y de la política ubicada en una consideración de los procesos singulares, nacionales, en los cuales las clases subalternas construyen su hegemonía.

Por ello es que el realismo histórico de Gramsci, en los Cuadernos de la Cárcel, se liga a Maquiavelo, a su consideración de la autonomía de la política e introduce las consideraciones del florentino dentro de su filosofía de la práctica inspirada en Marx, lo cual se constituye en una inspiración en la creación de la concepción del bloque histórico. Es la ética, a su vez, lo que permite a Gramsci, en esta proficua relación teórica con Maquiavelo, no subsumirse solo en la política como táctica en la configuración de su estrategia.

Es la polémica con el antipositivismo lo que impulsa a Gramsci a concebir la realidad, sea natural que política, como continuamente modificable por la cultura, por la voluntad, por la conciencia, por la acción, lo cual permite colocar la subjetividad en el centro de la elaboración gramsciana.

Por ello la visión sobre la ideología deja de ser en Gramsci un factor negativo o neutro y se transforma en un factor positivo. Es el propio Gramsci quien señala “que un potencial error en la consideración del valor de las ideologías se debe al hecho de que se da el nombre de ideología tanto a la superestructura necesaria de una determinada estructura como a las elucubraciones arbitrarias de determinados individuos. El sentido peyorativo de la palabra se ha hecho extensivo, y eso ha modificado y desnaturalizado el análisis teórico del concepto de ideología”.

Lo interesante es la originalidad de Gramsci y de su elaboración, la forma como este coloca caminando de pie el marxismo después de su paso “ruso” y lo traslada a occidente, creando o reinterpretando un conjunto de categorías políticas y filosóficas construye una verdadera ciencia política y una teoría del estado, de la superestructura, completamente nueva dentro del marxismo y mas allá de él.

La supremacía de la Política como idea fuerza resume mejor que ninguna el aporte del gran pensador sardo a la filosofías y a la política. Cierto, Aristóteles y  Maquiavelo, liberan la política y Gramsci repite en su obra la expresión del filósofo griego del hombre como “animal político”. Para Aristóteles, que visualizó y determinó antes que nadie la autonomía de la política, la politicidad era natural – pasiva. Para Gramsci, más de dos milenios después, el hombre es esencialmente político porque en “la actividad para transformar y dirigir conscientemente a los demás hombres realiza su “humanidad”, su “naturaleza humana”. Este pensamiento de Gramsci lo dice todo respecto del peso de la subjetividad humana, de la construcción de identidad y de la realización  personal ligada a las transformaciones sociales y políticas. Y es eso lo que en fondo hoy está en las calles.
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24 de Enero, 2012 · General

Juan Antonio Vasco

 

Argentina – 1924 - 1984

En la Casa de Postas

                                                                                         A Enrique Molina

 

El pájaro que se quita sus plumas de hierro
para marcar los rostros de las muchachas con un
             signo que reluce más allá de los días que
             habitamos
esa comedia timidez hecha con restos de faros
            marinos
con el alambre del desprecio rizado en menudos
            ornamentos
esa presencia de hombre partido en dos
todo junto pulverizado guardado en un puño desde
             una noche hasta la otra
bajo la humedad de los besos cuyo sutil vapor
              invade las alcobas
una inagotable corriente de caricias
tu presencia exasperada hasta las lágrimas
entre los bambúes que oscilan en el viento
tu presencia exasperada de niño con un ojo saltado
rodando en el polvo como la esmeralda vomitada
              por un ajusticiado
Eres el agua negra donde toda blasfemia alcanza
             la transparencia del deseo

                                                       

 

De su libro "Cambio de Horario"- Ediciones Letra y Línea, Buenos Aires, 1954.

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20 de Octubre, 2011 · General

Antonio Aliberti

 

Argentina (Sicilia, Italia) - 1938 - 2000

Los Amantes

Con la carne en paz se miran
los amantes;
traen de otros aires la levedad
del tiempo.
Se miran sorprendidos
el perfil
ante el espejo
que envejeció de pronto.

Algo se quiebra ante sus ojos:
ella se cubre,
él inicia la fuga
sin moverse.

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25 de Julio, 2011 · General

Antonio Preciado

Esmeraldas, Ecuador - 1941

Espantapájaros

 

Alguno de nosotros ha querido mezclar
en esto de nosotros
a un extraño,
y le dijo al oído nuestros nombres,
de qué lado dormimos,
os sueños que soñamos,
el agua que bebemos,
e1 camino que andamos
con mayor certeza,
el cadáver que aguarda a cada uno
al final de sus pasos.

 

Hay pues entre nosotros
alguien que se ha torcido
y nos ha traicionado,
alguien que por el lado del abismo
sacó los trapos sucios al espacio,
alguien tan bueno,
bueno,
alguien tan desleal con sus pecados
que al reverso de su hombre siempre ha sido
algo así como un ángel desplumado.
Y yo temo a los ángeles lo mismo
con plumas o sin plumas.
con alas o con brazos.
así que ¡salgan de mis pronto
el ángel desde arriba
y el ángel desde abajo!
que aquí se salva el mundo
mundo
mundo,
pues yo me quedo al pie de este poema
como un descomunal espantapájaros

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Al margen
Isla Negra
no se vende ni se compra ni se alquila,
es publicación de poesía y literaturas.
Isla Negra es territorio de amantes, porque el amor es poesía. Isla Negra también es arma cargada de futuro, herramienta de auroras repartidas. Breviario periódico de la cultura universal. Estante virtual de biblioteca en Casa de Poesía.
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Gabriel Impaglione

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