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15 de Abril, 2015 · General

El pueblo boliviano y Playa Girón.

 

Por Froilán González y Adys Cupull.


En ocasión de conmemorse  el 50 aniversario de la Victoria de Playa Girón, sostuvimos  una entrevista  inolvidable con el periodista Antonio Peredo Leigue, quien fuera  Senador del Estado Plurinacional de Bolivia. El encuentro se desarrolló en su departamento de la ciudad de La Paz, con la presencia de su esposa María Martha González,  la común amiga Roxana Vaca y Leandro González Cupull, que filmó ese encuentro. 


Después conocimos que fue su última entrevista. En esa ocasión acabábamos de visitar la Higuera, donde presentamos  el libro La Batalla Inevitable,  del escritor cubano Juan Carlos Fernández, un signo de los nuevos  tiempo, que emocionó a los presentes.


Con Antonio  Peredo, conversamos entre otros asuntos, sobre  la  invasión mercenaria, de abril de 1961, apoyada y armada por los Estados Unidos. Su visión clara de analista, sus agudos comentarios sobre la desinformación de  las agencias de noticias  y el impacto   en los  bolivianos, quedaron  expuestos. Transcribimos textualmente:
 "Me han pedido recordar lo que ha sucedido hace 50 años. Fue en abril de 1961 cuando se produce la invasión a Playa Girón. Ese   fue un momento sumamente importante, que en un país como Bolivia, donde la Revolución Nacional de 1952 comenzaba a agotarse.


"En realidad estaba agotada ya. Era la segunda presidencia de Víctor Paz Estensoro, que en 1960 había traído el plan triangular... Existía   la necesidad de un cambio revolucionario y esa necesidad la cubría Cuba; pero Cuba estaba alejada y de pronto, la invasión de Playa Girón, cambia todo, toda esa visión; y Cuba está cercana en ese momento.


"Yo en ese tiempo era redactor,  Jefe de Redacción de un vespertino que pertenecía a Paz Estensoro. Esa  mañana comenzamos a recibir informaciones  de cómo habían llegado (los mercenarios) a Playa Girón o Bahía de Cochinos, cómo avanzaban con el "apoyo" de la gente, "aplaudidos", prácticamente sin disparar un tiro. Avanzaban "victoriosos" hasta  La Habana,"Mientras Fidel... se desconocía qué había pasado con él, que el Che se había pegado un tiro, Raúl Castro estaba en una embajada. En Realidad,   era una cosa triunfante,  que venía cada 15 minutos de la agencia United Press International, UPI en ese tiempo, prácticamente, eran los únicos cables que recibíamos.


"Las emisoras de radio, anunciaban, que  la Fuerza Aérea Cubana se había sublevado y bombardeado los principales aereopuertos. El 80 por ciento de los cubanos se estaban informando por las emisoras de Estados Unidos o de otros países, porque las cubanas estaban censuradas, debido a la falta de libertad de expresión en la Isla y  carecían de objetividad, que el 95 por ciento de los cubanos estaban en contra de Fidel Castro y de la Revolución y que el presidente de Estados Unidos tenía mayor aceptación entre los cubanos que Fidel Castro, Raúl Castro y el Che Guevara. 


"Era evidente que esas informaciones, estaban preparadas desde dias anteriores. Salían metódicamente cada 10 minutos. Se habló de que era por varios lugares por donde se  había invadido el país, entre ellos Pinar del Rio,  que Pinar del Rio estaba sublevado contra la Revolución y por lo tanto era notorio que se estaba aislándo a La Habana; que en Santiago de Cuba se comenzaban a sentir algunas manifestaciones. 


"Otras de las informaciones, que recibíamos ahí, hablaban del importante puerto de Bayamo, en manos de los  "libertadores". El  gran públco boliviano desconocia que Bayamo estaba a más de 70 kilómetros de la costa y que no es ningún puerto. 


"De pronto como a las 11 de la mañana, comenzamos a recibir, ya de las otras agencias- Yo recuerdo muy bien, que la primera que efectivamente comenzó a dar la información, fue France Press y France Press, comienza a decir que estaban empantanados en la Ciénaga, repelidos, que no habían podido avanzar, ni un solo metro y relata toda la historiaEl jefe de la página internacional me pregunta: ¿qué hago?. Yo le dije ándate a tu casa, y me hice cargo de la edición. En primera plana publiqué arriba  KNOCK OUT  DE CASTRO, y en un lado puse: "Esto es lo que decía UPI  y esto es lo que sucedió en realidad.


"Al día siguiente había un  memorándum de despido al Jefe de Internacionales. Yo entré donde el Gerente y le dije: "Estas equivocado, si tienes que despedir a alguien, es a mí".  No hubo ningún despido, pero era evidente, que en ese momento para el gobierno de Bolivia, para el presidente Víctor Paz Estensoro, no era bueno aparecer con una posición en su periódico favorable a Cuba.


"Yo creo que UPI,   tuvo que reconocer su fracaso de insistir,  era una guerra mediática, les era muy dificíl explicar, como  un pueblo sometido a una dictadura y que según sus reportes, mayoritariamente apoyaba a Estados Unidos, derrotó en pocas horas a los enviados de Estados Unidos, al mismo tiempo, que la invasión de Bahía de Cochinos, el hecho mediático está en que el representante norteamericano en Naciones Unidas dice: "Nosotros no hemos participado" y no había  pasado una semana, cuando se  presenta y dice: "Vengo a presentar mi dimisión porque ahora sé qué ha pasado y a mí me ocultaron la información y yo no puedo aceptar eso" y se retira de Naciones Unidas, Yo no me acuerdo, creo que era Stevenson.


"Aparte de eso, en el pueblo,  en las organizaciones sociales en la Universidad, había una gran movilización. Yo recuerdo a gente joven  convocando  a los estudiantes universitarios a organizarse. Me acuerdo que le llamaban Brigada Simón Bolívar, dispuesta a ir a Cuba inmediatamente.


"La Central Obrera Boliviana abrió un libro de inscripciones de voluntarios, que estaban dispuestos a ir a Cuba a defender a la Revolución, se produjeron manifestaciones contra Estados Unidos.


"Era una manifestación de desafío, no era simplemente de condena. Era el desafío que mostraba el pueblo boliviano, en todas sus capas sociales, estaban allí, profesionales, estudiantes, obreros, artesanos, que muy pocas veces salen en manifestaciones de este tipo.


"La Embajada de Estados Unidos estaba por entonces, en el  centro de la  ciudad, exactamente al frente de la Alcaldía Municipal de La Paz, un edificio en cuyo planta baja, estaba lo que entonces se llamaba el Banco Popular del Perú y que ahora se llama Banco de Crédito,  sigue siendo el mismo banco. En los pisos superiores  estaba la embajada de Estados Unidos.


"Yo lo recuerdo muy bien, porque no solamente las manifestaciones  fueron en esos tiempos, mucho después, hemos hecho plantones frente a la Embajada,  ahí mismo, con mi esposa María Marta ya hemos hecho plantones, en la Embajada en relación a otros temas pero es indudable que para los universitarios, para los obreros, para todos los manifestantes, pasar por la Embajada norteamericana, era un ritual, dentro de la manifestación cualquiera que fuese la manifestación, había que pasar frente a la Embajada y señalar a Estados Unidos como causante de la pobreza y de la miseria  de nuestro país, pero en ese momento de la invasión a Playa Girón, era otra cosa.


"Era una manifestación de desafío, no era simplemente la condena. Era el desafío que mostraba el pueblo boliviano en todas sus capas sociales, estaban allí profesionales, estudiantes, obreros, artesanos que muy pocas veces, salen en manifestaciones de este tipo.



"Mi hermano Coco, en ese tiempo estaba en Cuba,  creo  que incluso participó como miliciano, en la defensa de La Habana,   porque se puso todo el dispositivo de defensa de La Habana. Inti..,  era un hombre muy conocido en la Universidad, estaba organizando a la gente, insuflando  ese entusiasmo, por algo que se había convertido en nuestro, porque no recuerdo ninguna otra Revolución, que se haya considerado, ¡tan nuestra, como la Revolución Cubana! Creo, que ese abril de 1961 las esperanzas revolucionarias volvieron a renacer en Bolivia."


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30 de Septiembre, 2012 · General

Sin olvido. Crímenes en La Higuera

 

 

Froilán González y Adys Cupull.

 

 

     Durante la noche y la madruga del día 9 de octubre de 1967, en la escuelita de paja y barro de La Higuera, permanecieron  como prisioneros de guerrra, el Comandante Ernesto Che Guevara y el boliviano  Simeón Cuba, Willy y gravemente herido Alberto Fernández Montes de Oca ( Pacho o Pachungo).  Según el testimonio de pobladores de La Higuera al filo de la media noche falleció Pacho.

 Al amanecer del   9 de octubre,   entró al aula la maestra  Julia Cortés, quien  influida  por los militares, tenía  la  intención de insultarlo y pedirle que saliera de allí.    El Che habló suavemente con ella; hubo un intercambio de preguntas y respuestas.   Ella quedó sorprendida y convencida de que estaba en presencia de un hombre totalmente diferente a como los militares le informaron. Salió del aula cuando un  oficial,  le pidió que se alejara, porque iba a aterrizar un helicóptero.  Eran las 6:30 de la mañana.

Del aparato descendieron el Coronel Joaquín Zenteno Anaya y el agente de la CIA de origen cubano Félix Ismael Rodríguez Mendigutía, que se hacía llamar Félix Ramos.   Zenteno Anaya, en compañía del agente,  se dirigió a  donde estaba el Che y  habló brevemente con él.   Poco después  Félix Rodríguez,  en forma agresiva comenzó a insultar al Comandante Guevara,  e intentó maltratarlo con violencia. Militares que presenciaron este encuentro, manifestaron que parecía que el Che  conocía a esta persona y sus antecedentes contrarrevolucionarios, porque respondió con desprecio a sus insultos, lo trató de traidor y mercenario.  

     A las ocho y media, aproximadamente, el  agente de la CIA  instaló un equipo completo de una pequeña planta de transmisión de gran alcance, para enviar un mensaje cifrado a la CIA; posteriormente, montó una máquina fotográfica sobre una mesa al sol, para fotografiar el Diario del Che y otros documentos.

     En las primeras horas de la mañana del 9, el dictador boliviano René Barrientos recibió una llamada telefónica desde Washington. Era de su ministro de Relaciones Exteriores doctor Walter Guevara Arce, quien participaba en una reunión de la OEA en la capital norteamericana.

       Sobre esta conversación el excanciller expresó:   “Cuando circuló la noticia de que el Che cayó prisionero, llamé por teléfono a Barrientos y le dije: 'Me parece vital que se conserve la vida del Che Guevara. Es necesario que en este sentido no se cometa ningún error, porque si así fuera, vamos a levantar una mala imagen que no la va a destruir nadie, en ninguna parte del mundo. En cambio, si usted lo mantiene preso en La Paz, cierto tiempo, el que sea necesario, será más conveniente, porque la gente se pierden cuando están en las cárceles, pasa el tiempo y después se olvidan.'       

        “La respuesta fue inmediata, él me dijo: 'Lamento mucho doctor, su llamada ha llegado tarde. El Che Guevara ha muerto en combate'. Esa fue la respuesta.   

      “Lo sentí profundamente, no solo por el hombre, sus características, las similitudes de apellido, sino porque me pareció un error político muy serio y me sigue pareciendo un error político muy serio, en el cual hubo muchas influencias externas, para que se cometiera este error.    

     “Yo estuve algo más de una semana en Washington y comencé a percibir una gran cantidad de hechos como consecuencia de la muerte del Che. El Che cayó herido, fue tomado preso. Estuvo toda la noche del día 8 de octubre. Vino la noticia a La Paz y más allá también...   

   “En todo este absurdo se jugaron fuerzas exteriores muy graves, para que darle más vuelta a la cuestión.” Concluyó el doctor Guevara Arce. 

   Mientras en La Paz, en  las primeras horas de la mañana del día  9, llegó al Gran Cuartel de Miraflores Alfredo Ovando, ya se encontraban en el lugar altos oficiales,   explicó que el Che se encontraba preso en La Higuera.  Sucesivamente fueron llegando el comandante de la fuerza Aérea y el de la Naval. Cuando    arribó el dictador Barrientos,  sostuvo una reunión privada con los generales Alfredo  Ovando y Juan José Torres. Después entraron  los demás militares.

      Barrientos, con el deliberado propósito de comprometer a los miembros del Alto Mando militar en la decisión, planteó el punto de la eliminación física del Che.   Lo expuso como decisión, no para someterlo a discusión. Concluida la reunión se envió una instrucción cifrada a Vallegrande y  Ovando se dirigió hacia el aeropuerto,  donde en un avión TM‑14 partió hacia esa ciudad.    Con él viajaron el contralmirante Horacio Ugarteche, los coroneles Fernando Sattori y David La Fuente, el teniente coronel Herberto Olmos Rimbaut, los capitanes Oscar Pammo, Ángel Vargas y René Ocampo.  

    Alrededor de las 10 de la mañana, en el humilde caserío de La Higuera, el agente de la CIA Félix Rodríguez  recibió un mensaje cifrado, en cuyo texto estaba el código establecido para actuar contra la vida del Che. El  agente de la CIA, en compañía de Andrés Sélich, se dirigió a  donde se encontraba el Guerrillero Heroico. Estaba de guardia el joven Eduardo Huerta Lorenzetti, quien en la madrugada  arropó al Che con una manta, porque hacia mucho frío , le dio un cigarro  y conversó con él.

     El agente de la CIA le ordenó que se retirara del lugar y el joven oficial obedeció, pero observó cuando Félix Rodríguez  tratando de interrogarlo, lo zarandeó por los hombros para que hablara, le haló bruscamente por la barba y le gritó que lo iba a matar.     

     Huerta contó a sus amigos que como  tenía que proteger la vida del prisionero, trató de evitar los malos tratos del agente de la CIA. En el forcejeo este se cayó y desde el suelo le gritó enfurecido: “¡Me la pagarás bien pronto, boliviano de mierda, indio salvaje, estúpido!”.  Huerta intentó golpearlo pero Sélich se interpuso.  

      Unos minutos después, desde la zona de combate, trajeron el cadáver del  guerrillero boliviano Aniceto  Reynaga  y prisionero al peruano Juan Pablo Chang‑Navarro, el Chino. El agente de la CIA empleó la violencia para que el guerrillero hablara, lo que no consiguió. En la revista española Interviú, de 30 de septiembre de 1987, refieren cómo Rodríguez utilizó una bayoneta contra el guerrillero peruano.  

En conversación con Modesto Reynaga, hermano de Aniceto, efectuada  en la ciudad de La Paz el 9 de septiembre del actual año (2012) manifestó que por diversas informaciones  conoció que su hermano fue llevado herido a La Higuera y  allí fue asesinado. Indicó que en Buenos Aires pudo conversar con el General Juan José Torres y este le confirmó la información. 

     Aproximadamente a las 11 de la mañana el agente de la CIA transmitió la decisión final de eliminar al Che al general Joaquín Zenteno Anaya.   Poco después Ninfa Arteaga,  esposa del telegrafista de La Higuera Humberto Hidalgo y en cuya casa acampaban los oficiales bolivianos, junto con su hija, la maestra Élida Hidalgo, fueron hasta a la escuelita a llevarles una sopa de maní al Che y a los otros dos guerrilleros.

       Ella narró: "Los militares primero me negaron que entrara; pero yo cociné para todos, y les dije que para ellos y para los guerrilleros también era la comida. Pero a mí, como todo el mundo en La Higuera me hace caso, yo dije: este señor esta preso y tiene que comer y si no me dejan entrar para que el Che coma, no le voy a dar comida a nadie, porque la comida es mía y yo misma la cociné.

       "Yo hice una sopa de maní. Los militares  dijeron que yo entrara donde el Che. Dije que me dejaran sola con él para que pudiera comer tranquilo. Le solté las manos, las tenía amarradas. Él se interesó por saber si los demás guerrilleros habían comido también. Yo le dije que habían comido.

       "El Che me miró tan tierno, con mirada de agradecimiento que yo nunca podré olvidar como el Che me miró. Los militares  no miraban así.- Ninfa llora - Cuando yo tengo un problema grande, yo lo llamó a él, yo veo su mirada y el Che me responde..."    

     Zenteno Anaya le pidió a Félix Rodríguez,  que se ocupara de ejecutar la orden de la eliminación física del Che,  que si deseaba podía hacerlo. El agente de la CIA decidió, en compañía de Andrés Sélich, buscar entre los soldados cuáles querían ofrecerse. Aceptaron Mario Terán, Carlos Pérez Panoso y Bernardino Huanca, los tres entrenados por los asesores norteamericanos y que en la madrugada borrachos, quieran asesinarlo.    

      En entrevistas de prensa,  Mario Terán declaró que cuando entró al aula ayudó al Che a ponerse de pie; que estaba sentado en uno de los bancos rústicos de la escuela y aunque sabía que iba a morir, se mantenía sereno. Terán afirmó que él se sintió impresionado, no podía disparar porque sus manos le temblaban. Dijo que los ojos del Che le brillaban intensamente; que lo vio grande, muy grande y que venía hacia él; sintió miedo y se le nubló la vista, al mismo tiempo, escuchaba como le gritaban: “¡Dispara cojudo, dispara!”

     A Terán le volvieron a dar bebidas alcohólicas; pero aún así no podía disparar.   Los oficiales Carlos Pérez Panoso y Bernardino Huanca dispararon contra el guerrillero peruano Juan Pablo Chang‑Navarro y el boliviano Willy Cuba.    

     Nuevamente los oficiales bolivianos y el agente de la CIA compulsaron a Mario Terán para que disparara. A los periodistas les contó que cerró los ojos y disparó, después hicieron lo mismo  el resto de los presentes. Ya habían pasado unos 10 minutos aproximadamente de la una de la tarde del día 9 de octubre de 1967.  El agente de la CIA disparó también sobre el cuerpo del Che. Cometido el crimen Zenteno Anaya regresó a Vallegrande.    

       Los aldeanos aterrorizados por las acciones del ejército lentamente se acercaron temerosos, mostraban desconcierto ante el increíble hecho del que fueron testigos. Para los pobladores de La Higuera, un caserío pacífico, religioso y supersticioso, no era cristiano que se asesinaran a seres humanos y empezaron a murmurar con espanto que un castigo de Dios vendría a La Higuera por culpa de los militares.    

  Alrededor de las 14 horas del 9 de octubre de 1967, aterrizó el helicóptero en Vallegrande, del cual descendió Zenteno Anaya, lo estaban esperando los agentes de la CIA de origen cubano, Gustavo Villoldo Sampera, que se hacía llamar Eduardo González y Julio Gabriel García, y los bolivianos  Roberto Toto Quintanilla y Arnaldo Saucedo Parada. Zenteno se dirigió hacia donde se encontraba Ovando con el resto de la comitiva que había llegado de La Paz.   Los agentes de la CIA recogieron los documentos de los guerrilleros para efectuar un inventario.

      El helicóptero regresó a La Higuera para trasladar a los muertos, pero con órdenes expresas de que el Che fuera el último.

      En el humilde caserío de La Higuera, testigo del asesinato del Comandante Ernesto Che Guevara, del peruano Juan Pablo Chang Navarro y del boliviano Simeón Cuba,  y de resultar ciertas las confesiones del General  Juan José Torres también la de Aniceto Reynaga, narraron que los acontecimientos conmocionaron a los pobladores. Algunos  soldados,  arrastraron el cadáver antes de ponerlo en la camilla, para trasladarlo hasta el sitio en que lo recogería el  helicóptero llegado desde Vallegrande. 

     Los vecinos de La Higuera y algunos militares reaccionaron indignados cuando un soldado con un palo trató de golpear el cuerpo del Che, entonces cubrieron el cadáver con una frazada; el sacerdote Roger Shiller  rezó una oración y se dirigió a la escuelita, lavó la sangre y guardó los casquillos de balas con que lo asesinaron.  

      A las 4 de la tarde partió el helicóptero piloteado por el mayor Jaime Niño de Guzmán, transportaba, en una camilla de lona, el cuerpo del Guerrillero Heroico.  Media hora más tarde aterrizaba en Vallegrande.       A través de varios reportajes de los corresponsales de prensa, se conoce la repercusión que provocó en Vallegrande la llegada del cadáver.

      Daniel Rodríguez, corresponsal del periódico El Diario de la ciudad de La Paz, escribió que la noticia del arribo de los restos del Che Guevara conmovió a la población, que en número crecido se trasladó hasta la pista y luego al hospital. La multitud trató de arrebatar el cadáver, pero efectivos del ejército tuvieron que esforzarse para evitar el asalto. El pueblo se volcó a la pista y estaba decidido a no permitir el traslado del cuerpo para ninguna parte,  los militares desamarraron el cuerpo, sujeto a la plataforma externa del helicóptero y rápidamente lo introdujeron en una ambulancia que a toda velocidad lo condujo al hospital “Señor de Malta”.   

     Christopher Rooper, corresponsal de la agencia de noticias Reuter, desde Vallegrande trasmitió:  “El cadáver fue retirado del helicóptero e introducido en un furgón Chevrolet que, perseguido por ansiosos periodistas que se habían trepado al primer jeep que encontraron a mano, se dirigió hacia un pequeño local que hace las veces de morgue en esta localidad. Se hicieron esfuerzos por impedir que espectadores y periodistas penetraran al recinto. En la puja se destacó particularmente un individuo rollizo y calvo, de unos 30 años, quien, aunque no llevaba insignia militar alguna sobre su uniforme verde oliva, parecía haberse hecho cargo de la situación desde el momento que el helicóptero aterrizó. Esta persona viajó, asimismo, con el cadáver, en el furgón Chevrolet. Ninguno de los jefes militares reveló el nombre de dicha persona, pero versiones locales aducen que se trata de un exiliado cubano que trabaja para la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA)…”     

      El periodista inglés Richard Gott, del periódico The Guardian de Londres, en su información relató acerca de la presencia de la CIA en esa población, al manifestar que desde el momento en que el helicóptero aterrizó, la operación fue dejada en manos de un hombre en traje de campaña, quien ‑ y todos los puntos convergen ‑ era incuestionablemente uno de los representantes del servicio de inteligencia de Estados Unidos y, probablemente, un cubano. Y añadió:

        “El helicóptero aterrizó a propósito lejos de donde se había reunido un grupo de personas y el cuerpo del guerrillero muerto fue trasladado a un camión....”

    “Nosotros comandábamos un jeep para seguirlos y el chofer se las arregló para atravesar las verjas del hospital, donde el cadáver fue llevado a un cobertizo descolorido que servía de morgue.    

      “Las puertas del camión se abrieron de repente y el agente americano saltó, emitiendo un grito de guerra: '¡Vamos a llevárnolos para el demonio o para el carajo, lejos de aquí!'     

     “Uno de los corresponsales le preguntó de dónde venía él. '¡De ninguna parte!', fue la respuesta insolente.     

      “El cuerpo vestido de verde olivo con un jacket de zipper fue llevado al cobertizo. Era indudablemente el Che Guevara.     

    “Soy quizás una de las pocas gentes que lo ha visto vivo. Lo vi en Cuba en una recepción de la embajada en 1963, y no tengo duda de que era el cuerpo del Che Guevara.     

     “Tan pronto como el cuerpo llegó a la morgue, los médicos comenzaron a inyectarle profilácticos. El agente americano hacía esfuerzos desesperados para aguantar a las masas. Era un hombre muy nervioso y miraba iracundo cada vez que una cámara era dirigida hacia él. Él conocía que yo sabía lo que él era, y sabía también que yo creía que él no debía estar allí, ya que esa es una guerra en la cual los Estados Unidos no debían tomar parte. 

     “Sin embargo, estaba aquí este hombre, que ha estado con las tropas en Vallegrande, hablando con los oficiales de mayor graduación en términos familiares.”     

      El periodista Richard Gott afirmó que el comandante Ernesto Che Guevara irá a la historia como la figura más grande desde Bolívar, para luego añadir: “Él fue quizás la única persona que tratase de encaminar las fuerzas radicales en todo el mundo en una campaña concentrada contra Estados Unidos. Ahora está muerto pero es difícil imaginar que sus ideas mueran con él.”    

       El agente de la CIA Gustavo Villoldo   en compañía de Toto Quintanilla llevaron el cadáver hasta la lavandería del hospital “Señor de Malta”, al depositarlo en el piso, el agente demostrando su condición moral le dio una patada; después, cuando lo subieron al lavadero, le golpeó el rostro. Por su parte, Toto Quintanilla tomaba las huellas dactilares y ordenaba que fuera llamada una enfermera.

       Esa noche estaba de guardia Susana Osinaga, quien, con ayuda de Graciela Rodríguez, lavandera del hospital, procedió a lavar el cuerpo del Guerrillero Heroico.

      Los médicos José Martínez Caso y Moisés Abraham Baptista extendieron el certificado de defunción. Por disposición de los militares, le suprimieron la hora del fallecimiento. De igual manera obligaron a los médicos a realizar la autopsia y a inyectarle formol, para esperar el arribo de un equipo de peritos argentinos.    

        En el hotel Santa Teresita de Vallegrande, los agentes de la CIA y los militares bolivianos festejaron la muerte del Che. Félix Rodríguez  abrió una botella de whisky y brindó a los presentes.

     Mientras en el caserío de La Higuera, el sacerdote Roger Shiller convocó a los pobladores para oficiar una misa por el Che Guevara y sus compañeros asesinados. Todos asistieron llevando velas. El silencio fue absoluto y muy impresionante, nadie entendió por qué fueron asesinados. El sacerdote pronunció las siguientes palabras: “Este crimen nunca será perdonado. Los culpables serán castigados por Dios.”

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